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martes, 6 de junio de 2023

Cuántos dólares necesita la economía para no estallar, por Alfredo Zaiat (para "Página 12" del 04-06-23)


Los economistas no tienen respuesta a un interrogante crucial de cualquier plan de estabilización

El factor relevante es determinar cuál será el flujo de dólares promedio por año para sostener un ritmo de crecimiento sostenido sin generar tensiones en el mercado cambiario. Es una estimación que no está elaborada por quienes ofrecen programas económicos. Quiénes y para qué demandan dólares. El Plan Argentina Productiva 2030.

Por Alfredo Zaiat
4 de junio de 2023


Las reservas netas del Banco Central hoy son negativas de 1000 a 2000 millones de dólares, indicador del inmenso desafío inmediato de un plan de estabilización.  
Las reservas netas del Banco Central hoy son negativas de 1000 a 2000 millones de dólares, indicador del inmenso desafío inmediato de un plan de estabilización.  

En las propuestas económicas que adelantan un imprescindible plan de estabilización en el inicio del próximo gobierno hay un cálculo que no está realizado, no está explicitado o quienes lo están diseñando, directamente, no tienen ni idea de cómo hacerlo: cuántos dólares promedio por año necesita la economía para sostener un ritmo de crecimiento sostenido sin generar tensiones en el mercado cambiario. Esto último es clave porque las presiones por escasez en la plaza del dólar desmorona cualquier intento de estabilización, o sea de reducción de la inflación.

Planes de economistas denominados halcones, de palomas, de Domingo Cavallo, del que publicita Carlos Melconian o el de un equipo económico del actual oficialismo en caso de triunfar en las elecciones, ofrecen recetas para las conocidas variables del tablero macroeconómico: qué hacer con el cepo (grado de apertura de la cuenta capital de la balanza de pagos) y la brecha cambiaria, el gasto público y la magnitud del déficit fiscal, la emisión monetaria, los subsidios a las tarifas de servicios públicos, la política de ingresos precios-salarios, la deuda en pesos, la tasa de inflación, entre otras.

Sin embargo, poco y nada dicen acerca del nudo principal de la estabilidad de la economía argentina: la cantidad de dólares disponibles cada año, pilar desde el cual se sostiene cualquier plan de estabilización. Otra forma de decirlo es que sin dólares no hay paraíso.
Hay una pregunta que no tiene respuesta

Un aspecto no menor en este sentido es que, después del crédito insólito del FMI al gobierno de Mauricio Macri, no existe una canilla abierta fluida de divisas de organismos multilaterales. Además, el endeudamiento externo vertiginoso en esos años también clausuró el acceso al financiamiento privado voluntario. O sea, no habrá que esperar, por lo menos en los próximos años, un ingreso neto positivo de dólares financieros.

La fuente principal de entrada de dólares que queda proviene del comercio exterior, que es importante pero inicialmente insuficiente incluso en una situación normal (sin sequía), que además se encuentra muy concentrada en el complejo agroexportador y, por consiguiente, dependiente de los precios internacionales de estas materias primas.

Existe la expectativa cierta del incremento de dólares comerciales vía exportaciones de hidrocarburos y de la minería (litio y otros metales).

De todos modos esto no neutraliza el interrogante que, por ahora, no encuentra respuesta: ¿a cuánto asciende la demanda efectiva de dólares de cada sector si no existieran restricciones de acceso o, en caso de que haya alguna, sea lo suficientemente liviana para no generar perturbaciones en el mercado y en el nivel de actividad?

Esto implica saber cuántos dólares el Banco Central tendrá disponible para garantizar un plan de estabilización en el cortísimo plazo, y cuántos se requerirán para emprender un sendero económico estable de mediano y largo plazo (crecimiento modesto pero constante con bajas tasas de inflación) para evitar caer en otra crisis.

En este cálculo es relevante estimar el flujo de dólares esperado; no el stock de dólares en manos privadas en el circuito local y depositados en el exterior.

Aquí no se encontrará una respuesta categórica a esta duda pero, a veces, las preguntas permiten entender la magnitud del problema, el cual es abordado por gran parte de los economistas con una serie de afirmaciones genéricas sobre lo que se debería hacer (en general, dogmáticas y focalizadas en preservar intereses corporativos).

Por lo pronto, las reservas netas del Banco Central hoy son negativas de 1000 a 2000 millones de dólares, que no implica que no haya dólares para utilizar (líneas con el Banco Internacional de Basilea o el swap con China), pero sí es un indicador importante del inmenso desafío inmediato que no se salda diciendo simplemente que habrá un plan de estabilización.


