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viernes, 2 de diciembre de 2011

Del kirchnerismo al chavismo, por Modesto Emilio Guerrero (para “Tiempo Argentino” del 02-12-11)






Modesto Emilio Guerrero
Periodista y escritor.


Entre la presidenta Cristina Fernández y su amigo y homólogo Hugo Chávez hay tantas distancias ideológicas como acercamientos geopolíticos, sin que ambos planos de la relación tengan carácter absoluto. Chávez hará gala de su discursiva socialista y Cristina podrá mirar por segunda vez, desde su olimpo propio, peronista, la pletórica simbología de izquierda que decora las instituciones del Estado venezolano, aunque este no sea muy distinto del argentino, excepto por el acumulado histórico de recursos y capacidades reproductivas del capital.
Venezuela sigue siendo un Estado nación sobre un chorro de petróleo. Esa diferencia con la formación económica argentina desde finales del siglo XIX, no es superada por la muy reciente producción venezolana de celulares, laptops y rubros alimenticios. La historia no perdona los retrasos. Aunque la agenda dominante es diplomática y geopolítica, entre ambos mandatarios habrá otra, determinada por necesidades económicas mutuas. El intercambio de alimentos por combustibles, por ejemplo, responde a sendas urgencias en los espacios nacionales, así como la participación de capitalistas argentinos en el plan venezolano de construir 2 millones de viviendas en un lustro. La visita de Cristina se cimenta en ocho años de relaciones que modificaron el vínculo histórico entre ambos países. Buenos Aires pasó a ser el segundo destino geopolítico más visitado por Chávez. El comercio se multiplicó exponencialmente: pasó de 149 millones en 2002 a casi 1700 millones en julio de 2011, más de diez veces en menos de diez años; 120 Acuerdos, Protocolos, Convenios y Tratados rubrican esa avanzada comercial, algo sólo sobrepasado por Brasil, Cuba e Irán. Venezuela pasó a ser prestataria financiera y proveedora privilegiada de combustibles de Argentina. En esa marea de negocios no ha faltado la grosera cuota de provechos y canonjías que enriquecieron a empresarios, funcionarios y parásitos comerciales, de lado y lado. Los planos de la economía y la política tienden a aproximarse y borrar fronteras ideológicas que hasta 2007 mediaban entre Caracas y Buenos Aires. En ese movimiento, es el chavismo gubernamental el que más se desplaza desde la izquierda al centro. El gobierno bolivariano está más concentrado en Unasur que en el ALBA, en el comercio y las inversiones que en el proyecto revolucionario bolivariano, en preservar equilibrios con regímenes oprobiosos como los de Santos y Lobo, que en promover el anti imperialismo. Las relaciones de Estado terminaron imponiéndose al proyecto de socialismo del siglo XXI auspiciado por Chávez. Más abajo de la marquesina americanista que dominará la fundación de la CELAC, una realidad marcha inexorable en su seno. Se expresa como una situación tensional entre fuerzas sociales y proyectos geopolíticos opuestos.
La CELAC los contiene a todos como si fueran similares, como si las bases yanquis en Colombia tuvieran el mismo rango que el INTI o el MST de Brasil. Es suficiente para restarle valor a un organismo hemisférico que tiene el mérito de nacer sin imperios adentro. Allí nace su contradicción y la nueva dinámica de la diplomacia latinoamericana, girando más al centro político y al desarrollismo económico extractivo exportador, que a la independencia. El curso de ese contexto condicionará las relaciones de sus miembros: la del chavismo y el kirchnerismo, los regímenes que más se aproximaron.

Publicado en :
http://tiempo.infonews.com/notas/tres-miradas-sobre-celac

Un nuevo mecanismo de afirmación soberana, por Horacio López (para “Tiempo Argentino” del 02-12-11)



La visita de Cristina a Venezuela
Tres miradas sobre la CELAC


Publicado en TIEMPO ARGENTINO el 2 de Diciembre de 2011
Las opiniones de Horacio López, Juan Recce y el escritor Modesto Emilio Guerrero.


Horacio López
Subdirector del Centro Cultural de la cooperación Floreal Gorini.

