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lunes, 29 de julio de 2013

EL DESAFÍO DE INTEGRAR EL CONURBANO BONAERENSE, por Daniel Arroyo (para "Miradas al Sur" del 21-07-13)


Daniel Arroyo. Ex ministro de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires


La provincia de Buenos Aires tiene, al menos, tres realidades diferentes: a) el Conurbano bonaerense, donde se concentra la mayor cantidad de gente y, por tanto, las mayores posibilidades económicas y también dificultades sociales; b) el interior de la provincia, que ha tenido en los últimos años niveles importantes de crecimiento económico por los precios del sector agrícola ganadero y, también, sigue presentando bajas oportunidades de inclusión para los jóvenes que continúan migrando a los grandes centros urbanos, y c) la situación específica de la administración pública provincial, centralizada casi con exclusividad en la ciudad de La Plata, que se enfrenta con el desafío de gestionar un territorio que es casi el 40% del país con sólo el 20% de los recursos coparticipables.
Mejorar estas tres realidades es el desafío para los próximos años, en particular el más complejo, que es el vinculado a la realidad del Conurbano. Argentina tiene una situación territorial bastante particular por la concentración de la población: en el 1% de todo el territorio, comprendido por el Conurbano bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires, viven alrededor de 15 millones de habitantes. El conurbano, compuesto por casi 30 municipios con características diferentes, ha sufrido cambios importantes que vale la pena analizar, para visualizar los desafíos hacia el futuro.
En el Conurbano se dan, todos juntos, los problemas de pobreza estructural, informalidad laboral, la desigualdad que se palpa cruzando una calle, los casi 500.000 jóvenes excluídos, las dificultades cotidianas con el transporte y las situaciones de inseguridad que se vinculan con la vida cotidiana. En particular, el hacinamiento y las adicciones aparecen como problemas vinculados a esta realidad: el ciclo que suele repetirse es el de un chico que comienza estando hacinado en su casa, se va a la esquina porque hay más lugar y mejores condiciones, ahí empieza a consumir porque todos lo hacen y luego comienza a endeudarse. Y en ese momento es cuando muchas veces se le acerca una persona a ofrecerle alguna alternativa ilegal para cancelar su deuda. Este ciclo ocurre de diversas maneras en el Conurbano bonaerense. Esta es la realidad en la que muchos jóvenes son víctimas y que se completa con la estigmatización por parte de gran parte de la sociedad, muchas veces alimentada por los medios de comunicación, identificando a estos jóvenes como los culpables de la inseguridad.
Tradicionalmente se ha entendido al Conurbano por “cordones”. El primer cordón, que comprende los municipios más cercanos a la Ciudad de Buenos Aires, estaba pensado como una zona con una mejor situación económica. Un segundo cordón, con municipios más alejados, donde la situación económica era vista como más crítica. Por último, un tercer cordón en donde terminaba la zona urbana y comenzaba la zona semirrural.
Esta idea de los tres cordones en el Conurbano bonaerense ya no responde a la realidad, como consecuencia de los grandes cambios que se produjeron en el último tiempo. Ha cambiado no sólo en términos de modificaciones en las condiciones de vida sino que se ha “desenganchado” mucho el norte del sur. En consecuencia, ya no es posible pensar al Conurbano en términos de cordones, sino de “corredores”.
El “corredor norte”, que abarca todos los municipios de la zona norte de la ciudad de Buenos Aires –desde San Isidro hasta Pilar y Escobar– se ha desarrollado. Ha habido un importante aumento en infraestructura e inversión por parte del sector privado. Vastos ejemplos de este fenómeno están a la vista, en Tigre, Escobar y Pilar. Allí se desarrollaron la infraestructura, la obra pública y la construcción privada que, en términos generales, han hecho que esa zona se “despegue” y que la gente que la habita se haya desenganchado del resto del conurbano. Han mejorado su situación, que se ha vuelto similar a la de la ciudad de Buenos Aires.
Por el contrario, la situación del “corredor sur”, desde Avellaneda hasta Florencio Varela o más lejos aún, Presidente Perón, se ha complicado cada vez más. Con gran concertación de pobreza, tiene una situación económica muy dificultosa. El corredor oeste, que está en el medio y que tiene a La Matanza como municipio muy particular –gran extensión territorial– ha quedado en una situación intermedia. No ha tenido el despegue del corredor norte ni tiene las dificultades del corredor sur.
Por lo tanto, ya no es posible entender el conurbano en términos de “cordones” o de estar más lejos o más cerca de la ciudad, sino en términos de Norte-Sur. Esto representa un gran cambio. El conurbano bonaerense es “el tema” de la Argentina en los próximos años: 12 millones de habitantes concentrados en poco espacio físico, un corredor norte que ha mejorado y se ha despegado del resto, un corredor sur con muchas dificultades y un gran desafío por delante. No sólo se trata de cómo evitar la migración y fortalecer el interior del país, sino de cómo dotar de buenos servicios de salud, educación y sobre todo generar las condiciones necesarias para que no tengamos distintos tipos de conurbano, sino que demos oportunidades especialmente a la población más numerosa de ese territorio y que peor se encuentra, que es la que vive en la zona sur.

Publicado en:
 http://sur.infonews.com/notas/diagnostico-bonaerense

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