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jueves, 7 de diciembre de 2023

SON COMO NIÑOS DESCUBRIENDO QUE PAPÁ NOEL NO EXISTE...


Papá Noel este año no viene...

 

 

lunes, 18 de mayo de 2020

¿Por qué el aumento de la emisión monetaria redujo la inflación?, por Emmanuel Alvarez Agis (para "CASH" del 17-05-20)


La inflación resultó ser absolutamente lo contrario de lo anticipado por la teoría monetarista: a mayor emisión, menor inflación.  
Imagen: Guadalupe Lombardo

Economistas ortodoxos chocan sus dogmas con el paredón de la realidad

El índice de abril fue de 1,5 por ciento, el más bajo de los últimos 31 meses, con una expansión del 42 por ciento de la base monetaria. En Argentina se sigue discutiendo una teoría de la inflación que ya no se enseña, no se discute y no se aplica en ninguna economía relevante del mundo. La inflación futura solo tendrá lugar si se descuida el frente financiero de nuestra economía.

Por Emmanuel Alvarez Agis *


“La emisión genera inflación” es una frase repetida hasta el hartazgo en un país harto de la inflación. Ya es parte del sentido común del argentino. Se escucha en asados, taxis, colectivos y charlas de café. Y tiene distintas versiones: “darle a la maquinita”, “imprimir papelitos”, entre otros éxitos. 


El tema es grave porque, sorprendente, en Argentina se sigue discutiendo una teoría de la inflación que ya no se enseña, no se discute y no se aplica en ninguna economía relevante del mundo. Es incluso más grave, porque la última vez que Argentina aplicó esa teoría, terminamos con la inflación más alta desde la hiperinflación de los ’80.

Parece hace un siglo, pero hace nada más unos meses Argentina fue un conejillo de indias de esta teoría: la administración de Cambiemos, bajo el experto consejo del FMI, ensayó con un programa de “emisión cero”. Si la inflación era causada por la emisión monetaria, dejar de emitir sería la mejor receta para eliminar la inflación.


La política de emisión monetaria cero duró un año: entre septiembre de 2018 y septiembre de 2019 la base monetaria creció exactamente 0,8 por ciento en términos nominales. Prácticamente cero. 

Durante ese mismo período, la inflación fue 50 por ciento. Emisión Cero=Inflación 50%. 

Casi como contracara de ese experimento, y tal y como se observa en el gráfico que acompaña esta nota, la emisión monetaria tuvo una expansión fenomenal entre el 5 de marzo y el 16 de abril, con un crecimiento de 42 por ciento en nada más que 25 días.

Esto fue parte del paquete económico lanzado por el gobierno para enfrentar la CovidD-19. Apenas anunciado el paquete, no pocos economistas comenzaron a alertar sobre los riesgos de un desborde inflacionario. Algunos fueron por más y se aventuraron a proyectar una hiperinflación. Las alternativas propuestas a la emisión fueron desde la necesidad de realizar un gran ajuste, hasta la ridícula propuesta de una cuasimoneda relacionada con la pandemia. 

Para sorpresa de todos ellos, la inflación de abril fue de 1,5 por ciento, la más baja de los últimos 31 meses. 

La inflación resultó ser absolutamente lo contrario de lo anticipado por la teoría: a mayor emisión, menor inflación. Algunos análisis son, evidentemente, inmunes a la evidencia empírica. Pero ¿cómo se explica el fenómeno monetario e inflacionario de abril?

Un poco de (buena) teoría económica
El truco básico del monetarismo es asumir como fijos factores que no lo son. Un ejemplo contribuirá a aclarar. En una economía en la que hay dinero, siempre se cumple que la cantidad de dinero que existe multiplicada por su velocidad de circulación es igual al valor monetario de las transacciones que existen en esa economía. 

Simplifiquemos esto. Digamos que M es el dinero, V es su velocidad de circulación, P es el precio, y T son las transacciones. 

