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lunes, 27 de marzo de 2023

Ricardo Zinn, el padre de la economía neoliberal que anhelaba una Argentina anterior a 1916, por Juan Pablo Csipka (para "Página 12" del 25-03-23)

 


 Ricardo Zinn: diseñó el Rodrigazo y se pensó como ideólogo de la dictadura.

 

Fue el ideólogo del Rodrigazo y reclamó una democracia tutelada después del golpe

Llegó a la función pública como asesor de Defensa durante la dictadura de Onganía. A fines de mayo del '75 fue nombrado secretario de Programación y Coordinación Económica. En los papeles fue viceministro y autor intelectual del ajuste que marcaría a fuego al país.

Por Juan Pablo Csipka
25 de marzo de 2023

 
Los indicadores económicos de la Argentina desbarrancaron en el último cuarto del siglo XX a partir de un hecho clave: el Rodrigazo. El feroz ajuste que dispuso Celestino Rodrigo como ministro de Economía en junio de 1975 significó la liquidación del modelo de sustitución de importaciones vigente desde el primer peronismo y el giro hacia el rentismo financiero más primitivo. Nueve meses más tarde, José Alfredo Martínez de Hoz llegó al Palacio de Hacienda a hombros de la Junta Militar y consumó durante los siguientes cinco años el programa de desindustrialización que excluyó a la mitad de la población económicamente activa.

La semilla del plan de Martínez de Hoz había sido plantada por Rodrigo. Detrás del funcionario había tres hombres en la mesa chica del Ministerio: Pedro Pou (futuro presidente del Banco Central en los noventa), Nicolás Catena (empresario bodeguero que sería uno de los creadores del Cema, uno de los principales think tanks neoliberales) y Ricardo Zinn. Hay que detenerse en este economista nacido en 1926, hijo de un teólogo alemán.

El viceministro que diseñó el plan
Todos los investigadores económicos que abordaron el colapso del Rodrigazo coinciden en que el cerebro del plan fue Zinn. Había comenzado en la función pública como asesor del Ministerio de Defensa durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. En tiempos de Alejandro Agustín Lanusse fue asesor del Banco Nación y al tiempo lo nombraron subsecretario de Coordinación del ministerio de Economía.


Cuando cayó Alfredo Gómez Morales y Rodrigo pasó ocupar el Palacio de Hacienda, a fines de mayo del '75, Zinn se encontró con un cargo público en democracia. El nuevo ministro lo nombró secretario de Programación y Coordinación Económica. En los papeles, era el viceministro. Y quien ejecutaría detrás de Rodrigo el cambio de paradigma que marcaría a fuego al país.

El 4 de junio de 1975, Rodrigo anunció el plan: devaluación del 61 por ciento y tarifazo en servicios públicos y combustibles. Zinn se encargó de negociar paritarias, que tenían un tope del 80 por ciento. En un contexto de desabastecimiento, se produjo una llamarada inflacionaria de proporciones, que superó el 300 por ciento anual.

Al calor de la crisis del petróleo, que destrozó los cimientos del Estado de Bienestar vigente desde finales de la Segunda Guerra, la teoría neoliberal comenzó a prender en el mundo. El sector financiero tomaba preeminencia en economías marcadas por alta inflación y estancamiento, el combo conocido como estanflación. La Argentina entró en esa dinámica con el Rodrigazo. Eso sí, hubo ganadores: los grupos concentrados, que licuaron sus deudas en pesos.

Rodrigo cayó un mes y medio después de haber asumido, y con él se fueron sus colaboradores. La obra ya estaba consumada y no había vuelta atrás. Zinn dedicó los meses siguientes a escribir un libro, que apareció en 1976 y se convirtió en una biblia del pensamiento económico más reaccionario: La segunda fundación de la República.

Propuestas para un nuevo orden
En el prólogo recuerda su breve pero devastador paso de 48 días por Economía. "Apenas iniciada la aplicación de un esquema económico antidemagógico se hizo visible que las fuerzas populistas de todo signo se aprestaban a impedirlo y la gestión fracasó", escribió en obvia referencia al plan de lucha de la CGT, que implicó el primer paro general de la historia contra un gobierno peronista.

