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lunes, 30 de diciembre de 2013

Colombia: POR UNA DEMOCRACIA AUTÉNTICA Y POPULAR, por Fernando Dorado (para "Redacción Popular" de diciembre de 2013)






(Fernando Dorado)

Organizar un amplio movimiento de defensa de la democracia
Popayán, 29 de diciembre de 2013
En Colombia para construir Paz se requieren transformaciones estructurales en el ámbito político, económico y social. Esas transformaciones siempre han sido aplazadas o saboteadas. La violencia ha sido una forma que ha utilizado la oligarquía para evadir cualquier tipo de concesión pero también ha usado la falsa democracia para engañar al pueblo.
En la actual coyuntura política, cuyo elemento principal es la creciente inconformidad del pueblo, la oligarquía no tiene clara la fórmula para detener ese proceso – paulatino – de indignación nacional y popular.
La inconformidad no es sólo contra una “democracia” que no funciona. El pueblo tiene en la mira – desde hace rato – a la élite financiera que se lucra y enriquece descaradamente, año tras año, acaparando y monopolizando la riqueza nacional.
Pero también está harto de la entrega de nuestras riquezas naturales al capital extranjero. Ha identificado – igualmente – cómo se privatizan los servicios públicos para entregárselos a unas mafias empresariales que han construido verdaderos emporios económicos explotando a los usuarios de la energía eléctrica, el agua, el aseo y el gas, en numerosas ciudades.
Las masas populares odian también a las élites políticas que aprueban leyes contra el pueblo y a la vez, obtienen enormes sueldos y primas por actuar contra el interés colectivo además de ser intermediarios de grandes contratos amparados por la corrupción más aberrante.
El “incidente Petro” ha confirmado lo que muchos ya sabían. El alcalde de Bogotá tocó grandes intereses. No sólo lo castigan por haberse atrevido a tocar “su legalidad” (artículo 333 de la Constitución Política que garantiza la propiedad privada y la “libertad económica”) sino, lo más grave para la oligarquía, con su atrevimiento le ha mostrado al pueblo que ese camino es posible y viable. Por ello lo destituyen e inhabilitan por 15 años.
Las movilizaciones sociales que arrancaron desde 2008 y que a partir del 2011 han mantenido una dinámica ascendente hasta alcanzar su clímax en el paro nacional agrario de agosto de 2013, son la constatación de que el pueblo ha iniciado un despertar progresivo que ya está anunciando cambios trascendentales en la situación política colombiana.
Pero se requiere una fuerte voz que le muestre un camino claro al pueblo. Los partidos de izquierda vacilan entre organizar un gran movimiento en defensa de la escasa democracia existente o mantenerse en la dinámica del voto para llegar al congreso y a la presidencia de la república por la vía electoral. Oscilan entre el camino revolucionario que las masas ya exigen y el sendero reformista que sus limitadas pretensiones les imponen.
El pueblo se enfrenta a dos estrategias de las facciones en que está dividida la oligarquía. Uribe sabe que en Colombia la más mínima apertura democrática puede poner en peligro los intereses de su clase, y por ello, busca sabotear el proceso de Paz, provocar al pueblo sin que éste todavía tenga la consistencia para sostener un efectivo levantamiento y, cercenar por medio de la violencia cualquier tipo de avance revolucionario.
