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domingo, 31 de agosto de 2014

El 69 de Clarín, con Hugo y Luis, por Roberto Caballero (para "Tiempo Argentino" del 31-08-14)

Luis Barrionuevo y Hugo Moyano festejaron el cumple del diario con un paro deslucido, pese al apoyo de ADEPA. Cuál es el partido alemán que coopta políticos locales para llevarse puesta la Ley de Medios en 2015.


Con el paro del jueves 28, día del cumpleaños 69 del diario Clarín, la Argentina perdió 1000 millones de dólares de su PBI, según la consultora Orlando Ferreres y Asociados. Fue una fiesta cara, pero menos onerosa que la del 10 de abril, cuando el cálculo económico negativo rondó los 2000 millones de la moneda estadounidense. La discusión sobre el porcentaje de adhesión real a la medida, elevadísimo para Luis Barrionuevo y Hugo Moyano y mínimo para el ministro Carlos Tomada, es un asunto secundario. La verdad es que la última huelga hizo la mitad de daño, o quizá un poco menos, que la de hace cuatro meses. Comparado con el perjuicio cotidiano que genera el pool sojero que liquida su cosecha en cuentagotas, es casi nada.

Volviendo al paro, las razones de la merma, siempre hablando de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, se pueden atribuir a cuestiones de logística: esta vez, los trenes no funcionaron pero sí lo hicieron los colectivos y casi todo el subte. En el resto del país, la protesta del sindicalismo opositor fue de irregular a irrelevante, según la provincia que se mire. Tampoco hay que olvidar que, para vastos sectores de la sociedad argentina, sus convocantes principales, Barrionuevo y Moyano, tienen peor imagen que la inflación, la inseguridad o el piso del Impuesto a las Ganancias. El esfuerzo que pusieron los diarios que ya sabemos en erigirlos como líderes obreros sin intencionalidad corporativa o como expresión genuina de sus bases no rindió demasiados frutos.

Si estos sindicalistas no estuvieran tan cegados por su antikirchnerismo podrían leer que la derecha empresaria está diseñando su regreso para cuando el actual oficialismo deje de ser un estorbo.
La izquierda maximalista, en cambio, avanzó en su grado de referencialidad. Es la relativa ganadora de una jornada deslucida para el movimiento sindical opositor, pero que tuvo en los folklóricos piquetazos y cortes de puentes la garantía de un siempre excitante raid mediático para el clasismo.
Las expresiones gremiales del PTS, el PO y aledaños, una vez más corrieron de la foto a Barrionuevo y Moyano y sus acuerdos cupulares. No es para menos: mezclado con las proclamas redentoras típicas, marcharon por los suspendidos y echados de Lear y otras fábricas de la zona norte del Conurbano cuyas patronales comenzaron un ajuste preventivo contra los trabajadores y contra el gobierno kirchnerista, aunque esto no entre en el análisis habitual de sus dirigentes.
En medio de tanto relato difuso de la burocracia opositora, y aún envuelto en su artificio de consignas pertinaces, las corrientes de izquierda lograron encabezar un reclamo concreto, una insatisfacción real de trabajadores que no quieren perder su trabajo ni resignar el bienestar que produjo la última década en sus condiciones de vida.
Al menos este sector, que es tan antikirchnerista como las patronales agrupadas en el Grupo de los Seis y el Foro de la Convergencia Empresarial que conspiran contra la política económica del gobierno, mencionó en sus proclamas a algunos –no a todos– de los verdaderos dueños del poder y del dinero. Es llamativo, de todos modos, que terminen confluyendo con Barrionuevo y Moyano en un paro, habiendo convalidado en la práctica que la agitación y la propaganda del mismo corriera por cuenta y militancia de los medios de comunicación de esas mismas patronales monopólicas que dicen enfrentar.