Supongamos una economía donde Juana tiene un billete de $100 que lo usa para comprar un kilo de fideos a Pedro. La cantidad de dinero es $100. Su velocidad de circulación, definida como la cantidad de veces que el dinero cambia de manos, es 1 (Juana cambió el billete por los fideos de Pedro), el nivel de precios es $100 (eso cuestan los fideos) y la cantidad de transacciones es 1 (hubo una sola venta de fideos):

MxV = PxT

$100x1 = $100x1

Compliquemos un poco más nuestra economía. Supongamos que luego de que Juana compre los fideos a Pedro, éste usa ese dinero para comprarse unas medias que vende María. ¿Cómo se altera nuestra igualdad?

$100x2 = $100x2

Vale la pena ver esto en detalle. Lo que acaba de ocurrir es que el nivel de transacciones se acaba de duplicar sin que haya mediado ningún aumento en la cantidad de dinero. Lo que ocurrió es que se duplicó la velocidad de circulación del dinero: el mismo billete de $100 ahora pasó por dos manos (primero las de Pedro y luego las de María). 

Demos un paso más. Supongamos que ahora el Estado decide emitir $100 adicionales y se los da a Juana. Y supongamos que Juana decide utilizarlos para comprar otro paquete de fideos ¿Qué pasaría? Pues bien, podría pasar que Pedro tuviera otro paquete de fideos y decidiera venderlo y que luego comprara otro paquete de medias, tendríamos:

$200x2 = $100x4

Duplicar la cantidad de dinero duplicaría el nivel de actividad. Aumentar la emisión permitiría aumentar la actividad económica. 

¿Cómo hace entonces el monetarismo para decir que la emisión siempre genera inflación? Sencillo: supone que 2 de estos 4 componentes que tenemos en nuestra igualdad son siempre fijos, inamovibles.

Lo primero que supone el monetarismo es que la velocidad de circulación del dinero es constante, es decir, es siempre el mismo número. Esto se basaría en las costumbres acerca de cómo la gente utiliza el dinero, costumbres que no se alterarían de manera dramática en períodos cortos de tiempo. Volveremos sobre esto en breve. 

Lo segundo es suponer que el nivel de transacciones de la economía no puede alterarse porque ese nivel es el máximo posible. Esto es suponer que la economía está en pleno empleo ¿Cómo? Sencillo: porque para el monetarismo el funcionamiento del mercado es suficiente para asegurar que se emplean de manera completa los factores de producción disponibles. Si esto fuera así, cuando el Estado decide aumentar la cantidad de dinero en $100, lo que ocurriría es lo siguiente:

$200x2 = $200x2

En lugar de aumentar las transacciones de 2 a 4, lo que pasaría es que los precios aumentarían de $100 a $200: aumentar 100% la emisión monetaria generaría 100% de inflación.

Para entender por qué estar teoría no se cumple, se pueden utilizar varios argumentos. El primero es preguntarnos si, al momento de emitir, la economía se encuentra en pleno empleo. Al parecer, para una buena cantidad de analistas la economía argentina está en pleno empleo en el medio de la Covid-19. 

También nos podríamos preguntar cómo se las ingenia el monetarismo para explicar una dinámica que, desafortunadamente, es muy típica de Argentina: que la inflación suba al mismo tiempo que lo hace el desempleo. 

Los intentos por explicar de manera consistente esta dinámica son realmente calamitosos.

