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lunes, 12 de julio de 2010

EL MATRIMONIO IGUALITARIO Y LA NORMALIDAD DE LOS DINOSAURIOS , por Adrián Corbella (para "Mirando hacia adentro")

Frente al agitado debate acerca de la Ley de Matrimonio Igualitario, quisiera señalar algunas cuestiones bastante básicas, que me parece oportuno puntualizar. En primer lugar, no creo que ninguna organización religiosa pueda pretender transformarse en el vigía de la conducta sexual de personas adultas. Incluso aquellos que adhieren a una fe determinada no tienen una obligación legal de aceptar las normas que dicha organización impone (conozco, por ejemplo, muchos católicos que utilizan preservativos, instrumento de control de la natalidad que la Iglesia Católica rechaza). Indudablemente, aquellas personas que no son religiosas, o que pertenecen a otra religión, no tienen porqué aceptar las reglas impuestas por la religión mayoritaria, ni por ninguna otra si no es su voluntad. En segundo lugar, las parejas homosexuales existen, y en la práctica tienen hijos producto de relaciones heterosexuales previas , de inseminación artificial (en el caso de las lesbianas), o incluso de adopciones (alguien soltero puede adoptar, nadie le pregunta cuál es su orientación sexual). Pero estas parejas sufren de un “vacío legal” en cuestiones tales como herencia, obras sociales, licencias por enfermedad de la pareja o patria potestad. El Estado no debe permitir que actividades perfectamente lícitas sufran de un vacío legal que las deja en una situación de inferioridad, de discriminación, perjudicando el ejercicio de sus derechos por parte de los adultos y menores afectados. Finalmente, cuestiono duramente el concepto de “normalidad” que pretenden imponer ciertos sectores de pensamiento jurásico. Desde que nuestra cultura “occidental y cristiana” existe, ha habido tanto heterosexuales como homosexuales. Eso es nuestra “normalidad” : una mayoría de heterosexuales, y una minoría de homosexuales. Pero, no debemos olvidar que la historia de la humanidad es mucho más larga y compleja que nuestra cultura. Y sin irnos demasiado lejos, basta con analizar lo que fue la “normalidad” para dos culturas que son la fuente en la que se nutrió la nuestra : la griega y la romana. Hemos tomado muchísimas cosas de esas dos antiguas culturas del Mediterráneo : la lengua, los sistemas políticos, la filosofía, la religión (el cristianismo es una religión semítica “romanizada”, por eso la Iglesia se llama “Iglesia Católica Apostólica Romana”), el derecho, el teatro y mucho del arte en general…. La lista es muy larga. Y para esas culturas, que hacen a los fundamentos de mucho de lo que somos culturalmente, lo “normal” era la bisexualidad… Es decir, para un romano o un griego de la época clásica lo “normal” era tener relaciones sexuales con personas de ambos sexos. A cualquiera de ellos le hubiera costado mucho entender tanto nuestro concepto de “heterosexual”, como nuestro concepto de “homosexual”… Ni hablar de lo difícil que les hubiera resultado comprender, a esas personas de los tiempos de los apóstoles –quienes vivían en una cultura grecorromana- el concepto de “celibato”… Estado e Iglesia son dos cosas distintas. La Iglesia tiene sus reglas… válidas para aquellos que creen en ellas… El Estado tiene las suyas… válidas para todos… Adrián Corbella, 11 de mayo de 2011.

viernes, 9 de julio de 2010

HOY COMO ENTONCES... LA LUCHA CONTINÚA


El 25 de mayo de 1810 un puñado de vecinos de Buenos Aires destituyeron al Virrey Cisneros y dieron comienzo al proceso de independencia argentino. En ese momento las cosas no estaban claras. La situación de España, realmente caótica, era muy confusa. Los revolucionarios tenían muchas diferencias internas, carecían de una proyecto asumido plenamente por todos los que votaron a favor de que Cisneros se fuera dejando el poder a la Primera Junta.
Los viejos y consabidos enfrentamientos entre Moreno y Saavedra son una simple muestra de otros muchos enfrentamientos que dividían a los habitantes del Río de la Plata.
El proceso político rioplatense avanzó a los tropezones, con éxitos y fracasos, virtudes y defectos, heroicidades y prudencias, y con un grado cada vez mayor de conflictividad interna.
La distribución de poder entre Buenos Aires y las ciudades del Interior; el rol de las áreas rurales y de sus masas de pobladores mestizos y pobres, con una forma de vida distinta, y , para los señoritos de las ciudades, francamente “bárbaros”; Monarquía o República ; reconciliarse con Europa o con los pobladores originarios ; federalismo o centralismo ; independizarse o esperar y negociar ; encarar las cosas con una perspectiva municipal o continental ...
Éstos fueron algunos de los interrogantes que preocuparon y dividieron a los hombres de aquellos años, y lo que los llevó a tardar más de seis años en declarar la independencia.
En mayo yo me planteaba algunos interrogantes que unen el ayer y el hoy :

¿Gobernaremos para todos o para esa minoría de siempre?,
¿Cómo se integra a esa gente pobre, “extraña”, “oscura” y menos “europea”?,
¿Subordinamos todo al objetivo de exportar productos agrícolas para los países industrializados o buscamos otro modelo?,
¿Qué vínculo promoveremos con los demás países del continente?,
¿Qué tipo de relación estableceremos con el Imperio de turno ?
Hoy, 9 de julio de 2010, a ciento noventa y cuatro años de nuestra declaración de independencia, muchos de esos interrogantes parecen encaminarse en un sentido que, en mi humilde entender, es el correcto.
Durante largos períodos de nuestra historia los habitantes de la América Latina hemos sido dominados por los Imperios hegemónicos de turno, primero por los británicos y luego por los norteamericanos.
Hoy algunas cosas parecen empezar a cambiar.
Tenemos una razonable esperanza de que el 9 de julio de 2016 nos encuentre unidos…


Adrián Corbella, 9 de julio de 2010.

domingo, 4 de julio de 2010

COMPARACIONES, por Eduardo ALIVERTI (para "Marca de Radio" del 3 de julio de 2010)