Con la confianza no alcanza

No es una estimación fácil determinar a cuánto asciende el flujo de dólares que exige la economía argentina para no sucumbir en crisis. Por lo pronto se descarta por frívolo el concepto gaseoso de generar "confianza" como fuente proveedora de dólares. Esto implica apostar a la seducción del stock de dólares para financiar el crecimiento pero, en realidad, es la forma de ocultar la incapacidad de generar un flujo creciente de dólares, que en concreto resulta determinante.

Ha habido más de una experiencia que basaron la gestión económica en esta inasible convocatoria que, como no podía ser de otra manera, culminaron en fracasos estrepitosos. Es obvio que se necesita cierto apoyo (redefinido como "confianza" en el discurso convencional) de los agentes económicos respecto a la política económica, pero no es concluyente.

Una referencia irrefutable de la inutilidad de apostar exclusivamente a generar "confianza" para que fluyan dólares en cantidad en la economía fue el blanqueo de capitales durante el gobierno de Mauricio Macri, en 2016. Sumó el record mundial de 116.800 millones de dólares (1,8 por ciento del PIB), sólo superado nominalmente por el blanqueo de Indonesia de ese mismo año de 330.000 millones de dólares pero que representó el 0,9 por ciento del PIB de ese país.

El dato clave para dar cuenta del interrogante planteado es que, si bien hubo una importante ampliación de la base imponible por la exteriorización de capitales, el 98 por ciento blanqueado del rubro inversiones fue del exterior, como así también el 77 por ciento de las cuentas. Gran parte de estos capitales no regresaron al circuito local.

Esto exhibe en forma contundente que la propuesta de "la confianza" resulta inefectiva para regresar el stock de dólares a la economía doméstica pese a que había una administración política promercado, aliada de Estados Unidos, aperturista y supuestamente del agrado de la clase empresarial.

Incluso tampoco actuó como un mensaje persuasivo hacia el mercado el desproporcionado crédito del FMI por un total de 57 mil millones de dólares, de los cuales se desembolsaron 44.128 millones.

Pese a semejante respaldo político interno y externo y en divisas que tuvieron estas dos iniciativas, la economía siguió en el laberinto de la escasez de dólares sin encontrar salida.


Quiénes demandan dólares

La consistencia de la política económica es el factor relevante más que la apelación a generar confianza en los mercados con ajustes recesivos. Pero esta consistencia en una economía con rasgos bimonetarios cada vez más intensos, como la argentina, sólo puede fundarse con una amplia disponibilidad de dólares.

Una primera aproximación para abordar el desafío de estimar a cuánto asciende el flujo de dólares necesarios en la economía para no enfrentar movimientos desestabilizadores es identificar quiénes son los principales demandantes y cuáles son los destinos que tienen esas divisas.

Los dólares ingresan en el circuito local por la cuenta comercial (saldo entre importaciones y exportaciones) y por la cuenta capital (inversión extranjera directa, saldo de servicios y endeudamiento). La puja por los dólares existentes en el Banco Central adquiere más fuerza cuando la escasez relativa se hace presente, ya sea por una merma en el flujo de estas dos fuentes o por un aumento del requerimiento de billetes verdes por encima del promedio motivado por shocks negativos locales o internacionales.

La demanda permanente de dólares reúne a los siguientes protagonistas:

    Particulares que desean dolarizar sus ahorros, y dentro de ese grupo quienes también demandan billetes para viajar al exterior.
    Importadores que requieren de dólares para adquirir bienes y servicios (por caso, pagar fletes).
    Multinacionales que quieren dólares para girar utilidades a sus casas matrices.
    El Estado, nacional y provincial, que necesita dólares para cancelar obligaciones externas.
    Empresas privadas que precisan divisas para abonar vencimientos de intereses y capital de deuda externa.
    El Estado nacional también busca dólares para acumular reservas internacionales con el objetivo de garantizar mayores grados de autonomía frente a corridas cambiarias y a crisis externas que pueden provocar situaciones de inestabilidad financiera.

¿Se puede satisfacer al mismo tiempo toda la demanda de dólares que pretende cada uno de esos sectores? Con el actual flujo de divisas (comerciales y financieras) es imposible, pero tampoco se vislumbra que se pueda en el corto plazo con las previsiones de incremento de exportaciones sin un cambio de la matriz productiva. Se sabe además que el acceso al mercado internacional voluntario de crédito, con el actual stock de endeudamiento externo, sólo servirá en primera instancia y si se consigue abrirlo, para refinanciar vencimientos.


