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domingo, 1 de marzo de 2026

La ciberguerra del Capitán América, por Jorge Elbaum (para "Página 12" del 08-02-26)

 


La última semana, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, anunció que prohibirá el acceso a las redes sociales a menores de 16 años, que impondrá medidas para aumentar el control sobre las plataformas digitales y que sus directivos deberán asumir responsabilidades por los delitos de manipulación de algoritmos y la difusión de contenido opuesto a lo estipulado por el Código Penal. Su gobierno, agregó, implementará un sistema de rastreo, cuantificación y trazabilidad que permita detectar las "huellas de odio y polarización" que se transmiten a través de las redes. Las agencias oficiales españolas difundieron que “en 2025 se detectaron casi 900 mil cadenas de mensajes de odio". 

En la misma semana que Sánchez se refirió a la necesidad de afirmar la soberanía digital frente a los grandes señores tecno-feudales, la Fiscalía General de París habilitó a la Unidad de Delitos Informáticos de la policía francesa y a la Agencia de Seguridad Europea (Europol) a llevar a cabo un allanamiento de las oficinas de la red social X, en el marco de una investigación iniciada en 2025 referida a las maniobras de la empresa de Elon Musk para tergiversar algoritmos, favorecer contenidos, promover contenidos negacionistas, sembrar versiones conspiracionistas, habilitar discursos de odio y permitir la representación sexualizada de menores de edad. En el marco de dicha pesquisa, la fiscalía ha convocado a Elon Musk y a la CEO de su empresa X, Linda Yaccarino, a testificar el próximo 20 de abril en relación con las siguientes imputaciones: (a) administración de una plataforma ilícita; 

(b) falsificación del sistema automatizado de procesamiento de datos; y 

(c) complicidad en la difusión de imágenes de menores con carácter pornográfico. 

Las declaraciones de Sánchez y los allanamientos en París se suman a las investigaciones que lleva a cabo la Unión Europea "por la creación de imágenes sexualizadas y desnudos sin consentimiento por parte de Grok (la IA de X). En diciembre de 2025, Bruselas multó a Elon Musk en 120 millones de euros por incumplir sus obligaciones de transparencia, difundir “diseño engañoso”, falsificar marcas de verificación de identidad (azul), adulterar las fuentes para evitar la transparencia e impedirle –a la justicia– el acceso a los datos. En agosto de 2024, el juez Alexandre de Moraes, integrante del Tribunal Supremo de Brasil, ordenó el cierre de la red social de Musk ante la negativa de nombrar representante legal en su país. El magnate sudafricano comprendió rápidamente el mensaje y decidió aceptar las exigencias del magistrado. 

Todas estas escaramuzas normativas ocultan una conflictividad estructural ligada a la búsqueda desesperada de los Estados Unidos por conservar porciones de su hegemonía global, reindustrializarse y limitar (o suprimir) las soberanías de terceros países. Para lograr esos objetivos, el trumpismo impone lo que Franco "Bifo" Berardi denomina el brutalismo supremacista libertario-capitalista, orientado a intervenir de forma salvaje en tres esferas de la realidad geopolítica: la territorial (el Hemisferio Occidental), la energética (Venezuela e Irán) y la económico-financiera (primacía del dólar, autoridad sobre las criptomonedas y la reducción de la deuda y los déficits). Los tres espacios están atravesados por las tecnologías del ciberespacio y requieren el acceso a cadenas de suministro críticas que incluyen las tierras raras y minerales críticos. 

No hay conectividad sin microprocesadores. Y no es posible fabricar celulares, computadoras y baterías sin dichos minerales. Tampoco es viable entrenar a la Inteligencia Artificial (IA) sin trillones de datos. Y esos flujos dependen del material provisto por los miles de millones que, a diario, interactúan con los dispositivos conectados a Wifi, al GPS y al Bluetooth. Elon Musk y el resto de los tecno-billonarios necesitan suprimir las soberanías estatales para monetizar –sin regulaciones– las interacciones que se dan en sus plataformas. Y Donald Trump requiere beneficiar a esos magnates para financiar su reindustrialización. De ahí que toda regulación –sea española, francesa, australiana o brasileña– lesione sus prerrogativas. 