Santos, al contrario de Uribe, está intentando una solución de apariencia reformista. La burguesía transnacionalizada sabe que se acercan nubes negras en el terreno de la economía, la crisis agraria se va a profundizar y entienden que la mejor carta es compartir el poder con una "izquierda domesticada" que les ayude a "gestionar el post-conflicto".
Ser conscientes de esa diferencia no significa que apoyemos a Santos para derrotar a Uribe. Por el contrario, lo que necesitamos es unificar al movimiento popular y a la dirigencia revolucionaria para que impulse la más amplia movilización con base en una estrategia correcta, tanto para derrotar la provocación guerrerista como para desenmascarar la táctica de cooptación del movimiento popular.
El mayor peligro del momento consiste en que una buena parte de la izquierda está en la dinámica de apoyar en una eventual 2ª vuelta electoral a Santos y de participar en su gobierno para "gestionar la Paz". Muestran a todas luces una posición conciliadora, le temen a una verdadera rebelión popular y transitan por el camino de la institucionalidad burguesa. Dentro de esa estrategia también aparece la propuesta de convocar una Asamblea Nacional Constituyente.
Por el contrario, desde nuestra perspectiva, la tarea central es dedicarnos con urgencia y todo el fervor revolucionario posible, a organizar las fuerzas proletarias y a unirlas con los campesinos pobres y medios, primero, para evitar cualquier intentona dictatorial y militarista que pueda planear Uribe y la cúpula militar, y segundo, para desenmascarar ante el pueblo la enorme debilidad de la burguesía "democrática" que encabeza Santos, que no es capaz de realizar los cambios estructurales que la Nación requiere.
Para poder aplicar una estrategia de ese tipo, los trabajadores y campesinos pobres debemos levantar un programa revolucionario, que enfrente a ambos sectores de la burguesía y también devele las vacilaciones de la democracia pequeño-burguesa. Por ello, a la vez que se reivindica la Paz y la defensa de la democracia, el movimiento popular debe poner al frente otros puntos como la nacionalización de los recursos naturales, la des-privatización de las empresas de servicios públicos, la renegociación de los TLCs., la industrialización de nuestras materias primas, la democratización de la propiedad de la tierra y la estatización total de los servicios de educación y salud.
En relación al "incidente Petro" la estrategia de Santos desnuda su enorme debilidad. Usando al Fiscal General busca debilitar la posición del Procurador para llegar a una fórmula "conciliadora" que sería destituir a Petro pero – por ahora – no inhabilitarlo. Buscan así calmar el “tierrero” que se les ha formado para después por medio de la Contraloría y de la misma Fiscalía, condenarlo penalmente y dañarle su imagen política. Esa jugada tramposa debemos denunciarla y evitar que esa solución haga carrera entre los sectores más moderados de las filas de Petro.
La crisis es institucional, económica, política y social. El pueblo necesita una vanguardia revolucionaria que lo encabece y le señale la dirección correcta. La movilización y la lucha directa están a la orden del día. Al calor de la unidad y de la movilización debemos construir Comités Revolucionarios que sean el germen de un poder revolucionario que construya una autentica democracia popular, vía revolucionaria. Es hora de avanzar por ese camino.