La primera parte del libro se titula "Sesenta años de decadencia". Como se trata de una obra de 1976, el cálculo es fácil: el comienzo de los males estaba, para Zinn, en 1916, en el primer gobierno electo por sufragio universal. "La modernización de nuestra democracia tiene el alto costo de poner el país en manos inexpertas y comienza a deteriorarse el crecimiento", anotó en relación a Hipólito Yrigoyen, a quien culpaba de haber sentado las bases de "la Argentina aislada".

Más adelante fustiga a los conservadores de la Década Infame por apelar al intervencionismo y se despacha contra el peronismo, que impuso "la era demagógica"  de la cual "habrá de nacer la Argentina inválida que hemos heredado". A esa altura del libro (página 43) ya empieza a abundar un término que se usa mucho en este tiempo pero que no era usual entonces, o al menos no se había masificado: "populismo". De hecho, habla de la "utopía populista".

Después de defenestrar al primer peronismo, de criticar al desarrollismo como experiencia trunca y de definir a La Hora del Pueblo (la entente radical-peronista de 1970) como "obra maestra del populismo"; y de cara al centenario en 1980 de la Generación del '80 que fundó la república oligárquica, Zinn propone una segunda fundación basada en el clásico libreto liberal: respeto a la propiedad privada, igualdad de oportunidades en materia educativa, "eliminación de las prácticas de explotación por parte de empresarios y sindicatos" (sic). A esto se suma que "la justicia social no puede lograrse en la masificación política, que no es una solución para la miseria y sí es un aumento de la irresponsabilidad".


Más adelante señala los errores del modelo agroexportador, de Yrigoyen, Perón y Frondizi y de los gobiernos militares y plantea el plan de acción al momento de escribir esas líneas, en agosto de 1976. "El 24 de marzo de 1976 asume un gobierno militar en reemplazo de un gobierno populista demagógico. (...) Los valiosos y heroicos aciertos bélicos de nuestras Fuerzas Armadas no nos deben hacer creer que ello es el único cometido si bien en la hora actual tiene total prioridad. (...) El país respira un aire limpio, un aire nuevo, un aire fresco y dice: esta vez vamos a tener gobierno".

Democracia tutelada
Zinn advierte sobre los riesgos de choque entre la línea dura y la línea blanda del régimen y que es imperioso evitar una salida electoral hacia 1978 como la del '73, ya que podría desembocar en una "allendización de la República", como si para entonces fuera posible una experiencia como la de la Unidad Popular en Chile.

Además de exigir "erradicación de la subversión" y el saneamiento económico, también pide "depuración de la escena política y sindical de todos los protagonistas culpables de la situación actual". Y, al modo pinochetista, propone una democracia tutelada para que se defina "un futuro político paulatino y controlado funcionamiento institucional". Para ello pide "candidatos previamente compatibilizados con los objetivos nacionales", a fin de evitar algo como el camporismo.


Propone la creación de un Consejo de Garantías de la República (CGR) que dé el visto buenos a los candidatos, evitando "infiltración marxista". De por sí, "no se permitirá proselitismo marxista en lo partidario o sindical". Además, el primer presidente avalado por el CGR no tendrá Poder Legislativo. Ese rol será del CGR, que en las siguientes tres presidencias igualmente podrá vetar leyes. La democracia directa, aunque tutelada, se limita a legislaturas provinciales y municipales. Los gobernadores serán nombrados por acuerdo del Presidente y el CGR.

En el final, llama a reformar la Constitución en 1977 para asentar las reformas. "El 24 de marzo de 1976 triunfa el país civilizado y ético, sobre la anarquía y el desorden que desde 1945 trata de tomar por asalto a la Nación, contando en sus últimas etapas con alianzas manifiestas o embozadas, de la subversión internacional", fundamenta, en una comparación forzada con 1852.

Un gobierno militar sin "desviaciones dictatoriales"
En 1980 vio la luz Cuatro años después de la segunda fundación de la República, una reelaboración del libro anterior, que mechaba capítulos (sobre todo de la primera parte) de la edición de 1976. Volvió a insistir con la idea de una democracia controlada por los militares e introdujo, como propuesta, el voto uninominal, ya que la lista sábana derivó en que "los partidos políticos demagógicos" hayan "transformado el voto en el derecho supremo". Y sugiere que los cargos ejecutivos sean de elección indirecta en todos los órdenes (presidente, gobernadores, intendentes) a través de órganos legislativos. 