Cumplido un año de las últimas elecciones nacionales, hubo algunas recorridas por lo que se esperaba, y no ocurrió, tras la sacudida sufrida por el kirchnerismo. Ese buen ejercicio de análisis debería completarse con el cotejo de lo que es hoy la agenda transmitida por la mayoría de los medios.
El traspié electoral oficialista, entendido no desde los números globales sino a partir de la sorpresiva derrota en el conurbano bonaerense, produjo un diagnóstico generalizado. Se iniciaba la decadencia irreversible del ciclo K, dijo medio mundo, e incluso hubo quienes arriesgaron que el Gobierno no alcanzaría al 2011. Pero apenas se hurgara un poco por debajo de esas observaciones apresuradas, restallaba la pregunta de si además de haberse votado contra el oficialismo se lo había hecho a favor de una alternativa concreta. Y un segundo interrogante, atado al anterior y más difícil de responder, era cuál sería la determinación gubernamental: ¿apuntar el presunto giro a la derecha o afirmar un rumbo progresista? Las primeras reacciones oficiales fueron un tanto desconcertantes, porque podían tomarse en cualquier dirección. Kirchner renunció a la comandancia del PJ, en lo que parecía ser un signo de aceptación de la derrota; pero Cristina apareció de lo más oronda, interpretando que habían ganado. Siguió la convocatoria a un gaseoso “diálogo político”, en el que nadie creía pero, como gesto, sumatorio del reconocimiento de un nuevo escenario. Y por el contrario, las renovaciones del cuerpo ministerial revelaron que habrían de apoyarse, más que nunca, en los colaboradores de fidelidad absoluta. No pasaría mucho tiempo hasta advertir que, pasado el cimbronazo, se apostaba por retomar la ofensiva. Sin embargo, la medida de cuán profundo podía ser ese envite no la proveían solamente las intenciones del Gobierno. Debía verse también con qué grado de unidad y protagonismo era capaz de jugar la oposición. Después de todo, cualquiera fuese la mirada al resultado, había sucedido una elección parlamentaria de medio término. Es decir, una prueba a dos puntas. El oficialismo debía ratificar que el poder no se discute: se ejerce. Y enfrente, ¿serían capaces de superar el mero rol de comentaristas?
Lo que siguió ya se conoce largo y tendido, y no hace falta detenerse en cada episodio. La propia dirigencia opositora, e inclusive los sectores sociales más refractarios al kirchnerismo, reconocen que el Gobierno mantuvo la iniciativa pero no sólo por méritos propios. Esa oposición, casi de inmediato a su euforia postelectoral, dejó claro que ni siquiera podía consensuar una estrategia legislativa más o menos articulada. ¿La causa fue que no despegaron sus figuras para liderar consenso, hasta el punto de que pudiera reaparecer un espectro como el de Duhalde? ¿O es que ese consenso no puede darse -por fuera de la animadversión a los K- porque no tienennada convincente para ofertar? Parece más razonable lo segundo por motivos que podrían servir para explicar el clima presente, apenas un año después. Ni el “panradicalismo”, ni los “peronistas disidentes”, ni los arribados a la política desde el poder mediático, expresan otra cosa concreta que el ideario básico de la derecha. Los radicales son más simpáticos en torno del respeto por las libertades civiles, y de algunos antecedentes contra los núcleos más reaccionarios de la sociedad. Pero son primos hermanos, qué duda cabe, en sus concepciones de la economía. ¿Cuál es la diferencia entre Cobos y De Narváez? ¿Qué distancia, esencialmente, a Carrió de Macri? Así de corrido, lo que cabe preguntar es si esos referentes conservadores tienen espacio social amplio para mostrar sus cartas ideológicas sin más ni más. En opinión del periodista, la respuesta es no: en parte porque todavía hay memoria fresca, y además por las virtudes K en saber leer los nuevos aires del período y de la región. Y también era no cuando, hace un año y aunque yendo por separado, vencieron al oficialismo. La única veta por la que mostraban neomenemismo explícito era su apoyo al movimiento campestre. Furiosos y acoplados en su prédica antikirchnerista, por lo demás fueron y son, expositivamente, un híbrido refugiado en las diletancias del “republicanismo” y la “calidad institucional”. Recién hace unas semanas, bajo el manto del cardenal Bergoglio y con parlantes más bien apagados, suscribieron un documento que avanzó en mostrar la hilacha.
Entra aquí la agenda actual como reflejo, en algunos aspectos, del abismo entre la mayoría de los temas de disputa político-mediática y las inquietudes o preocupaciones sociales más sensibles. Y como manifestación de las urgencias opositoras por protagonizar discurso. Con todo respeto, ¿a quién le interesa la composición del Consejo de la Magistratura? ¿El proyecto para normalizar el Indek tiene algo que ver con la cuestión inflacionaria de fondo, atravesada por quiénes forman los precios (o dicho de otro modo, ¿la oposición quiere regularizar el organismo como herramienta para atacar una economía concentrada en pocas manos?) ¿La extensión de la asignación por hijo no es acaso un derivado del proyecto que plasmó el Gobierno? ¿Alguien cree que la investigación de la supuesta embajada paralela en Venezuela mueve algún amperímetro que no sea el de Clarín? ¿Cuál es la influencia social de permitir matrimonio entre personas del mismo sexo, al margen de la justicia del propósito? ¿Y cómo se hace, también más allá de lo atractivo de la aspiración, para no sospechar de los verdaderos propósitos de quienes promueven el 82 por ciento móvil a los jubilados? ¿Desde cuándo les picó ese bicho?
Para bien o para mal, porque puede verse como símbolo de mejoría en casi todos los indicadores o como espejo de un debate detenido siendo que subsisten profundos desequilibrios, esas tramas revelan que la economía no está en discusión. No, al menos, en lo que hace a cuáles intereses se afecta para favorecer a cuáles otros. La última instancia de ese tipo fue el choque generado por la 125. Pugna que hoy virtualmente se extinguió porque, junto con algunas medidas que satisficieron reclamos agropecuarios, el precio de los granos mandó a guardar a los energúmenos del sector. Después de eso, las críticas son manotazos destemplados que no progresan, porque desde la derecha no se puede, en el señalamiento de las fuentes de financiación alternativas para aquello que cuestionan. Un ejemplo, y no precisamente el menor, son las tarifas subsidiadas de los servicios públicos. Con un cinismo admirable, se apunta al carácter de barril sin fondo que tendría ese mecanismo. ¿La opción es liberar los cuadros tarifarios? ¿O van a decir cuánto mejor sería que el Estado encontrara fondos en una política tributaria progresiva? Lo mismo vale para la expansión del gasto público: con la crisis en Estados Unidos y Europa, no es buen momento que digamos para hablar del déficit fiscal y de recortar el consumo interno.
Transcurrido un año de las elecciones, efectivamente poco o nada es como se imaginó. Todo puede cambiar, por supuesto. Pero queda claro que alguna gente debe revisar su capacidad de pronóstico político. O lo que le obligan decir.


por Eduardo ALIVERTI



MARCA DE RADIO, sábado 3 de julio de 2003 (Programa no emitido debido al Mundial)


