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lunes, 20 de julio de 2026

COMO DIJO UN PRESIDENTE YANQUI: "SI, ES UN HDP, PERO ES NUESTRO HDP"

 Facundo Perez Ernst 


@MiniNestor


18 jul.

El atentado terrorista mas grande de la historia de nuestro pais, por su cantidad de víctimas fue el bombardeo a la Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955.

Fue el antiperonismo. Asesinaron a 308 argentinos y dejaron cientos de heridos. Todavía no hay justicia.


Pero ese, lo negas.



viernes, 18 de marzo de 2022

PABLO MANJARIN: "El primer gran atentado de nuestra historia fue el bombardeo a la Plaza de Mayo"

 

martes, 16 de junio de 2020

A 65 años del Bombardeo a la Plaza de Mayo: Un héroe omitido por la historia oficial, poe Alejandro Covello (para "Página 12" del 16-06-20)

Tras ser perseguido, Adradas trabajó como remisero, fumigador y, más tarde, pudo ingresar a Aerolíneas Argentinas. En la foto, junto a su esposa, Olga Migorena.

El rol clave del piloto Ernesto "Muñeco" Adradas


Ernesto Adradas era un joven teniente de la Fuerza Aérea cuando combatió contra los aviones que atacaban la Plaza de Mayo en 1955. Sus acciones permitieron salvar miles de vidas.

Por Alejandro Covello


Ernesto "Muñeco" Adradas siempre había soñado con volar. Su nacimiento, el día en que la Fuerza Aérea Argentina festeja su aniversario, un 10 de agosto, marcó su vida. Realizó el curso de aviadores militares y obtuvo el brevet de oro al mejor piloto de su promoción. Se convirtió en uno de los mejores pilotos de caza de la Argentina y por ello fue destinado con el grado de teniente --joven para ese rango-- para volar el avión a reacción insignia de la Fuerza Aérea: el caza bombardeo Gloster Meteor. Puede decirse que todo hombre tiene un destino; que en un momento se enfrenta a él cara a cara, y ese momento es toda la vida. Para el Muñeco Adradas, el 16 de junio de 1955 fue el comienzo de su destino, que no fue.


Ese día, cuarenta aviones de combate, un batallón de infantería con armamento liviano y un grupo de 150 civiles con armas cortas descargaron más de nueve toneladas de explosivos sobre la Ciudad de Buenos Aires, con la intención de derrocar al presidente electo en democracia, Juan Domingo Perón.

A pesar del pronóstico adverso, el jefe aviador golpista, capitán Néstor Noriega se negó a posponer el bombardeo. Dispuso un ataque en línea, un avión tras otro, una escuadrilla tras otra, reabastecimiento en el aeropuerto de Ezeiza y Aeroparque y nuevo ataque. “¡A esto lo terminamos cantando el himno en la Plaza de Mayo!”, arengó Noriega antes de ordenar ir a las máquinas.

La primera bomba cayó sobre un trolebús cargado de trabajadores. Si el objetivo explícito era terminar con el gobierno de Perón, entre los objetivos no dichos había uno inequívoco: un escarmiento a la población en el lugar de manifestación de las masas plebeyas. Las restantes bombas mataron a más de trescientas personas: ese día en Buenos Aires hubo más muertos que en el bombardeo a Guernica.

Suele hablarse de este hecho como un “bautismo de fuego” del arma aérea. Pero el “bautismo de fuego” se da en una guerra, como saben bien los pilotos que combatieron en Malvinas. Aquel día, hace 65 años, la Argentina no estaba en guerra con ningún país ni había una guerra civil. En Buenos Aires no había siquiera un piquete. Sin embargo, cientos de bombas cayeron sobre la ciudad abierta e indefensa. Fue el atentado terrorista más grande que sufrió la República Argentina. El intento de tomar el gobierno a través del terror.

Ese día en las Fuerzas Armadas hubo quienes defendieron la Constitución, así como a la ciudad de Buenos Aires y a su población. El Muñeco Adradas fue el protagonista del primer combate aéreo con derribo en Sudamérica protagonizado por un avión jet.


Ernesto "Muñeco" Adradas era un joven teniente de la Fuerza Aérea en 1955.

