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miércoles, 3 de octubre de 2018

Macri, "persona envilecida" y "veneno social", por Juan Chaneton (para "Va con firma" del 03-10-18)



El neoliberalismo en su fase terminal recurre al fascismo. Pero "fase terminal" no es lo mismo que derrota segura. Tiene todavía la oportunidad histórica de vencer a las fuerzas del progreso. Su punto fuerte es la ausencia de todo límite moral.


Juan Chaneton *

Para dotar de legitimación la expulsión de CFK de la política, no alcanza con encarcelar al primo del presidente, Angelo Calcaterra. El juez Bonadío -estancado en sus designios pese a su obstinación inocultable por producir una verdad jurídica- ya está pensando en cómo limitar el daño y el riesgo de una decisión que, de no tomarse, tornaría políticamente inútil todo el dispendio persecutorio realizado hasta hoy. Sólo los impensables indagatoria y  procesamiento de Paolo Rocca y del mismo presidente de la Nación podrían zafar al juez de la sospecha de parcialidad, con que lo fulmina buena parte de los encuestados de a pie, así como torcer la decisión de un Senado renuente a entregar la cabeza (por las razones que fuere) de Cristina Kirchner.

Ya está completamente desnaturalizado por el uso y el abuso el sistema procesal del "arrepentido" (ley 27304, modificatoria del artículo 41 ter. del Código Penal) que crea un instituto consistente en la libre decisión del imputado de acogerse a ese régimen para, sin presiones ni amenazas, declararse culpable y, en simultáneo, colaborar con el fiscal en la investigación, aportando información en dirección del esclarecimiento de los hechos investigados, todo ello a cambio de una reducción de la pena, salvo que ésta sea de multa, en cuyo caso no se disminuye.

Carlos Stornelli -el fiscal de la causa 9608/18 que tiene a la ex presidenta como imputada por asociación ilícita- amenaza con la cárcel al que no declara contra sí mismo. Amenaza con condiciones vejatorias de prisión y con hacinamiento en calabozos de castigo a ciertos imputados en caso de que no se "arrepientan" y de que no colaboren "voluntariamente". Esto surge de declaraciones realizadas a los medios por algunos de esos imputados-amenazados, entre las cuales una de las que tomó relevancia mediática fue la que realizó el abogado defensor del empresario Sergio Taselli, Mariano Cúneo Libarona, quien manifestó: "... me preocupa que esto sea así: tenés que arrepentirte y confesar algo e involucrar gente. Si decís que sos inocente, quedás preso” (Clarín, 22/8/2018). Pero más grave aún es que el abogado advirtió que su cliente estaba dispuesto a mentir con tal de recuperar la libertad pues -según dijo Cúneo Libarona- es inocente. Lo dijo en estos términos: "Si no sale en libertad en breve lapso, va a mentir y va a involucrar a alguno" (Clarín, 22/8/2018). Sergio Taselli acaba de salir en libertad, el viernes 28 de septiembre.

El desapego a la formalidad legal se va imponiendo como razón de Estado, tanto a nivel local como global.

El fascismo, entendido como nuda violencia, va tomando cuerpo como  opción política neoliberal en el marco de la globalización. El nazismo es una forma de fascismo. En rigor, lo fue, y hoy reverdece desde púlpitos extraños, por impensados. El libro de cabecera de Durán Barba, el ecuatoriano asesor del presidente Macri -o uno de esos libros-, es Mein Kampf (Mi lucha), de Adolf Hitler. El desenfado con que Macri cita una frase de ese libro derrama violencia ideológica desde un lugar del organigrama institucional, al modo como el mismo desenfado de Stornelli apretando "arrepentidos" derrama violencia desde otro lugar de ese mismo organigrama. En todo caso, es la violencia en tándem descargada sobre la sociedad de los argentinos. Sobre una sociedad a la que es imprescindible intimidar para que no se rebele ante las inauditas y sin precedentes privaciones y vejámenes a que la somete el proyecto de país de este gobierno.

El contexto global en el que comienza a transitar la política es -también, o en primer término- violento. El viernes 28 de septiembre, el representante especial de EE.UU. para el compromiso con Siria, James Jeffrey, afirmó, huero de todo límite moral, que "... nos concentraremos en hacer lo más miserable posible la vida en Siria". Y agregó: "... "Incluso si el Consejo de Seguridad de la ONU no las aprueba [las sanciones], lo haremos a través de la Unión Europea, lo haremos a través de nuestros aliados asiáticos" (www.actualidad.rt.com). 

En Brasil, y en idéntica línea de adscripción a una suerte de pesimismo decadentista -a lo Gobineau- se ubican los exabruptos del candidato fascista, Jair Bolsonaro, quien acaba de manifestar que la única elección que aceptaría como válida sería la que lo ungiese a él como presidente. El solo hecho de que un personaje como éste pueda ser candidato debe encender las alarmas, ante todo, las de los hombres libres que defienden la vida y la libertad. Cada vez más, Argentina y Brasil evocan un poco a Weimar, aquel jolgorio democrático y culturalmente rico que, no obstante, aupó al nazismo en Alemania.

