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jueves, 14 de noviembre de 2024

AMIGOS DE CARNE Y HUESO vs. AMIGOS DE INTERNET, por Mariano Ele

 


Toda invención tecnológica lleva implícita -inexorablemente reflejada- la impronta de la comunidad o sociedad que la creó. A grandes rasgos se puede advertir que las sociedades capitalistas producen un tipo de tecnología que, en primer término, son herramientas de, por y para el avance del capitalismo, y la carrera armamentística; como derivación de ese propósito gubernamental, esas tecnologías llegan, en primer lugar, a manos de empresas privadas y por último a ‘la gente común’, que las utiliza para fines particulares.


La internet, por ejemplo, fue desarrollada en EEUU a principios de los año sesenta como un dispositivo defensivo de intercomunicación de bases militares en plena guerra fría. A partir de 1969 el sistema -que se denominó ARPANET- ya estaba en operaciones y consistía en una serie de computadoras de bases militares intercomunicadas entre sí telefónicamente, con el pentágono y con la Casa Blanca, a fin de estar preparados para reaccionar en caso de un ataque nuclear soviético.


Al término de la guerra fría, con la caída del muro de Berlín y posteriormente la disolución de la Unión Soviética, las pocas empresas norteamericanas que habían colaborado con el estado para la creación de internet, vieron finalmente el terreno listo para disponer de este servicio (durante dos décadas vedado a los civiles) y convertirlo en un negocio espectacular, ofreciéndolo a mega empresas como automotrices, fábricas de armamentos, industria química, etc, que lo utilizaron con grandes beneficios (ganancias) hasta que hacia fines de la década del noventa internet fue ofrecida también a la gente común.


La internet en sí, como sistema de comunicación, es una herramienta, como milenios antes lo fue la rueda, la brújula o la pólvora. La cuestión siempre radica (como dice Paul Virilio) en ‘qué hace la humanidad con esas herramientas, qué uso les da, para qué terminan funcionando dentro de la configuración social’. Es obvio que en el caso de la rueda, al ser una herramienta tan elemental, sus variables son mucho menos sofisticadas que las de internet, aunque sus límites igual de imprecisos. Dado que no sabemos qué sociedad creó la rueda -apenas podemos ubicar el invento en un marco cronológico- tampoco podemos saber cuál fue la impronta que esa primitiva sociedad le infundió, pero queda claro que marcó un antes y un después en la historia del transporte.


Si la madre Teresa de Calcuta hubiera creado internet, con toda seguridad el invento llevaría implícita su impronta: un protocolo eminentemente humanístico que incluiría una serie de aplicaciones de tipo ‘preceptivo’, induciendo a los usuarios a ser cariñosos, amables, cordiales en el acto de comunicarse, a respetarse como seres humanos atendiendo afectuosamente cada mensaje que llega, contestándolo como si la persona (no ‘el contacto’ : LA PERSONA) estuviera a su lado hablándole y uno no pudiera ignorar su presencia tal como lo hace el usuario común de wasap, porque ese ignorar al otro no es más que la impronta de la sociedad que creó esta tecnología, una sociedad eminentemente egoísta, salvajemente individualista, mezquina, soberbia y carente de valores éticos como lo es la sociedad norteamericana, donde sus valores primordiales son el dinero, el accionar privado y la consumación de sus propias metas individuales.


Personalmente me causa gracia, pero también me subleva, observar estas conductas en el ámbito local, entre gente que se considera a sí misma ‘solidaria’, ‘colectivista’, ‘preocupada por el bienestar del otro’, etc etc, hasta que les llega el wasap de un amigo y lo postergan.

En resumen: volviendo al concepto de herramienta, en un hipotético juicio a la internet la declaramos inocente del mal uso que se hace con ella, el culpable es el humano que replica en el uso la impronta de la sociedad que la creó: el individualismo, el egoísmo, la soberbia, y resulta paradójico, patético, irrisorio, ver a supuestos adalides del progresismo y la justicia social posponiendo para vaya a saber cuándo la respuesta a un amigo de carne y hueso, hoy ya convertido en amigo de internet.