La constitución de la CELAC pasa a ser, vista desde el largo proceso de búsqueda de integración de los pueblos y estados latinoamericanos y caribeños, un acontecimiento histórico de primera magnitud. El organismo que incluirá a los Estados del continente, salvo los Estados Unidos y Canadá, será una superación de la OEA, ese vetusto instrumento que ofició de Ministerio de Colonias al servicio de los intereses norteamericanos desde que remplazó al Panamericanismo (también funcional a la potencia del norte) en 1948. Recordemos que la OEA dio el visto bueno en la Conferencia de Caracas de 1954, para que la CIA promoviera desde Honduras el golpe de Estado que derrocara a Jacobo Arbenz como presidente de Guatemala; que fue la que expulsó de su seno a la Cuba de Fidel y el Che en la Conferencia de Punta del Este de 1962.
Estados Unidos intentó desde los inicios de nuestro proceso de independencia erigirse en el país hegemónico de la región: intentó frenar la realización del Congreso de Panamá de 1826 convocado por Bolívar y Monteagudo; durante gran parte del resto del siglo XIX accionó diplomáticamente, con éxito, en contra de todo intento de confederación continental. No hubo década en que no se intentó, por parte de nuestros países, reunirse para aspirar la anhelada unidad: convocatorias desde Perú en la década del ’40, de Venezuela, Chile y Guatemala –cada uno por sí– en los años ’50; Perú nuevamente en los ’60 y ’70 y Panamá y Venezuela en los ’80. Pero lamentablemente pesaron más los “intereses de localidad” que denunciara Monteagudo, refiriéndose a los de las oligarquías nacientes en cada nuevo país, y el accionar en contra de los Estados Unidos, para que ninguna de esas iniciativas llegara a buen puerto. Finalmente, vaciando de contenido al principio de la integración, Estados Unidos inventó el Panamericanismo en 1890 para construir una “unidad” de países que respondiera a sus propios intereses, haciendo realidad la doctrina del presidente James Monroe de 1823, de concebir a “América para los ‘norte’ americanos”. Así fue que no se le pudo dar solución a la realidad que plantara Alberdi al afirmar: “América está mal hecha”, haciendo alusión al rompecabezas en que había quedado conformada Hispanoamérica.
En estos años del siglo XXI, de conmemoración bicentenaria, la realidad es otra, más esperanzadora y entusiasta. Durante 2008 asistimos a la decisiva participación de los gobiernos latinoamericanos y caribeños en evitar pasar a mayores en el conflicto entre Ecuador y Colombia a raíz del ataque de fuerzas de este país al campamento de las FARC en territorio ecuatoriano; esto se dio a través de la intervención en la 20ª Cumbre del Grupo de Río en República Dominicana por parte de los Cancilleres. Ese mismo año nació la Unasur, organismo que dio un ejemplo internacional al cerrar filas sin concesiones ante el golpe de Estado en Honduras. Mostró una agilidad diplomática inusual, reuniéndose en Buenos Aires en 2010 ante el intento de golpe de Estado en Ecuador, intervino en las crisis entre Venezuela y Colombia y ante los intentos desestabilizadores en Bolivia. En el marco de la 21ª Cumbre del Grupo Río en Cancún, en febrero de 2010, nace la disposición a conformar el CELAC, el que se iba a constituir con los presidentes de los países adherentes en julio de 2011 en Caracas, pero que debido a la enfermedad del presidente Chávez recién se puede concretar en estos días.
Los procesos democráticos, sobre todo en América del Sur, han puesto en la agenda los objetivos de la integración. Se podría decir que las viejas banderas de la unidad, de la confederación de repúblicas, que levantaran nuestros pueblos y líderes de la independencia, se han transformado en iniciativas como el ALBA, Banco del Sur, Petrocaribe, Unasur y, por supuesto, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que nace ante el mundo.

Publicado en :

http://tiempo.infonews.com/notas/tres-miradas-sobre-celac

jueves, 1 de diciembre de 2011

Latinoamérica crea Celac, un foro regional sin EEUU y Canadá, por “El Mundo” de España (01-12-11)

Arriba : Chávez recibe a Fernández en el Palacio de Miraflores en Caracas. | Efe

  • El nuevo foro hemisférico es visto como un intento de desplazar la influencia política de la criticada Organización de Estados Americanos (OEA)
  • Representantes de 32 países se reunirán durante el fin de semana en Caracas
  • Chávez asume la cumbre como un compromiso y la prueba de su recuperación

Presidentes y jefes de gobierno de 32 países de la región se reunirán desde el viernes en Caracas para formalizar la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), un nuevo foro político hemisférico sin Estados Unidos ni Canadá.

Los mandatarios se encontrarán el viernes y sábado en la principal instalación militar de Caracas, Fuerte Tiuna, para conformar el nuevo organismo, cuyo nacimiento recorrió un largo camino.

La cumbre tuvo una amplia convocatoria por parte del presidente Hugo Chávez, quien está siendo tratado por un cáncer y mantiene encendida su retórica antiestadounidense, así como sus críticas a la Organización de Estados Americanos (OEA), el más antiguo foro hemisférico.

A su vez, Chávez recibió una respuesta masiva a su invitación, desde los países de mayor liderazgo hasta pequeñas islas del Caribe, con la idea de celebrar en la integración los 200 años de la independencia que se cumplen en la mayor parte de la región.

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, fue la primera mandataria en llegar a Caracas, preparándose para una reunión bilateral con Chávez antes del inicio de las deliberaciones.

Los esfuerzos de integración política sin la sombra de Estados Unidos que dieron inicio al organismo arrancaron con el Grupo de Contadora en los años 80 para contribuir a la pacificación de los conflictos armados centroamericanos.

Ese mecanismo de concertación se transformó en el Grupo de Río, el grupo político de mayor convocatoria, que precedió al más reciente, la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur). Los mandatarios acordaron crear la Celac en la cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, en Cancún, México, a comienzos del año pasado.

Los documentos para la creación de la Celac refieren la historia y la conmemoración de los 200 años de la independencia de la mayor parte de región.

Chávez ha reivindicado para el prócer venezolano Simón Bolívar la génesis de la integración política regional, con la convocatoria que hizo en 1824 del Congreso de Panamá, a fin de crear una federación de repúblicas con las naciones que se habían independizado de España.

La Celac ve la luz en momentos en que la región muestra varios gobiernos que se autodefinen de izquierda, encabezados por Chávez, quien en casi 13 años en el gobierno ha tenido duros cruces verbales con la Casa Blanca, aunque sin afectar su relación comercial.

El nuevo foro latinoamericano ha sido visto desde el comienzo como un intento de desplazar la influencia de la OEA, donde Estados Unidos ejerce un peso de liderazgo. "Celac, el camino de nuestros libertadores", reza un anuncio del gobierno venezolano con motivo de la cumbre, para la cual se decretó día feriado el viernes, a fin de facilitar la movilización de las delegaciones en la ciudad.

El embajador de Ecuador en Venezuela, Ramón Torres Galarza, aseguró que la Celac no está contra ninguna organización, sino a favor de los pueblos. "No somos sólo un mercado, somos una cultura, un pueblo con la voluntad de coexistir como un continente que empieza a pensar con cabeza propia, sin tutelaje", señaló.

