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sábado, 6 de octubre de 2018

ENDLÖSUNG, por Adrián Corbella



"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de las judías, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales" 
Bertolt Brecht, pensador alemán del siglo XX.
EL SUICIDIO ECONÓMICO-SOCIAL DE LA CLASE MEDIA ARGENTINA


La Argentina oligárquica que se consolida con Julio Argentino Roca a partir de 1880 era una sociedad muy polarizada, donde había casi exclusivamente  ricos y pobres. 
Sin embargo, la clase media ya estaba apareciendo porque el Estado oligárquico necesitaba crear instituciones cuyos trabajadores, que ganaban más que un obrero común, se incorporaban lentamente a un naciente sector medio. Empleados públicos, incluyendo en esa categoría a docentes, policías, judiciales y militares, así como bancarios y comerciantes alimentaron a ese naciente sector.
El radicalismo terminó siendo el envase que contuvo políticamente a estos sectores, e Yrigoyen la figura política que los representaba.
Fueron los gobiernos populares (que a la derecha del siglo XXI le encanta llamar “populistas”) quienes mejoraron los ingresos de los sectores menos favorecidos generando que el estrato superior de ellos se incorporara a la cada vez más numerosa clase media.
Si bien estos “populismos” (y el peronismo más que nadie) hacen reproducir y fortalecen a los sectores medios, rara vez reciben el apoyo electoral de éstos. Los trabajadores que mejor ganan, cuando se convierten en clase media, olvidan su clase de origen y miran con simpatía a los sectores de clase alta a los aspiran a incorporarse. Esta esperanza es absolutamente irreal, pero esos sectores medios comienzan a votar como si fueran ricos, comienzan a mirar con simpatía a liberales y neoliberales.
El problema es que los sectores de clase alta reniegan de la clase media. Los pobres no les gustan a los más ricos, pero los necesitan; incluso "fabrican" pobres con sus políticas. En cambio los liberales no necesitan de la clase media, e intentan por todos los medios devolverla a un lugar “de donde nunca debería haber salido”. 
“Les hicieron creer que podían vivir por encima de sus posibilidades”, “eso era una fantasía”, dicen sin muchos pruritos los profetas del ajuste y la recesión. 
El ciclo es viejo y se retroalimenta. Las políticas liberales empobrecen a los sectores medios, que allí recuperan la memoria política y votan a fuerzas populares, que les permiten recuperarse…y entonces vuelven a hacerse liberales, vuelven a apoyar a sus verdugos. El péndulo no deja de moverse.
El gran pensador Arturo Jauretche lo advirtió hace décadas, y lo resumió con una frase brillante: “Cuando la clase media está mal, vota bien; cuando está bien, vota mal”.
El filósofo José Pablo Feinmann explica la misma idea de una forma más elaborada:
"La clase media no quiere ser lo que es, clase media. La clase media quiere ser clase alta, y no quiere ser clase pobre, tiene terror de ser pobre. Quiere ser algo que no va a ser nunca, pero tiene mucho miedo de ser algo que no es, pero puede ser.". Y agrega: "Cuando la derecha arroja a la clase media a la pobreza la clase media se une a los pobres y entonces surgen los gobiernos populares [...] Cuando recupera su poder adquisitivo la clase media se harta de los gobiernos populares y se une a las clases altas, que la vuelven a hundir en la pobreza", para finalmente concluir:
"La clase media tiene que reconocer que su destino está más cerca de las clases pobres de lo que cree, porque las clases altas gobiernan exclusivamente para ellas"-cosa que se ha visto claramente desde el 10 de diciembre de 2015, nos permitimos agregar-
El problema es que los sectores medios rara vez logran vincular su esfuerzo individual con el contexto país, con las políticas que impulsan los gobiernos. Son meritócratas. Piensan que cuando les va bien, es por su esfuerzo. No logran advertir que cuando les va mal se esfuerzan tanto o más que cuando les va bien, y sin embargo ese trabajo no rinde frutos, porque el país se derrumba.
Las políticas anti clase media de los neoliberales han adoptado en estos años dimensiones dramáticas. Gas, energía  y combustibles aumentan en forma continua y sin techo (el combustible aumentó en doce oportunidades en apenas 9 meses). El impuesto a las ganancias, que Cambiemos en campaña había prometido eliminar, tiene hoy más personas que lo pagan. La apertura comercial aniquila al comercio minorista y a las PYMES. Es una auténtica campaña de exterminio, una “solución final” (Endlösung) del problema de la clase media, sector que para los neoliberales está de más. No es casualidad que hayan sufrido tantos inconvenientes docentes, camioneros y bancarios, tres ramas de los trabajadores que por sus ingresos suelen estar inmersos en la clase media. Tampoco es casualidad que a este gobierno no le interesen ni la ciencia ni las universidades, zonas donde también los sectores medios están muy presentes, y les permiten el ascenso social que tanto anhelan. 
El periodista Julián Guarino explicaba en su programa de esta semana cuál es el plan del BCRA para “resolver” todos los problemas argentinos. Pretenden “secar” la plaza de pesos, para que la falta de dinero obligue a quienes tienen ahorros en dólares (léase clase media) a vender dichas divisas para pagar sus gastos cotidianos: comestibles, salud, transporte, energía. Esto en teoría aumentaría la cantidad de dólares en el mercado y permitiría bajar las tasas de interés. Es decir, como en el corralito, y más allá de si esta política puede llegar a tener éxito sin un caos social, van por los dólares de la clase media, sector que, cuál “huéspedes” de Auschwitz votando al nazismo, apoya a sus verdugos.
En la medida en que la endlösung económica avance, es probable que al verse empujada a su lugar de origen la clase media, como hizo en oportunidades anteriores, vaya olvidando sus odios y prejuicios, y vote mejor. Quizás esta vez –somos optimistas natos- aprendan que cuando votan lo que les gusta, se entregan a sus verdugos. 
¿Aprenderán finalmente a votar?...Difícil saberlo. Como dijo hace muchas décadas Bertold Brecht, no hay peor analfabeto que el analfabeto político.

Adrián Corbella, 
6 de octubre de 2018

1 comentario:

Fabian Menijes dijo...

Excelente !!!!