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Ricardo Zinn: diseñó el Rodrigazo y se pensó como ideólogo de la dictadura.










miércoles, 8 de junio de 2016

EL MACRIAZO, por Néstor Restivo (para "CASH" del 05-06-16)




 Por Néstor Restivo

El Rodrigazo, que en este mes se cumplen 41 años, fue un plan económico de shock que partió en dos la historia económica argentina. Lo anunció el 4 de junio de 1975 el entonces ministro de Economía del gobierno encabezado por María Estela Martínez de Perón, Celestino Rodrigo, y se recuerda como uno de los peores asalto al bolsillo de la mayoría de los argentinos. Disparó una inflación para todo el año que nunca se había visto hasta entonces de más del 180 por ciento, y una devaluación y ajuste tarifario también inéditos. En 1989/90, con los gobiernos de Raúl Alfonsín y Carlos Menem, la economía argentina se derrumbaría en algo peor: la hiperinflación. En 2001/2, tras la fantasía de la “convertibilidad”, la depreciación del peso del 200 por ciento fue un récord. Y ahora en el mandato de Mauricio Macri irrumpe un ajuste de tarifas públicas que superó al de Rodrigo y no tiene antecedentes en la historia argentina.

En contextos muy distintos –locales, regionales y globales– y en circunstancias también diferentes, en lo político, social y económico, los ajustes de 1975 y 2016 tienen rasgos comunes que invitan a su comparación.

El Rodrigazo se aplicó tras once años consecutivos de crecimiento del PIB. El ciclo positivo que arrancó en 1964 y terminó en 1975 fue hasta ese momento el más extenso de la historia argentina, compitiendo con el que había ocurrido en el cambio del siglo XIX al XX, pero que había tenido como marco general, bajo el liderazgo político de Julio Argentino Roca, una expansión excluyente en términos sociales. Es decir, el crecimiento había sido para pocos habitantes y concentrado en el área de influencia del puerto de Buenos Aires, la única que cuenta para el actual ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay. Se podría haber contado un tercer ciclo virtuoso, el del período abierto en 1946 con Juan Perón, pero la crisis de 1952 y sobre todo el golpe de 1955 frustraron esa posibilidad.

La etapa 1964/75, a diferencia de la liderada por el Estado conservador oligárquico de casi un siglo antes, tuvo alternancias políticas (el gobierno de Illia, las dictaduras de Onganía a Lanusse, el tercer gobierno peronista) que pese a sus distintos objetivos coincidían, en general, en políticas a favor del mercado interno y en autonomía de los poderes globales.

Ese ciclo largo, que para 1974 llevó a los mejores indicadores socioeconómicos de que tenga memoria Argentina en términos de equidad y de industrialización, con un desempleo de sólo 2,3 por ciento y una distancia entre más ricos y más pobres de apenas 12 veces, lucía con tensiones importantes como la inflación, contenida sólo por el control de precios, y el déficit presupuestario.

Pero el Rodrigazo fue brutal y deliberado y no para corregir o “sincerar” (palabra que también se difunde en estos días) esas variables, sino para frenar el mejor reparto de los ingresos y recuperar tasas de ganancias empresarias.

En 2003/15, el kirchnerismo encausó el tercer período de expansión económica más largo de la historia nacional, y con índices de crecimiento anual mayores que los anteriores, en especial en su primera mitad. Aun con la baja de sus últimos cuatro años (en valores del actual Indec, apenas creció en 0,8 por ciento en 2012; 2,9 en 2013; 0,5 en 2014 y 2,1 en 2015) dio como resultado más de una década con un crecimiento anual promedio en torno al 6,0 por ciento. Nunca se había visto en el país algo así por tanto tiempo sostenible. Aunque a partir del triunfo de Macri el discurso oficial (político y mediático) apunta a demoler en toda la línea esa experiencia y a hacerle creer a la ciudadanía que fue una ilusión, el actual “sinceramiento” de precios relativos también se disfraza de oveja cuando es un lobo para destruir las políticas distributivas y recuperar rentabilidad obscena en la cúpula de la sociedad. Sobre todo, busca acabar con cualquier atisbo de pretender volver a tener mayores márgenes de autonomía nacional, en un contexto como el actual donde, ahora sí, los poderes globales se constituyen virtualmente en el gobierno mundial.
Ajuste

El Rodrigazo y las medidas del actual ministro Prat Gay se aplicaron entonces luego de dos experiencias largas que habían llegado a un límite y ameritaban ajustes para su sostenibilidad y revitalización pero no, salvo para intereses minoritarios, un cambio de régimen. Luego de la experiencia de 1975, como se sabe, vino el golpe cívico militar al que el shock económico le pavimentó el camino. Pero en el siglo XXI ya ese estilo no hace falta, se hace con alegría.