Publicado en:
http://www.redaccionpopular.com/articulo/colombia-por-una-democracia-autentica-y-popular

sábado, 14 de diciembre de 2013

EL CASO PETRO: ¿FALLO EXAGERADO O ILEGAL?, por Fernando Dorado (para "Redacción Popular" de diciembre de 2013)

 
 
Fernando Dorado

Popayán, 12 de diciembre de 2013

Con ocasión de la decisión o fallo del Procurador General de la Nación Alejandro Ordóñez que destituyó e inhabilitó por 15 años al Alcalde de la ciudad de Bogotá Gustavo Petro Urrego, se han planteado varias interpretaciones y asumido diversas actitudes políticas, ideológicas, jurídicas y filosóficas. Entre ellas se destacan básicamente dos posiciones:
Una, que se sitúa en el marco de la institucionalidad existente, considera el fallo "exagerado" y "desproporcionado" (como dice Antonio Navarro), o sea que se aceptan los supuestos errores gerenciales o decisiones "improvisadas" de la administración “petrista”, y por tanto, de allí se concluye que la única vía es jurídica, especialmente en el marco internacional (Comisión Interamericana de DD.HH. y ONU) para atenuar o rebajar la inhabilidad. Se parte de que Petro, como funcionario público debe aceptar las decisiones de la institucionalidad existente y por tanto, se justifica y legitima la destitución.
La otra, plantea que el fallo es ilegal y arbitrario, que tiene un sesgo político, que está dirigido esencialmente a sacar del escenario político al actual alcalde, que viola derechos fundamentales tanto de Petro como de sus electores y en general de la sociedad, que coloca el interés de los grandes consorcios capitalistas por encima del bien público, que no se tuvieron en cuenta una serie de pruebas que demuestran que hubo un complot de los operadores privados de basuras, y que es un fallo con claros tintes ideológicos. Ello lleva a decir que es un caso excepcional y que se justifica la "rebelión". Por tanto, así se ejecutorié la decisión, Petro y el pueblo deben mantenerse en una posición de resistencia civil basada en principios fundamentales.
Como se observa no se trata de si la administración de Petro es eficiente o deficiente, si es progresista o retrógrada, si es social o no, sino lo que está en el centro del problema es la defensa de un derecho fundamental de la sociedad colombiana y del ser humano.
Hay que abrir un debate muy amplio en Colombia que tenga una perspectiva filosófica, política y jurídica... ¿Cuál es la posición correcta? Se requiere completa claridad para poder elaborar una actitud, un discurso, una propaganda, que convenza a la gente de la justeza de esta causa, y que aunque se pierda en el momento actual, se pueda ganar políticamente en el próximo futuro.
Es completamente claro que si esta batalla se pierde, ello se constituiría en un golpe muy fuerte para el proceso de renacimiento democrático-popular que ha empezado a vivir el pueblo colombiano. Precisamente, ese golpe va dirigido a derrotar el espíritu libertario que está retomando nuestra sociedad, a someter a la vanguardia de las luchas democráticas y por la Paz que están en auge, a impedir que cojan fuerza los aires de rebeldía que amplios sectores populares empiezan a respirar, a llevar al escepticismo y a la derrota a nuestro pueblo.
Es muy importante tener claridad en este aspecto. Desde mi perspectiva considero que la posición de reducir el problema a lo jurídico y disciplinario (como lo hace Antonio Navarro) es una posición extremadamente legalista, leguleyista, reaccionaria. No tiene en cuenta las condiciones originales y especiales que vive el país, responde a una actitud conservadora que se ubica y limita a la “institucionalidad realmente existente”, y por tanto además de justificar y legitimar el fallo, conduce a una auto-derrota política e ideológica.
Un debate amplio y cimentado debe abrirse al interior y exterior de los movimientos sociales y partidos políticos de carácter popular y democrático. Sus dirigentes y militantes deben tener una gran fundamentación para poder llegarle al conjunto del pueblo con planteamientos basados en la convicción y la claridad política e ideológica. Debemos recordar que ese pueblo es bombardeado a diario con los argumentos de la oligarquía a través de los medios privados y monopólicos de comunicación. Que el reto es enorme.
Del “Caso Petro” (al estilo del “caso Dreyfus” en Francia), la sociedad y la dirigencia popular (todos nosotros), podemos aprender mucho. Es gran materia de esclarecimiento y formación política.
Esa claridad es la base para que la resistencia civil crezca, de que el “Movimiento por la defensa de la Democracia y la conquista de la Paz” se fortalezca, y de que logremos derrotar a la caverna ideológica conservadora que pretende aplastar el espíritu libertario de nuestro pueblo.
¿Ante la arbitrariedad y la ilegalidad, la rebelión y la resistencia civil se justifican? ¿Se puede enfrentar un golpe de Estado con legalismos y juridicidades?