Publicado en :

sábado, 3 de julio de 2010

Las palabras de Sadous derrumban todas las operaciones mediáticas, por Hernán Brienza (para "Tiempo Argentino" del 01-07-10)


Exclusivo: versión taquigráfica


01-07-2010 / Tiempo Argentino publica el documento secreto más tergiversado de la última semana política. Qué dijo el diplomático ante los diputados. Entre el papelón y la novela de Graham Greene. La verdad de los hechos.
Versión taquigráfica.
Por Hernán BrienzaOperaciones cruzadas, campañas de prensa, espionaje comercial, supuestos negocios turbios entre dos países latinoamericanos, un grupo de diputados argentinos que se juramentan silencio, un ex embajador –Eduardo Sadous– con ansias de protagonizar una novela de Graham Greene, cables internacionales secretos entre embajadas, ironías entre legisladores, chicanas, 90 millones de dólares perdidos y encontrados y minucias sobre cómo funciona el comercio internacional, forman parte de este globo de ensayo mediático que necesitaría de un nuevo Osvaldo Soriano para relatar con pericia las delicias de este caso que bien podría llamarse “Nuestro hombre en Caracas”. Tiempo Argentino pudo acceder en exclusiva a la versión taquigráfica de la exposición que el 23 de junio realizó Sadous ante la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de la Cámara de Diputados, una muestra del despropósito mediático y al mismo tiempo una excelente oportunidad para fisgonear en la realpolitik internacional. Según consta en el documento que los diputados no quieren dar a conocer, Sadous se asemeja al célebre personaje de Greene –Jim Wormold– que había logrado tener en vilo a la diplomacia británica haciéndole creer que tenía los mapas de una planta nuclear en la Cuba del dictador Fulgencio Batista. A la postre, esos planos no eran otra cosa que el dibujo de un aspiradora. Algo similar ocurrió con las declaraciones del ex embajador en Venezuela. Mientras Clarín el 24 de junio había titulado “Sadous apuntó directo a Kirchner y a De Vido”, la verdad es que ese título no refleja lo que Sadous dijo, sino lo que le hubiese gustado a Clarín que dijera. Respecto del ex presidente Néstor Kirchner, Sadous dice: “Sobre si el presidente conocía el funcionamiento de esto, yo entiendo que sí, que lo debe haber conocido, evidentemente, por los numerosos viajes tanto de él como del presidente Chávez a la Argentina, por la cantidad de acuerdos que se firmaron en cada ocasión y no me cabe la menor duda de que estaba al tanto”. ¿Pero qué es exactamente el funcionamiento de “ésto”? La pregunta la hace el diputado del peronismo disidente Eduardo Amadeo y la versión textual dice: “¿Hasta dónde el presidente Néstor Kirchner en su conocimiento tuvo acceso a esta información vital sobre la manera en que se estaban desarrollando las negociaciones? No sólo el problema del fideicomiso, sino la estructura general de la operación…”. Pero, a ver, ¿cuál es el problema del fideicomiso? Sencillo: en enero de 2005, Sadous había enviado un cable diplomático titulado “Gravísima situación” donde informaba de un faltante de 90 millones de dólares en el fideicomiso que administra PDVSA –la empresa pública de petróleo venezolana, que nada tiene que ver con el Estado Argentino– y a través del cuál Caracas paga los productos que Buenos Aires le exporta. Concretamente, el fideicomiso es una herramienta de exportación que consiste en lo siguiente: la Argentina importa fuel-oil de Venezuela y las divisas con las que paga entran en una especie de cuenta especial que el país caribeño utiliza para comprar luego las importaciones que hace de la Argentina. Cómo se lee, más allá de la dificultad del asunto, la supuesta acusación –el único momento que “apuntó directo”– no es otra cosa que una gran nube de humo. Sadous estaba dibujando el plano de aspiradora. Respecto de la denuncia contra Julio De Vido, Sadous dice, textual: “Los empresarios argentinos en forma permanente hacían comentarios sobre la necesidad de pasar por el Ministerio de Planificación Federal para resolver que sus ventas a Venezuela se imputaran al fideicomiso. Ahora, denuncias concretas obviamente no las hubo; si las hubiera habido yo lo hubiera puesto en conocimiento de la Cancillería, como es mi deber y como lo hice cuando tuvimos pruebas concretas de la desaparición de los 90 millones de dólares del fideicomiso y reaparición posterior.” Habría que recordar que ningún empresario ratificó los dichos de Sadous. Y habría que agregar que en algún momento de su declaración admite que es posible que también hubiera negocios non sanctos de Venezuela con países como “Brasil, Chile o Francia”, pero que tampoco esto le constaba. Lo que sí, también se quejó porque dicen que dicen los que finalmente no dijeron que los “retornos” llegaban hasta el 15% cuando lo común es el siete o el diez. Es decir, el escándalo es apenas una cuestión de grado. A esa altura, la reunión en la comisión estaba tomando un tono caricaturesco. El diputado Carlos Kunkel ya había interrumpido a Sadous denunciando que “la puerta de la sala ha quedado abierta y están filmando la reunión” y también había protagonizado un irónico cruce con la diputada de la Coalición Cívica, Patricia Bullrich, sobre la prosapia de la ex ministra de Trabajo durante la presidencia de Fernando de la Rúa. “La diputada Patricia Bullrich de Pueyrredón está pidiendo una interrupción”, dijo, entre las risas de otros diputados, Kunkel; y la respuesta jocosa fue “Pueyrredón de San Martín”. La diputada fueguina Mariel Calchaquí había precisado que “esto” no era otra cosa que “una discusión sobre fondos que no eran públicos; son negocios de empresarios, facilitados, tal vez por las buenas relaciones bilaterales, pero no hay fondos públicos”. Bullrich saltó y espetó “PDVSA son fondos públicos”. Y Heller terció: “¡No son argentinos!” Es decir, lo que quiso remarcar el diputado del Partido Solidario, es que si hubo un caso de corrupción estuvo sobre la órbita de la administración venezolana y no argentina. En otro pasaje de su declaración, Sadous agrega un poco menos de luz sobre el tema del manejo del fideicomiso: Calchaquí: –(…) ¿Qué intervención directa puede tener el Ministerio de Planificación de la Argentina de este tipo de pagos, cuando son el Banco de Venezuela y PDVSA, los que administrar y efectivizan? Sadous: –Indicar a qué empresas se puede pagar o no, a qué empresas se puede imputar los pagos de los fondos del fideicomiso que administran PDVSA (…) El mecanismo era a través de PDVSA, al ser administradora era la que decidía en consulta con ministerios u organismos estatales venezolanos qué productos o bienes se compraban. Ahora, cómo… Pinedo: –Nosotros no sabemos cómo. Sadous: –Supongo que por negociaciones políticas entre distintos ministerios… Pinedo: –¿Cómo se hacía para enterarse de que querían comprar tal cosa? Sadous: –PDVSA informaba al Ministerio de Planificación Federal y a la embajada cuáles eran los productos a comprar. Se transmitía esto a Cancillería y se presentaban las empresas que iban a vender dentro del sistema del fideicomiso (…). Heller: –Y a la Cámara de Comercio. Sadous: –En algunos casos se informaba a Cancillería, en otros casos al Ministerio de Planificación Federal, que era quien mantenía las relaciones regulares una vez por mes o dos veces por mes. Cuando venía Uberti o la delegación del Ministerio de Planificación mantenía reuniones con venezolanos, PDVSA, el Ministerio de Energía y Agricultura sobre las demandas que tenían estos ministerios para comprar productos. Pinedo: –¿Quién seleccionaba a los vendedores argentinos? Sadous: –Ni la embajada ni la Cancillería. Pinedo: –¿Usted no sabe quién? Sadous: –No. Pero la decisión final sobre los pagos del fideicomiso no es la única cosa que no supo Sadous a lo largo de su exposición. Tampoco supo explicar –nombrado Uberti y el Ministerio de Planificación– sobre la supuesta “diplomacia paralela” con la que tanto habían machacado los medios de comunicación. “Con respecto a la diplomacia paralela, yo nunca usé la expresión ‘diplomacia paralela’. Lo que sí creo que hubo fueron gestiones paralelas, es decir gestiones en las cuales la embajada no participó.” Sadous no conoce de otros casos similares a lo largo de sus 37 años de trabajo, pero cualquier persona sensata y con un conocimiento de realpolitik internacional sabe que las embajadas guardan un rol protocolar mientras que el mundo de las presiones políticas, comerciales, de negocios, van por otro. Los Estados Unidos, España, Francia y Gran Bretaña, entre otros, lo saben a ciencia cierta.El mayor despiporre político se produjo cuando el histriónico diputado Jorge Yoma intervino y, luego de quejarse del “horario castrense” impuesto por el presidente de la comisión Alfredo Atanasof, que le impidió tomar mate tranquilo con su familia, expuso: “Estábamos frente a un escándalo de corrupción de proporciones en la Argentina en el que un embajador iba a aportar datos confidenciales que poco menos que iban a generar una catástrofe institucional. Ello ameritó que dejara el mate de un lado y venga para esta reunión. La verdad es que estoy totalmente decepcionado y le transmito, presidente, esta queja en nombre de mi familia.” Pero más allá de la ironía, Yoma, que fue embajador en México, puso el acento en algo interesante que se escapó de toda agenda mediática: “Nos parece trascendente el daño que se le provoca al país en un mercado tan importante como el de la maquinaria agrícola con este escandalote que no tiene ningún fundamento. (…) Lo que quiero decir es que este globo, esta expectativa, estas cámaras de televisión el único efecto que van a tener es absolutamente negativo en el comercio exterior argentino, en un segmento tan importante como el de la maquinaria agrícola, en provincias como Córdoba y Santa Fe, cuya actividad es tan importante, cuando no existe el más mínimo elemento de que haya habido participación de un funcionario argentino en actos de corrupción. Pero el daño al país sí es evidente.” Sadous gesticulaba frente al micrófono y Atanasof se ponía nervioso, y lo cierto es que la testimonial naufragaba en un mar de suposiciones, especulaciones, inconsistencias, contradicciones y verosimilitudes que podían resultar similares a la verdad, pero que no tenían ninguna evidencia contundente de que lo fuera. Mientras tanto, la diputada oficialista Juliana Di Tullio se quejaba porque cuando había salido a fumar había recibido el dato de periodistas de La Nación de que “la oposición ya había quebrado el acuerdo” de silencio. Envalentonada, dijo: “La verdad es que yo no hice ninguna declaración y tampoco creo que algún diputado de la oposición haya quebrado el acuerdo. Espero que así sea. Además, no creo que le convenga.” Margarita Stolbizer la cortó: “¿Qué quiere decir ‘no creo que les convenga’?” Cocorita, Di Tullio, estocó: “Que no les conviene dar información sobre esta reunión porque fue un escándalo y una vergüenza.” Con cara de convidado de piedra, el diputado Juan Carlos Morán, padre de la criatura –la investigación, claro– admitió: “Yo salí tres veces y la verdad es que nadie me obligó a hacer declaraciones.” Y es posible que diga la verdad, es decir, que nadie lo haya obligado. Otra de las intervenciones interesantes la realizó Heller cuando expresó: “Usted ha dicho textualmente que los intereses que se veían afectados por la presencia argentina estaban molestos y, en función de eso, era previsible que actuaran. Dijo que Venezuela tenía un gran comercio con los Estados Unidos. En segundo lugar, dijo que tenía un comercio muy importante con Colombia y, en tercer lugar, tenía un gran desarrollo comercial en las relaciones con Brasil (…). Usted ha dicho que escuchó comentarios de que había retornos. A partir de esos comentarios que usted dice que escuchó –pero que los otros niegan, ya que dicen que no los hicieron– se genera todo este debate y discusión. Sabiendo cómo funcionan determinados países y los servicios de inteligencia así como el vínculo que existe por la defensa de sus intereses comerciales, etcétera, ¿el crecimiento de las exportaciones argentinas a Venezuela en detrimento de terceros países –porque evidentemente eso es así– no generará acciones de inteligencia de esos países para enturbiar las relaciones argentino-venezolanas y de esa manera recuperar cuotas de mercado que están perdiendo? ¿No lo ve como una posibilidad que también deberíamos estar considerando? (…) En definitiva, me parece que existe un montaje de una operación política que no tiene absolutamente nada que ver.” Convertido Sadous en el protagonista de “Nuestro hombre en Caracas”, este hombre puesto por el ex presidente Eduardo Duhalde en la embajada en Venezuela, también es un personaje que aspira a una participación estelar en el cielo opositor. Con la intención de que su gestión fuera reconocida -habló de sus condecoraciones, de los aciertos de su embajada (la recomposición de las relaciones entre ambos países, el crecimiento del comercio binacional de 250 millones a dos mil millones, el acuerdo por el petróleo y la firma del protocolo adicional al convenio de intercambio del año 1978)- intentó tener sus 15 minutos de fama. En cierta manera, los obtuvo. Claro, a fuerza de versiones, de entredichos, de comentarios, que pueden servir para una buena novela de espionaje, pero no para poner en juego una estrategia de crecimiento económico basado en la explotación de nuevos mercados. Es decir, allí donde todos hablaron de una central nuclear, no había otra cosa que los planos de una aspiradora.