De dónde vendrán los dólares

Economías como la argentina no dejan de crecer cuando tocan el límite de la capacidad productiva o alcanzan el pleno empleo, sino cuando hay escasez de dólares para seguir importando insumos para la expansión industrial. La falta de dólares tiene su origen en cuestiones vinculadas a la estructura productiva. Un sector primario competitivo a nivel internacional orienta la economía a ser proveedora de materias primas del mercado mundial, convirtiéndose en el principal aportante de dólares.

A la vez, la fragmentación del aparato industrial exige una creciente necesidad de divisas para funcionar, porque demanda insumos importados y también requiere de una mayor cantidad de dólares para avanzar en la industrialización.

El recorrido histórico de la economía argentina muestra que se trata de un objetivo muy ambicioso alejar la restricción externa (es decir, la escasez relativa de divisas) desde el comienzo de la industrialización por sustitución de importaciones en la década del ’40 e integración financiera al mercado mundial en la década del ’70. Sólo en cortos períodos se pudo cumplir con ese objetivo.

El factor determinante de las restricciones para acceder a las divisas es la estructura productiva y financiera desequilibrada de la economía. El régimen de administración y control de acceso a la moneda extranjera ("el cepo") no es el problema, sino una consecuencia.

A lo largo de décadas de inestabilidad cambiaria, en algunos momentos el superávit de la balanza comercial acercó los dólares necesarios para satisfacer parcialmente la demanda de divisas; en otros, el endeudamiento externo y, en menor medida, la inversión extranjera directa, aportaron los billetes verdes. Casi siempre fueron insuficientes para garantizar un período prolongado de estabilidad.

Esto fue así porque en ningún momento se logró el salto cualitativo en la estructura productiva y financiera para aliviar la escasez relativa de divisas o, en otros términos, contar con el flujo de dólares necesario para responder a los pedidos de cada uno de los sectores.



El huevo o la gallina

Un intento de dar respuesta a este desafío fue la presentación por parte del Gobierno del plan llamado Argentina Productiva 2030, que se propone objetivos ambiciosos hasta ese año: duplicar las exportaciones para sumar un total de 180 mil millones de dólares. Este incremento provendrá de varios sectores, destacándose los de energía (Vaca Muerta e hidrógeno), de los servicios basados en el conocimiento, del turismo, de la minería, del agropecuario y de la industria automotriz, forestal y petroquímica (ver el cuadro máas arriba).

Este trabajo colectivo e interdisciplinario, conducido por Daniel Schteingart, plantea duplicar exportaciones como una de las misiones centrales, ya que estima que de esta forma permitiría que la economía crezca 30 por ciento per cápita y con ello generar 3,5 millones de empleos privados registrados y reducir la pobreza a la mitad.

Para ello analizaron el potencial productivo-exportador de 34 complejos productivos, a partir del estudio de lo que viene ocurriendo en Argentina y el mundo, realizaron más de 300 entrevistas y encuentros con cámaras, gremios, especialistas, funcionarios.

Menciona que para que esa suba de exportaciones influya en la expansión del entramado productivo resulta fundamental desarrollar encadenamientos, tanto por medio del desarrollo de proveedores como de agregación de valor. Schteingart indica que la controversia fundamental, una especie del “huevo o la gallina”, se manifiesta entre estabilizar la macroeconomía y el desarrollo productivo. "Sin macro estable, se dificultan seriamente las inversiones necesarias para transformar la matriz productiva", afirma.

Se vuelve al interrogante inicial, aspecto crucial del corto plazo: cuántos dólares necesita un plan de estabilización para permitir el salto cualitativo en el desarrollo que permita relajar la restricción externa. Vale reiterar que se había adelantado que esta pregunta aquí no tenía respuesta inmediata.


Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/555172-cuantos-dolares-necesita-la-economia-para-no-estallar

miércoles, 23 de septiembre de 2020

ISMAEL BERMÚDEZ: "La economía española cayó 17.8%. Habría que remontarse a la guerra civil para encontrar un desplome similar"


Publicado en:

https://twitter.com/IsmaelBermudez1/status/1308697573625135107?s=08

sábado, 8 de agosto de 2020

Daniel Schteingart analiza las estadísticas del Ministerio de Trabajo










Publicado en:
https://twitter.com/danyscht/status/1291820990520008711

sábado, 3 de agosto de 2019

Algo no cierra en las encuestas, por Daniel Schteingart (para "Cenital" del 03-08-19)


Mientras que los sondeos a nivel nacional muestran un escenario de relativa paridad en las elecciones, de los regionales se desprende una ventaja clara de Alberto Fernández. ¿Por qué?