 


Para finalizar nada mejor que citar una reflexión del un filósofo y economista coreano. (Al que le quede bien el saquito que se lo ponga): ´´La caracterización más exacta del egocentrismo, la crueldad y la discriminación que profesa el anarco-capitalismo del siglo XXI se puede resumir en lo que se denomina ‘clavar un visto’ en un mensaje que nos llega por redes sociales. Así como en el siglo XIX la infamia del burgués consistía en escupir al plebeyo desde el carruaje, y en el siglo XX subir la ventanilla del automóvil ante el mendigo que se acercaba con la mano extendida, en nuestro siglo se caracteriza por el acto de ignorar el mensaje recibido en el teléfono móvil o en la computadora. Ese gesto encierra toda la miserabilidad del individuo acostumbrado a recibir pero no a dar, mucho menos a devolver, y menos aún a compartir’’


Ha-Joon Chang, economista coreano


Autor de ‘Retirar la Escalera’

 


martes, 13 de diciembre de 2022

SI ARGENTINA LLEGARA A GANAR HOY SERÍA VENCER A LA FIFA Y A LA PRENSA EUROPEA, por Mariano Ele

  



ÚLTIMA EDITORIAL MUNDIAL QATAR 2022

No soy futbolero, prefiero el rugby, la Fórmula 1 internacional y el box antes que el fútbol, pero soy hincha de San Lorenzo y entiendo algo sobre hacerse mala sangre y ‘calentarse’ con el fútbol y sus manos invisibles. 

Tampoco he sido ni soy ‘fan’ de Maradona ni de Messi, aunque sí creo que cada uno de ellos en su momento ha sido y es el mejor jugador del mundo, más allá de que a la prensa europea le repela la idea. Esta tarde, probablemente, la selección argentina quede eliminada de la final por el campeonato, y probablemente el próximo sábado quede en cuarto lugar, lo que la posicionaría, tal como está hoy, dentro de los cuatro mejores equipos del planeta. No soy pesimista ni agorero, aclaro, ni tampoco es una premonición ni un pronóstico: simplemente me baso en un hecho muy claro que es jugar contra una selección físicamente superior (Croacia), que su edad promedio ronda los 30 años y que acaba de dejar en el camino a la revelación del mundial (junto a Marruecos) o sea a Japón, y nada menos que a Brasil, no es poco. La selección albiceleste, salvo Messi y Di María, es un equipo cuya edad promedio ronda los 24 años, el 75% de ese equipo juega por primera vez un mundial, incluido su entrenador, y me parece que desde 2018 hasta hoy alcanzó logros que no alcanzaba desde 1993, como ganar una copa América, con el plus de hacerlo ante Brasil en su casa y clasificar en segundo lugar para el mundial cinco fechas antes de que terminaran las eliminatorias, cosa que si no me equivoco no ocurría desde el equipo de Bielsa en 2002. Por el mismo motivo fáctico creo que el campeón merecido de este mundial será Francia, es un equipo de atletas, tienen un estado físico superior y nadie puede dudar que juegan un fútbol de gran categoría, precisión y hasta belleza (a pesar de que también creo que el referi brasileño Sampaio les dio una manito frente a Inglaterra, que jugó un gran partido y no mereció quedar eliminada, pero como todos sabemos la meritocracia en el deporte es tan absurda e indecente como el plano social). Creo que el seleccionado argentino hizo un buen mundial, entre 7,50 y 8 puntos, se sobrepuso a una humillante derrota en la primera fecha ante el rival más débil de su grupo, y ganó con lo justo, sin sobrarle nada ante México, Polonia (quizá su mejor partido), Australia y Holanda. Este último equipo, de uno de los países más salvajemente colonialistas y capitalistas del planeta (baste recordar las masacres de los holandeses en la Guayana a través de su petrolera Shell) tiene una gran rivalidad con el equipo argentino desde que perdió la final del mundial 1978 (recordemos que Argentina jugaba de local con la junta militar de aliada y Holanda sin Cryff, su principal figura, que declinó jugar ese mundial en solidaridad con el pueblo argentino y los derechos humanos). Holanda, sin haber sido campeón mundial nunca, aunque habiendo jugado y perdido tres finales (Alemania ’74, Argentina ’78 y Sudáfrica 2010) es el país que más aportó al fútbol desde lo táctico (me informa un amigo que sabe) y la manera de posicionar los equipos en la cancha, aunque desafortunadamente para los simpatizantes de ese país, nunca han logrado ponerlo en práctica jugando ellos mismos (recuerdo que en 1978 jugaron muy rudo frente a Argentina, en 2010 los recontra cagaron a patadas al seleccionado español, nunca vi pegar tanto un equipo a otro como Holanda a España en una final) y en el lamentable partido del martes pegaron, a mi entender, más de lo que pegó Argentina, que de hecho pegó y bastante. 

