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miércoles, 12 de febrero de 2014

LOS APAGONES POR VENIR, por Gustavo Rosa (para "Apuntes Discontinuos" del 10-02-14)


por Gustavo Rosa
www.apuntesdiscontinuos.blogspot.com


Un alivio que Tinelli no intervenga en Fútbol Para Todos. Mejor, porque todo lo que toca lo convierte en estiércol. Que evacúe sus productos intestinales en la cloaca más afín. Después de un año de descanso –no sólo de él, sino de las mentes vulnerables a sus baratijas- volverá a El Trece para mostrar lo peor de una parte de la sociedad, su cara más mórbida y superficial, obscena y cruel. Mujeres y varones semidesnudos exponen las partes más retocadas del cuerpo para que espectadores-cavernarios babeen hasta la deshidratación. Aquí también vale el consumo responsable para despojarnos de una vez por todas de esos espectáculos noventosos, lascivos, retrógrados y humillantes. Tinelli es un forúnculo en el trasero de nuestra cultura y sería saludable que, en lugar del rating que espera, reciba el vacío que merece. Si el primer viernes de febrero los ciudadanos evitaron la compra en supermercados para protestar por el abuso en los precios, sería bueno que el nuevo ciclo de sus enloquecedores griteríos televisivos sólo despierte en el público un coro de grillitos. Que nadie interprete esto como una forma de censura, porque es una exigencia: si quiere ganar plata que se esfuerce un poco más, que sea respetuoso, creativo y que, desde el entretenimiento, apueste a un futuro mejor.
Alguno se estará preguntando si la idea es que Tinelli se dedique a un programa de ópera o música de cámara. No, hasta algo tan sublime sería bastardeado por su estilo vociferante y colorinche. El personaje que ha creado es el que está desenfocado, desactualizado, desubicado. El público es el que debe demandar un nuevo personaje para un contexto distinto. No tiene necesidad de seguir lucrando con lo mismo. Si debe tener la capacidad y los billetes para apostar a algo diferente, menos fácil. Quizá pueda hacer un aporte a estos tiempos, aunque no encabece las mediciones del manipulado rating. Así como los consumidores están organizando nuevos apagones para frenar el aumento de los precios, quizás deberían diseñar alguna estrategia para hacer click no sólo a Tinelli, sino a otros personajes que también nos roban durante nuestro tiempo libre.
Seguro que desde el otro lado denunciarán escraches o patrañas por el estilo. Ante los afiches que aparecieron el viernes en las calles porteñas, el repudio de cuatro entidades empresarias no se hizo esperar. Claro, los carteles exhibían la foto con el nombre de los responsables de Shell, Coto, Frávega, Carrefour y Jumbo y no están acostumbrados a estas cosas. Todo ladrón afirma su inocencia y se enoja cuando lo acusan. Por eso, en una actitud corporativa, ACDE, AEA, IDEA y la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina, Amcham repudiaron esta “metodología difamatoria” y, como asomo autoritario, pidieron “que se tomen las medidas necesarias para desalentarla y sancionarla para que no continúe”. Si quieren que no haya afiches, que dejen de saquear nuestros bolsillos. Mientras tanto, y envalentonados con la reacción de los popes de la economía, estas movidas deben continuar para domesticar a las bestias.
El círculo y sus mentiras
Porque no es exagerado afirmar que hay un poco de desesperación en los integrantes del círculo rojo. A no confundir: que sea rojo no quiere decir filo-comunismo o algo parecido; el círculo es rojo porque es muy peligroso y todavía conserva mucho poder. Y la angurria los obliga a tratar de desmoronar lo que hemos construido con tanto esfuerzo. No quieren cambiar las cosas para que todo mejore, sino todo lo contrario, porque ellos se benefician más con las crisis que con los tiempos de bonanza. Cuando hay desocupados y trabajadores empobrecidos, ellos consiguen mano de obra por unas monedas. Cuando hay un Estado que mira para otro lado o que sonríe complaciente, ellos pueden hacer los estropicios más descabellados para ganar un poco más. Cuando hay un mercado interno reducido, ellos pueden exportar lo poco que produzcan y forzar al Gobierno al endeudamiento para especular con los bonos. Ellos no quieren nuestro crecimiento porque cuando estamos abajo nos pueden pisotear mejor.