El Proyecto 2025, que guía la política de Washington, exige la supremacía tecnológica basada en el liderazgo en la computación cuántica, la hegemonía de sus empresas de IA y el control –a partir de ellas– de la expansión de las empresas tecnológicas estadounidenses. Esa doctrina incorpora, además, al ciberespacio como el quinto ámbito de guerra, junto a la tierra, el mar, el aire y el espacio. Esta conceptualización fue presentada por primera vez en 2011, por el entonces secretario de Defensa, Robert Gates. Las armas de esa guerra están íntimamente ligadas a las grandes corporaciones tecno-feudales: Malware (virus, gusanos, troyanos, spyware); Phishing (mensajes falsos para engañar usuarios y robar información); Bot nets (redes de computadoras controladas remotamente para ataques coordinados); y ciberespionaje (infiltración para robar secretos militares, empresariales o gubernamentales).

La ciberguerra se despliega, además, dentro de parámetros de interacción enfocados al debilitamiento de estructuras estatales, al fomento de la despolitización, a la generalización de la fragmentación social y a la apología del libre mercado. Sus mecanismos se basan en: 

a) la proliferación de los discursos de odio (que fragmentan y debilitan lo social y comunitario); 

(b) la manipulación de algoritmos, para envalentonar a las corrientes de opinión supremacistas, contribuir a desprestigiar perfiles emancipatoriosy/o encumbrar a creadores de contenido (streamers e influencers) fascistas; 

(c) la vigilancia social; 

(d) la extracción de datos privados para orientar el consumo, generar marketing individualizado y manipular deseos; 

(e) la difusión de información falsa y la divulgación de contenidos que llevan a equiparar datos científicos con falacias terraplanistas.

Tanto las armas como los mecanismos de esta guerra híbrida, con epicentro en el ciberespacio, están íntimamente articulados con las empresas que venden aparatología bélica al Pentágono. Uno de los ejemplos más notorios es Palantir, la empresa cofundada por Peter Thiel y Alex Karp en 2003, responsable de comercializarla plataforma de ciberanálisis Gotham. Palantir cuenta con una capitalización bursátil de 375 mil millones de dólares, superando en ventas a cada uno de los cinco grandes integranteshistóricos del Complejo Militar Industrial. Elon Musk y Peter Thiel son socios en innumerables proyectos de defensa, IA, gestión de megadatos, control de servidores y redes satelitales. Ambos son actores claves ––entre otros negocios–– de la nuevaguerra de las galaxias, en versión trumpista, conocida como Cúpula Dorada. La ciberguerra del Capitán América busca arrasar con cualquier límite soberano. Necesita recuperar su autoestima imperial y que sean las grandes corporaciones estadounidenses las que sigan concibiendo trillonarios capaces de invertir en un Estados Unidos que se resiste a renunciar a su preponderancia, hoy degradada. 



Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/2026/02/07/la-ciberguerra-del-capitan-america/

miércoles, 14 de enero de 2026

Irán le declara la guerra a Starlink

 


𝐄𝐮𝐫𝐞𝐤𝐚 𝐍𝐞𝐰𝐬 📰💻

@EurekaNews10

🇮🇷 El comando del ciberespacio de Irán anuncia que ha logrado cerrar con éxito el 90% del acceso a StarLink a través de guerra electrónica.

40,000 terminales de transmisión de datos satelitales de Starlink fueron introducidas de contrabando en Irán en la víspera de las protestas masivas.


Inmediatamente después de que se apagara el internet móvil, los manifestantes comenzaron a coordinar sus acciones y a publicar videos utilizando Starlink.


Irán recurrió a China, donde encontraron una manera de interferir con Starlink.


En este momento, el funcionamiento de las terminales "iraníes" está casi completamente interrumpido.




domingo, 1 de septiembre de 2024

Telegram, Musk y la ciberguerra, por Jorge Elbaum (para "Página 12" del 31-08-24)

 


Imagen: AOP press


Por Jorge Elbaum

31 de agosto de 2024

La conflictividad global está atravesada por factores económicos, comerciales y bélicos que tienen a las plataformas, las redes sociales, la Inteligencia Artificial (IA), los satélites y los cables de fibra óptica submarina como elementos claves que definen los espacios soberanos, el espionaje y la capacidad para influir, condicionar y determinar formatos cognitivos y conductas sociales.


Los analistas militares denominan a la constelación estructural que le da soporte a Internet como el C4ISR, sigla con la que se hace referencia a las actividades de comando, control, comunicaciones, inteligencia, vigilancia y reconocimiento. La geopolítica actual es inseparable de la dotación de información y manipulación que posee la ciberesfera. Esta constatación ha generado la ampliación de los espacios de operatividad de las fuerzas armadas, sumándose la ciberdefensa al ejército, la marina y la aeronáutica.