Publicado en:
http://www.redaccionpopular.com/articulo/el-caso-petro-%3Ffallo-exagerado-o-ilegal

jueves, 12 de diciembre de 2013

PETRO Y LA SUPREMACÍA OLIGÁRQUICA, por Fernando Dorado (para "Redacción Popular" de diciembre de 2013)



La alcaldía de Bogotá encabezada por Gustavo Petro representa el primer intento serio de revertir el modelo neoliberal en los servicios públicos en una ciudad de Colombia. He allí el principal peligro para la oligarquía y el imperio. Además, Petro es el mejor prospecto que tiene el pueblo colombiano para acceder a la primera magistratura en un futuro cercano. El procurador, las contralorías, el “defensor del pueblo”, el fiscal, el personero, todos estaban al acecho para caerle ante el menor descuido. ¡Y le cayeron!
Muchas personas – si no la mayoría – pensaban que el Procurador Ordoñez no iba a destituir a Petro. Menos, que lo fuera a inhabilitar por 15 años. Incluso el mismo Petro, quien interpreta esa decisión del Ministerio Público como un saboteo al proceso de Paz y se hacía ilusiones que el presidente Santos fuera a intervenir para evitar esa sanción disciplinaria, se equivocó completamente. No calculó la trascendencia de su accionar.
Petro creía en la buena fe de los llamados "sectores democráticos" de la oligarquía, con los que el M-19 pactó el acuerdo que le dio vida a la Constitución de 1991. Los herederos de ese proyecto político siguen creyendo en esa "buena fe" y siguen amarrados a su institucionalidad. Lo demuestra la actitud leguleya de Antonio Navarro quien calificó el fallo del Procurador sólo como “exagerado”. 22 años después la oligarquía muestra que no perdona y que no iba a dejar avanzar a Petro hacia la Presidencia de la República.
Olvidan que la oligarquía colombiana ha mostrado a lo largo de la historia su talante reaccionario y retrógrado. Esas clases dominantes no iban a permitir que Petro pudiera salir bien librado de una administración como la de Bogotá, mostrando la ruta de la defensa de lo público y la posibilidad de desmontar los monopolios privados de los servicios públicos. Sabían que iba a quedar bien posicionado en la recta hacia la presidencia de 2018.
Esa es la gran lección: esta oligarquía es vengativa, retrechera, traicionera, previsiva, no da puntada sin dedal, es difícil de derrotar, usa “todas las formas de lucha”, se divide para aparentar que a su interior existen “sectores democráticos” para finalmente dar la puñalada “trapera” (por la espalda). Desechar ilusiones democrateras y diseñar una estrategia integral, es la lección aprendida para poder superar esa supremacía anti-popular.
En ese sentido la actuación del Procurador Ordoñez no es aislada. No es exclusivamente una jugada contra el proceso de Paz. No es sólo un complot para poner la alcaldía capitalina a disposición del uribismo. No es solamente una forma de sacar de la carrera presidencial al mejor prospecto que tiene la Izquierda. Es todo eso y mucho más. Es un mensaje de que la oligarquía no está dispuesta a compartir el gobierno con fuerzas “progresistas” como ya lo hace la burguesía en varios países de Sudamérica. Aquí no comparten nada.
Sin embargo este hecho es a la vez – paradójicamente –, una demostración de que la acción política que impulsaba Petro, está bien encaminada. El hecho de que traten de “asesinar políticamente” a este líder de la Izquierda significa – como ocurrió con el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán –, que la orientación general es correcta pero que hay que afinar los detalles con mucho mayor tino y cuidado.
Es decir, como lo ha planteado el alcalde Petro en su discurso, hay que persistir con el proceso de Paz. Hay que insertarse en la institucionalidad para desde allí desmontar el intrincado aparato neoliberal que la burguesía ha montado en la administración pública. Hay que luchar por mantener el control del gobierno de la capital de la república por parte de fuerzas progresistas, defensoras de lo público y anti-neoliberales.
Pero, paralelamente se debe construir desde las bases un gran movimiento popular que vaya consolidando formas de poder alternas y paralelas al poder institucional. En Bogotá ese proceso recién se está asumiendo. Tantos años de represión, guerra, desplazamiento, crecimiento caótico, planificación neoliberal, han destruido importantes lazos sociales que el pueblo bogotano tenía y que deben ser reconstruidos.