Ante la primera de cuatro oleadas de bombardeo, el comandante en jefe, brigadier Juan Fabri, ordenó que una escuadrilla de aviones partiera de inmediato de la base aérea de Morón con la orden de derribar todo avión que se encontrara en el aire. La escuadrilla se formó con el primer teniente Juan García, el primer teniente Mario Olezza, el primer teniente Osvaldo Rosito y el teniente Ernesto Adradas. ¿Qué harían los pilotos?, era la pregunta, ya que varios eran parte del complot.

Uno de ellos, el teniente Juan Boehler, caminó hacia los pilotos de la escuadrilla intentando adivinar quién cumpliría la orden. Boehler miró al Muñeco y le preguntó: “¿Vos qué vas hacer?” Luego corrió hacia el avión del jefe de escuadrilla, Juan García, para advertirle que tuviera cuidado con Adradas.

Las nubes estaban casi sobre el piso y fue necesario volar rasante: era la única forma de navegar con techos tan bajos. El comodoro Soto dirigió el ataque desde la torre de control y ordenó el derribo de los aviones que atacaban la ciudad. La escuadrilla tuvo a la vista dos aviones navales armados. Hubo disparos cruzados, uno de los aviones golpistas decidió escapar volando sobre la estación de tren de Retiro, y logró huir usando a la población civil como escudo humano.

El Muñeco persiguió al segundo avión, que intentó escapar con un viraje cerrado. El Muñeco acompañó el viraje y cuando el avión enemigo estuvo en su mira, atacó. Fueron diez disparos que alcanzaron para cortar el plano derecho. El piloto naval guardiamarina Armando Román fue derribado y salvó su vida arrojándose en paracaídas.


"El defensor de la patria", pintura de Pablo Patricio Albornoz que recuerda la hazaña de Adradas.

De regreso en la base de Morón, pilotos golpistas comenzaban a tomar prisioneros a los leales que defendían la Constitución. Adradas fue advertido de que lo estaban esperando para matarlo y debió esconderse por más de cuatro horas para evitar que lo fusilaran.

Tres meses más tarde, otro intento de golpe de Estado, esta vez exitoso, derrocó al presidente Perón. La Marina bombardeó vez varias ciudades --Mar del Plata, Camet y Ensenada-- con sus buques de guerra. El Muñeco Adradas volvió a combatir contra los buques, que amenazaban con cañonear la destilería de YPF: de haberlo logrado, habrían hecho desaparecer las ciudades de Berisso y La Plata.

Tras el golpe de setiembre de 1955, Adradas fue preso durante varios meses, juzgado por un tribunal militar y condenado por “haber derribado un avión y hacer proselitismo activo”. El Muñeco pidió el retiro, que le fue concedido en abril de 1956.

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El 20 de ese mismo mes, a las 22.30, el Muñeco fue secuestrado en un bar cerca de la estación de tren de Ituzaingó, y le simularon un fusilamiento. Al otro día, unos vecinos, alertados por los ladridos de un perro, lo rescataron en un baldío, lastimado y sangrando.

El historiador Isidoro Ruiz Moreno cuenta en su libro La revolución del 55 que Adradas, “nunca se había pronunciado políticamente en favor o en contra del gobierno peronista”. Adradas, en ese momento, solo estaba siendo leal a los poderes legítimos. Fue después de años de persecuciones, según cuenta su esposa Olga en una entrevista, que comenzó su militancia en el peronismo.

Tras el retiro trabajó como remisero, fumigador aéreo y, más tarde, pudo ingresar a Aerolíneas Argentinas. En sus años de piloto internacional fue protagonista de la resistencia llevando correo clandestino a Puerta de Hierro. Y el 20 de junio de 1973 tuvo su reconocimiento: el General Perón lo eligió como tripulación del Boeing 707 que lo traería del exilio.

La acción del Muñeco Adradas durante el 16 de junio de 1955 detuvo por dos horas tres oleadas de bombardeo: un tiempo valiosísimo que permitió que mucha gente se pusiera a resguardo. Así salvó a miles de inocentes.

Adradas falleció a los 55 años en 1984. A 61 años del trágico suceso, su ciudad natal, Roque Pérez, en la provincia de Buenos Aires, le brindó el primer reconocimiento, reservando un lugar para su memoria en el mismo rancho natal donde naciera Perón. Fue el primer homenaje a un aviador omitido por la historia aérea argentina.

Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/272524-a-65-anos-del-bombardeo-a-la-plaza-de-mayo-un-heroe-omitido-

Bombardeo a la Plaza de Mayo: a 65 años del intento de golpe de Estado a Juan Perón, por "Página 12" del 15-06-20


Este martes se cumplen 65 años del día en que la Aviación Naval bombardeó la Plaza de Mayo, en un intento de golpe de Estado contra Juan Domingo Perón que dejó más de trescientos muertos,  

Este martes se recuerda a los 309 muertos confirmados

La Comisión de Familiares de las Víctimas del Bombardeo convoca a hacer una conmemoración virtual, este 16 de junio a las 12.40. La acción por la memoria consistirá en subir a las redes sociales o al estado del celular imágenes o videos del bombardeo.

Este martes se cumplen 65 años del día en que la Aviación Naval bombardeó la Plaza de Mayo, en un intento de golpe de Estado contra Juan Domingo Perón que dejó más de trescientos muertos, la mayoría de ellos civiles inermes o pobremente armados en defensa de un gobierno que sería finalmente derrocado tres meses más tarde por la llamada Revolución Libertadora. Impedidas las concentraciones por la pandemia, la Comisión de Familiares de las Víctimas del Bombardeo está convocando a hacer una conmemoración virtual, este 16 de junio a las 12.40; la acción por la memoria consistirá en subir a las redes sociales o al estado del celular imágenes o videos del bombardeo.


“Esperábamos hacer un acto importante este año. Cada 16 de junio nos juntamos en el tótem Del Cielo los Vieron Llegar”, el monumento que recuerda a las víctimas emplazado atrás de la Plaza de Mayo, a un costado del Museo del Bicentenario, “pero por razones de cuidado, éste vamos a hacer el homenaje en las redes”, dice a PáginaI12 Daniela Marino. La que habla es nieta de Juan Carlos Marino, un trabajador de la Aduana asesinado aquel mediodía cuando trataba de llegar al subte para volver a su casa. 


Su papá, Miguel Angel Marino, inició mucho más tarde (con la recuperación democrática) el único caso judicial en reclamo de una reparación, que sin tener una respuesta favorable de la justicia argentina llegó hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. “Cuando él falleció, en el 2002, yo continué el caso ante la CIDH. Y en Argentina, como ya no había otra vía, comenzamos a impulsar un proyecto de ley de reparación histórica. Pedimos también que se conociera la verdad sobre los hechos, porque no había habido ninguna investigación seria sobre el tema. A lo sumo, algún capítulo en algún libro, pero que hablaba de daños a edificios. No había nombres de víctimas, porque casos como los de mi abuelo, que había sido denunciado, la mayoría habían quedado como nn. No había nada oficial”.

Durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, los pedidos de la Comisión de Familiares encontraron una respuesta del Estado. La secretaría de Derechos Humanos que entonces encabezaba Eduardo Luis Duhalde impulsó un trabajo de compilación y depuración de datos, en base al que fue publicado después el libro Bombardeo del 16 de junio de 1955 , una investigación histórica del Archivo Nacional de la Memoria disponible en línea. Esta investigación confirmó los nombres y apellidos de 309 víctimas. "Se abrieron archivos hasta entonces secretos, se buscó documentación de los hospitales y la policía, de los cementerios. Obviamente que las víctimas fueron más, pero las 309 son las que quedaron acreditadas con documentación respaldatoria, confirmadas después de 65 años", recuerda Marino.


En el prologo del libro, el fallecido Eduardo Luis Duhalde consideró el bombardeo a la Plaza de Mayo como "un acto de terrorismo con pocos antecedentes en la historia mundial". "No hay antecedentes de que miembros de las fuerzas armadas de un país, con la connivencia de sectores políticos y eclesiásticos, descargaran sus bombas y ametrallaran a la pacífica población civil, como forma de implantar el terror y el escarmiento para lograr la toma del poder", indicó sobre el ataque. 

Entre los reclamos de la Comisión de Familiares de las Víctimas del Bombardeo, hoy integrada no solamente por familiares sino también por militantes como la escultora Nora Patrich y el sociólogo e historiador Roberto Baschetti,  está el pedido de que la fecha se integre a la agenda nacional y que sus hechos se incluyan en la enseñanza en las escuelas,  como parte del derecho de todas las generaciones de conocer y hacer propia la historia del país.  

Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/272391-bombardeo-a-la-plaza-de-mayo-a-65-anos-del-intento-de-golpe-

martes, 16 de junio de 2015

COSCIA: "El 16 de junio de 1955 fue una verdadera escuela de genocidio", POR Mónica López Ocón (PARA "INFOnews" del 16-06-15)




Mónica López Ocón
La historia de un hecho criminal que dejó 400 muertos.



¿Cuándo empieza a escribirse silenciosamente dentro de un escritor y un día sale a la luz sin que él mismo pueda explicarse del todo cómo? Es difícil o tal vez imposible decirlo. Pero lo cierto es que El bombardeo, la última novela de Jorge Coscia, que cuenta los sucesos del 16 de junio de 1955 fue incubada en su infancia a través de lo que le contaba su tío, testigo presencial de uno de los hechos más dolorosos de la historia argentina.

Aquel relato familiar fue creciendo y alimentándose con otras fuentes, desde recortes periodísticos a libros de historia, pero nunca dejó de tener la impronta de una historia vivida desde la emoción. Coscia explica a Tiempo Argentino que le demandó mucho tiempo escribirla, que le quitó horas al sueño mientras se desempeñaba como secretario de Cultura de la Nación y que cada noche regresaba a su mesa cubierta de fichas y libros para poder avanzar en el proyecto que, para ser fiel a la realidad y lograr la verosimilitud de la ficción, le demandó saber desde qué cigarrillos fumaba y qué bebía Perón ese fatídico 16 de junio, hasta cómo era el interior de los aviones o cómo se desplazaban los granaderos. Pero esa investigación ardua que se convirtió en una novela de 500 páginas sólo vino a engrosar la historia que se incubaba en él desde la infancia como una prueba incontrovertible de que las tragedias colectivas que se narran de manera abstracta en los libros adquieren su verdadera dimensión cuando se hacen carne a nivel individual.

-El Bombardeo tiene una gran investigación histórica. ¿Fue específica para el libro o la venía haciendo desde hacía tiempo?
-Las dos cosas. Hubo una investigación histórica específica muy intensiva. Leí casi todo lo disponible. Ya venía investigando desde Perón desde mis trabajos previos. Mi interés por el tema se remonta a los 16 o 17 años, pero una cosa es hablar de peronismo en general y otra cosa hablar sobre un hecho en particular y con las características del bombardeo del 16 de junio. Eso me obligó a investigar en profundidad. Todo lo que está en El bombardeo no está, como conjunto, en ningún otro libro. Hay varios libros históricos muy buenos, pero en ellos no está todo lo que necesitaba.

-La intimidad de los hechos.
-Sí, hay datos significativos, por ejemplo el hecho de que haya dos norteamericanos muertos en el bombardeo. Uno, canadiense, era el director de montaje de la planta Kaiser en Córdoba. Perón había hecho un acuerdo con la Kaiser que se estaba desmantelando en Estados Unidos. A la Argentina le faltaba la tecnología de armado en línea para poder producir 30 mil autos por año. Perón, con mucha inteligencia, negocia con una fábrica retirada como la Kaiser, con muy buenos autos, que había perdido la batalla contra Ford, Chrysler y General Motors. Ese es el nacimiento de la industria automotriz en serie en la Argentina. Los efectos de esto vendrían luego de la caída de Perón y de un modo diferente de como él lo había planificado. De esto hablo en la novela porque no me interesaba contar una historia maniquea del bien y del mal, aunque el mal se expresó como pocas veces en una sola tarde. Me interesaba lo que había ocurrido antes y lo que ocurrió más tarde. El día del bombardeo una de las primeras entrevistas que tiene Perón es con el embajador norteamericano y este no es un hecho casual. Me pregunté de qué hablaron. Un tema importante de la agenda era el petróleo, pero también el del armado de la planta Kaiser y estaban discutiendo las condiciones. A tal punto es así que en el curso de la investigación descubro que al día siguiente del bombardeo el embajador se reúne con el hombre que operaba la industria automotriz para Perón, Jorge Antonio. ¡Qué casualidad: el día del bombardeo muere el hombre que está armando la planta! Y aquí es donde aparece la ficción. Si yo manejo información cierta, estoy en condiciones de tirar las coordenadas y de llenarlas con las suposiciones que una ficción debe tener, ya sea de Gore Vidal, de Víctor Hugo o de cualquier novela que histórica.