Covid-19

Pensemos ahora un poco fuera de la caja de herramientas del monetarismo. Pensemos qué podría estar pasando en el medio de la Covid-19 para que la emisión monetaria aumente de esta manera y al mismo tiempo la tasa de inflación se reduzca. Partamos de algo bien sencillo y supongamos que la economía se encuentra operando en este nivel:

$1000x10 = $100x100

Es claro que a causa de la Covid-19 la actividad económica está en caída libre. Es decir, estaría bajando la T (transacciones) de nuestro ejemplo. Supongamos que la economía está cayendo a la mitad, tal que T en lugar de ser 100 es 50. Pues bien, para que nuestra igualdad se mantenga, lo que debería ocurrir es que los precios se redujeran a la mitad, es decir, que tuviéramos deflación. Pero ese no es el caso. A pesar de que la inflación se redujo, sigue siendo positiva. Y, además, sabemos que el gobierno está aumentando casi un 50% la emisión, de manera que tendríamos lo siguiente:

$1500 x ¿V? = $100x50

Para que esta igualdad se cumpla, lo único que puede estar pasando es V=3,33. Es decir, que esté cayendo fuertemente la velocidad de circulación del dinero.

¿Es eso lo que está pasando? 

¡Efectivamente! 

La Covid-19 genera, aquí en Argentina y en prácticamente todos los lugares del mundo, una dramática caída en la velocidad de circulación del dinero: la cuarentena anula la movilidad de la población y, con eso, la movilidad del dinero, es decir, su velocidad de circulación. Y esto es aún más drástico en un país como Argentina donde la movilidad del dinero depende de la movilidad física de la gente. La movilidad del dinero podría no verse alterada en una situación de cuarentena si Argentina tuviera desarrollado el dinero y el comercio electrónico. Pero las largas colas en las puertas de los bancos de hace poco más de un mes recordó que, lamentablemente, Argentina es una economía que se sigue manejando en efectivo.

Este fenómeno, ignorado por la mayor parte de los economistas que siguen pensando con una caja de herramientas teórica absolutamente oxidada, es central para comprender qué puede y qué no puede generar la emisión monetaria que el gobierno está aplicando para contrarrestar la Covid-19.

La emisión monetaria actual no llevará a un desborde inflacionario producto de una presión sobre una economía que está en pleno empleo. Esto es muy importante porque en el marco de la Covid-19 la mala teoría económica puede costar vidas humanas y quiebras de empresas. Sin embargo, no todo es color de rosa.

Los verdaderos riesgos 
Supongamos que Juana va y compra sus fideos a Pedro. Pero Pedro decide no comprar medias. Ante la incertidumbre reinante, la cercanía de un default y el valor del dólar paralelo en $140, Pedro decide actuar de acuerdo a lo que él entiende de economía, que es muy sencillo: cuando empezamos así, terminamos con una devaluación y una posterior inflación. Por tanto, con esos $100, Pedro ya no podría fabricar la misma cantidad de fideos porque, como él bien sabe, el precio del fideo depende del valor del dólar. Si Pedro en lugar de comprar medias, compra dólares, María se queda sin vender sus medias y Pedro le mete presión al dólar. Si todos actúan como Pedro y, aún peor, lo hacen en un marco donde el Banco Central está aumentando la emisión, es decir, nos está dando a todos más pesos, lo que puede terminar pasando es una devaluación. Y cuando eso ocurra, será cierto que la “emisión habrá generado inflación”.

Lo importante en economía no es la causa y el efecto, sino justamente el mecanismo que explica por qué en ciertas circunstancias, a mayor emisión le puede corresponder una mayor inflación. Comprender esa causa es central para entender qué cosa debe y qué cosa no debe hacer un gobierno en la Covid-19.

¿Está bien emitir para paliar los efectos del COVID-19? 

Por supuesto. 

Pero, al mismo tiempo, el gobierno debe procurar mantener todos los dólares a raya, el oficial y el paralelo. Esto hoy, lejos de ser imposible, está dentro de las posibilidades con las que cuenta la política económica. La inflación futura solo tendrá lugar si se descuida el frente financiero de nuestra economía, no si se emite todo el dinero necesario para paliar los efectos de esta pandemia.

* Economista. @pxqconsultora.


Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/266119-por-que-el-aumento-de-la-emision-monetaria-redujo-la-inflaci

viernes, 6 de marzo de 2020

CLAUDIO SCALETTA: "Cuando digo que los partidos trotskistas argentinos son de derecha se enojan..."








