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martes, 7 de febrero de 2017

FRANCISCO Y HORACIO, por Gustavo Vera (para "Revista PPV" del 7 de febrero de 2017)


Por Gustavo Vera
Hace aproximadamente un mes, Netflix estrenó en todo el mundo la mini serie “Llámame Francisco”, que cuenta la historia de Jorge Bergoglio desde su primera juventud, hasta el momento en que es llamado a Roma, tras el renunciamiento del Papa Benedicto XVI y su posterior elección como líder de la fe católica en todo el mundo.
La serie que tiene a un Rodrigo de la Serna en estado de gracia, comienza reafirmando la pertenencia político ideológico de Bergoglio en el Peronismo y cómo este eligió sin demasiado esfuerzo la vocación de cura en la orden de los Jesuitas, en detrimento de un romance con una mujer que lo amaba profundamente. A partir de allí, y en los cuatros capítulos que dura el audiovisual biográfico, vemos contada con una vorágine digna de las mejores series norteamericanas y con (vale la pena insistir en este punto) un Rodrigo de la Serna en una actuación consagratoria, la vida del actual Papa: escalando en la orden Jesuita hasta llegar a ser Superior Provincial, su amistad con Monseñor Angeleli y con la Madre de Plaza de Mayo desaparecida en la Iglesia de la Santa Cruz, Esther Ballestrino, su relación  
tumultuosa con las altas jerarquías de la Iglesia Católica durante la Dictadura Cívico-Militar y su obra como responsable directo de los curas villeros ya como Cardenal Primado de la Ciudad de Buenos Aires.
La actuación de Jorge Bergoglio durante la Dictadura más sangrienta que asoló nuestro país entre los años 1976 y 1983, actuación que aun hoy genera polémica, queda salvada durante la mini serie. Se lo muestra como un sacerdote con altos contactos a nivel político y eclesiástico, que en la medida de sus posibilidades salvó y ayudó a militantes perseguidos por los monstruos del genocidio. Sin embargo, la serie tampoco inventa- y podría haber sido así- lo que Bergoglio no fue: un activo militante contra la Dictadura. Muy al contrario se lo ve como un joven cura que inmerso en su laberinto personal, sufre y hace convivir su pensamiento más de corte progresista con el dogma eclesiástico del que es un devoto fiel. Esta contradicción se puede ver casi con nitidez absoluta en el momento que acepta bautizar a los hijos de su amiga Alicia Oliveira, pero se le atraganta la comida cuando se entera que no se quiere casar con su pareja con la cual comparte techo. Los que conocen a Bergoglio sostienen que esa postura político ideológica tirada a la centro izquierda dentro de la Iglesia y que lo alejan de las posturas medievales como al del Obispo de La Plata, Monseñor Aguer, se enfrenta aun hoy con su absoluta organicidad con los lineamientos principales del dogma católico.
 
Sin dudas, la parte más polémica de la mini serie es la que cuenta el secuestro de los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics y cómo se desenvolvió Bergoglio ante la desaparición forzosa de sus compañeros de Orden. La serie de Netflix muestra a un padre Jorge yendo personalmente a la Villa del Bajo Flores (donde militaban los dos curas) a advertirles que ya no los podía cuidar más y que el Cardenal Aramburu, por ese entonces Cardenal de Buenos Aires, les iba a quitar la licencia para decir Misa.
Sin embargo, Horacio Verbitsky en su nota “La mala conciencia del Pontífice” publicada el 2 de enero en el diario Página/12, sostiene que el episodio fue exactamente al revés: “Yorio explicó hasta el cansancio antes de morir en el año 2000 que Aramburu pudo quitarles las licencias porque antes Bergoglio los separó de la Compañía de Jesús.”.
La relación del Verbitsky con Bergoglio fue conflictiva desde siempre, mucho más aun cuando el actual Papa era Cardenal de Bueno Aires y se negaba sistemáticamente a recibir a los Organismos de Derechos Humanos que pedían explicaciones sobre el papel de la Iglesia durante la Dictadura. En la serie también se intenta justificar ese accionar del actual Papa cuando al encontrar el cuerpo de su amiga, y de otras madres de la Santa Cruz, solicita ir a la misa de homenaje; pero al decírselo a  Alicia Oliveira- ya en 2004 Defensora del Pueblo de la Nación-  y ante la respuesta negativa de ella porque “no había buena onda con la Iglesia”, Bergoglio le contesta algo así como: “está bien,
no voy, tienen derecho a estar enojados con la Iglesia”. Lo cierto es que más allá de que esa conversación haya sido real, jamás recibió como Cardenal a los Organismos de Derechos Humanos.
Lo que nadie podía imaginar, ni aun los más cercanos (o tal vez sí, pero no lo habían manifestado), era que ese Bergoglio se iba a convertir en este Francisco: principal voz contra hegemónica del planeta frente a los desquicio del capitalismo financiero que arruina países, pueblos y medio ambientes a lo largo y ancho del mundo. Sin conocer a Verbistsky imagino que él debe ser el principal sorprendió. Francisco se convirtió desde que asumió en la voz mundial de los que no tienen voz. Y si a esto le sumamos que los que festejaban porque Bergoglio fue nombrado Papa en 2013, hoy lo quieren poco; y los que nos horrorizamos cuando fue nombrado Obispo de Roma hoy lo vemos con buenos ojos, la cosa se pone aún más difícil de explicar.
Lo que sí es una profunda lástima y hasta da un poco de vergüenza ajena, es ver a tantos compañeros valiosos, queriendo ser más papistas que el Papa, convirtiendo a Verbitsky en un enemigo sólo por decir lo que investigó durante años y que – más allá de la carta que el propio Jalics público hace algún tiempo en donde desmiente que Bergolgio haya sido su denunciante y a los dichos del propio Yorio de que (como se muestra en la serie) fue el Padre Jorge el que le consiguió pasajes y documentos para salir del país cuando fueron liberados por sus secuestradores-  parecen estar basadas en fundamentos y hechos probados. Más pena da ver brotar cierto anti semitismo de algunos, que confunden judaísmo con el Estado Terrorista de Israel y acusan de manera imbécil, sólo por ser suaves, a Verbitsky de agente de inteligencia israelí. El que diga tamaña barbaridad jamás ha leído a Verbitsky, que debe ser sin miedo a equivocarme, el periodista argentino que más ha denunciado las atrocidades que cometen a diario los gobernantes del país de Medio Oriente.
 

Horacio Verbitsky es no sólo el mejor periodista que ha dado este país desde Rodolfo Walsh a esta parte, es además un probado militante de las causas justas y populares. Por su parte, el Papa Francisco es en la actualidad el único líder mundial con real importancia, contra las matanzas que produce el sistema capitalista imperante. Además, nos ha hecho entender a muchos de los que no tenemos fe, la importancia de ésta para los sectores populares, haciéndonos seguramente mejores militantes.
A Francisco como a Horacio los necesitamos y definitivamente hay que llamarlos a los dos.

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