-En El bombardeo hace una revisión de todos los generales que murieron en batalla y da cuenta del lugar que ocuparon algunos personajes que participaron de una forma u otra del bombardeo en gobiernos bastante recientes.
-Sí hacia el final hablo de los productos del huevo de la serpiente. El 16 de junio del '55 fue una escuela de genocidio. La novela tiene la posibilidad de poder romper con las estructuras lineales. Esa jornada tuvo lugar para matar a un general, al general Perón, en ese momento presidente de la República. Además, muere un general, Tomás Vergara Ruzo. Me pregunté cuándo había muerto un general en la historia argentina antes. Por eso imagino un historiador a quien llamo Fermín Ramos que hace un informe de cómo murieron los generales en la historia argentina. El 16 de junio no hubo un grupo de hombres malos que quisieron derrocar y matar a un general, sino que este hecho se enlaza con otros de generales de nuestra historia que han muerto de forma violenta. Pero si bien estas muertes son un antecedente, una cosa es un general que muerte en combate y otra muy distinta son 400 civiles que mueren en un bombardeo cuando muchos de ellos van a tomar su crédito en el Banco Industrial, como es el caso del hermano mayor de Luis Landriscina. Esta es una de las situaciones que no está en ningún libro y que a mí me la contó el propio Landriscina. Su hermano iba a tomar un crédito para su carpintería. Ese hecho es todo un símbolo, por supuesto, un símbolo terrible. Un tipo que viene del Chaco a Buenos Aires porque quiere montar su taller en un país en que eso es posible.

-Supongo que Tití y Celina son personajes de ficción.
-Mi primera fuente de investigación no fueron los libros, sino mi propia vida. El personaje de Tití Cossa está basado en mi tío y Celina, si bien es un personaje ficticio, tiene que ver con una relación amorosa que tuvo mi tío y que se definió en los mismos términos que cuento en la novela.

-En el momento del bombardeo usted muestra un Perón que no está lúcido. ¿Eso tiene un correlato con la realidad?
-Sí. La versión antiperonista sostiene que Perón sabía todo y que dejó hacer y que, por lo tanto, es el culpable de los 400 muertos. Yo creo que fue exactamente a la inversa. Además, hay testimonios de muchos testigos presenciales que Pavón Pereyra recoge en los años '70 que coinciden en que Perón estaba sorprendido. Sabe que hay algo, pero la sensación que tiene y que trato de transmitir en la novela es que no se van a atrever a tanto. No está pasando por un buen momento de su vida, está jaqueado emocionalmente. Viene de ganar una elección que es la de vicepresidente de Alberto Teisaire por el 65 y pico de los votos, la economía argentina está mejorando e incluso las negociaciones con Estados Unidos hablan de que la propia política norteamericana está cambiando sobre la base de los ejes de la Guerra Fría. Pero en la Argentina los enemigos de Perón están más alterados que nunca porque comprenden que no le pueden ganar las elecciones. Eso es lo que dispara el 16 de junio y todos los golpes de Estado y todos los intentos desestabilizadores. Perón pierde a Evita en 1952. Su cuñado, secretario y hombre de confianza, muere en una situación confusa. En 1954 mueren su hermano y su madre. Y también se muere su aliado, Getúlio Vargas, una muerte que para mí es casi más determinante que la de Eva. Vargas se suicida de un tiro en el corazón y deja una carta que al leerla uno se da cuenta de que bien la podría haber escrito Perón. Ya no tiene a su lado los hombres más sólidos que dieron lugar al 45 y un entorno en el que pesa demasiado un Apold y que tiene un Borlenghi que es un jacobino y todos sabemos cómo les fue a los jacobinos en la Revolución Francesa. Además, está molesto con la Iglesia, se pregunta por qué, si habían tenido una excelente relación, le crean un partido Demócrata Cristiano. A su vez, la Iglesia desconfía de él. Entonces, no se pone al frente, sino que va a dar al sótano. Esto lo cuenta su historiador Enrique Pavón Pereyra y además, provee información sobre qué cigarrillos fuma y que toma mate cocido. Por eso, aunque no sé qué dijo Perón, sé dónde y cómo está y en la novela lo hago hablar en función de eso.