Publicado en:
https://twitter.com/ClaudioScaletta/status/1235265168155832322?s=08

https://twitter.com/adrianccorbella/status/1235543583786180610?s=08

domingo, 2 de febrero de 2020

El peligroso virus del fiscalismo en el gobierno de Alberto Fernández, por Claudio Scaletta (para "Página 12" del 02-02-20)


Para conseguir el equilibrio fiscal se debe gastar más, no menos, para que crezca la economía y la recaudación

El nivel de endeudamiento dejado por el macrismo obliga a los funcionarios de Economía a un exagerado discurso fiscalista. La clave es cuáles será la orientación del gasto y sobre qué sector de la sociedad recaerá mayormente su sostenimiento. Habrá que ver antes que escuchar.

Por Claudio Scaletta

El fiscalismo es uno de los peores virus del pensamiento económico. Es la idea de las “finanzas sanas”, de que no se puede gastar más de lo que se recauda. Es un “virus” porque se trata de un lugar común grabado a fuego, a fuerza de repetición, en el inconsciente colectivo. Se apoya además en el sentido común, la idea de gastar “lo que no se tiene” parece absurda.

Así, cualquier economista que enfatice en la necesidad de los equilibrios fiscales y monetarios, que diga frases como “tener una macroeconomía ordenada”, o que hable de “políticas monetarias y fiscales consistentes” habrá dado el santo y seña para ser inmediatamente considerado “serio” y partícipe de la cofradía. Se trata además de lo que se enseña en la mayoría de las universidades. 


El virus habita y se reproduce dentro de la corriente principal. El buen economista sería entonces como el buen contador. No nos referimos al arte de conseguir que los clientes paguen menos impuestos, sino a los principios elementales de Luca Pacioli y su partida doble llevada a las cuentas nacionales.

Sin embargo, si se acerca la lupa al problema puede vislumbrarse su verdadera naturaleza. Los cultores de los equilibrios no están en realidad preocupados en que los gastos sean iguales a los ingresos, es decir en que no haya déficit, ya que tal estado, partiendo de una situación deficitaria, podría alcanzarse, por ejemplo, aumentando los impuestos. 

La verdadera obsesión está en el Gasto y, por extensión, en el tamaño del Estado, que es lo mismo que decir la cantidad y calidad de sus prestaciones. Un derivado del fiscalismo, entonces, son los Estados mínimos que no se ocupan de nada de lo que puedan ocuparse los privados. En el extremo nada de, por ejemplo, salud, educación o previsión social, sólo las funciones básicas de administración, seguridad y defensa. 

Otro derivado del fiscalismo es el monetarismo, la idea de que la emisión genera inflación y que por ello deben existir bancas centrales independientes del poder político --como si tal cosa fuera posible-- que ejerzan un control estricto sobre la cantidad de dinero.

Son todas ideas cuyo fin último es en realidad la destrucción del sector público y sus regulaciones. 

La soberanía del Estado no se basa en que posea una policía y un ejército, sino fundamentalmente en su capacidad de “movilizar los recursos sociales”, tarea que consigue principalmente a través del gasto. 

Suponga el lector que el Estado imprime billetes y los destina a la construcción de una obra de infraestructura o a pagar los sueldos de la administración. El Estado habrá creado así un déficit, pero cuya contrapartida es el superávit privado. El gasto, además, tiene un efecto multiplicador, ya que el dinero inicial circula retroalimentando la actividad productiva. Por ejemplo, los constructores de infraestructura demandarán insumos y mano de obra y los trabajadores alimentos y textiles. El Estado gastó lo que no tenía y creó, de la nada, activos y actividad económica. He aquí su poder. 

Quitarle al Estado la política monetaria, por ejemplo dolarizando la economía, equivale a quitarle su poder de movilizar recursos, su soberanía. 