Por ello, el movimiento social por apropiarse de la basura como una fuente de capital social y empleo; la defensa de las galerías y mercados populares; los movimientos ambientales en defensa del agua, los humedales y un desarrollo sostenible de la ciudad; la lucha por transformar los servicios de educación y la salud; los espacios y desarrollos culturales; la organización a nuevos niveles de los trabajadores precariados; los proyectos económicos comunitarios; todo ello y muchas más iniciativas, debe ser fortalecidas – luchando contra las tendencias burocráticas –, para crear un potente movimiento popular que sea el sustento “desde abajo” de los procesos institucionales de transformación de la vida social. Sabemos que mientras no se derrote el sistema capitalista, lo que esté soportado en la institucionalidad burguesa, va a ser fácilmente desmontado sino está sostenido por fuerzas sociales organizadas y conscientes.
Es indudable que hay que dar la lucha en lo inmediato para mantener la administración de Bogotá, tanto por la vía de la movilización como en el terreno jurídico y político. Sin embargo, la Izquierda tiene que replantear su estrategia. No se puede confiar en ninguna de las fracciones de la oligarquía (burguesía “nacional”, burocrática, comercial, etc.), así asuman formas “progresistas”, socialdemócratas y hasta “patrióticas”. Las muestras espontáneas de solidaridad con el gobierno de Petro por parte de amplios sectores sociales revelan las grandes potencialidades que existen en el seno de nuestro pueblo y que todo está por conquistar. ¡Que sí se puede!
Si en lo inmediato no se puede garantizar la permanencia de Petro en la alcaldía, hay que cerrar filas para darle continuidad a su programa de gobierno y derrotar el bloque oligárquico que se va a formar para acabar con la “Bogotá Humana”. Pero además, Petro puede contribuir mucho con la construcción y fundamentación de un amplio movimiento popular (social y político), con la formación de cuadros revolucionarios que recojan y sistematicen su experiencia.
Necesitamos centros de pensamiento estratégico que ayuden a las expresiones organizativas del pueblo a derrotar a la oligarquía. Sabemos que si no nos matan físicamente lo tratarán de hacer política o moralmente. Por ello, al llegar a una alcaldía o gobernación, para abordar la tarea de desprivatizar un servicio público o afectar un monopolio oligárquico, debemos preocuparnos por construir un fuerte y poderoso movimiento social que sea el sustento y soporte de ese cambio. De lo contrario, nos lo cobran con sanciones y destituciones.
Igualmente, debemos entender que no se trata de llegar sólo a “gestionar” el aparato administrativo de la burguesía. Hay que penetrar en esa institucionalidad sólo con el fin de socavarla, de dinamitarla por dentro. Sólo así podremos ir construyendo una nueva institucionalidad anti-capitalista, de-colonial, basada en el auto-gobierno y dirigida a desarrollar una cuajada y poderosa democracia directa y participativa.
De lo contrario no podremos derrotar plenamente a esta oligarquía criminal que nos oprime y domina. Debemos combinar la lucha institucional y electoral, la movilización social y la construcción de poder popular de nuevo tipo (auto-gobierno). Son tres elementos indispensables para avanzar no sólo por caminos de Paz, democracia y justicia social sino para construir las bases materiales, sociales, políticas y culturales de una nueva sociedad.
Petro puede ayudar en esa dirección. Si se concreta su inhabilidad político-administrativa de 15 años, ello no le impide desarrollar nuevas capacidades intelectuales y organizativas para servir al pueblo desde el terreno de la estrategia, la verdadera dirección política y la formación de dirigentes. Nuevas tareas surgen de la dinámica social y política.
Nota: Existen importantes antecedentes en la normatividad internacional para prever que se puede derrotar jurídicamente éste atentado político del Procurador. Si Petro logra salir bien librado de ésta batalla, estaría ad portas de la Presidencia para 2018. Entonces, la principal tarea sería preservar y cuidar de su existencia.


 Popayán, 13 de diciembre de 2013

Publicado en:
http://www.redaccionpopular.com/articulo/la-destitucion-de-gustavo-petro-dos-notas