-Usted dijo que el bombardeo del 16 de junio del '55 fue una escuela de genocidio. Allí estaba y usted lo dice en la novela, Massera, que debía ser muy joven en esa época. ¿Qué papel jugó?
-Sí, era teniente y secretario del ministro de Marina Aníbal Olivieri, que escribió un libro sobre esas horas que está en mi novela. Junto a Massera también estaban Mayorga y Montes. Los tres ocuparon distintos lugares en las dictaduras posteriores. Al principio Olivieri no apoya la asonada, pero una vez que esta se lanza, se pone al frente. Aquí se ve el carácter corporativo, porque su deber era con la Constitución, no con el arma a la que pertenecía. Este corporativismo militar atraviesa gran parte de la historia argentina. El secretario que está todo el día junto a Olivieri, que se encarga de la defensa del Ministerio de Marina es Massera y el propio Olivieri cuenta que Massera y Mayorga, revólver en la mano, lo ayudan a entrar al ministerio en el medio del tiroteo. Cuando uno profundiza la carrera de Massera ve que es alguien no tan interesado en las artes militares como en las artes del poder. De ahí que un teniente estuviera como secretario de un ministro en vez de estar arriba de un barco. Olivieri era peronista y se dice que fue promovido con el visto bueno de Eva Perón. Pero primero se enfrentó a Perón y luego a la Libertadora, que siempre lo miró con desconfianza por su pasado peronista. Por eso escribió un libro que se llama Dos veces rebelde pero que, según Lucero, debería llamarse Dos veces traidor.

-Su novela es muy cinematográfica. Cuando describe la escena de la mujer alcanzada por una bomba que tiene una pierna mutilada, es como si se la estuviera viendo. ¿Se basó en la foto que existe de ella?
-La foto la vi cuando apareció Google, pero ya la había “visto” antes a través del relato que me hizo mi tío, que la vio en ese momento y le preguntó “¿Qué puedo hacer por vos, hermana?” Mi tío me decía: “estaba sentada así, tenía los ojos abiertos y no lloraba y la parte herida de su pierna estaba unida sólo por un hilo delgado.” Por la apariencia es una mujer del interior. Yo tendría unos 6 años cuando me contó por primera vez el bombardeo y me lo siguió contando a lo largo del tiempo, como solemos hacer los mayores que nos olvidamos de lo que relatamos. El hombre sin rostro que da título a un capítulo de mi novela es una historia que me contó mi tío. Él estaba en un edificio en construcción y había un hombre asomado a un balcón. De pronto el hombre cayó y al darlo vuelta mi tío comprueba que no tenía cara, se la había borrado el bombardeo. También me contó de un borracho que desfilaba sin entender qué pasaba y al que balearon. La novela es un homenaje a todos esos muertos.




Publicado en:
http://www.infonews.com/nota/227469/el-16-de-junio-de-1955-fue-una-verdadera-escuela-de-genocidio

domingo, 14 de junio de 2015

Recuperar la historia, a 60 años del bombardeo, por Martín Piqué (para "INFOnews" del 14-06-15)




Bautizada "1955: golpean la Casa", el martes se inaugura la muestra que recuerda el bombardeo a la Casa Rosada y la Plaza de Mayo, con documentos históricos, robados entonces, donados después, expuestos ahora para todos.
Los dictadores, los golpistas, los que están dispuestos a todo con tal de derrocar un gobierno, incluso a bombardear una plaza pública llena de civiles, también cuidan sus espaldas. Porque los giros de la historia son imprevisibles. Y porque los derrocados de hoy pueden ser los que regresen mañana, con legitimidad proveniente de las urnas y ansias de justicia. La Argentina tiene varios ejemplos de esa tradición burocrática que consiste, invariablemente, en no dejar pruebas documentales de las acciones cometidas, en su mayoría delitos gravísimos, en el marco de una dictadura o durante el desarrollo de un golpe de Estado que finalmente fracasa. Y éste es uno de esos casos.