Pero la historia no termina aquí. El Estado generó actividad económica y sobre esa actividad cobra impuestos. Si se genera actividad se generan ingresos impositivos. En consecuencia, en los sistemas impositivos modernos, los equilibrios fiscales se consiguen gastando más, no menos.

Si al lector le parece extraño que no sea necesario recaudar primero para gastar después se puede acudir al ejemplo de los principales creadores de dinero: que no es el Estado sino los bancos comerciales. 

A diferencia de lo que normalmente se cree, la mayor creación de dinero es el dinero bancario a través del otorgamiento de créditos. Y también a diferencia de lo que normalmente se cree los bancos no necesitan poseer el dinero que prestan, solo una porción mínima, los encajes en el Banco Central. 

Por ejemplo, si el lector compra un vehículo a través de un crédito bancario se crea una cantidad de dinero equivalente al precio del vehículo y se acredita en la cuenta bancaria del comprador. Es decir el banco creó dinero de la nada e inmediatamente ese dinero comienza a circular. Por ejemplo a pasar de la cuenta del comprador al vendedor y de la del vendedor a sus acreedores o proveedores. Tanto en el caso del sector público como en el privado no se necesitó de una acumulación previa de riqueza, “ahorro”, para poder movilizar recursos sociales. El ahorro recién aparece después de la inversión como resultado del proceso productivo.

¿De qué depende que los bancos otorguen más o menos créditos? Del nivel de actividad económica. Por eso la buena teoría sostiene que la cantidad de dinero es “endógena”, depende de la evolución del PIB. Y el rol de la buena economía no es conseguir equilibrios presupuestarios, sino conducir el ciclo económico.

Los defensores del equilibrio fiscal como objetivo de política saben que la reducción del Gasto contrae la economía. También saben que el control férreo sobre la política monetaria limita la capacidad de gastar del Estado. Otra vez, el objetivo no son los equilibrios, sino la destrucción del Estado, al que la mala teoría asocia a una carga para el sector privado antes que a un movilizador y multiplicador de recursos.

Lo expuesto no quiere decir que no haya restricciones de Gasto para la política económica, pero la restricción no es la interna. El Estado pueda gastar y movilizar recursos, pero cuando lo hace la economía crece y, dada la estructura productiva local, las importaciones crecen más rápido que las exportaciones, la economía se queda sin dólares y se frena. La verdadera restricción, entonces, es la externa. Por eso nunca deben confundirse los gastos en pesos con los gastos en dólares.

Una pregunta posible, de sentido común, es: ¿si se puede gastar sin recaudar previamente, para qué sirve la AFIP? La estructura de recaudación determina sobre quiénes pesa la carga de sostener el Estado, funciona como un mecanismo de redistribución del ingreso. Es por eso que se dice que la estructura impositiva refleja las relaciones de poder al interior de la sociedad. 

Pero si realmente se quiere equilibrio fiscal, suponiendo que sea un fin en sí mismo, se debe gastar más, no menos, para que crezca la economía y la recaudación. Si en cambio el gasto se reduce se entra en un círculo vicioso recesivo de caída de la actividad y de los ingresos fiscales. La teoría económica lo sabe desde al menos la década del '30 del siglo pasado. 

Los economistas ortodoxos también saben cómo destruir el Estado. El nivel de endeudamiento dejado por la administración de Mauricio Macri, y sobre todo la dependencia con el FMI, obligan a los funcionarios de Economía a un exagerado discurso fiscalista. Una vez más, la verdad surgirá de la observación de cuáles serán efectivamente los gastos y sobre qué sector de la sociedad recaerá mayormente su sostenimiento. Habrá que ver antes que escuchar.

Publicado en:
https://amp.pagina12.com.ar/245020-el-peligroso-virus-del-fiscalismo-en-el-gobierno-de-alberto-

miércoles, 11 de septiembre de 2019

"Fue un fracaso y no por la herencia", por Florencia Barragán (para "Página 12" del 10-09-19)

Antes de cada hecatombe económica está presente...