Pese a su enfermedad, Chávez asumió la cumbre como un compromiso y la evidencia de que se ha recuperado, mientras apunta a una segunda reelección en los comicios de octubre de 2012. "Va a nacer un nuevo organismo, esto es algo histórico de verdad. Cuántos años de lucha, no es la victoria, es un primer paso", dijo al darle la bienvenida adelantada a sus colegas.

El mandatario venezolano recibió el lunes a su colega Juan Manuel Santos, en una cita previa, y señaló que la cordialidad y los acuerdos de cooperación que firmaron muestran que gobernantes de distintas tendencias ideológicas pueden entenderse. "Y yo soy de izquierda", puntualizó.

Los borradores de la Declaración de Caracas, el acta de nacimiento de la Celac, su ponen una declaración del consenso sobre la unidad, la cooperación y la complementariedad.

Publicado en :

http://www.elmundo.es/america/2011/12/01/noticias/1322757173.html

Los puntos de bifurcación del kirchnerismo. Desafíos y perspectivas a futuro del gobierno, por Amílcar Salas Oroño (para”Iniciativa” del 30-11-11)


30 Noviembre, 2011 Iniciativa

Por Amílcar Salas Oroño

Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (UBA).

Desde 1998, año en el que H. Chávez llega a la Presidencia de Venezuela, un “nuevo ciclo político” caracteriza a la región sudamericana. Evidentemente el siglo XXI trae consigo un recambio substantivo en lo que se refiere a las agendas políticas de varios gobiernos: más allá de las clasificaciones que puedan establecerse – “populistas”, “moderados”, de “izquierda” o “republicanos”- hay un rasgo en común que permite establecer una consideración más general sobre el período histórico y que, según las perspectivas, alimentan la idea de que se trata de un “cambio de época”: la readecuación de la gestión estatal, esto es, la revalorización de la presencia del Estado en relación a la lógica y dinámica del mercado. Lo que se ha vuelto a posicionar como un factor determinante de la dialéctica histórica latinoamericana es precisamente la injerencia que tiene el Estado en la determinación de los diferentes circuitos de reproducción de las sociedades, sus márgenes de inclusión, sus perfiles socializadores, sus estructuras normativas. En el marco de este panorama, Argentina presenta ciertos rasgos que destacan su carácter.

Al margen de lo que han sido las diferentes fórmulas de “agregación política” del kirchnerismo desde el 2003 – el pasaje que va de la “transversalidad” a la “Concertación”, y de allí a la reinterpretación del lugar del peronismo como coalición gubernamental – la etapa que comienza en el 2003 y culmina con el primer mandato de CFK tiene un elemento claro que la distingue: un circuito virtuoso entre fuentes de financiamiento y políticas públicas. En comparación con otros países de la región, Argentina fue el país que económicamente más creció, 64% – acumulado para el período 2003-2009, según datos de la CEPAL – mientras que Brasil lo hizo tan sólo al 28%, o bien Chile al 30%. Este crecimiento económico le ha permitido al Estado, entre otras cosas, aumentar considerablemente lo que es el “gasto público”: en la suma de los tres niveles de ejecución – Nación, provincias y municipios – está llegando actualmente al 40% del PBI, la cifra más alta de la región, incluso duplicando en dólares al que había durante la convertibilidad. Lo interesante es que estos recursos – que han ido en aumento- se respaldaron en una estructura de financiamiento que podría denominarse “móvil”, esto es, que no siempre tuvo los mismos pilares. A lo largo de estos años, de una primera etapa en donde el gasto se cubría casi exclusivamente a través de la recaudación impositiva, un segundo momento (político) muestra la ampliación de las fuentes de financiamiento también a lo que son: a) los fondos y la rentabilidad de los títulos públicos que pasaron de las AFJP al Estado; b) las reservas, utilidades y adelantos del Banco Central.

Estos cambios, y otros, han posibilitado la edificación de un determinado perfil de lo que puede considerarse la “gestión estatal”: un ciclo en el que las políticas públicas se extienden y se reprograman en función de nuevos recursos; se crean nuevas áreas de intervención, otras metodologías, se modifican los vectores y direccionalidades para el Estado. El proceso se dirige hacia políticas compensatorias y distribucionistas – por ejemplo, la moratoria previsional, la suba de haberes y políticas sociales de diverso tipo. En ese sentido, puede afirmarse que el kirchenerismo instala una lógica política diferente a la que, paradigmáticamente, caracterizó la forma de “actuación política” en los veinte años que van desde el retorno de la democracia en 1983 hasta la asunción de N. Kirchner: de una “metáfora política” en la cual las acciones se concebían y ejecutaban a partir de la idea de un “actuar al interior de un orden” – sean las restricciones corporativas militares de los ´80 o la “convertibilidad” de los ´90 – se pasa, desde el 2003, a otra “metáfora política” ligada, más bien, a “rupturas (parciales) frente al orden”, esto es, un ciclo político que va agregando permanentemente nuevas instancias de actuación para el Estado, espacios de politización y asistencia, posibilitados por una estructura “móvil” de financiamiento. En otros términos, una lógica política expansiva, a contramano de lo que había sido usual en el comportamiento de la clase política hasta el 2003.

Este recambio en lo que respecta a la lógica gubernamental de actuación política, en relación con la dialéctica Estado/mercado, tuvo un instante clave, emblemático, aquel que va a cristalizar la distintiva trama operativa y discursiva del kirchnerismo: el conflicto en torno a la Resolución 125 del PEN. A partir de entonces, varios aspectos objetivos y subjetivos adquirieron un formato particular. En un sentido más proyectual del proceso, aquella coyuntura histórica puede ser remitida como uno de los “orígenes” – quizás uno de los más relevantes – del kirchnerismo. Se trató de un “punto de bifurcación” similar a los que enfrentaron H. Chávez en el 2002, Lula en el 2005, Evo Morales en el 2008 o bien R. Correa en el 2010. Momentos que ponen en entredicho la sustentabilidad política de los gobiernos, instantes críticos que, paradójicamente, resultan en puntos de partida. El “conflicto con el campo” reorganizó política e ideológicamente al kirchnerismo, le brindó una “estructura narrativa” que es la que, a partir de allí, ubica con más definida perspectiva el sentidohistórico de su intervención.