La detención del fundador y CEO de la red social Telegram Pavel Durov (foto) se inscribe en el control de esta dimensión cada vez más relevante del poder global. Uno de sus orígenes se vincula con la guerra que llevan a cabo los 32 países de la OTAN contra la Federación Rusa. Una segunda causa se relaciona con la capacidad que posee Telegram para sortear a los aparatos de inteligencia del G7. La plataforma de Durov fundada en 2013 cuenta en la actualidad con mil millones de usuarios, un soporte de mensajería cifrada que no pudo ser penetrado por la OTAN y múltiples protocolos criptográficos que los integrantes de la plataforma se han negado a compartir.


El caso Pavel Durov se inscribe en la ofensiva de occidente para limitar la independencia y la autonomía de lo que no pueden controlar. Los antecedentes de Julian Assange (WikiLeaks), del analista Edward Snowden (refugiado en la Federación Rusa, luego de difundir documentos de inteligencia), y de Meng Wanzhou, ejecutiva de Huawei detenida en Canadá durante más de dos años, exhiben el malestar de quienes no aceptan la pluralidad de los dispositivos, plataformas y redes que no pueden monitorear.


Durov fue acusado por el Centro de Lucha contra la Delincuencia Digital (C3N) y de la Oficina Nacional de Lucha contra el Fraude (ONAF), por no moderar los contenidos. La imputación de la justicia está caratulada como “complicidad en la administración de una plataforma en línea por permitir una transacción ilícita, en banda organizada”. Entre los otros delitos imputados, figura el rechazo a cooperar con las autoridades en las intercepciones autorizadas por la legislación francesa. La imputación, en síntesis, se vincula con la negativa de Durov a violar la confidencialidad comprometida a los usuarios de la plataforma.


Aunque Durov fue liberado bajo control judicial, y se le prohibió abandonar el país, sus defensores dejaron trascender que podría dejar de ser acusado si colaborara con las autoridades de inteligencia y accediera a compartir los códigos criptográficos que permitirían acceder a los mensajes privados, sobre todos a los relacionados con la guerra entre de la OTAN contra Moscú. Telegram se ha convertido en una fuente fundamental de información y es utilizado por las tropas rusas para difundir posicionamiento y videos de las batallas que generan desánimo entre los combatientes de Kiev. Telegram se ha convertido en una aplicación donde se entabla “una batalla virtual" que es utilizada para hacer geolocalizaciones de tropas y organización de comando por parte de analista rusos agrupados en el canal de Telegram denominado Rybar.


Antes de llegar al aeropuerto de París-Le Bourget, proveniente de Azerbaiyán, Durov estuvo dos días en Bakú, lugar al cual también viajó Vladimir Putin. Los servicios de inteligencia de la OTAN sugirieron que el CEO de Telegram se había reunido con el líder ruso. Según el vocero del Kremlin Dmitri Peskov, no existieron contactos entre ambos. Luego de la detención, Moscú denunció que Emmanuel Macron –aliado a Volodymir Zelensky– pretendía “intimidar” a Durov con el objeto de controlar las claves de la red social. Por su parte, la Defensora del Pueblo de Rusia, Tatiana Moskalkova, acusó a París de detener a Pavel con el fin de clausurar la plataforma para que la información se derive a plataformas en las que la OTAN puede interferir.


El tema fundamenta de la disputa, que tiene a Telegram como parte de la disputa, es la soberanía. El globalismo otantista busca imponer su lógica de doble rasero. Lo que no controla para ser ilegal, peligroso o subversivo. Pero si algún país ajeno a su vigilancia pretende controlar su constelación de C4ISR, pasa de forma inmediata a convertirse en un cómplice del terrorismo internacional. En los últimos años, Turquía ha exigido que las redes sociales tengan ejecutivos locales basados en el país, demanda que ha sido rechazada por las grandes plataformas.


El último 17 de agosto, Elon Musk informó que X cerrará sus oficinas en San Pablo dada la exigencia del juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes para que nombre un representante legal en el país. El plazo otorgado al socio político de Donald Trump venció el último jueves y este viernes el juez ordenó la suspensión inmediata de la red social en Brasil. Las ciber-batallas que tienen como núcleo la competencia por el control cognitivo serán un vector de la conflictividad global en las próximas décadas. 



Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/763764-telegram-musk-y-la-ciberguerra