Sin embargo a los Holandeses les sancionaron 16 faltas y al seleccionado nacional 30, es un número que en mi opinión habla de la fobia que siente la FIFA por la albiceleste desde tiempos inmemoriales (merecidamente quizá? No lo sé), pero creo que esas humillaciones que los jugadores argentinos padecen en carne propia jugando en todos los equipos de todos los países europeos, a la larga va creando un resentimiento y una irracional sed de revancha que, lamentablemente, estalla siempre en partidos como el del viernes con Holanda ante la vista de todo el planeta, y aunque el rival provoque, tire la piedra y esconda la mano, hable antes del partido y después ponga cara de boludo (como Van Gaal), la prensa europea (y la FIFA!) ya tiene elegido un culpable, un salvaje sudaca de antemano. Amo la impunidad! Debe ser maravilloso colonizar, saquear, asesinar durante siglos y que los salvajes sean los que reaccionan, pero así nos tocó jugar en la historia. ‘La albiceleste tiene ventaja porque todo el estadio hincha por ellos’, decía ayer el entrenador croata: sí, es verdad, pero eso es solo el pueblo, la gente, y no hinchan por la selección argentina, aclaremos: hinchan por Messi, como la mismísima cantante británica Adele que dijo amar a Messi y le dedicó un recital la semana pasada. 

Pero lo que realmente pesa en los partidos: la FIFA y la prensa europea, hinchan no por Croacia sino contra la argentina, siempre ha sido así y siempre será así, y como dijo ayer mi amigo Fabián: eso ya casi me inclina a ser fan de la selección. Felicitaciones al equipo, a Scaloni, que han hecho un buen trabajo y tienen futuro para seguir, pero ya dije lo que creo en cuanto resultados. Si Argentina llegara a pasar hoy y a ganar la final sería mucho más que un campeonato mundial de fútbol, sería vencer a la FIFA y a la prensa europea, es decir al capitalismo más decrépito, salvaje y ruin del planeta.

por Mariano Ele

13 de diciembre de 2022

domingo, 21 de junio de 2020

PANDEMONIUM, por Mariano Ele

Barbijos eran los de antes... La Gripe "española" de 1918


Agrego a este brevísimo escrito, o post-scriptum, -que lleva ya más de un mes dando vueltas por mis archivos- que hace solo dos días me enteré que el psicoanalista Jorge Alemán está a punto de publicar en España un libro titulado ‘Pandemónium’, queda hecha la aclaración para que no se piense que me he apropiado del título, que por otra parte –valga decirlo- en este contexto internacional no es ninguna manzana caída sobre Newton.

Los demonios se desataron, en efecto, y como toda familia infernal se presentan bien diferentes unos de otros: hay demonios para todos los gustos, para que no la tengamos fácil, para confundirnos, desesperarnos, elaborar teorías conspiranoicas, suicidarnos en masa -incluso de manera virtual frente a pantallas que nos ignoran-, o, de una vez por todas, aprovechar esta oportunidad única para ser creativos y estar alertas a la síntesis que surja entre nuestros hechos y lo que acontece fuera de nuestro control, simplemente con las antenas enhiestas.