Los desafíos que enfrentará el próximo gobierno de CFK tendrán que ver con la manera en que puedan administrarse las particularidades contenidas en un nuevo “punto de bifurcación” que, a diferencia del 2008, se da en el marco de otra atmósfera política: aquel que se deriva del masivo y contundente respaldo electoral de las últimas presidenciales. En los dos tiempos electorales – el de las PASO y del 23 de octubre- se constituyó un escenario que, siendo altamente positivo para el propio kirchnerismo, ya no se conforma en polémica con otros posicionamientos: los magros resultados cosechados por las diferentes “oposiciones” colocan la “agenda política” casi en exclusividad del lado del kirchnerismo. Es un “punto de bifurcación” positivo, en tanto de manera singular para nuestra historia nacional – y comparativamente respecto de los otros procesos de la región – contará con una situación excepcional en términos de recursos políticos, basada en:

a) experiencia acumulada de ocho años de gestión;

b) mayorías parlamentarias;

c) extensión federal de su coalición política.

Esta situación inédita coloca los interrogantes y desafíos futuros sobre una dimensión que no había demasiado elaborada y problematizada hasta el momento y que hasta podría decirse que fue consolidándose: la representación político-partidaria. Autoclausurados los competidores políticos opositores – aquellos representantes partidarios o corporativos- uno de los principales aspectos que deberá resolver el kirchnerismo es cómo mantener su “productividad política” sin contrapartes políticos concretos, sin un frente y punto externo de referencia. En otras palabras, deberá buscar un nuevo tipo de interpelación y relevamiento con la sociedad. Sin una estructura polémica horizontal con otras fórmulas representativas, ahora deberá recrear una nueva estructura de diálogo vertical con la sociedad civil, otro tipo de comunicabilidad societal, de forma tal que continúe la dialéctica progresiva de demandas/políticas públicas/financiamiento. Es precisamente en la redefinición de su condición y naturaleza activa, y en la elaboración de una nueva organicidad política, que estará la clave de su propia dinámica, y las características de los desafíos.

NOTAS :

[1] 1-De Ipola, E. (2001) Metáforas de la política. Rosario: Homo Sapiens.

[1] 2-Garcia Linera, A. (2008) La potencia plebeya. Buenos Aires: Prometeo.

Publicado en :

http://espacioiniciativa.com.ar/?p=5550

CFK EN VENEZUELA : “Sacar a millones de latinoamericanos de la pobreza, tiene que ver también con un proceso creciente de integración" 01-12-.11.




Firma de convenios comerciales entre Argentina y Venezuela: Palabras de la Presidenta de la Nación


PALABRAS DE LA PRESIDENTA DE LA NACIÓN CRISTINA FERNÁNDEZ LUEGO DE LA FIRMA DE CONVENIOS COMERCIALES ENTRE LA REPÚBLICA ARGENTINA Y LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA, EN EL PALACIO DE MIRAFLORES.

Primero, antes que ingresar en lo decididamente institucional, que sería la firma de todos estos importantísimos convenios entre ambos países y también convenios privados con empresas argentinas, me resulta imposible soslayar algo que para mí es muy importante y que supera lo institucional, que tiene que ver con lo afectivo, que tiene que ver con las emociones, con los sentimientos y con el agradecimiento por este gesto de amor y de cariño hacia quien fuera mi compañero de vida y padre de mis hijos, el honor que significa para nosotros – como familia – pero también creo que para la Argentina, viniendo de un país con la historia que en el continente tiene la República Bolivariana de Venezuela.

Creo que los dos grandes Libertadores están representados allí: Bolívar y San Martín, que esta Patria, que este continente, que este país con toda esa carga histórica y con todo el afecto y el cariño que él sentía por Hugo y que Hugo sentía por él, pese a que Néstor se enojaba cuando Hugo hablaba mucho y lo retaba. Y él le decía siempre: “voy a hablar poquito Néstor, te prometo que voy a hablar poquito”, y nunca cumplía con la palabra. Pero eran muy amigos, se querían mucho y la verdad que este gesto de honrarnos con que la Sala de Acuerdos de Ministros del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, lleve no solamente el nombre del Néstor Kirchner, sino también sus imágenes imborrables, las fotos de ambos. Vi ahí la del abrazo conmigo, que es una foto muy simbólica para mí; la de su primera asunción; ese cuadro donde estás vos, Hugo, Fidel, Néstor con su banda, recién asumido, y yo de blanco, es el mismo que tengo entre mis retratos personales en Olivos, en la parte donde yo vivo; la foto de Néstor con los jóvenes, con sus jóvenes, con la imagen del Eternauta, es muy fuerte, como también la imagen de los tres juntos, allá en Olivos; la imagen cuando asumí como Presidenta y este gesto maravilloso de este retrato de él, presidiendo este lugar; la réplica de su bastón y de su banda, que yo me levanté recién con Hugo para mirarlos -y de la bandera también- que se le entrega a cada Presidente y el retrato que Hugo pintó de ambos, que yo estoy segura pertenece a aquel momento en que Néstor se trasladó a fin de año aquí por el tema de los rehenes de Colombia, que decididamente entramos ya en la historia.