Junio de 1975 (y marzo de 1976), como advirtió tempranamente un texto de Roberto Frenkel publicado en Brasil, se inauguró para Argentina otra experiencia traumática: la indexación. Y con ella, la bicicleta financiera. El juego actual entre las tasas astronómicas que pagan las Letras del Banco Central (Lebac) y el negocio del dólar futuro replica esa timba que drena divisas del país, y que no compensará ninguna inversión externa ni ningún blanqueo de dinero evadido al fisco o de origen delictivo. Desde 1976, la deuda externa fue una clave (para 1975, los compromisos adeudados por Argentina al exterior apenas llegaban a 6000 millones de dólares), así como también lo fue su contracara y explicación última: el inicio de la fuga de capitales, que hoy acumula entre 200 y 400 mil millones de dólares según diversas fuentes, cuando antes de 1975 se estimaba en sólo 3500 millones. Con el gobierno de Macri la deuda externa y sus derivaciones volvieron a activarse.

Junio de 1975 provocó el primer paro de la CGT a un gobierno peronista, aunque ya no viviera, desde un año antes, el propio Perón. Paro que fue precedido y acompañado por el sindicalismo combativo en Villa Constitución y otros puntos del país. Rodrigo y su mentor, José López Rega, debieron renunciar 41 días después de los anuncios económicos. Pero la tarea estaba hecha. En tanto, a los despidos y al ajuste de tarifas del macrismo (se insiste, el mayor de la historia) les amagó el sindicalismo disperso con una huelga general, pero hasta ahora no se concretó.
El repertorio

Durante esas semanas de 1975 (ver al respecto el libro El Rodrigazo. El lado oscuro del ajuste que cambió la Argentina, del autor de esta nota y Raúl Dellatorre, publicado en 2005 y reeditado en 2016 por Capital Intelectual), el gobierno de “Isabelita” ofreció a los sindicatos un aumento paritario de 38 a 45 por ciento, que los gremios obviamente rechazaron pues cubría apenas un cuarto de los aumentos de precios. El equipo de Rodrigo integrado por Mansueto Ricardo Zinn, Nicolás Catena y Pedro Pou los alentaban “a pedir más” (reconoció Pou para el libro citado) para hacer “estallar todo”, y se lograron aumentos de 140 por ciento al caer Rodrigo.

Por aquellos días, la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericana (FIEL) señalaba que “la caída del salario es un ingrediente necesario para el éxito del modelo”. La frase sincericida es de un documento de 1975, pero es perenne en su marco ideológico. Todas las usinas liberales de entonces, que se preparaban para gobernar a partir del golpe, coincidían en el necesario “sinceramiento”, en “destapar la olla a presión”, en “desactivar la bomba” o en responsabilizar a la “herencia”. No han renovado repertorio porque no tienen mucho más que ofrecer.

La gestión de Rodrigo acabó asimismo, aprovechando la muerte de Perón y el vacío de poder, con el intento del anterior ministro Gelbard (1973/4) de recrear un pacto social a favor del mercado interno, en un esquema donde también había políticas avanzadas en agro, industria, comercio exterior, ciencia y tecnología o educación.

Un último paralelismo podría establecerse con el propio Zinn, verdadero artífice del Rodrigazo. A diferencia del ministro, que fue preso cuatro años en la dictadura, Zinn, como ya había hecho durante el onganiato como asesor en los ministerios de Defensa y de Economía, fue colaborador y apologista del dictador Jorge Videla y de su súper ministro José Martínez de Hoz, y luego asesor del menemismo, en particular para las privatizaciones de Entel e YPF, lo cual lo llevó al directorio de esta última. Lo sugestivo de su trayectoria empresarial, a los fines de esta nota, fue su larga vinculación con Sociedad Macri, el grupo Socma, y la empresa Sevel, en donde fue un socio privilegiado de Franco Macri, aunque luego se distanciaron por una pelea por las acciones de Fiat. Poco puede dudarse de que, si Zinn viviera, disfrutaría con los globos amarillos.

PUBLICADO EN:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-9374-2016-06-05.html


SUBNOTAS

    El Macriazo y el Rodrigazo