Voy a dejar de lado (por considerarla una tarea tediosa y ajena al rumbo natural de mi inspiración) la razonable duda de cómo gente que pertenece a nuestra clase social (baja, media o media baja), con más o menos la misma educación y grado de bienestar sociocultural, de hecho más o menos con el mismo salario (y que comparte más o menos con la misma pasión un partido de la selección Argentina o la Noche de los Museos) puede ignorar a tal grado, no digamos ya el ‘relato’ de la pandemia del covid-19, sino la percepción misma de la realidad! (o sea: no se les pide que lean Pag 12 ni que vean C5N ni que vistan una remera de La Cámpora), hablamos del más llano y honesto sentido común, esa famosa doble vara que tristemente domina tan bien la llamada ‘prensa independiente argentina’, cuando sabemos perfectamente de quién es la mayor cantidad de papel prensa y quiénes se la otorgaron para custodiar celosamente su Proceso (menos Kafkiano que Orwelliano). Que otras mentes más ágiles y mejor dotadas que la mía se encarguen de analizar tamaña entelequia. 
Lo más conmovedor e insólito de esta pandemia que cae en número redondo, 2020, es la enorme oportunidad de ser realizadores de cambios verdaderos, después de mucho tiempo que no se daba esa oportunidad (tal vez desde el final de la Primera Guerra Mundial, cuando de hecho apareció la última pandemia universal, entonces llamada insólitamente ‘gripe española’, ya que nada tenía que ver con la península ibérica. 
Pero salvo las voces perdidas de iluminados como Hermann Hesse, Aldous Huxley, Erik Satie o Lanza del Vasto, la gran oportunidad se perdió, y la encontraron en cambio Hitler y Mussolini, entre otros paracaidistas del destino). Si la filosofía posmoderna -en su mayoría- intenta convencernos de que ‘nada hay fuera del lenguaje’, más que nunca hoy –en este preciso momento-  tenemos que promover acciones, hechos concretos y tangibles, y que los lenguajes después se construyan en torno a esos hechos, en relación a lo que la gente escoge para su propio bienestar que irremediablemente es el de todos. En referencia a que ‘nada hay fuera del lenguaje’, si bien entiendo la quimera que encierra el enunciado –una falacia formal aún sin bautizar- lo primero que me viene a la mente es que los presocráticos, ya no los más ‘cercanos’ como Heráclito o Parménides, sino los primitivos, los Siete Sabios de Grecia, Tales de Mileto, Anaximandro, Pitágoras, todos esos pioneros del pensamiento, primero pensaban, después actuaban, y no siempre recurrían al lenguaje (al menos escrito). La descripción del pensamiento ocurría siempre después. Era una tarea de escribas, que por lo general estaba asignada a los ciegos, como Homero (pero dado que el vocablo homero en griego antiguo significa ‘ciego’, ‘el que no ve’, jamás sabremos si el autor de la Odisea y la Ilíada se llamaba así o sencillamente lo denominaban por su condición de no vidente). 
Para el caso hasta se podría reflexionar que cierta parte del periodismo argentino llamado ‘independiente’, bien podría ser honrado con el apodo de Homeros. Ellos y los homeros lectores que tan ciegamente interpretan de inmediato sus invectivas-inventivas como joya literaria extraída de la Arcadia. 
En el tiempo que llevo meditando sobre la pandemia y sus ‘consecuencias’, la caída de la economía, la baja en la producción y las retracciones del comercio parecen ocupar para gran parte de comunicadores y políticos de la oposición (a la vida) el mismo lugar que los filósofos posmodernos le asignan al lenguaje. Fuera de la economía no hay nada. Pero el otro día, razonando esta cuestión con un niño de 9 años, él opinaba que así como el lenguaje describe los hechos, la economía los reproduce, a groso modo, una suerte de sintagma analógico que usó el pibe para dejarme sorprendido.
Las pandemias ocurren básicamente porque se introduce un nuevo virus aún no asimilado por el sistema inmunológico de los seres vivos. Incluso antes del descubrimiento de la penicilina, los rayos X, la anestesia y la tomografía computada, los virus ya tenían fama de golpear fuerte al principio para ir desvaneciéndose en el aire como todo sólido, ya que si bien son microscópicos tienen su solidez por mínima que sea. 