Yo quiero, primero, agradecer esto en nombre de mi país y en nombre personal también, de mis hijos y de mi hija que me acompaña. (Aplausos). Ella estaba muy emocionada, quiero contar algo y espero que mi hija no se enoje, cuando estábamos reunidos en la charla con Hugo, ella se levantó en un momento, una vez fue a donde vamos todas las mujeres, al baño, pero luego se levantó otra vez y cuando entró conmigo me dijo: “tuve que salir, mamá , porque me acordé de un día que estábamos con papá, en Nueva York, creo que para la Asamblea de Naciones Unidas, o no sé para qué era”. Ahí justo dice que lo vio a Hugo cuando se habían perdido aquellas elecciones legislativas, ¿se acuerdan? No sé en qué año fue. ¿En el 2010? “Me acordé que una persona de la oposición estaba diciendo no sé qué cosas por la televisión, que vos te enojaste y papá también, y me acordé de papá y de Hugo en ese momento, se me hizo un nudo en la garganta y tuve que salir afuera.” Bueno, son cosas que nos pasan, como también el día –quiero contarlo- que Hugo le dijo al mundo desde Cuba lo que le estaba pasando, estábamos con mi hija las dos juntas en la cama grande, escuchamos y las dos nos pusimos a llorar.

Así que quiero agradecer este inmenso gesto de poner el nombre y las imágenes de él aquí y también la importancia que para mi país tiene la firma de todos estos convenios. Que no son convenios que vienen desde ahora, ustedes saben que la relación comercial, de amistad y de hermandad entre la República Bolivariana de Venezuela y la República Argentina viene desde el mismo momento en que se conocieron ambos presidentes, que luego continuamos y que seguramente vamos a continuar porque pensamos de la misma manera, de acuerdo a lo que tiene que ser un proyecto político con inclusión social, un proyecto que acerca a las grandes mayorías los bienes de los que carecieron durante tantas décadas y también creemos que una manera de profundizar este proceso de integración social, de inclusión social, es sacar a millones de latinoamericanos, de americanos del sur, de venezolanos, de argentinos, de la pobreza, tiene que ver también con un proceso creciente de integración entre los países de la región.

Nosotros a partir del año 2003 decidimos que nuestro lugar era aquí en la América del Sur, que era éste el lugar donde debíamos desarrollarnos y crecer, y cuando uno ve lo que pasa en el mundo, ustedes saben que Argentina es integrante, junto a las hermanas repúblicas de Brasil y de México, del G-20, cada vez estoy más convencida de la necesidad de aunar los esfuerzos de toda la región, porque somos una región créanme privilegiada por Dios y todas estas cosas que hemos recibido, recursos naturales, recursos humanos, esta inmensidad, capacidad energética, capacidad alimentaria, agua potable, los más importantes acuíferos, todo esto debe ser aprovechado por todos nosotros en pos de que millones y millones de americanos del sur tengan un mejor nivel de vida. Y también colaborar con el crecimiento de la economía mundial, porque no somos egoístas ni tenemos vocación colonial, al contrario, siempre nos han querido colonizar a nosotros, somos un pueblo de paz, no somos un pueblo que quiera colonizar a nadie, queremos colaborar con la economía mundial y de hecho lo estamos haciendo porque somos las economías emergentes las que hemos venido –tanto de aquí como de otras regiones del planeta- sosteniendo el crecimiento económico a nivel mundial y queremos también imponer nuevos paradigmas, como es el de crecimiento con inclusión y sin subordinación a los otros, en un mundo multipolar, en un mundo que tiene que respetar las diversidades y las pluralidades culturales, religiosas y políticas sin perder la identidad.

Por esas razones y porque creemos en esos objetivos es que estamos hoy visitando aquí a nuestros amigos de la República Bolivariana de Venezuela. Los acuerdos son muy importantes pero lo más importante es compartir los mismos objetivos y creer en los mismos paradigmas. Así que muchas gracias por todo, muchas gracias.

Publicado en :

http://www.presidencia.gov.ar/discursos/25577-firma-de-convenios-comerciales-entre-argentina-y-venezuela-palabras-de-la-presidenta-de-la-nacion

Video del acto en :

http://www.presidencia.gov.ar/videos

La otra lucha, la del nuevo relato histórico, por Demetrio Iramain (para “Tiempo Argentino” del 01-12-11)


Arriba : Cuatro íconos de la Historia Argentina, pertenecientes a diversas corrientes ideológico-historiográficas : José Gervasio de Artigas, Julio Argentino Roca, Bartolomé Mitre y Manuel Dorrego.

Desafíos del próximo mandato

Publicado el 1 de Diciembre de 2011

Por Demetrio Iramain

Poeta y periodista.


Como en aquel 1983, la sociedad argentina se encuentra en una instancia que puede alumbrar definitivamente al nuevo país, o retornarlo a sus sombras, si fracasara.