La desesperación se pone en evidencia en las operaciones mediáticas que, de tan manipuladoras, parecen paródicas. Después de haber agotado los recursos creativos para demonizar a Capitanich y Kicillof –Moreno es inagotable-, reflotaron la comedia de Boudou. Por supuesto, con la inestimable colaboración de una justicia dilatoria y errática y de unos exponentes de la oposición dispuestos a todo con tal de conseguir pantalla. Después de dos años de investigación, todavía no ha sido procesado. En esta semana el fiscal sólo pidió al juez una declaración indagatoria, el primer paso para decidir la continuidad de un proceso.
Un proceso que se inició con las denuncias de Lanata en su programa radial, más destinadas a castigar al Vicepresidente por la estatización de los fondos de pensión que a construir un escenario político más transparente. Porque el enredo que armaron con esta historia, de transparente no tiene nada. A pesar de esto, muchas voces obedientes salieron a exigir la renuncia, el juicio político o cuanto mucho, una licencia. Las comparaciones serán odiosas para los que salen perjudicados con ellas, pero el Alcalde del principado amarillo, Mauricio Macri, está a un paso del juicio oral desde hace más de un año, situación mucho más comprometedora que la de Boudou. Un paso muy largo destinado a un integrante del mentado círculo rojo y su mejor exponente. Muchos dirán que no es lo mismo un vicepresidente que un Jefe de Gobierno, pero no es cualquier jefe de gobierno, sino el mandatario de la capital del país, una ciudad que es de todos los argentinos. Y, sin embargo, nadie sale a pedir su renuncia o su juicio político. Tampoco la licencia, innecesaria porque parece vivir en ese estado.
Y aunque muchos duden todavía de esta cuestión, los medios tienen una capacidad de daño enorme al contribuir al desánimo, la desconfianza, la desazón. Con las manipulaciones, distorsiones y mentiras construyen el universo cotidiano de su público y condicionan el humor social. A tal punto que si uno se encuentra con alguno en la calle y le dispara el clásico ¿cómo estás?, contestará, seguramente, “¿cómo querés que esté, con todo lo que está pasando? Y entonces, habrá que explicar demasiado para deslindar el precio de cualquier cosa con la caída de las reservas o la inseguridad jurídica con la delincuencia. Esa simple pregunta despierta una batería de titulares agoreros y uno, como un hábil tenista, devuelve los tiros con aclaraciones, desmentidas, datos y argumentos. Pero el interlocutor se quedará con la sensación de que se ha encontrado con un pobre tipo cooptado por el relato K y seguirá mascullando su odio y padeciendo por el catastrófico ambiente creado desde los medios que le dicen la verdad.
Una verdad que indica que el dólar blue –ilegal a todas luces- es el que vale, que los intereses de los poderosos son los de todos, que el Campo es Patria y que los precios aumentan porque Cristina está loca, Kicillof nació en Marxilandia y Capitanich habla mucho. Que el país está dividido, que transitamos hacia una caída estrepitosa, que Macri hace todo bien y que Massa es la esperanza de todos. Que nadie nos quiere, que somos los peores y que el mundo despegó mientras nosotros estamos en gateras. Que los K se roban todo, que La Cámpora es una pandilla de maleantes y que el Congreso es la escribanía de la presidencia. Hasta se dan el lujo de afirmar que el Papa quiere solucionar nuestra inexistente crisis. Y encima dicen que éste es un gobierno autoritario, que la libertad de expresión está en peligro y que no se puede pensar distinto.
A veces, uno tiene la sensación de que hay un público muy vulnerable a esas construcciones mediáticas. Un blanco fácil para esas sencillas manipulaciones. Y esto no quiere decir que no sean capaces para advertir estas nocivas estrategias, sino que les cuesta romper con el sentido común con el que han convivido durante tanto tiempo. Quizá teman admitir que han malgastado tantos enojos, tal vez no se animen a confiar, para no decepcionarse de nuevo. También puede ser que posterguen el click porque eso revelaría lo incautos que han sido. Una pena, porque se están perdiendo los momentos más apasionantes de nuestra historia.


Publicado en:
 http://apuntesdiscontinuos.blogspot.com.ar/2014/02/los-apagones-por-venir.html

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