Daniel Schteingart 
3 de agosto de 2019

dany@cenital.com    @danyscht?lang=es

En las últimas semanas, la mayoría de las encuestas electorales coincidió en dos puntos: a) la imagen de Macri tocó piso en abril-mayo y desde entonces exhibió una recuperación al calor de la estabilización del dólar y algunos estímulos al consumo como el relanzamiento de Ahora12 y los créditos Anses y b) la ventaja entre Alberto Fernández y Mauricio Macri tendió a achicarse. Tal como se ve en el gráfico a continuación (tomado de la consultora PxQ, del ex viceministro de Economía Emmanuel Álvarez Agis), tomando un promedio de encuestas a nivel nacional encontramos que la distancia entre Fernández y Macri se habría achicado de unos 10 puntos a fines de mayo a unos 3 puntos en julio.



Fuente: Consultora PxQ en base a promedio de 40-50 encuestas

Macri empeora en las encuestas a nivel subnacional

Ahora bien, el panorama luce sumamente diferente si uno se guía por las encuestas de intención de voto hechas a nivel municipal/provincial. Todas las que comentaremos de acá en más fueron realizadas en julio. Veamos.

En las últimas semanas, se dieron a conocer tres encuestas realizadas en Mar del Plata, donde Mauricio Macri le había ganado a Daniel Scioli por 8 puntos en octubre de 2015 (40-32) [1]. Las tres encuestas (CEPEI, Prisma Consultora y Gustavo Córdoba y Asociados) muestran ahora al frente a Alberto Fernández por un margen de entre 4 y 15 puntos.

Una tendencia similar detecta la consultora Data House Linked, que hizo una encuesta presencial de 450 casos en La Plata a principios de julio. En la capital provincial Macri le había sacado 11 puntos de ventaja a Scioli en 2015 (40 a 29). En contraste, la encuesta de Data House Linked muestra que Fernández mide 38 puntos y Macri 29 en esa ciudad.

Bahía Blanca es otra de las ciudades importantes del interior bonaerense. Allí en 2015 arrasó Cambiemos: Macri le ganó a Scioli por 21 puntos (45 a 24). De acuerdo a un relevamiento hecho la semana pasada por LU2 hoy la ventaja de Macri se estaría reduciendo allí a 8 puntos (38,6 a 30,6). En la ciudad de Junín, Macri le sacó 10 puntos a Scioli en octubre de 2015 (39 a 29). De acuerdo a una encuesta que dio a conocer el oficialismo, hoy la diferencia sería algo menor (6 puntos, 38 a 32). Por su parte, un relevamiento presencial de la consultora Clivajes (470 casos), en San Antonio de Areco muestra a Fernández con un 49% de intención de voto contra 21% de Macri, quien en 2015 había sacado el 42% (3 puntos más que Scioli).

Otros distritos en donde Cambiemos tuvo un gran 2015 (y un excelente 2017) muestran un patrón similar. En la provincia de Córdoba, Macri sacó 53 puntos en octubre de 2015 (y Scioli apenas 19). De acuerdo a dos encuestas (de CB Consultora y Feedback) hoy sigue ganando cómodo, pero por una diferencia menor. CB Consultora midió a principios de mes, y allí la diferencia con Alberto Fernández se habría achicado a unos 18 puntos (44 a 26); en tanto, Feedback mide a Macri en 34 y a Fernández en 22, pero con muchísimos indecisos (más del 25%).

En Mendoza, de acuerdo a la consultora RDT, la intención de voto de Macri y Alberto Fernández está empardada en 36%. En 2015, Macri le había ganado a Scioli por unos diez puntos (41 a 31) allí. Por su parte, en la ciudad de Rosario, Scioli y Macri habían salido muy parejos en octubre de 2015 (31,9% a 31,1% a favor del primero). De acuerdo a un estudio de la Universidad de Rosario, la intención de voto en julio está 35,8% a 21,4% a favor de Alberto Fernández, con casi 20% de indecisos.

Si miramos encuestas en distritos en donde había ganado cómodo Daniel Scioli en 2015, se observa una ampliación de diferencias respecto a hace cuatro años atrás. La consultora Federico González y Asociados midió intención de voto en Moreno (donde el ex motonauta había sacado 25 puntos de ventaja al actual presidente, 46 a 21). La encuesta (presencial y de 400 casos) da a Alberto Fernández sacando el 63%, contra 18% de Mauricio Macri (45 puntos). En tanto, CEOP midió en Florencio Varela, en donde Scioli había sacado 51% y Macri 19% en la primera vuelta de 2015. De acuerdo a la encuesta (1044 casos), hoy la ventaja del peronismo se estaría estirando más (59 a 18). Por su parte, la consultora Meridional midió intención de voto en Chaco, con Fernández ganándole a Macri 56 a 26 (una diferencia ligeramente mayor a la de 2015).