Se recuerda como la primer pandemia importante de la historia a la ocurrida en Constantinopla durante el reinado de Justiniano, quien de hecho pereció en 541víctima del virus. Probablemente debe haber habido otras pestes anteriores a esta, pero la llamada Peste de Justiniano ha quedado registrada en la historia como la primera. Las consecuencias económicas de aquella mortandad fueron tremendas ya que en el pico máximo había más muertos que vivos, en especial los varones que eran casi exclusivamente la fuerza productiva de trabajo. Sin embargo varios meses después de iniciada, la curva de muertes descendió prácticamente hasta la normalidad. Hubo que esperar ocho siglos para que a mediados del siglo XIV surgiera otra peste en Europa, en 1346, con un fuerte rebrote en 1353. Esta peste conocida como Peste Negra o bubónica, llamada así por las dolorosas llagas producidas sobre todo en los ganglios axilares y del cuello, era transmitida por las ratas que de hecho viajaban en carromatos y barcos, diseminando así el virus a los cuatro vientos, trascendiendo fronteras y continentes. 
Posteriormente, en el siglo XVIII el virus de la viruela asoló al mundo aniquilando o desfigurando a los sobrevivientes, al punto de que en España, Italia y Francia diezmó entre el 60 y 70 por ciento de las poblaciones.
La llamada gripe ‘española’ que mencioné al principio tuvo su origen en un hospital militar de Estados Unidos en el último año de la Primera Guerra Mundial, marzo de 1918. Se la denominó así precisamente porque la información sobre esta mortal enfermedad circulaba sin restricciones en España, país neutral, dado que entre los países beligerantes la noticia se mantuvo en sumo secreto a fin de no desmoralizar a las tropas, que por uno u otro motivo estaban destinadas de todos modos a la muerte. 
Hoy se sabe que entre el comienzo de aquella pandemia y su final, en 1919, perdieron la vida entre 20 y 50 millones de personas, algunos incluso suponen que pudieron ser 80 o 100 millones.
Pero también tuvo un final, ya que al parecer los virus se debilitan al mutar con otros de cepas similares pero de menor virulencia; aparentemente ese es el comportamiento aproximado de las conductas virales a través de los siglos, por lo cual no es un exceso de optimismo pensar que el covid-19 también atenuará su ferocidad incluso antes de que algún laboratorio anuncie el descubrimiento de una vacuna o tratamiento.
Lo que ciertamente no se atenúa, ni mengua ni decae por sí solo es el canallesco uso político que aquí y en todas partes del mundo se practica ante una circunstancia tan lamentable. 
Queda expuesto para quien quiera oír y entender, que el denominador común de la derecha económica (digo solo económica porque para la derecha la política es apenas un fasto con el que deben lidiar) nunca ha tenido, ni tiene, ni tendrá jamás el menor interés en las personas como tales, sino en tanto consumidores, clientes, sujetos susceptibles de comerciar, repito: no como personas, en términos de Hermann Hesse ‘ensayos únicos e irrepetibles de la naturaleza’, sino como números, índices, porcentajes, tasas, estadísticas. 
Así es como la derecha ve la pandemia: un molesto obstáculo para la generación de más ganancias y acumulación de riquezas. Pero ‘los muertos no pagan’ dijo no hace mucho alguien con gran sensatez, ni trabajan ni consumen ni generan riqueza. Creo que no hace falta una gran inteligencia para darnos cuenta que si después de la peste de Justiniano, en el siglo sexto, la humanidad tuvo la capacidad de reanudar su marcha, no hay motivos para creer que no lo pueda volver a hacer esta vez. No es la vida lo que hay que minimizar ni olvidar en estos momentos de curvas ascendentes, sino la desmedida voracidad del capitalismo y sus trucos para pocos. 

por 
Mariano Ele

Recibido por el editor de Mirando hacia adentro directamente del autor