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sábado, 18 de junio de 2022

Güemes: De la revolución nacional a la revolución social, por Norberto Galasso (para "Telam" del 16-06-22)




El caudillo salteño no sólo fue una de las figuras clave de la lucha por la liberación, sino también un líder popular que defendió como pocos los derechos de los postergados. Fue “el padre de los pobres”, como lo bautizó un historiador, una calificación que hoy adquiere un significado especial, al cumplirse un nuevo aniversario de su fallecimiento


Por Norberto Galasso


16-06-2022


El gaucho Miguel Martín de Güemes es un ejemplo de caudillo popular y social de nuestra historia patria. Nacido en Salta, a los 14 años ingresa a las Fuerzas Armadas y luego, durante las invasiones inglesas comete un acto realmente insólito, como fue el abordaje de un barco inglés que había encallado. Sin dudarlo, él y su gente hacen el abordaje y toman prisioneros a los tripulantes de la nave invasora.


Vuelve al norte en la Batalla de Suipacha y después desarrolla la mayor parte de su lucha en su provincia natal. En Salta alcanza un predicamento notable entre las masas populares, convirtiéndose en su gran defensor. Sostiene que debían luchar por nuestra liberación frente a los nueve intentos de invasión por el norte del ejército de José De la Serna. Güemes los rechaza y se convierte en el líder de los gauchos.



Entonces dice algo que a muchos les llama la atención: “Estos gauchos que dan su vida por defender a la patria y cuyas familias pagan arrendamientos por sus pequeñas chacras, no deben pagarlos más. Deben estar libres de todo compromiso de pago porque, en realidad, están cumpliendo el papel que deberían cumplir todos los salteños. Mientras, hay una minoría de salteños que recibe los beneficios de la libertad, pero permanecen en sus casas”.


Por eso se habla del “fuero gaucho”. “No deben pagar más arriendos” dice Güemes y se convierte, de a poco, en un caudillo adorado por su pueblo y denigrado, por supuesto, por la minoría salteñas.


En Salta se había conformado una élite acaudalada y reaccionaria que jugaba a favor de la invasión, cuyos nombres conviene recordar porque son apellidos que - por su dedicación al comercio, a lo financieros y no a jugar el pellejo - han permitido que sus generaciones siguieran portando el apellido. Por ejemplo, hay un Cornejo que se lo oye hablar de vez en cuando; los Uriburu que después van a intervenir con un presidente de la Nación por fraude y otro presidente por un golpe de Estado; los Zubiría que van a jugar en la parte parlamentaria; hay un Sarabia que es el abogado de Mauricio Macri si no me equivoco; y también está la familia Tezanos Pinto que ha tenido presencia en la política argentina.


Aunque hubo otros cuyo carácter reaccionario fue aún más grave, porque fueron los que delataron a Güemes, revelando el lugar donde estaba en su lucha y permitiendo que una patrulla del enemigo lo localizara, lo baleara y provocara su muerte. Es el caso de Pedro Antonio Arias y Mariano Benítez que tenían el apoyo del ejército que dirigía Pedro Antonio De Olañeta, un personaje que no era español de nacimiento sino americano, pero traidor como desgraciadamente ha ocurrido con otros nombres de nuestra historia. Güemes tenía muy en claro lo que era esta gente.


A esta situación se sumaba una alarmante escasez de recursos procedentes de Buenos Aires, porque si bien era parte de la lucha por la liberación, al mismo tiempo era considerado un personaje peligroso por su apoyo en las masas.


Ilustracin Osvaldo Rvora

Ilustración: Osvaldo Révora


Fue por ello que él hace un llamamiento a las minorías acaudaladas de Salta. Al respecto, es interesante recordar una carta que le escribe a Manuel Belgrano, en la que le dice: “Yo creí que asustando un poco a esos caballeros se ablandarían y me socorrerían, pero me engañé. Hice correr la voz de que los llevaría en la vanguardia de nuestra lucha. Pensé que para quedarse darían alguna cosa, por lo menos para ayudar a los que tomaban ese trabajo. Pero no he conseguido otra cosa que calentarme la cabeza. El vecindario, entre ellos el alcalde de primer voto, apenas han dado cuatro porquerías con que han pretendido auxiliar, o decir que auxiliaban a treinta gauchos. A uno le han dado una camisa, a otro un poncho de picote y a otro un pedazo de jerga vieja. ¿Caballos? Unos cuantos, acaso los peores que han podido hallar de suerte, que con dificultad podrían llegar a Jujuy. A vista de eso no es de alabar la conducta y la virtud de los gauchos, pero ellos sí trabajaron personalmente y no se exceptuaron ni con un solo caballo de los que tenían, cuando los que reportan las ventajas de la revolución no piensan en otra cosa que engrosar sus caudales”.