Por último, un par de encuestas patagónicas. El consultor Ricardo Vignoni midió intención de voto en Río Negro en los últimos días: de acuerdo a él, Fernández estaría sacando el 58% contra alrededor del 15% de la fórmula Macri-Pichetto. En 2015 la diferencia a favor de Scioli había sido más escueta (45 a 22). En tanto, la consultora Tres Punto Zero midió 50% para Fernández contra 16% de Macri en la provincia de Santa Cruz. En 2015, Scioli había ganado 47 a 26 en primera vuelta.

Una hipótesis de las diferencias: la forma en la que se hace la encuesta

Si las encuestas a nivel subnacional estuvieran en lo correcto, entonces Fernández debiera tener una ventaja sobre Macri muy superior a los tres puntos (recordemos que en octubre de 2015 Scioli le había ganado a Macri por exactamente esa diferencia). Si las encuestas a nivel nacional estuvieran bien apuntadas, entonces Macri debería tener mucha más ventaja en las ciudades y provincias mencionadas de lo que muestran los sondeos regionales. Hasta ahora, los resultados de las elecciones a gobernador de los meses previos (en donde a Cambiemos le fue mal en centros urbanos tradicionalmente propensos a votarlos) parecerían dar crédito a lo que muestran las encuestas subnacionales. Sin embargo, no se puede trasladar linealmente esos resultados a las presidenciales; también hay que tener en cuenta que las elecciones provinciales coincidieron grosso modo con el peor momento de la recesión y con un dólar que recién empezaba a estabilizarse.

Ahora bien, hay varios factores que pueden explicar las discrepancias entre las encuestas nacionales y las subnacionales (amén de las "operetas" que pueda haber en uno y otro lado). Primero, hay diferencias en el método de recolección de la información: las encuestas nacionales se basan mayormente en el método telefónico IVR, en tanto la mayoría de las subnacionales son presenciales (domiciliarias y/o coincidentales en la vía pública). Para que se sepa la diferencia: el IVR (Interactive Voice Response) consiste en utilizar un cuestionario pregrabado y luego la encuestadora llama a miles de teléfonos fijos. No hay un encuestador dialogando con el encuestado, sino que éste responde directo al cuestionario pregrabado.

La principal ventaja del IVR son los costos (muchísimos más bajos por prescindir de encuestadores físicos y mayormente confinados al pulso telefónico) y que, al no interactuar con una persona, podría disminuir el voto vergüenza. Dentro de las desventajas, tenemos una muy alta tasa de rechazo (de acuerdo al consultor Juan Germano de Isonomía, alrededor de 1 de cada 10 llamados termina en una encuesta exitosa en tanto que en los 9 restantes los encuestados cortan el teléfono) y varios sesgos. Dentro de éstos, tenemos que apenas el 59% de los hogares tiene teléfono fijo, cifra que cae al 26% en el 20% más pobre[2]. Otro sesgo es que en general la probabilidad de tener teléfono fijo es notoriamente mayor en hogares con presencia de jubilados. Hoy, jóvenes que pertenecen al 20% de mayores ingresos y viven sin sus padres utilizan smartphones, y es relativamente infrecuente que tengan teléfonos fijos en sus hogares[3]. Una distorsión adicional proviene del hecho de que probablemente quieran contestar la encuesta personas más politizadas que la media. Mientras que este último sesgo inflaría artificialmente la intención de voto de Fernández (debido a que sus votantes son más politizados que los de Juntos por el Cambio), los sesgos de ingreso y edad inflarían artificialmente la intención de voto de Macri.

Un dato de color que muestra el sesgo que puede tener el IVR lo describe el consultor Federico González. El día después de las elecciones a gobernador en provincias como Jujuy y Santa Fe, la consultora de González llamó vía IVR a habitantes de estos distritos, y les preguntó a quién habían votado el día anterior. En ambos casos, el porcentaje de votos a candidatos cambiemitas fue significativamente mayor en el IVR que el que efectivamente ocurrió en las elecciones del día previo. Un patrón similar detectó Pablo Romá, de la consultora Circuitos (que predijo muy bien los resultados de las legislativas de 2017 en la provincia de Buenos Aires). De acuerdo a este especialista, en los pueblos del interior bonaerense, Macri pierde con Fernández si la encuesta es presencial, pero mejora bastante si se lo mide con IVR. ¿Es malo entonces el IVR? No necesariamente, pero es fundamental la pericia del consultor para poder calibrar estas distorsiones.