Extenso descargo de Sturzenegger para explicar su "frustración" con el macrismo

El ex presidente del Banco Central admitió en un documento de 58 hojas que "la culpa de la crisis no fue por la herencia sino por las políticas aplicadas". Se lavó las manos por su responsabilidad y apuntó contra otros funcionarios del Gobierno. Dijo que los mayores errores fueron no haber ajustado más la economía y haber cambiado las metas de inflación.

Por Florencia Barragan

El ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, publicó un extenso documento para explicar por qué fracasó el plan económico del gobierno de Mauricio Macri. Con un paper de 58 hojas, publicado en un instituto de Estados Unidos, concluye que los “pobres resultados” no se deben a la herencia recibida, ni a factores externos, sino a las políticas económicas que se tomaron. Además, se mostró muy crítico sobre la falta de un ajuste fiscal más severo, que derivó en un excesivo endeudamiento de corto plazo. Pero sobre todo juzgó al 28 de diciembre de 2017, día en que se cambiaron las metas de inflación, como la fecha donde se perdió la credibilidad y comenzó el desastre, que perdura en la actualidad.

El escrito, llamado "La Macro de Macri: el sinuoso camino hacia la estabilidad y el crecimiento", presenta al presidente como una persona que quería cambiar el país de “largas décadas de decadencia”. Asegura que de no haber ganado las elecciones en 2015, el país se acercaba a un “régimen autoritario y populista de izquierda”, y escribió que el triunfo fue como la pelea de David contra Goliat, dado que Cambiemos venció a “una agresiva maquinaria”.

En las primeras páginas, Sturzenegger contó cuáles eran los resultados esperados y lo contrastó con lo que efectivamente ocurrió. Esperaban que la economía creciera al 3 por ciento anual, mientras que en 4 años sólo creció en 2017 y anotó duras recesiones los otros tres años. Con respecto a la inflación, esperaban que este año fuera del 5 por ciento anual, mientras que las últimas proyecciones estiman 55 por ciento. En cuanto al tipo de cambio, consideraban que este año podía ser de 17 pesos, mientras que actualmente se encuentra en 58 pesos. “Para el final de la presidencia de Macri, el PBI habrá caído 3,4 por ciento y la inflación va a haber acumulado 250 por ciento, en unos de los niveles más altos del mundo. Nadie puede evitar un sentido de frustración”, escribió el ex presidente del Central.

¿A qué se deben las causas de este deterioro? Sturzenegger aseguró que nada tiene que ver con la herencia recibida. Describió dos cuestiones como positivas en 2015: “El déficit de cuenta corriente no era tan grande” y el bajo nivel de endeudamiento debido a “la reestructuración de la deuda en 2005 y el crecimiento económico”. En un gráfico, muestra que la deuda con el sector privado en 2015 era igual al 40 por ciento del PBI, mientras que para 2018 ascendía a 67 por ciento. En este sentido, el documento concluye que el deterioro macroeconómico nada tiene que ver con la herencia recibida: “Aunque la herencia no fue la ideal, no se le puede echar la culpa de los resultados. Al final, la culpa reside en las políticas que fueron decididas”.

En este sentido, Sturzenegger se mostró muy crítico con las elecciones en las políticas fiscales y “la procastinación” con el déficit, que llevó al endeudamiento para financiar este gradualismo. “La debilidad en la política fiscal forzó cambios en las metas de inflación, que determinaron la falta de credibilidad en el programa completo. La convergencia fiscal llegó recién en 2019, cuando eventos forzados llevaron al gobierno a hacer un gran ajuste”, escribió el ex titular del BCRA. Además, dijo que este déficit fiscal de los primeros tres años de gobierno fue financiado con deuda de corto plazo, lo que produjo “vulnerabilidades sustanciales”. Culpó al ala política del Gobierno por esta decisión: “La reducción del déficit fiscal tenía que ser gradual porque la administración de Macri tenía un estigma de que iba a hacer un gran ajuste fiscal y monetario por tratarse de un partido de centro derecha. El argumento fue que el gradualismo tenía como riesgo los altos niveles de endeudamiento, pero iba a proveer apoyo político”.