Es decir, a lo largo de la historia estamos hablando de una especie de impuesto a los ricos, ¿no es cierto? Y el rechazo que provoca en esta gente.


Entonces, Miguel Martín de Güemes entiende que no se puede pensar en batallas comunes por las características de la geografía del noroeste y lo desigual del terreno. Así pone en marcha lo que llama “guerra de partidas”, que posteriormente pasaría a llamarse “guerra de guerrillas”. Es decir, la idea era golpear, debilitar al enemigo inesperadamente y desaparecer.


Ahí entre sus hombres está el francés Jorge Enrique Vidt, un hombre que vino a América con la experiencia de haber aprendido la guerra de guerrillas en España, en las zonas montañosas, durante la revolución española.


Güemes se convierte en el “padre de los pobres”, como dice el historiador conservador Bernardo Frías, que escribe varios tomos sobre la vida del caudillo. Y lo llama de esta manera porque enseñó a los gauchos a gozar de una libertad individual nunca vista ni consentida. “Alentó sus sentimientos de dignidad - señala Frías - los protegió y se puso a su lado en la balanza en que jugaban a la muerte con la gente decente”. “Amigo de la libertad y de ociosidad”, siempre según Frías, la ociosidad era poner el pellejo para hacer la guerra de partidas. “El mulataje altanero y atrevido se sentía totalmente al lado de Güemes y sentía resquemor y odio hacia la raza blanca de las minorías salteñas”. Esta situación también la reconoce el general José María Paz, un hombre que en sus memorias hace referencia a la guerra social que implicaba la lucha de Güemes.


Martín Miguel de Güemes hablaba a su gente, a sus gauchos, con palabras fuertes que conviene recordar: “Esos que ustedes ven vestidos de frac son vuestros enemigos y por consiguiente los míos; mientras os conserváis unidos a vuestro general os aseguro que vivirán ustedes garantidos y serán vuestros derechos y vuestra libertad respetados. A despecho de esos miserables que nos odian a mí porque les tomo unos 4 reales para sostener la lucha, mientras vosotros defendéis su propia libertad luchando y dando la vida por la Patria. Vosotros que ahora están dispuestos a no ser más no ser más humillados ni esclavizados por ellos”.


“Todos - agrega - somos libres y todos tenemos iguales derechos porque todos somos hijos de la misma patria, las hemos arrancado de la servidumbre en que estaba viviendo con su esfuerzo dominada por el yugo español. Soldados de la patria ha llegado el tiempo de que seáis hombres libres y que caigan para siempre vuestras opresores europeos”.


Entonces, Güemes no sólo se caracteriza por su espíritu patriótico, sino también por su política social. Establece que “quien preste servicios a la Patria como miliciano, no pagará arrendamiento de las tierras que alquilan”. En otra parte dice, que “quienes estén enrolados en el Ejército no pueden ser ejecutados ni compelidos al pago de cualquier cosa que adeudaran, pues si esta gente sin un sueldo ni recompensa alguna presta sus servicios a la Patria, así con sus escasos intereses como con su propia vida, justo es que el acreedor, que no presta servicios militares contribuya de este modo a la causa pública no cobrándoles las rentas por sus propiedades”.


Telam SE


El historiador Bernardo Frías señala que “Güemes instaló un sistema infernal en defensa de los pobres”, porque “no fusiló, ni azotó, ni confiscó; aplicó fuerte multas, eso sí, y sanciones humillantes, lo que habla también del odio hacia la clase alta”.

“Güemes - continúa el historiador-  comenzó a infundirle a los gauchos la noción de sus derechos. Se abrió con ellos, le habló a sus sentimientos, protegió y se puso poco a poco a su lado en la balanza en que jugaban la suerte con la gente decente, con lo que fue el mulataje. Se puso de su lado y lo consideró siempre su jefe”.


Un dato curioso es que Martín Miguel de Güemes fue designado general por José de San Martín. Ahora bien, ¿en qué medida San Martín podía hacer algo semejante, si él no tenía un gobierno? Lo que ocurría es que consideraba que su ejército era efectivamente suyo, porque él lo había creado. Y confiaba en Güemes como el baluarte para detener las invasiones desde el norte. Luego mantuvo una profunda correspondencia con Manuel Belgrano, cuando era el jefe del Ejército del Norte, mientras Güemes se quejaba de que Buenos Aires no le daba el apoyo suficiente para la lucha.