Lo cierto es que el gran parate que soñaban resultó un enorme bostezo en medio de la semana política. Pero sería peligroso no tomar en cuenta que la coincidencia táctica entre sectores patronales y sindicales –burocráticos y clasistas– va en alza, aunque no logren en lo inmediato su objetivo de aislar al gobierno de las expectativas sociales mayoritarias. Enardecer las calles y generar pesimismo económico son los dos extremos de una misma mecha.
El frustrante resultado gremial también se explica por la rústica caracterización que el universo sindical opositor hace de los gobiernos kirchneristas. Habrá malestar, del mismo modo que hay inflación e inseguridad, pero en el balance de la última década todavía pesan más los derechos restituidos que los tropiezos. La situación económica será delicada y el Impuesto a las Ganancias un tributo irritante, sin duda, pero Argentina acaba de alcanzar esta semana la cobertura previsional total de sus adultos mayores gracias a la ley de moratoria, único país en América Latina en alcanzar la meta. El kirchnerismo sigue garantizando un piso que cualquiera de sus críticos, por historia o por ideología, no podría garantizar ni de lejos. Y no sólo eso: en su lidia con los sectores más concentrados de la riqueza, logró visibilizar para el grueso de la ciudadanía la apetencia desmedida de grupos empresarios y la necesidad de un Estado que equilibre las relaciones desiguales entre los sectores de la producción, el trabajo y el consumo.
Si hay algo que el neoliberalismo detesta, eso se llama kirchnerismo, porque es lo único que le impide retornar como nueva hegemonía. Es la fuerza de los hechos contra las promesas ideales del mercado. A ese gobierno, que las patronales quieren desbancar, le hicieron paro los sindicalistas que, cuando el neoliberalismo gobernaba, no tenían afiliados, ni salarios, ni paritarias. Por eso, también, en su versión sciolista, el paro fue triste.
Si estos sindicalistas no estuvieran tan cegados por su antikirchnerismo podrían leer que la derecha empresaria está diseñando su regreso para cuando el actual oficialismo deje de ser un estorbo. Que no lo duden: van primero por el kirchnerismo, después por el Estado y, con él, por las conquistas de los trabajadores en todos estos años.
Pero no ven o no quieren ver, sino podrían detectar el accionar sibilino en el país de la Fundación Friedrich Naumann. Se trata de "una organización política no gubernamental, dedicada a la revaloración del Liberalismo como filosofía por medio del fomento de la Democracia, la Economía de Mercado, el Estado de Derecho y los Derechos Humanos y Civiles.
La labor de la Fundación se basa en la formación democrática de ciudadanos responsables, la asesoría política de líderes, el diálogo político internacional y la colaboración con sus contrapartes para el desarrollo y el impulso de estrategias que generen propuestas liberales para el desarrollo de los países en los que trabajamos, que hagan énfasis en la importancia de una sociedad informada y participativa, y que promuevan el valor de la libertad, las virtudes de la democracia liberal y el respeto a los derechos individuales y a las instituciones de la Democracia y el Estado de Derecho.
La Fundación es ideológicamente afín, pero independiente en su actuar, del Partido Demócrata Libre (Freie Demokratische Partei - FDP por sus siglas en alemán)." Traducido, un think tank liberal que copta líderes locales para que ayuden a despojar al Estado de su influencia en la economía y restaurar un mercado, oligopólico y monopólico, sin controles molestos o "distorsivos".
Esta fundación, en conjunto con ADEPA, la cámara patronal que agrupa a los dueños de los diarios conservadores del país, realizó el martes 26 en Buenos Aires un encuentro de legisladores, ex funcionarios, dirigentes políticos y representantes de diversas instituciones para discutir "los temas que deben configurar la agenda en la materia a partir del próximo año".