Según consignó Tiempo Argentino, el próximo martes se cumplirán 60 años de los bombardeos que la Aviación Naval realizó sobre la Casa Rosada y las áreas circundantes del centro porteño. La sangrienta rebelión de la Marina no logró su objetivo –matar a Juan Perón y liquidar a su gobierno- pero sí terminó con la vida de 308 argentinos, según la investigación realizada por el Archivo Nacional de la Memoria y difundida en 2009 por iniciativa del fallecido ex secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde.

Bautizada “1955: golpean la Casa”, la exposición será inaugurada el próximo martes, en el Museo del Bicentenario.

El sangriento costo en vidas que tuvo la rebelión resultó en un principio difícil de dimensionar. Muchos de los pilotos huyeron al Uruguay, y tras la quema de las iglesias, Perón quiso frenar la conmoción. El número de muertos se publicó –parcialmente- en los dos días subsiguientes. Luego, por sugerencia oficial, el drama fue desapareciendo de los medios. Sí hubo un registro minucioso de los daños materiales que produjeron las bombas y la metralla. Sobre todo en la Casa Rosada y edificios cercanos. La Casa Militar elaboró, semanas después del intento de golpe, un minucioso informe técnico sobre el estado en el que había quedado la Casa Rosada. En el documento también se precisa cuántos muertos hubo entre el personal civil y militar que defendía la sede del Ejecutivo. De 85 páginas, el informe detalla a través de un anexo basado en fotografías, croquis y planos hechos a  mano los efectos de las ráfagas de ametralladora pesada, más las bombas de 50 y 100 kilos arrojadas.

El informe de la Casa Militar da cuenta de la lista de bajas entre las fuerzas leales y los civiles armados que defendían a Perón y su gobierno desde adentro de la Casa Rosada. Fueron 12 muertos -9 granaderos, 2 soldados de otros regimientos y un civil- y 55 heridos. La documentación comprometía a los organizadores: la sublevación había sido organizada por el contraalmirante Toranzo Calderón y el vicealmirante Benjamín Gargiulo (quien se suicidó el mismo 16 de junio) pero también por el entonces Ministro de Marina, el contralmirante Aníbal Olivieri.

Miembro del gabinete de Perón, Olivieri no tardó en ser acusado y terminó siendo juzgado ante el Tribunal del Consejo Supremo de las FF.AA. ¿Quién se encargó de su defensa en aquel juicio militar? Isaac Francisco del Ángel Rojas, quien se convertiría –tres meses después- en el jefe operativo del golpe de Estado que sí logró derrocar a Perón.

Tras el golpe de septiembre de 1955, Isaac Rojas se convirtió en vicepresidente provisional del nuevo gobierno –asumió Eduardo Lonardi- en paralelo a su rol de comandante en jefe de la Armada. Lo que pocos saben es que Rojas, al asumir su nueva función en la Casa de Gobierno, se llevó varios documentos muy sensibles, algunos como botín de guerra: se apropió del original de las actas constitutivas del Partido Peronista y del original de las actas de conformación de la Rama Femenina. Pero también del informe técnico que había preparado la Casa Militar meses antes.

Ese material permaneció en su poder hasta que, tras su muerte, su familia lo donó al Archivo General de la Armada. Los papeles luego pasaron al Departamento de Estudios Históricos Navales (DEHN) hasta que, en 2012, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, y la directora del área de Derechos Humanos de esa cartera, Stella Segado, resolvieron que todos los documentos de interés público encontrados en el archivo personal de Rojas fueran publicados en el sitio web www.archivosabiertos.com y pasaran a formar parte de una muestra sobre los bombardeos de junio de 1955. “En el despacho que era de Perón y donde hoy está Cristina cayeron tres bombas. Y en lo que entonces era el Servicio de Informaciones, 20. Rojas se llevó cosas de los distintos lugares por los que pasó, como botín de guerra”, comentó Segado en diálogo con Tiempo.


Bautizada “1955: golpean la Casa”, la exposición será inaugurada el próximo martes, en el Museo del Bicentenario, por la propia presidenta Cristina Fernández. El documento robado por Rojas y devuelto por sus familiares será la pieza fundamental.

Publicado en:
http://www.infonews.com/nota/227075/recuperar-la-historia-a-60-anos-del-bombardeo