Publicado en :

http://www.elargentino.com/nota-97081-Las-palabras-de-Sadous-derrumban-todas-las-operaciones-mediaticas.html

martes, 29 de junio de 2010

ERNESTO LACLAU : “SIN ANTAGONISMO NO HAY DEMOCRACIA” ,entrevista realizada por Carolina Keve (para PORTAL IADE / REALIDAD ECONOMICA)

Entrevista a Ernesto Laclau (1) realizada por Carolina KEVE (2), para "PORTAL IADE / REALIDAD ECONÓMICA"


Aunque hace más de 30 años que vive en Inglaterra, Laclau vuelve todos los años al país y se mete de lleno en la realidad política local. Sin ocultar su aprobación hacia el oficialismo y su fuerte crítica a ciertos sectores de la oposición, traza los posibles escenarios para las presidenciales de 2011 y lo que, a su entender, convergerá en la consolidación del kirchnerismo. En su opinión, Argentina se suma a un panorama regional optimista, en el que los movimientos populistas están muy lejos de su defunción. «En Latinoamérica hay sistemas políticos estables. Son regímenes de un presidencialismo sólido, a diferencia de lo que pasa en Europa, donde el presidencialismo fuerte ocurrió sólo en momentos de ruptura».


Su primera gran obra, Hegemonía y estrategia socialista, que escribió junto con su mujer, Chantal Mouffe, sacó del letargo a la izquierda advirtiendo sobre los encantos del liberalismo y la incapacidad del posmarxismo en generar una alternativa política. La idea de una democracia radical, antagonista y hegemónica dio pie a su principal tesis en torno al populismo. Aquella palabra maldita, que tanto temor y rechazo generó siempre en las derechas, fue retomada por Laclau ante el nuevo escenario que, en su opinión, se viene construyendo en América latina durante los últimos diez años.


–¿Cómo caracterizaría el escenario europeo actual en contraste con el vigente cuando escribió con Chantal Mouffe Hegemonía y estrategia socialista?


–Los sistemas políticos europeos están en una crisis más profunda que los sistemas latinoamericanos. Han desarrollado entre 1970 y el comienzo del siglo una posición tan institucionalista que la gente empieza a no encontrar la construcción de alternativas políticas. En Francia, por ejemplo, entre el Partido Socialista y el régimen actual, el sarkozysmo, no hay grandes diferencias. Hay un pensamiento único con una clase política muy divorciada de la sociedad. Cuando empiezan a producirse protestas, son salvajes, como sucede con el lepenismo.


–¿Y esto a qué se debe?


–Es que en Europa el momento del populismo ha sido tan dominante que el proceso de la construcción de alternativas políticas ha pasado a segundo plano, configurando un sistema político poco sano. Justamente lo que yo planteo, mi tesis básica, es que los momentos del institucionalismo y del populismo son dos conceptos polares que marcan la dinámica de un sistema. Entre ellos, se tiene que encontrar un cierto tipo de equilibrio que va a depender de cómo en cada sociedad estas dos circunstancias se van definiendo.


–¿Cuándo se produjo el quiebre? ¿En qué momento logra triunfar esta visión unipolar?


–Pensemos en los 40 y 50; en Europa había una gran cultura del cambio. En los cordones industriales de Francia fluían los conceptos de cultura proletaria y de un mundo alternativo, el Partido Comunista levantaba un discurso contestatario al sistema. Hoy directamente los cordones no existen más y la gente no tiene ningún discurso alternativo. El único discurso alternativo que aparece es el lepenismo, muchos votantes de la izquierda tradicional hoy están votando a Le Pen. Y en esas condiciones empieza a haber un desencanto general del sistema político. Veamos el ejemplo del ajedrez. El sistema de reglas ha sido tan exitoso que nadie puede patear el tablero. Pero entonces las diferencias entre un jugador y otro empiezan a minimizarse. Es el punto del pensamiento único, con una elite con ligeros matices, como demócratas y liberales, en donde la gente no entiende que tiene opciones.


–¿Tiene responsabilidad la izquierda en la derechización europea?


–De alguna manera, sí. El último momento de una posibilidad de cambio en Europa fue en 1968, cuando se produjo el «Mayo francés», pero terminó siendo uno de esos momentos en donde las peores alternativas de la izquierda se mostraron. Hubo una gran movilización de base, conformada por estudiantes y obreros, pero nadie pudo dar a eso una forma de continuidad política. Pensemos en la consigna de «la imaginación al poder», que es simplemente el postulado de un poder imaginario.


–Poco tiempo después, en la Argentina se producía el Cordobazo…


–Sí, pero acá siguió la movilización, había un objetivo político, el regreso de Perón. El problema fue la incapacidad para traducir eso en un movimiento político alternativo. Perón negociaba cargos con las nuevas agrupaciones de la izquierda peronista y ellos no querían saber nada. Recuerdo en ese entonces una conversación que tuve con Jorge Abelardo Ramos, cuando nos fuimos del partido en 1968. Yo le decía que estábamos entrando en un período donde el avance de una conciencia nacional y popular era imparable, pero el problema era quién iba a ocupar el espacio alrededor del cual se iba a hegemonizar esa conciencia. El proyecto de la breve presidencia de Cámpora se deshizo porque nadie tuvo una idea coherente para articular todas las fuerzas en juego. Claro que jamás imaginé que lo que llegaría después sería una dictadura como la que devino.


–¿Cómo analiza el escenario político en América latina? Recién establecía una distinción con el panorama europeo.


–Es que en Latinoamérica, al contrario de lo que sucede allá, veo que hay un equilibrio mayor entre los dos momentos de la política: el populismo y el institucionalismo. Los sistemas políticos son regímenes de un presidencialismo fuerte. Y, en ese sentido, son mucho más estables.


–Sin embargo, en el caso de Venezuela, ¿el régimen se basa en la relación de las masas con el líder más que en el presidencialismo?


–No estoy convencido de que sea así. En Venezuela hay un tipo de movilización popular muy autónoma. Las comunidades locales están construyendo formas de protesta, de encauzamiento de demandas que no dependen del poder central; ellos negocian todo el tiempo con el chavismo. Por otro lado, creo que sin la presencia de Chávez en el Estado esta movilización hubiera sido imposible. El golpe de 2002 fracasó porque existía este escudo, por un poder local que estaba teniendo una gran capacidad de movilización. Pero sin la presencia de Chávez al frente del Estado, esa movilización se hubiera desgranado. Por eso digo que se trata de dos dimensiones que siempre deben estar presentes.