Lo que sigue es el programa político del Partido Demócrata Libre de Alemania y los diarios Clarín y La Nación, que controlan ADEPA:

* "Una regulación en base a pautas objetivas de la publicidad oficial".

* "La sanción de una ley de acceso a la información pública".

* "La regulación del funcionamiento de los medios públicos para evitar su uso político".

* "Una reforma de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual para eliminar sus contradicciones y anacronismos".

* "La preservación de la libertad de expresión en eventuales regulaciones en el campo de Internet".

* "La revisión del programa Fútbol para Todos".

Como se ve, la Naumann y ADEPA ya tienen un plan para cargarse la Ley de Medios, en defensa de la libertad de los monopolios y en detrimento del derecho democrático a la comunicación.
El primero en exponer durante la reunión, realizada en el Auditorio de la Prensa Argentina, fue el representante de la Naumann, Jörg Dehnert, quien destacó que "sin libertad de expresión no hay democracia".
Faltó que dijera que, tal como prescribe el Pacto de San José de Costa Rica, con monopolios tampoco hay libertad de expresión, ni democracia informativa ni pluralismo comunicacional. Pero Dehnert no atiende esos progresos: es un restaurador liberal, no un defensor de derechos.
Luego habló, en castellano, Daniel Dessein, vicepresidente primero de ADEPA, y dijo que "la salida de escena de protagonistas de la ofensiva gubernamental contra los medios (como Guillermo Moreno), la relativa apertura y moderación de algunos funcionarios, la desatención parcial del frente mediático para concentrarse en el económico y el impulso de medidas beneficiosas para el sector plasman una disminución de la intensidad de los ataques oficiales a la prensa". Entiéndase como "ataques a la prensa" la acción desmonopolizadora del kirchnerismo en la materia y la aplicación de la LSCA, constitucionalmente avalada. Lo de Dessein es interesante. Permite asomarse a la mirada corporativa sobre el estado de una política que tuvo otros impulsos hasta no hace mucho.
Siguió Dessein, bajo la atenta mirada del alemán: "Subsisten, sin embargo, el mantenimiento de un gigantesco aparato comunicacional dedicado a deslegitimar a ciertos medios y periodistas, el uso discriminatorio de la pauta, la aplicación arbitraria de leyes contra ciertos medios y un discurso oficial que sigue colocando a buena parte del periodismo como artífice de conspiraciones destituyentes".
Este párrafo merece relectura. Es lo que dicen los periodistas y voceros de los grupos monopólicos, pero es la voz de ADEPA, que convenia con el partido alemán liberal, financista de la Fundación Naumann. Por último, el vice de la cámara patronal de prensa, planteó: "El 2015 aparece como terreno fértil para retomar las asignaturas pendientes." Es obvio: la valla entre su sueño restaurador y la realidad, no es otro que el gobierno de Cristina Kirchner.
¿Quiénes estaban en la reunión, además de Denhert y Dessein? ¿A qué políticos y líderes la fundación liberal coptó para sus propósitos? Al radical macrista Jorge Enríquez, miembro del Consejo de la Magistratura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A Ricardo López Murphy, presidente de la Fundación Cívico Republicana. A la dirigente del PRO Gabriela Michetti, que citó informes del Freedom House para alertar sobre "el deterioro de la libertad de expresión en la Argentina durante los últimos diez años", precisamente, en los que se derogó nada menos que la Ley de Radiodifusión de la dictadura cívico-militar. A la radical Silvana Giudici, que resumió los objetivos de ADEPA: "Reforma de la Ley de Medios, del sistema de medios públicos y protección de la libertad de expresión en eventuales regulaciones de internet".
Al GEN, Gerardo Milman, integrante del directorio de la AFSCA, quien cobrando sueldo en un organismo creado por la LSCA afirmó –sin renunciar a cobrarlo– que "la Ley de Medios es vieja y presenta incompatibilidades que obstaculizan su aplicación porque la ley está pensada para un mercado que no existe". Y a la bullrichista Patricia Bullrich Luro Pueyrredón, hoy en el macrismo –mañana no se sabe–, quien sostuvo que "el proyecto de reducción de IVA para medios gráficos apunta a fundir al diario La Nación", en una parábola militante como mínimo incongruente con su pasado en la Juventud Peronista, aunque indudablemente en paz con el linaje de su apellido familiar completo.
¿Los sindicalistas que le quisieron hacer un paro al gobierno con la cooperación en la agitación y propaganda de los diarios de ADEPA en serio creen que una vez que debiliten al kirchnerismo estos diarios los van a ayudar a defender los derechos de los trabajadores? Es como interpretar la realidad en alemán. El problema no es que una huelga sea política. Lo que hay que preguntarse es a qué tipo de políticas responde la huelga. En este caso, todo indica que a la necesidad de un frente empresario –Foro de la Convergencia, Grupo de los Seis, ADEPA– que propone que el Estado renuncie a su papel inclusivo y vuelva a ser neoliberal. Como en los '90, donde los salarios eran más bajos, un trabajador de cada cuatro estaba desocupado, la jubilación era privada y para pocos y la mitad de la población estaba bajo la línea de pobreza. Conviene no olvidarlo nunca.

Otra vez, Magnetto amenaza con la cárcel 

Parece que al abogado pelirrojo del Grupo Clarín SA le levantaron las sanciones internas después del flojo, flojísimo papel que hizo durante las audiencias públicas en la Corte por la LSCA. Al fin de cuentas, Héctor Magnetto demostró tener corazón y Damián Fabio Cassino volvió una noche, al menos, a firmar cartas documento como su abogado corporativo.
En este caso, firmó seis contra las autoridades de la AFSCA; entre ellas, una en especial contra Martín Sabbatella, titular del organismo que debe adecuar al grupo a la ley. ¿Qué dice? Lo amenaza con denunciarlo penalmente por "incumplimiento de funcionario público" y "abuso de autoridad". ¿La razón? Le pide que "cese de aplicar le ley discriminando al Grupo y favoreciendo a sus competidores", "trate el plan de adecuación de Telefe y Prisa, que llevan una demora inexcusable de 20 meses", "fiscalice la ejecución y exija el efectivo cumplimiento de los planes de adecuación de otros grupos a las fechas pendientes de cumplimiento" y "cese de amenazar con una improcedente adecuación de oficio".
Si no fuera el mismo abogado que pasó a la fama por balbucear ante Ricardo Lorenzetti una insólita defensa del monopolio comunicacional como garante de la libertad de expresión –tal como piden los alemanes de la Naumann–, uno podría confundirse por el tono bravo, imperativo de la epístola prelegal. Pero no, se trata de Cassino y de su jefe queriendo ordenarle a un funcionario cuándo se adecúa a la competencia, en qué tiempos y de qué modos, bajo intimación de meterlos presos a todos, como si se tratara de los propietarios de la LSCA, de la AFSCA, del Código Penal, del Poder Judicial y de las prisiones argentinas, a las que llenarían de periodistas, funcionarios y dirigentes que no le rinden pleitesía, si este fuera otro país donde no gobernaran las mayorías que creen que la comunicación es un derecho humano y los monopolios conspiran contra las democracias

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