Es en medio de esa lucha, cuando intenta volver a su casa de Salta y los personajes mencionados anteriormente lo delatan. Producto de esa traición, una partida lo balea y por una herida que no coagula por sus insuficiencias orgánicas, Güemes muere.

“Murió el abominable Güemes al huir de la sorpresa que le hicieron los enemigos. Ya tenemos un cacique menos”, informa desde Buenos Aires la gente de Bernardino Rivadavia, los operadores del empréstito de la Baring Brothers. Y efectivamente, tuvimos una derrota muy grave en el noroeste por la falta de este caudillo realmente extraordinario, que quedó en la memoria del pueblo como el líder de la lucha del gauchaje que permitió a San Martín avanzar hacia Chile.


De ahí que lo recordemos como una de las grandes figuras de nuestra lucha por la liberación, el exponente de un profundo sentido latinoamericano que lo lleva a apoyar la monarquía incaica propiciada por Belgrano y San Martín, un tema que analizaremos en algún momento para aclarar toda la confusión que hay a su alrededor.



Publicado en:

https://www.telam.com.ar/notas/202206/595408-gemes-galasso-salta-la-otra-historia.html

miércoles, 16 de junio de 2021

GÜEMES Y LA LUCHA DE CLASES, por Pacho O'Donnell (para "Página 12" del 16-06-21)


 A 200 años del asesinato del caudillo salteño

Por Pacho O’Donnell

16 de junio de 2021


El mismo 25 de mayo los bacanes insurrectos de Buenos Aires se adueñaron con exclusividad de los ingresos de la Aduana, los únicos significativos que entonces ingresaban a las arcas de la colonia del Río de la Plata, y sustituyeron a los funcionarios virreinales, jerarcas eclesiásticos y comerciantes españoles en el poder político sin profundizar las reformas sociales que las circunstancias hubiesen permitido. Además dicha acción también les permitía controlar las economías provinciales al decidir los impuestos a pagar por las mercaderías que entraban y salían, condenando a la ruina a las artesanales industrias del interior.


Ello transformó a Mayo en no mucho más que un cambio de cúpula gobernante , la clase alta española por la criolla. Como en toda revolución que se precie de tal los miembros de la pequeña burguesía que participaron se cuidaron bien de que la insurrección no fuera tan lejos como para amenazar sus privilegios.


Fue claro para los sectores populares, sobre todo provinciales, que el simple reemplazo del amo español por el amo porteño no cambiaría las miserables condiciones de vida a que las condenaba el feudalismo, cualquiera fuese su nacionalidad. La hasta entonces capital del Virreinato, ahora de las llamadas Provincias Unidas del Río de la Plata, se arrogaba también el derecho a nombrar gobernadores, funcionarios, jueces, y legisladores en las provincias, castigando rebeldías con el envío de fuerzas militares.


La inevitable indignación de las provincias derivó en una guerra civil teñida de cruenta lucha de clases entre los sectores dominantes del puerto, dueños de los recursos económicos y de la relación con Gran Bretaña, aliados con las oligarquías provinciales, enfrentados con las masas populares conducidas por jefes surgidos espontáneamente por su carisma, por su coraje, por su lealtad a los intereses de las clases bajas: los caudillos.


Entre dichos jefes populares se destacó el salteño Martin Miguel de Güemes, quien puso en evidencia que la guerra independentista contra España era también la guerra contra Buenos Aires, más aún era la guerra contra la explotación feudal del pueblo bajo de gauchos, afrodescendientes, indígenas, condenados a la servitud esclavizante. He aquí la razón por la que en nuestro noroeste los sectores populares se comprometieron con la revuelta política en cuanto ésta prometía también el cambio social. Recordar el discurso de Castelli en Tiahuanaco.


Si bien los caudillos del Litoral coincidieron con el salteño en su representación popular también los diferenció que a su reivindicación se añadía también el reclamo del derecho de sus puertos orientales, entrerrianos, correntinos y santafesinos de comerciar libremente con otros países, actividad que Buenos Aires ejercía en una exclusividad custodiada con las armas.


En Güemes, en cambio, las motivaciones eran esencialmente ideológicas, lo movía su patriótica inquina con las clases feudales de su Salta, que asociada con un clero retardatario consideraba propio de sus status la explotación inhumana de sus trabajadores, calco de conquistadores y colonizadores españoles, a lo que agregaba su renuencia a considerar propia la lucha por la independencia. En la que no estaban interesados pues ella interfería con su secular comercio con las ciudades altoperuanas como Cuzco y Potosí, ahora cortado por las acciones bélicas entre realistas y patriotas,


La opinión del caudillo salteño sobre los "decentes" de su provincia está clara en su proclama del 23 de febrero de 1815: "Neutrales y egoístas: vosotros sois mucho más criminales que los enemigos declarados, como verdugos dispuestos a servir al vencedor de esta lid. Sois unos fiscales encapados y unos zorros pérfidos en quienes se ve extinguida la caridad, la religión, el honor y la luz de la justicia”.