Dijo Hebe de Bonafini al terminar la última marcha de las Madres de Plaza de Mayo previa a la asunción de Raúl Alfonsín, mientras los militares aún ocupaban la Casa Rosada: “Ahora empieza otra lucha.” Corría el año 1983 y la sociedad argentina regresaba a la legalidad constitucional. Muchos las criticaron por su negativa a abandonar la Plaza. Creían que la recuperación de las libertades individuales podría más que los malos presagios que anunciaban la confirmación en sus cargos del 90% de los jueces dictatoriales y la inhibición absoluta del nuevo poder civil de modificar el aparato represivo, que seguiría intacto por varios años más. Tenían razón.
Paradójicamente, aquel concepto sobre el comienzo de “otra lucha” fue pronunciado nuevamente por la presidenta de las Madres días atrás, tras un concurridísimo acto en Esteban Echeverría, que lideró Gabriel Mariotto. “Para ser vicegobernador hay que animarse a luchar”, dijo Hebe. Y continuó: “No nos creamos que el 10 de diciembre tenemos todo ganado, ahí va a empezar otra lucha, donde todos tenemos que tomar una obligación.”
La comparación entre ambas circunstancias históricas no es ociosa. Indudablemente, la dictadura finalizada en 1983 nada tiene que ver con estos ocho años y medio de proyecto nacional y popular, pero el desafío compartido de gobierno y sociedad en pos de reconstruir un país arrasado, violentado hasta la miseria más elemental, continúa. Como en aquel 1983, la sociedad argentina se encuentra en una instancia que puede alumbrar definitivamente al nuevo país, o retornarlo a sus sombras, si fracasara. Depende, más que nunca, de que “todos tomemos una obligación”, especialmente sus protagonistas y más fervorosos adherentes.
De ahí la furiosa e irracional, lindante con el ridículo, contraofensiva que han lanzado los voceros de la derecha comunicacional en relación con el flamante Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego.
A propósito, también las Madres de Plaza de Mayo debieran ocupar una asignatura cardinal en las investigaciones y estudios que allí se impartan. ¿Acaso el concepto Socialización de la Maternidad tiene menos entidad histórica que el Plan de Operaciones?
La derecha sostiene, palabras más o menos, que la “batalla K por el relato” atraviesa el punto máximo de mentira y sobreactuación. La contraponen al “ajuste progresista”, como le llaman, que no es sino la justa segmentación de las ayudas estatales. “Turros”, diría Hebe. Objetan las luchas simbólicas encaradas por el proyecto iniciado en 2003, tanto o más que la morigeración de los subsidios. Soportan más la distribución de la riqueza que los cambios culturales y simbólicos que la acompañan y sustentan, seguramente porque saben que sin renovación en la conciencia el prorrateo igualitario del ingreso tendría fecha de vencimiento. En cambio, cuando lucha material y cultural se unen, sus posibilidades de transformación se incrementan exponencialmente.
Para ilustrar sus obsesiones, el diario La Nación consulta a sus historiadores de cabecera. Los dictámenes que vierten resultan obvios. “El Instituto, en coincidencia con la conmemoración de la Vuelta de Obligado, tiene más relación con la política que con la historia”, juzga la historiadora María Sáenz Quesada.
¿Será que la historia no tiene que ver con la política? ¿Cuál debiera ser el objeto de las investigaciones históricas? ¿Las muñecas, acaso? ¿Qué cree que estamos disputando ahora sino la historia del futuro mediato de los argentinos? Si por Sáenz Quesada fuera, la UBA no debería dictar Sociedad y Estado a sus aspirantes a títulos de grado. Pero atención: sus conceptos, que parecen retrasar 30 años, no se quedaron sin tiempo. Por el contrario, se corresponden perfectamente con las necesidades más próximas de las clases más pudientes, que ven perder inexorablemente su habitual preponderancia.
Más prejuicioso, no obstante, se muestra Luis Alberto Romero, para quien “el Estado asume como doctrina oficial la versión revisionista del pasado y descalifica a los historiadores formados”. Sí, “formados”, dijo. Como si revisionismo fuera antagónico de estudio y rigor investigativo. A priori, resulta al revés: para revisar y reescribir lo que ya está enunciado primero hay que conocerlo minuciosamente, formarse en esos conceptos para luego deconstruirlos, encontrar la raíz cúbica de sus números ya dados, y aportar de esa manera un nuevo saber, liberador, crítico, que descubra el velo que tapa con errores (cuando no mentiras) hechos históricos hasta ayer negados, o tergiversados por los historiadores oficiales de las clases dominantes. Eso que creía Oscar Wilde, para quien “la única obligación que tenemos con la historia es reescribirla”.
Carlos Marx decía que “los seres humanos hacen su propia historia, aunque bajo circunstancias influidas por el pasado”. Para que la historia de los seres humanos cambie, entonces, hay que influir sobre las circunstancias actuales. Siendo que esto ocurre en la realidad argentina, ¿por qué no intentar una estructura cultural que dé cuenta fehacientemente de ello e intervenga de ese modo en las escrituras humanas del futuro, “su propia historia”, al decir del alemán?
“La otra lucha” que comienza en diez días es continuidad de las anteriores, pero con nuevas dinámicas. Retos inmediatos que son distintos: afianzar lo ya transitado, también bajo las actuales condiciones internacionales, que no son óptimas. El marco no se elige, pero sí la pintura que contiene. Nunca como ahora fue tan importante la unidad nacional, pero no una unidad obsecuente, acrítica, sino activa y sagaz. Y un relato que la contemple. Siempre detrás del mismo objetivo estratégico: el desarrollo nacional en función de la inclusión del segmento social más postergado, históricamente abandonado a su suerte. No elegimos al capitalismo, tampoco a sus excluyentes patrones de acumulación; mientras tanto, ¿quién va negarnos el derecho a encontrar la felicidad relativa del trabajo y cierto nivel aceptable de consumos culturales y materiales a la que es posible aspirar bajo el sistema global?

Publicado en :

http://tiempo.infonews.com/notas/otra-lucha-del-nuevo-relato-historico

Conmigo no, Coronel Dorrego, por Enrique Manson (para “Tiempo Argentino” del 01-12-11)

Entender el pasado

Publicado en TIEMPO ARGENTINO el 1 de Diciembre de 2011

Por Enrique Manson Historiador.

Autor de José María Rosa y el historiador del pueblo.


Puestos a imaginar conductas, suponemos que don Juan Manuel habría estado satisfecho con la defensa de la soberanía financiera, produciendo la reducción histórica de las cadenas de la deuda más importante de la historia.