–Hay autores que sostienen que las instituciones en Latinoamérica son tan débiles que se practica una democracia delegativa…


-Primero creo que la dimensión delegativa en una democracia es inevitable. En cualquier proceso de ruptura, lo que tenés son demandas que no se canalizan institucionalmente porque no hay instituciones capaces de expresarlas. Por eso se produce la ruptura. Entonces se da un momento de representación con ciertas figuras que encarnan esos procesos de cambio. Creo que ese momento delegativo puede ser negociado, pero no puede ser excluido totalmente. En las sociedades latinoamericanas me parece que ese proceso es mucho más evidente. En el caso de Venezuela creo que tenemos las dos dimensiones, una dimensión delegativa, de identificación global con el líder que ha sido necesaria. Vuelvo a repetir, sin la presencia de Chávez el golpe de 2002 hubiera triunfado.


–El populismo pasa a ser condición necesaria de la política…


–Hay populismo en América latina en todos aquellos casos que hay una fragmentación y desintegración de identidades políticas que requieren los procesos de transformación del sistema político. El ejemplo más claro es el caso de las comunidades aymaras en Bolivia. Allí se da una fuerte organización de la vida comunal, de acuerdo con moldes muy clásicos. Lo que hay que lograr es el reconocimiento de una identidad preconcebida a nivel civil. En otras situaciones, en donde la marginalidad social es muy grande, de lo que se trata es de construir identidades y eso requiere que el sistema político entre en juego a través de sus mecanismos representativos. Es ahí donde interviene el elemento delegativo, y por eso no lo concibo en términos peyorativos. Creo que tiene que estar presente.


–Bolivia es un muy buen ejemplo. Se propone nada más y nada menos que la construcción de un Estado plurinacional partiendo de la diversidad étnica y cultural. ¿Es posible pensar ese sistema político?


–Obviamente tiene sus limitaciones. Cuando uno pasa a Santa Cruz, no tiene unidades autónomas a las que se está reconociendo, sino que se encuentra con las formas más tradicionales de la derecha. Todavía no han conseguido cuajar una fórmula que articule la experiencia de ambos lados del país, racionalmente. Bolivia aún no se constituyó en una democracia radical.


–¿A qué se refiere?


–La democracia radical supone dos cosas. Por un lado, que hay una pluralidad de demandas de grupos que no habían sido tenidos en cuenta y que ahora pasan a ser absorbidas por un proyecto nuevo. La segunda condición es que toda esta cadena de equivalencias se cristalice alrededor de símbolos comunes; cuando las dos cosas se dan, surge la democracia radical. No es un mapa de sociedad ideal, sino que es la lógica de expansión de un régimen democrático.


–¿El antagonismo es necesario para la democracia?


–Sin antagonismo no habría ninguna posibilidad de democracia radical. Para que haya antagonismo tiene que haber un enfrentamiento con un poder que obstaculiza. El antagonismo es central en la constitución de un imaginario de cambio.


–En Argentina, el término «antagonismo» genera distintas lecturas. Algunos lo asocian con la «crispación» que le endilgan al Gobierno…


–Por el contrario, creo que si pensamos en fuerzas disgregatorias, tenemos que pensar en Lilita Carrió o el macrismo en todas sus variantes o, en algunas ocasiones, en Pino Solanas. Ellos plantean una situación rupturista de todo equilibrio institucional. Obviamente hay distintos niveles. En Venezuela, por caso, el momento antagonista es el que predomina. Y creo que acá, igual que allá, hay fuerzas que quieren impedir la estabilización y expandir la lógica del antagonismo puro.


–¿A qué fuerzas se refiere?


–El discurso de muchos sectores enfrentados con el Gobierno Nacional muestran elementos de un fascismo potenciado. Si uno intenta transformar el Congreso es una especie de baluarte que rompe el equilibrio de los tres poderes...


–¿Y por qué cree que ocurre esto?


–No pueden articular un conjunto de demandas en un proyecto acabado y coherente, por lo tanto, terminan siendo una suma de grupos que no tienen ninguna coherencia interna. Fíjese lo que hicieron en el Congreso desde marzo: no lograron absolutamente nada.


–En este contexto, ¿qué desenlace prevé para 2011?


–Para mí la esperanza está en que se consolide una institucionalización del país con dos fuerzas polares, una de centroderecha y otra de centroizquierda. Y que las dos tengan intenciones de garantizar el equilibrio institucional.


–Si tiene que dar nombres, ¿quiénes encabezarían esas corrientes?


–Dentro de esta perspectiva, en la centroderecha ubicaría a Ricardo Alfonsín y a Hermes Binner…


–Pero el radicalismo, sobre todo la experiencia alfonsinista, y el socialismo tuvieron un importante componente institucionalista.


–Sí, el radicalismo fue muy institucionalista, pero tuvo una fuerte dosis antipopulista. Demasiado institucionalista a mi modo de ver. El momento nacional popular de la ruptura estaba muy poco presente en ese tipo de discurso.


–¿Y Carrió? ¿Y Macri?


–El establishment apela a fórmulas muy suaves, no creo que recurra a Carrió.


–¿Y quién representaría la centroizquierda?


–Kirchner.


–¿No ubica ninguna otra fuerza a la izquierda del kirchnerismo?


–Creo que la expresión política de la centroizquierda es el kirchnerismo. Si llegaran a configurarse estas dos fuerzas agónicas, en el sentido de conjugar un mecanismo para estabilizar el sistema institucional, creo que efectivamente el candidato de la centroizquierda tiene que ser Kirchner. No veo otra alternativa. También está el sector que se referencia en Martín Sabbatella, pero él no quiere jugar del todo para el Frente para la Victoria, aunque está planteando un sistema de alianzas con el kirchnerismo. De todos modos, creo que cuando llegue la hora, va apoyar al kirchnerismo.


–Cuando habla de Kirchner, ¿se refiere a Néstor o a Cristina como candidatos?


–Néstor más que Cristina. Lo que hizo el oficialismo fue consolidar la primera etapa del proceso. El momento de la ruptura estuvo muy presente, pero el momento de la cristalización simbólica ha sido mucho más lento. Ahora bien, si ese momento no se logra, todo el proceso de cambio estará amenazado. Creo igualmente que ese momento hoy está más cerca que antes. Cristina ha tomado medidas más radicales que el propio Néstor. Más allá de eso, creo que es importante que haya otras figuras políticas, ya sean del Frente para la Victoria o colaterales en un sistema de alianzas.