El punto donde se mostró especialmente crítico fue en el llamado 28D, es decir, el 28 de diciembre de 2017, cuando se cambiaron las metas de inflación en una conferencia de prensa que Sturzenegger compartió con Marcos Peña, Nicolás Dujovne y Luis Caputo, quienes asumieron las explicaciones principales. Dijo que se trató de un “giro bizarro” y que ese día comenzó la incertidumbre sobre el programa económico y la posibilidad de que Argentina renovara su deuda, por lo que el mercado “perdió la credibilidad” en el Gobierno y en las instituciones, ante la falta de independencia del Banco Central. “El Presidente había decidido despedir al titular del Banco Central si era necesario para seguir adelante”, reveló Sturzenegger.

El documento presenta a Sturzenegger como actual profesor de la Universidad de San Andrés y consultor del fondo de inversión Latus View. En los agradecimientos, el ex titular del Central recuerda a Mauricio Macri, Daniel Artana y Domingo Cavallo, entre otros. 

Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/amp/217312-fue-un-fracaso-y-no-por-la-herencia?__twitter_impression=true

jueves, 4 de octubre de 2018

Para The Wall Street Journal, el FMI “no tiene la receta adecuada para resolver los problemas” de Argentina, POR "Actor Político" del 04-10-18


4 oct - 

El prestigioso medio también les recomendó a los inversores “mantenerse alejados”, y se hace eco de los principales problemas del país. “La focalización de la política económica en cerrar el déficit fiscal y la meta monetaria puede causar mucho daño”, reza el artículo.

  
El The Wall Street Journal se expresó críticamente sobre el acuerdo entre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Argentina, al sostener que el organismo "no tiene la receta adecuada para resolver los problemas" para el país.
“El Fondo no tiene la receta adecuada para resolver los problemas argentinos”, escribió el medio, y recomendó a los inversores “mantenerse alejados”.
“Las condiciones del acuerdo (con el FMI) corren el riesgo de alargar el historial fallido del organismo cuando se trata de ayudar a las economías emergentes. Es poco probable que las condiciones pautadas garanticen una recuperación sólida de la economía”, agregó el periodista Jon Sindeu.
Además, dejó en claro que el déficit cero, la no emisión monetaria y no intervenir en el mercado cambiario no son soluciones.
“El cóctel de políticas anunciadas se remonta a 1970. Era furor limitar la cantidad de dinero que los bancos centrales podían imprimir. El enfoque resultó inviable y pronto fue abandonado. Muchos de los países en los que el FMI ayudó en aquel entonces no mejoraron en las décadas siguientes”, explica el artículo.
“El problema de estas economías es que están expuestas a lo que ocurre con el flujo global de los capitales. Cuando la Reserva Federal eleva las tasas y los inversores se refugian en el dólar, las monedas emergentes se caen y los precios de las importaciones aumentan”, añade.
Por otra parte, apuntan que se debe limitar la deuda en dólares y contener la puja distributiva. Además, dijo que la focalización de la política económica de cerrar el déficit fiscal y la meta monetaria “puede causar mucho daño”.

Publicado en:
http://actorpolitico.com/nota/8606/para_the_wall_street_journal_el_fmi_no_tiene_la_receta_adecuada_para_resolver_los_problemas_de_argentina/

INFORMACIÓN RELACIONADA:
IMF Doesn’t Have the Right Medicine for Argentina (THE WALL STREET JOURNAL)
The IMF’s fixation with dubious policies misses the real causes of inflation and currency crises
By Jon Sindreu

Oct. 2, 2018