El mundo académico argentino acaba de ingresar en una fuerte polémica sobre el nuevo relato histórico que se propone instaurar el kirchnerismo. Por medio del decreto 1880/2011, firmado por la presidenta hace diez días, el gobierno creó el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, que se propone reescribir la historia argentina a través de algunos de los grandes personajes del pasado.” Así comienza la nota en que el diario La Nación da a conocer la creación de dicho instituto.
“La medida de Cristina Kirchner”, continúa, “provocó ya una fuerte polémica entre reconocidos historiadores, que cuestionan por lo menos tres puntos de la iniciativa. Advierten con preocupación que la tarea estará a cargo de divulgadores de la historia y no de científicos reconocidos en la materia. Señalan, además, que se ignora aún si el objetivo real no será incorporar estos nuevos relatos históricos en los programas de las escuelas secundarias. Y alertan, en consecuencia, sobre la posibilidad de que esta operación impulsada por la Casa Rosada tenga como meta la instauración de un ‘pensamiento único’ del pasado.”
La creación, con carácter de nacional de esta nueva institución historiográfica, ya había provocado las primeras reacciones, tanto en los seguidores de la versión dogmática de nuestro pasado, de la que el fundador del diario fuera iniciador, como de alguna secta que conserva las mayores aberraciones del despotismo militarista nacido en los años ’30.
En efecto, durante la conmemoración de la batalla de la Vuelta de Obligado, la presidenta recibió –y lució en su pecho− un cintillo punzó, que llevaba las efigies de Rosas y de su esposa, Encarnación Ezcurra. Al verlo, exclamó “¡Está Encarnación!”, sorprendida por la presencia, bastante olvidada en nuestra historia, de la mujer del Restaurador. Al día siguiente, el diario Clarín, que en tiempos remotos diera frecuente cabida a la pluma de historiadores revisionistas, publicó una nota de Susana Viau titulada “Medidas odiosas y revisionismo punzó”. Luego de una enumeración de las calamidades que se avecinan con el inicio de la presidencia elegida con el 54% de los votos –aunque sin el “voto económico”− al decir de algún panegirista de la última dictadura cívico-militar, la periodista afirma que “la Presidente se incluyó de lleno en las corrientes revisionistas y la reivindicación de Encarnación Ezcurra”.