–¿Pueden emerger nuevas figuras políticas dentro del esquema kirchnerista?


–Creo que hay un par de candidatos, cuadros interesantes. Mercedes Marcó del Pont podría dar un paso más hacia el centro de la escena política y jugarla muy bien. Es una persona con una trayectoria intelectual muy grande y con un capital político interesante. Por ejemplo, cuando los Kirchner se enfurecieron con Alberto Fernández, ella nunca rompió con él. Otro que podría llegar a tener un papel interesante es Agustín Rossi, aunque ha tenido que jugar como punta de lanza en el Congreso y eso lo debilitó mucho.


–¿Lo ve a Kirchner con posibilidades de triunfo?


–Ahora sí. Durante el conflicto con el campo, en 2008, temía por el Gobierno porque no podía encontrar una lógica expansiva de su capacidad hegemónica. Pero hoy creo que eso le pasa a la oposición.


–¿No cree que el kirchnerismo fracasó en su proyecto de construir una fuerza más grande?, me refiero a la transversalidad.


–Aunque haya fracasado en un sentido material, creo que en un sentido histórico a largo plazo no ha fracasado. Creo que ciertas formas de transversalidad, que ya no van a pasar por un fenómeno partidista, van a tener que emerger.


–Usted criticó a Néstor Kirchner por ocuparse demasiado de la interna del PJ.


–No es que diga que se pueda prescindir del PJ. Si pensara que Kirchner puede intentar la construcción de un partido ideológicamente nuevo, sería de una ingenuidad sin límites. El PJ tiene que ser parte del proceso, pero el problema es que no tiene que serlo solo. Tiene que mostrar cierta potencialidad expansiva. En ese sentido, el kirchnerismo tendría que estar más atento con las organizaciones sociales. Y, como mencionaba antes, hay dirigentes que están intentando otro tipo de construcción. Miremos, por ejemplo, lo que está haciendo Sabattella, configurando una nueva fuerza que no es kirchnerista, pero que en el momento de las definiciones va a apoyar la construcción. Distinto es el caso del sector que encabeza Pino Solanas, que en vez de tratar de articular demandas y al mismo tiempo proponer acuerdos, va oscilando entre la oposición y su discurso. Solanas se está equivocando, como muchos dirigentes de la oposición. En este país el único proyecto desde la izquierda con vocación hegemónica es el kirchnerismo. Y si la oposición no logra articular una alternativa para 2011, la gente va a percibir de su lado la posibilidad de un desorden radical. Es ahí, en ese punto de la política, donde lo ideológico pasa a ser un problema subsidiario. Y, en ese sentido, creo que Kirchner puede reafirmarse como la única opción de poder.



(1) : Ernesto Laclau. Fue Profesor de Teoría Política en la Universidad de Essex, trabajó con el historiador Eric Hobsbawn en Oxford, y actualmente da clases en la Universidad de Chicago.


(2) : Carolina Keve. Periodista bilingüe, licenciada en Ciencias de la Comunicación.


lunes, 28 de junio de 2010

NORBERTO GALASSO : “HAY UNA MARCADA REVITALIZACIÓN DE LA MOVILIZACIÓN POPULAR A LA PAR DE UN REVERDECIMIENTO GORILA MUY FUERTE” (TERCERA PARTE)


Entrevista de Tomás Forster para Tiempo Argentino del 26-06-10, pags.14 a 16.

[Tomás Forster] – Entrando en el terreno histórico, usted es un encendido defensor de Mariano Moreno y lo incluye dentro de una línea nacional-federal junto a San Martín , Yrigoyen y Perón. En contraposición, algunos historiadores revisionistas y otros de tradición de izquierda lo definen como liberal, pre-unitario o jacobino sin burguesía. ¿Por qué razones disiente de esta visión?.

[Norberto Galasso]-Esa visión responde, en general, al nacionalismo de derecha que no soporta a la Revolución Francesa, porque está impregnado de un catolicismo reaccionario que idealiza la Edad Media. No quieren entender que la Revolución Francesa es un movimiento de gran repercusión y que dio lugar a que Bolívar, San Martín y Moreno fueran sus hijos. Nada más que no lo hacen adaptándose mecánicamente. Moreno y San Martín, por ejemplo, eran proteccionistas. En el Plan de Operaciones, Moreno plantea la intervención del Estado como elemento central, mediante empresas (precisamente) estatales, porque no tiene quien le haga una empresa de fusiles para la lucha independentista. No adscribe a los conceptos de la Revolución Francesa sin cuestionamientos sino que busca adecuarlos a la propia realidad.

[T.F.]- Su formación política se desarrolló bajo la influencia del revisionismo de izquierda de Jorge Abelardo Ramos y el Partido Socialista de la Izquierda Nacional. Ramos llevó a cabo una recuperación positiva de Julio Argentino Roca, como líder de la organización nacional. ¿Cómo lee esa apreciación en estos tiempos signados por un protagonismo creciente de los pueblos originarios?.

[N.G.] –El Ochenta es un momento muy complejo donde se simplificó mucho y a veces hasta demagógicamente. La conquista del desierto no es más que la culminación de todas las masacres de indios que hicieron los blancos desde la conquista y luego de sucedida la Revolución de Mayo, con Martín Rodríguez en los años ’20. Rosas, por ejemplo, masacra a más de 3000 indios. Y los gobiernos sucesivos establecieron la misma actitud hacia el indio. Las razones eran dos : se buscaban extender el territorio soberano a la vez que se expandía la propiedad latifundista. Todo esto también lo hacen Mitre y Sarmiento, por lo que resulta curioso que se centralice todo el ataque alrededor de Roca, que expresa al Partido Autonomista Nacional en su lucha contra Mitre. Roca se comportó con el mismo oprobio que Mitre y que Sarmiento, que incluso decía que había que exterminar a los nativos. Es decir que la sociedad argentina parte en la oligarquía porteña mitrista y la liga de viejos gobernadores federales que iban detrás de Roca. Hay que verlo dialécticamente.
Se debe sacar la estatua de Roca, como dice Osvaldo Bayer, pero también la de Sarmiento, Rosas, Martín Rodríguez y, sobre todo, la de Mitre, que es el verdadero padre de la oligarquía (1).

[T.F.]-¿Cuáles son las semejanzas y diferencias entre la izquierda nacional y la izquierda peronista?.