Anunciar que la ley no es para ellos y citar a Hitler son dos emanaciones que provienen de un mismo hontanar ideológico: el neoliberalismo en fase terminal que recurre al fascismo. Pero "fase terminal" no es lo mismo que derrota segura. El neoliberalismo tiene todavía la oportunidad histórica de vencer a las fuerzas del progreso. Su punto fuerte es la ausencia de todo límite moral (en línea con las prescripciones de Leo Strauss) y la inteligente unidad que muestra en las etapas difíciles para sus objetivos hegemónicos. Bilderberg es, ante todo, un disciplinador global de las políticas funcionales a la plutocracia gobernante en el mundo.

Enfrente, los principios y valores del campo popular y progresista hacen de este campo una fuente de sentido existencial y, por eso, se diferencia polarmente del enemigo al cual combate. Pero sin unidad, de nada habrá valido la superioridad moral. Y la unidad no es sólo deponer enconos y miserias a la hora de construir un frente. La unidad es, sobre todo, deponer un sectarismo inveterado y reflejo y -también sobre todo- mirar más allá de una justa electoral, porque las elecciones siempre son un mojón táctico en la estrategia de fondo que apunta a superar el capitalismo, que es el que engendró al neoliberalismo. Y la unidad es, asimismo, participar activamente, en Latinoamérica, en la resistencia al imperialismo estadounidense junto a Venezuela, Bolivia, Nicaragua y El Salvador, que esos son procesos "populistas y dictatoriales" sólo en la mendaz propaganda enemiga que no pocas veces permea la conciencia y el discurso de algunos reputados actores que se reclaman parte de un campo popular del que no se advierte bien cuál es su sustancia si, a la hora de la política -que es la hora del poder-, gorjean a coro con el enemigo los denuestos, descalificaciones y ocultamientos que, entonces, sitúan a estos sedicentes progresistas, no aquí, sino allá, es decir, en la vereda de enfrente.

Se trata de una contradicción dura que da cuerpo al movimiento de partidos y organizaciones sociales que, para abarcarlo en su totalidad, llamamos progresismo. Quedar jugados y a fondo, a la vista de propios y extraños, sin más opción que el triunfo y sin atajos para el regreso, es la ideología y la práctica política de unos actores del campo progresista; mientras que, en el otro, operan los que negocian con Carolina Stanley "gobernabilidad" a cambio de dinero. No es una contradicción antagónica, es decir, de aquellas que requieren la eliminación de uno de los polos para que su resolución sea políticamente eficaz. Pero es una contradicción que deberá disparar una batalla ideológica a fondo bajo la forma de mensajes y actividad dirigida a esas bases populares hoy llevadas, de modo oportunista, por el derrotero de la componenda sin futuro con el gobierno de Macri.

El sentido de esta nota es, al par que pasar revista a la interna propia, señalar que el neoliberalismo está -crecientemente- recurriendo al fascismo, es decir, a la nuda violencia. El neoliberalismo patea el tablero de la convivencia democrática. Ello ocurre en el mundo, en Latinoamérica y en nuestro país argentino. Aquí, mientras Macri cita a Hitler, Stornelli viola la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, abierta a la firma, ratificación y adhesión por las Naciones Unidas en 1984, aprobada y ratificada por la Argentina en 1986 y con rango constitucional desde 1994. En particular, el juez Bonadio y su fiscal, violentan, de consuno, los artículos 1º, 10º, 11º, 12º, 13º y 16º de dicha Convención, que por obvias razones de pertinencia no abundaremos en esta nota.

Es razón más que suficiente para que partidos y organizaciones sociales se alcen para poner dique autodefensivo a una actividad judicial que ha desbordado la formalidad para mostrarse, paulatinamente, como lo que genéticamente es: una parte sustantiva del Estado burgués que encubre su violencia al reparo de la "división de poderes", pero que hace befa de esa división ni bien el objetivo clasista se impone con la urgencia de los tiempos políticos. Y tal objetivo es burlar voluntad y aspiraciones del pueblo. La sociedad civil argentina debe reaccionar como, en su tiempo, lo hizo contra el terrorismo de Estado: en la calle y en modo de amplio espectro. Si el Tribunal Russell, en su turno histórico, enjuició los crímenes de Vietnam, una instancia de similar idoneidad y jerarquía debe denunciar, en Latinoamérica, la siniestra herramienta que está usando el imperialismo contra los pueblos del continente: el lawfare.

Ya no es sólo Durán Barba; también Macri. Éste ha citado, asesorado por ese neocon del subdesarrollo que es el ecuatoriano, sintagmas caros al enfermo mental nacido en Austria: "veneno social" y "personas envilecidas" constituyen la oposición política al gobierno de un presidente que vino a depurar y modernizar la democracia argentina. Son palabras que usaba Hitler. ¿Qué dice la DAIA? Nada, seguramente. ¿Y Waldo Wolff, el diputado que querelló a Leopoldo Moreau por "antisemita"?  ¿Y el rabino Bergman? ¿y Claudio Avruj? Nada, seguramente. Prefieren el nazismo al "populismo". Si no hace mucho el propio Netanyahu dijo que el Holocausto no había sido responsabilidad de Hitler sino del Gran Moufti de Jerusalén...

Hay que empezar a resistir, pero a resistir en serio. En esto de la política, nadie regala nada. A la larga, cuesta. Y algunos, sólo ahora se están dando cuenta de que no alcanza con el jolgorio de los dedos en "V".



(*) Abogado, periodista, escritor.

Publicado en:
http://vaconfirma.com.ar/?articulos_seccion_719/id_7713/macri-and-quotpersona-envilecida-and-quot-y-and-quotveneno-social-and-quot

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