Por su parte, las encuestas presenciales tienen la ventaja de que se puede por ejemplo captar a la población que no tiene teléfono fijo. Asimismo, de acuerdo al consultor Gustavo Córdoba, las tasas de rechazo son notoriamente menores que con el IVR. También es mucho más fácil hacer un simulacro de corte de boleta con una encuesta presencial que con IVR (esto no es para nada menor dado que, por ejemplo, el corte de boleta puede ser determinante en las elecciones a gobernador en la Provincia de Buenos Aires y, por tanto, en la nacional). La principal desventaja de las encuestas presenciales es que son muchísimo más caras que las telefónicas automatizadas, dado que requieren de múltiples personas encuestando. Esos costos son todavía mayores si se requiere desplegar un operativo de campo en un territorio amplio como el nacional (es por ello que en un territorio más acotado como municipios y provincias sube mucho el porcentaje de encuestas que son presenciales) Asimismo, la interacción cara a cara puede incrementar la probabilidad de voto vergüenza por parte del respondente.

Dicho todo esto, ¿las presenciales son intrínsecamente mejores que el IVR? Según el consultor Federico Aurelio, es una mirada simplista creer que la encuesta presencial es por default mejor que el IVR. Más que las metodologías en sí (además de IVR o presencial podemos tener las online o las CATI -esto es, las telefónicas pero con una persona física llamando), la clave estriba en saber cómo utilizarlas.

En suma, ¿quién tiene la razón, las encuestas nacionales o las subnacionales? Imposible saberlo, sobre todo, teniendo en cuenta además que -como dice Matías Carugati de Management & Fit- muchas veces las personas dicen que van a votar una cosa y después votan otra. Faltan varios días de campaña, además. Por ahora, a contener la ansiedad hasta el domingo 11 de agosto.

NOTAS:
[1] Las comparaciones con 2015 surgen siempre del Atlas Electoral de Andy Tow. 

[2] Datos tomados de la Encuesta Nacional de Estructura Social (ENES), del período 2014-15.

[3] La ENES muestra que, aun a igualdad de ingreso, los hogares que tienen teléfono fijo suelen tener muchas más personas de edad avanzada que las que no lo tienen. Por ejemplo, controlando por ingresos, el promedio de edad de los jefes de hogar que tienen teléfono fijo es 6 años mayor a quienes no lo tienen.


Publicado en:
https://www.cenital.com/2019/08/04/algo-no-cierra-en-las-encuestas/63978

viernes, 28 de junio de 2019

LA FICCIÓN DE LA ARGENTINA DESARROLLADA, por Daniel STEINGART (para “Twitter” del 26-06-19)



Por Daniel Schteingart
‏ @danyscht
26 jun. 2019


Hay un gráfico, muy popular entre los libertarios, q es el de cómo evolucionó Argentina en el ranking del PBI per cápita mundial desde 1880 hasta hoy. La hipótesis de los libertarios es: "éramos potencia y en 1945 se jodió todo por culpa del peronismo". Va hilo al respecto.

1)    La "treta" de los libertarios es usar un RANKING de PBI per cápita y no, como se debe, un gráfico que muestre las TASAS de crecimiento a lo largo de la historia. Para que se entienda mejor, pensemos en un campeonato de fútbol con muchos equipos.

2) Primer punto que ya "sesga" el análisis. La cantidad de países (o "equipos" que compiten) varía a lo largo del tiempo, por dos factores: a) países nuevos, y b) disponibilidad de información. En 1950 se produce un salto brutal en la cantidad de países de la muestra. 👇