[N.G.] –La izquierda peronista cree que hay que actuar dentro del peronismo y de la lógica movimientista. La izquierda nacional respondía a la tradición de la constitución de un partido orgánico de clase que liderara el frente de liberación nacional. Hernández Arregui decía “yo soy marxista y por eso decido ser peronista”, y así explicaba su ingreso al peronismo. Nosotros decíamos, “somos marxistas y tenemos que estar al lado del peronismo, no adentro”. Cooke siempre explicó que el nivel de conciencia de los trabajadores era importantísimo. El lugar donde habían hecho su experiencia de clase era su identidad genuina e indoblegable. Para ambas corrientes, esa identidad, en este caso la peronista, fue el punto de partida.

[T.F.]-¿Quiénes serían los “malditos” de la historia oficial?.

[N.G.] –Son los silenciados, los discriminados, los marginados de los medios de comunicación predominantes. Los omitidos por la historia oficial, la historia mitrista. Son aquellos que contribuyeron a generar una verdadera cultura nacional y no una burda copia de las culturas imperialistas dominantes.

Entrevista realizada por Tomás Forster para el diario Tiempo Argentino del 26 de junio de 2010, pags.14 a 16.

(1) : Por estos días, Galasso está embarcado en su próximo libro : una historia de los pueblos originarios que llegará hasta el presente. (Nota de Tomás Forster)

NORBERTO GALASSO : “HAY UNA MARCADA REVITALIZACIÓN DE LA MOVILIZACIÓN POPULAR A LA PAR DE UN REVERDECIMIENTO GORILA MUY FUERTE” (SEGUNDA PARTE)


Entrevista de Tomás Forster para Tiempo Argentino del 26-06-10, pags.14 a 16.


[T.F.] –¿Qué reflexión hace de los festejos por el Bicentenario?.

[N.G.] – Nos encontramos con que, pese a lo que hubieran querido quienes buscaban imponer la idea de una sociedad crispada, hubo una jubilosa celebración que abre la esperanza de que se pueda seguir profundizando este proceso de cambio. No se evidenció un malestar hacia el gobierno, sino todo lo contrario.

[T.F.] –¿Cómo caracteriza el momento actual de la oposición?.

[N.G.] – La oposición es una dirigencia irrepresentativa, a espejo de lo que ya existía en 2001. El “que se vayan todos”, sew puede aplicar para que el multimillonario De Narváez o la apocalíptica Lilita se retiren de la política, porque no tienen ningún proyecto alternativo más que bajar el gasto o pedir que se enfríe al economía. Además, los desastres que hace Macri en Buenos Aires o las barbaridades que dijo Sanz respecto a la Asignación Universal son ejemplos de que lo único que ofrece la oposición es un proyecto conservador que no suele expresarlo en público.

[T.F.] –¿Qué suscitó el debate y la promulgación de la nueva Ley de Medios?.

[N.G.] – Se comienzan a revelar los tejes y manejes del poder mediático. Mucha gente se está dando cuenta de ese oscuro rol. Hay que dar una lucha ideológica intensa en pos de la verdad. Espero que una vez en vigencia la ley, se democratice el arco mediático para que se escuchen todas las voces. Saludo la aparición de Tiempo Argentino y de todos los medios que vengan a contribuir a hacer periodismo con ética y compromiso y no subordinado al interés de una corporación multimedios o de la derecha de siempre, como La Nación.

[T.F.] –¿Qué opina del rol del centroizquierda que lidera Pino Solanas?.

[N.G.] –En política lo más importante es distinguir dónde se ubica el enemigo principal. Se debe conocer cuál es la correlación de fuerzas y es necesario saber cuál es el estado de conciencia política de las mayorías populares. El enemigo principal no es el gobierno como supone Pino cuando dice que el kirchnerismo es la continuidad del menemismo. Proyecto Sur se pierde una gran posibilidad porque su posición debería haber sido no hacerse kirchnerista sino marcar diferencias desde un apoyo crítico y, en caso de que el kirchnerismo no cumpliera con las expectativas, recién ahí mostrarse como una alternativa superadora. Esto es lo que de algún modo hacen Martín Sabbatella o Carlos Raimundi, que no tienen la historia mediática de Pino.

[T.F.] –¿ Es viable la conformación de un frente nacional y popular de cara al 2011?.

[N.G.] –El kirchnerismo tiene que ganar en la primera vuelta porque le va a resultar muy difícil hacerlo en un ballotage tal como vienen estas alianzas opositoras que están dispuestas a actuar como la Unión Democrática y abroquelarse en torno al antikirchnerismo. El Frente para la Victoria debe saber que hay mucha gente con ganas de participar. Están dadas las condiciones para que vuelvan a formarse cuadros comprometidos.

[T.F.] –Más allá de su pertenencia partidaria y del freno al proyecto de la transversalidad, ¿el gobierno puede lograr un potencial apoyo electoral de parte de sectores no peronistas de la sociedad?.

[N.G.] –Es gente con la que hay que aunar esfuerzos. La radical K Silvia Vázquez es una chica piola, Carlos Raimundi es un tipo piola, Martín Sabbatella puede ser un potencial aliado Lo ideal sería que hubiera un entendimiento de Sabbatella con Kirchner para presentarse en Capital Federal, porque viene de hacer una gestión muy buena, de marcada honestidad. Pero se necesita generosidad y amplitud de criterios de parte de ambos.

[T.F.] –Palabras y antagonismos históricos como pueblo u oligarquía, antiimperialismo, liberación o dependencia, volvieron a estar en boga, aunque no faltan los que hablan de pura retórica o anacronismo. ¿Cuál sería el sustrato real de esas palabras y en qué sentido se las puede reactualizar?.

[N.G.] –La presencia del imperialismo yanqui, que se ejercía fundamentalmente mediante la injerencia del FMI, fue notablemente limitada. Pero sigue al acecho con sus multinacionales, las bases militares en Colombia, y apoyando golpes de Estado como el de Honduras. Es necesario construir un frente nacional y popular estrechamente ligado a la situación latinoamericana, que demostró que un aymará puede gobernar Bolivia y cuando los fascistas de la Media Luna lo van a tirar, la Unasur se reúne y colabora enormemente para mantenerlo en su cargo. Las distintas experiencias indican el desarrollo de la rebelión de los pueblos y la necesidad de complementar sus economías. Nuestro país no debe buscar una salida aislada.

[T.F.] –¿Hubo una reconstrucción del campo popular en éstos últimos años?


[N.G.] –Si, de manera dificultosa porque el golpe militar significó una derrota muy dura. Pero ahora hay una marcada revitalización de la movilización popular, a la par de un reverdecimiento gorila muy fuerte.


Edición impresa publicada en Tiempo Argentino del sábado 26 de junio de 2010.

[CONTINUARÁ]