A pesar de venir de esa misma clase holgada su compromiso vital fue con los humildes , y sabido es que la traición de clase es un gravísimo pecado a castigar. Además su vocación de justicia social hizo que cuando fue elegido gobernador por el voto popular, desconociendo las instrucciones contrarias de Buenos Aires, dictó medidas que favorecieron al pobrerío gaucho e indígena, como fue el caso de una reforma agraria en que se repartieron entre los humildes tierras incautadas a españoles y a “malos americanos” contrarios o indiferentes al movimiento libertario. También liberó del pago de arriendos a los incorporados a la guerrilla patriota.


Practicando lo que A. Shumway definió acertadamente como “radicalismo populista” el jefe salteño sustituyó el concepto de propiedad privada por el de propiedad revolucionaria y se arrogó el derecho a incautar fondos, animales, hombres, propiedades para sostener a las fuerzas que combatieron no sólo contra los godos de Fernando VII sino también, insólitamente, contra las fuerzas que enviaba el puerto para domar a ese caudillo insolente, poniendo en riesgo el proyecto independentista.


Su vida y en especial su muerte son emblemáticas de cómo nuestra oligarquía portuaria aliada con las provinciales, no tuvo nunca empacho en perseguir y finalmente destruir a todo aquel que atentase contra su conducción de los asuntos políticos y económicos que fundamentan su condición de clase dominante, en celosa y armada protección de sus privilegios cada vez que los sintió amenazados por la clase sometida. Aunque para ello hubiese que dejar de lado consideraciones patrióticas y aliarse con el enemigo, como fue la artera y eficaz emboscada de salteños y españoles conjurados para matar al gran jefe gaucho. Hecho que abierta o encubiertamente se repite hasta nuestros días, siendo ejemplo de ello el monstruoso e injustificado endeudamiento externo que hoy estrangula el desarrollo nacional e imposibilita el bienestar individual de la mayoría de argentinas y argentinos, solo posible por el acuerdo entre intereses antinacionales e imprescindibles socios interiores dispuestos a la traición.


Eliminado Güemes, la aristocracia salteña, dueña otra vez del poder, aliviada de volver a ver palas y no armas en manos de sus mineros y campesinos, feliz de ya no ser obligada a apoyar la emancipación, festejó su muerte e hizo desvergonzadamente pública su traición en el acta del Cabildo de Salta que ofrece la gobernación provincial al jefe español enemigo : "Fue (la ciudad de Salta) el siete del siguiente junio ocupada por las armas enemigas del mando del brigadier comandante general don Pedro Antonio de Olañeta que penetradas de la compasible situación en que se hallaban los ciudadanos entregados a la mano feroz del cruel Güemes, sorprendieron la plaza sin ser sentidas, logrando la ruina del tirano con su fallecimiento acaecido el diecisiete del mismo resultivo de una herida que recibió cuando más empapado se hallaba en ejecutar los horrores de su venganza (…)”. Firman apellidos de la más rancia aristocracia salteña: Saturnino Saravía, Baltasar de Usandivaras, Alejo Arias, Juan Francisco Valdez, Gaspar José de Solá, Dámaso de Uriburu, Mariano Antonio Echazú, Facundo de Zuviría, Francisco Fernández Maldonado y otros.


La Gazeta de Buenos Aires, en tiempos de Rivadavia, fue sincera en su odio: “Murió el abominable Güemes al huir de la sorpresa que le hicieron los enemigos con el favor de los comandantes Zerda, Zabala y Benítez, quienes se pasaron al enemigo. Ya tenemos un cacique menos”.


El perdón fue llegando con lentitud: su monumento no está emplazado en la plaza mayor de su amada provincia. El que hoy lo conmemora, bello por cierto, data recién de 1931, ciento diez años después de su muerte.


Es imperativo no insultar a la memoria del gran Güemes limitándolo al rol del “gaucho que defendió la frontera norte” con que lo coagula y pasteuriza la historia que nos cuentan sino reconocerle su identidad de jefe popular que dio su vida porque el país que nacía diese justicia y bienestar a las clases populares. No fue así.

Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/348460-guemes-y-la-lucha-de-clases