3)    Entre 1945 y 1973 Argentina pasa del sexto lugar al 31. ¿Cómo se explica eso? Hay varias cosas, que van más allá de la tasa de crecimiento. Primero, dentro de los países que entran en la muestra, varios son de Oriente Medio (Libia, A. Saudita, Bahrein, etc.), muy ricos.
4)    Segundo, el grueso se explica porque hay un montón de países de Europa -muchos de ellos chicos- que crecen como nunca en su historia. Ahora bien, ¿por qué es problemático basarnos en un ranking, además de que la muestra de países cambia? Por lo siguiente.
5)    Imaginemos que en 1945 USA lidera el campeonato con 100 puntos. Australia le sigue con 90. Argentina está sexta con 60. Y una veintena de países europeos -destruidos por la guerra- está con 40.
6)    Imaginemos que en los siguientes 30 años, USA, Australia y Argentina ganan un partido y empatan el siguiente (y así sucesivamente, suman 4 puntos cada dos fechas), en tanto que los europeos ganan todos los partidos y suman de a 3 por fecha (o 6 cada 2 fechas).
7)    Argentina, USA y Australia suman 60 puntos en esas 30 fechas. De tal modo, Arg -que tenía 60 puntos en 1945-, tiene 120 en 1975. Australia pasa de 90 a 150. USA pasa de 100 a 160. ¿Y los 20 equipos europeos? Suman 90 puntos en 30 fechas. Así, pasan de 40 a 130 y nos pasan



8) ¿Qué pasó? USA y Australia tienen la misma performance que Argentina pero se mantienen arriba. Argentina cae en el ranking porque los europeos estaban muy cerca nuestro y crecen más. En otros términos, USA y AUS no caen porque le llevaban demasiada ventaja original a Europa


9) ¿Entonces? El ranking es problemático porque, en este caso, Argentina, USA y Australia tienen la misma performance, y la "castigada" es Argentina, debido al puntaje original que tenía cada uno. El ranking no distingue eso, suprime esos puntajes de partida. Y engaña.
10) Por lo tanto, una forma mucho más honesta de medir la trayectoria de un país es comparando sus tasas de crecimiento, no el ranking. En este caso, se ve que entre 1945-75 el PBI per cápita de Argentina creció similar al de USA, UK, Australia y Nueva Zelanda.
11) Eso significa que Argentina, que en 1945 era significativamente más pobre que estos países (producto de lo ocurrido en décadas previas), no empeoró ni mejoró su posición relativa vis a vis estos países (que sufrieron mucho menos la guerra que los de Europa continental).
12) La performance argentina en la segunda posguerra no fue un milagro. Tuvo activos y pasivos. El crecimiento del PBI per cápita (2% anual aprox) fue digno. Europa, Brasil y México crecieron más. Uruguay y Chile -sin peronismo-, menos que nosotros.
13) Donde sí se va todo al tacho es en el último cuarto del siglo XX. Ahí Argentina incluso disminuye su PBI per cápita cuando todos los demás siguen creciendo.
14) La sociedad argentina 1945-75 habrá sido conflictiva e inestable en muchos aspectos, pero siguió siendo de movilidad social ascendente y la economía de complejidad creciente. A mediados de los '70 Argentina era mucho más sofisticada que en 1945, y ya exportaba industria.
15) El salario real y la productividad eran notoriamente más elevados que en 1945. La formalidad laboral tocaba los máximos que se haya medido. La pobreza y la desigualdad eran, según las estadísticas disponibles, menores a las de la actualidad.
16) Volviendo a la comparación internacional, más que rankings, hay que usar tasas de crecimiento o comparar el PBI per cápita de Argentina como el % del de otro país. Y miren lo que pasa si hacemos eso.


17) El Gráfico muestra el PBI per cápita de Arg como % del PBI per cápita de USA, UK, Nueva Zelanda, Canadá, Noruega y Suecia entre 1880-1975. La línea marrón es el PBI per cápita argentino como % del promedio simple de estos países para ver una tendencia más clara.


18) Si la línea sube, eso significa que Argentina crece más que estos países. Si baja, que crece menos (la famosa "decadencia relativa"). ¿Y qué pasa? Si no veo mal, hay retraso relativo a partir de 1895, no de 1945 (con malos momentos en 1895-1902, la WW1 y los '30).



19) A principios de los '40, el PBI per cápita era aprox el 60-65% del de estos países. A mediados de los '70, similar a esa cifra. Lo que les decía antes: no hubo convergencia ni tampoco divergencia. ¿Qué pasó después?


20) Básicamente, una calamidad. La gran divergencia argentina, con incluso caída ABSOLUTA del PBI per cápita, de la que hablaba más arriba. Particularmente desastroso fue el período 1975-90. Hubo recuperaciones parciales y no sostenidas entre 1991-98 y 2003-11.