“Encarnación... era la máxima seguidora de su marido, Rosas… cuando éste andaba conquistando el desierto, matando a los indios a los que no lograba domesticar con subsidios (negrita en el original), o por las estancias. Fue ella, dicen, la que alentó la formación de la Sociedad Popular Restauradora, en la que pululaban en extraña mixtura los comerciantes y la soldadesca”, y promovió la revolución de los restauradores, protagonizada por “los tenderos de la ciudad y los estancieros satisfechos con el avance de las tropas sobre las tierras indias”. Así nació la “tiranía” que, como el kirchnerismo, terminó con “la libertad de prensa” y con “la disidencia”.
“Contra las consecuencias de aquella paradójica ‘revolución restauradora’ fue escrito el artículo 29 de la Constitución de 1853 que declara ‘infames traidores a la Patria’ a quienes vuelvan a entregar a un individuo el poder absoluto, a quienes permitan que la vida, el honor y las fortunas de los argentinos queden en manos de gobiernos o persona alguna”. Que fue el fundamento de largos años de prisión de legisladores opositores a la dictadura de Aramburu y Rojas en los años ’50.
En la mencionada nota de La Nación, se señala que “el historiador Luis Alberto Romero también fue muy crítico respecto de la creación del instituto. ‘El Estado asume como doctrina oficial la versión revisionista del pasado. Descalifica a los historiadores formados en sus universidades y encomienda el esclarecimiento de la «verdad histórica» a un grupo de personas carentes de calificaciones. El instituto deberá inculcar esa «verdad» con métodos que recuerdan a las prácticas totalitarias. Palabras, quizá, pero luego vienen los hechos’, expresó Romero”. No es la primera vez que Romero se manifiesta con palabras admonitorias contra quienes carecemos −modestamente, me incluyo− de calificaciones, tal vez por haber sido expulsados de la universidad en 1976 por el gobierno que convocó a algún académico para elaborar los planes de estudio de historia de la enseñanza primaria.
El año pasado, en ocasión de publicarse el libro La Gran Epopeya, en que Pacho O’Donnell se refiere a la gloriosa acción de Obligado, el mismo historiador profesional lamentaba que se festejara una derrota. También afirmaba que “se llegó a un acuerdo muy honroso…, en el que Rosas obtuvo lo que no pudo lograr en el campo de batalla. Celebremos pues el éxito pacífico de la diplomacia y no el fracaso de la guerra.” El problema es que guerra y diplomacia eran una unidad. Una guerra es siempre una calamidad, pero hay guerras inevitables, sobre todo cuando se nos vienen encima las dos primeras potencias de la época, ayudadas por cómplices nativos. De la crítica parece surgir la idea de que el “tirano” fracasó con los cañones, y eligió después la diplomacia. Es algo parecido a lo del alumno del maestro Firpo que decía que un perro era cuatro patas, dos orejas y una cola. El perro es un animal, que tiene patas, cola y orejas. El conflicto con los imperios tuvo batallas y diplomacia. Era una guerra colonial en la que se enfrentaban un imperio –dos, en este caso− con una colonia o con un país pequeño. Los agresores buscaban una ganancia, lo que implicaba una inversión. En dinero, en sangre, en materiales. El costo no debía superar al beneficio esperado.
La gloriosa batalla de Obligado fue el punto culminante de esa guerra colonial. En ella se destacó el heroísmo de los guerreros argentinos que, como diría San Martín, no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca. Pero las guerras contra las potencias no se ganan sólo con heroísmo. No menos necesaria es la conducción de un estadista que, como Juan Manuel de Rosas, apoyado por su pueblo, condujo con firmeza y talento la guerra contra las dos potencias de su época.
Es cierto que había argentinos que tenían, como decía Romero, “opiniones diferentes sobre cómo organizar el país”, aunque es lamentable que quienes las tenían hubieran gestionado la intrusión anglofrancesa y, muchos de ellos, disfrutaran del espectáculo de Obligado desde la borda de los barcos invasores. Esto fue juzgado por San Martín lamentando que hubiera “americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria.”
Muchos de los críticos de la creación del instituto se preocupan por el peligro de que desde el gobierno se instale una versión oficial de la historia que responda a la corriente revisionista que hoy podríamos llamar, con más propiedad, nacional y popular. De este modo, se terminaría con la objetividad histórica.
Más allá de que está claro que no se trata de la imposición de una versión dogmática de nuestro pasado, tampoco tiene mucha seriedad la pretensión de objetividad de una interpretación desarrollada en tiempos en que se imponía –muchas veces, como en Pavón y en Cañada de Gómez− por la fuerza de los Remington, derramando la sangre de los gauchos que sólo eso tenían, para Sarmiento, de seres humanos.
No fue muy objetiva la argumentación utilizada para condenar a Juan Manuel de Rosas.
“Si el juicio de Rosas lo librásemos al fallo de la historia”, decía Nicolás Albarellos al fundamentar la ley que lo declaraba reo de lesa patria, “no conseguiremos que sea condenado como tirano, y sí, tal vez, que fuese en ella el más grande y glorioso de los argentinos… Juicios como estos no deben dejarse a la historia. ¿Qué se dirá, qué se podrá decir, cuando se viere que la Inglaterra le ha devuelto sus cañones y saludado su pabellón manchado con sangre inocente con la salva de 21 cañonazos?… ¿Que el valiente general Brown, el héroe de la marina de Guerra de la Independencia, era el almirante que defendió los derechos de Rosas? ¿Que el general San Martín, el padre de las glorias argentinas, le hizo el homenaje más grandioso legándole su espada? ¿Se creerá dentro de 20 años, o 50, todo cuanto digamos contra el monstruo, si no lo marcamos con una sanción legislativa para que ni siquiera quede marcado por nosotros, voz del pueblo soberano? Se dirá que no ha sido un tirano; lejos de ello ha sido un gran hombre. ¡¡Ese monstruo, señor!!” (Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de Buenos Aires, año 1857, sesión del 1 de julio)
No muy distinta fue la actitud del padre o abuelo de nuestra Historia Oficial, hoy llamada “social” o algo parecido, cuando repudiaba la Historia de la Confederación Argentina de su discípulo Adolfo Saldías, diciendo: “¡Llama usted traidores, y por varias veces, a los que combatieron y derribaron la tiranía de Rosas por medio de alianzas y coaliciones, buscando fuerzas concurrentes! ¡Olvida que el pueblo luchó cuarenta años (sic) contra su tirano salvando su honor con su resistencia!” No hay objetividad contra los tiranos, ante los que hay que guardar “los nobles odios ante el crimen que me animaron en la lucha”.
Acompañan en su disgusto a los críticos precedentes otros hombres que prefieren desagraviar a Doña Encarnación porque algún integrante del recién creado Instituto se atrevió a compararla con la presidenta actual. Con el mismo estilo de alaridos con que siguen adhiriendo a la última tiranía criminal, las plumas de la revista Cabildo, acompañan nuevamente a la intelectualidad liberal. En este caso, lo hacen repudiando a quienes usaron a la “Heroína de la Federación” para “chuparle las medias a una de las más fieras destructoras de las Fuerzas Armadas argentinas… gran protectora de los que armados por la Cuba comunista y la Unión Soviética agredieron a la Nación Argentina.” Quien escribe estas duras denuncias, que entrenó su pluma en la defensa del piadoso soldado de Cristo Christian von Wernich, afirma que “La causa de” Rosas… “es completamente distinta y enfrentada con la de Kirchner.” Estos personajes, que al decir de Fermín Chávez siguen lamentando haber perdido la 2ª Guerra Mundial, siempre fueron coherentes. Apoyaron a Uriburu para terminar facilitando el pacto Roca-Runciman, lo hicieron con Lonardi para concluir acompañando los fusilamientos de junio, siguieron a Onganía para llevar adelante las políticas de Krieger Vassena, y se ensangrentaron con Videla y Massera para que Martínez de Hoz arrasara con la Argentina industrial que conservaba algún resabio de justicia social.
Puestos a imaginar conductas, suponemos que don Juan Manuel habría estado satisfecho con la defensa de la soberanía financiera, produciendo la reducción histórica de las cadenas de la deuda más importante de la historia. ¿No fomentó la industria nacional, contra el monocultivo, siendo él mismo un terrateniente? ¿No presionó, acaso, con los intereses de los acreedores privados británicos usándolos como arma que debilitara el frente interno del Imperio, cuando la agresión de Obligado? ¿No hubiera hecho descolgar del Colegio Militar el retrato del asesino “por mi orden” Juan Lavalle, y mandado a juicio –tal vez con menos garantías que las del derecho del siglo XXI− a los que produjeron el fenómeno demográfico de que en un año sin pestes ni epidemias, el número de muertes superara al de nacimientos en la provincia de Buenos Aires?.
A su vez, una prestigiosa escritora cuyo transitar político provocaría la envidia de Patricia Bullrich, afirma que el revisionismo es un fósil del pasado, y diez libros revisionistas no son comparables con una página del historiador que desde la Universidad de Berkeley explica las desorientaciones de los movimientos populares a lo largo de nuestra historia. Teme, también, que el Instituto, rincón arcaico y polvoriento, se convierta en algo más peligroso. Pese a que el prócer cuyo nombre lleva se haya caracterizado por su respeto de las formas democráticas hasta la exageración de confiar en el sometimiento a las instituciones de los logistas que inspiraron el crimen de Navarro.
Tal vez sea ese temor el que la lleve a advertir, dedo en ristre, “¡Conmigo, no, Dorrego!”.

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