21) En resumen: los rankings son engañosos porque 

a) si entran más países a la muestra se introducen sesgos
b) pero sobre todo, porque no distingue finamente ni tasas de crecimiento ni la posición original de un país en términos de PBI per cápita.
22) Respecto a esto último, un ejemplo bien burdo. Imaginemos 2 países. El país A parte de un PBI per cápita de $1000 y el país B de $1. El país A reduce su PBI per cápita al 1% anual, en tanto que el B crece al 10% anual. Al cabo de 50 años, el ranking sigue igual 👇


23) Moraleja. El gráfico del ranking de la decadencia argentina es híper engañoso. Mi consejo: bájense la base de Maddison de PBI per cápita histórico y jueguen un poco. Y aprendamos a que no nos vendan un buzón con gráficos efectistas.
24) Último: el PBI per cápita es un buen -pero insuficiente- indicador de desarrollo humano. Lo uso mucho, pero hay que incorporar también otras variables de bienestar al análisis, como salud y educación. Si incorporamos eso, Argentina estaba muy lejos de Europa/USA en 1900.
11



25) Si combinamos, como hace el índice de desarrollo humano, PBI per cápita, salud y educación, esta es la trayectoria histórica de Argentina. Claramente, con estas cartas sobre la mesa luce mucho más problemático decir que éramos "el país más desarrollado del mundo".



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https://twitter.com/danyscht/status/1143687282622418945


NOTA DEL EDITOR: COMO LEER LOS GRÁFICOS
 
Todas son Argentina. Cada línea marca cuanto era nuestro PBI per capita respecto al de otro. Ej: en 1880 teníamos 110% del PBI pc de Suecia, 90% de Canadá, 66% del promedio, 62% de Noruega, 60% de EEUU, 48% de Reino Unido, 46% de N Zelanda, 35% de Australia. Espero que se entienda!

sábado, 15 de diciembre de 2018

Las varas de la pobreza, por Daniel Schteingart (para "Medium" del 11-04-17)


por  Daniel Schteingart
11 de abril de 2017

Todo dato es siempre el resultado de una metodología que, aquí y en la China, siempre va a tener cierta dosis de arbitrariedad (más allá de robustez técnica). La forma en que medimos la pobreza es un claro ejemplo de ello: ¿cómo definimos cuál es la vara a partir del cual estamos por encima de un “umbral mínimo de bienestar”? ¿Quién define tal umbral?
Si bien hay ciertos criterios, lo cierto es que tal umbral mínimo cambia a lo largo del tiempo en un mismo país y puede ser muy distinto entre países (incluso hoy, en Argentina, tal umbral mínimo es para el INDEC más exigente en la Patagonia que en Cuyo y en Cuyo que en el NEA).
Argentina tiene hoy, por lejos, la vara de pobreza más exigente de la región. Muchas me dirán: “¿es razonable tal vara? ¿está inflada la pobreza? ¿qué medida es más verdadera?”. Lamento decepcionarlos: no hay una vara “más verdadera”; en todo caso, la vara de hoy representa estándares de consumo de “la clase media baja” (lo que en la jerga se llama “población de referencia”) de 2004/5, en lugar de la vara tradicional, que representaba estándares de consumo de lo que era la “clase media baja” de mediados de los ‘80.
Por eso creo que la clave de la cuestión es no ver el 30% de pobres en abstracto, sino en términos comparados, a lo largo del tiempo y espacio (siempre usando la misma vara).
Acá les muestro el carácter en cierto punto “relativo” de los guarismos de pobreza. Si Argentina usara la vara que USA mide para tener pobreza, tendríamos 66% de pobres (a USA le da 14% con su propia vara). Si usáramos la vara de Chile, mucho menos exigente (cuando digo exigente, me refiero a que el “changuito” de bienes y servicios es más chico), tendríamos 12,6% (ellos tuvieron con su propia vara algo similar, 11,7% en 2015). Si usáramos la vara de Brasil, tendríamos 6,7% de pobres. Si usáramos la que el Banco Mundial utiliza para medir pobreza extrema en el África Subsahariana o Asia del Sur, un 1,7%.
Moraleja de la cuestión: cuando les digan “tenemos muchos más pobres que Chile” o “tenemos igual pobreza que en Alemania” o “guau, Chile tiene menos pobres que USA”, tómense su tiempo y expliquen esto. Están pésimas las tres aseveraciones: sencillamente, comparan cosas distintas. A igualdad de vara, Argentina y Chile se parecen bastante, y ambos países están muy por detrás del mundo desarrollado y muy por delante del resto de América Latina (salvo Uruguay).



Daniel Schteingart
Doctor en Sociología, desarrollista, beatlemaníaco, tecladista fogonero. Columnista socioeconómico en Tarde Para Nada (FM 89.9).

Publicado en:
https://medium.com/@danyscht/las-varas-de-la-pobreza-9d19399270f