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martes, 30 de agosto de 2011

Un Sur para los que perdieron el Norte, por Gabriel Bencivengo (para “Miradas al Sur” del 28-08-11)


Arriba : Para el álbum regional. Los cancilleres avanzaron en las estrategias de blindaje. (TELAM)


Miradas al Sur.Año 4. Edición número 171. Domingo 28 de agosto de 2011
Por
Gabriel Bencivengo
gbencivengo@miradasalsur.com


Encuentro de cancilleres de la Unasur. En la búsqueda de un nuevo paradigma económico, el foro dio otro paso hacia la revisión de la arquitectura financiera regional. La próxima cita: la cumbre presidencial de Asunción.


Las diferencias son notables. Mientras la mayoría de los 17 premios Nobel de economía reunidos en la pequeña ciudad alemana de Lindau se inclinaron por enfocar la crisis desde una óptica ortodoxa que incluye, en muchos casos, las ya clásicas recetas que apelan a la austeridad fiscal, los países de América latina afirman la necesidad de un cambio de paradigma y subrayan el rol del Estado para sortear la crisis que se generó en el Hemisferio Norte y que, ahora, amenaza con saltar las fronteras de Estados Unidos y Europa para instalarse, por la vía financiera y comercial, en todos los rincones del planeta. Ni la solitaria voz de Joseph Stilitz –que pregona la “vida después del default”– ni la exitosa “experiencia argentina” –que confirma su prédica– parecen suficientes para que académicos, políticos, banqueros y empresarios ligados a la arquitectura mundial que alumbró el Consenso de Washington revisen su posición.Yo estoy al derecho… Frente al panorama, sombrío por demás, los países de la Unión Suramericana de Naciones (Unasur) dieron un nuevo paso hacia la integración regional. Esta vez fueron los cancilleres los que avanzaron mediante la aprobación del Estatuto del Consejo de Ministros de Economía y Finanzas. De ahora en más, de cara a la próxima cumbre de presidentes, que se hará en Asunción del Paraguay a fines de octubre o principios de diciembre, los tres equipos técnicos conformados deberán elevar conclusiones y propuestas para desdolarizar el intercambio intrazona, consolidar una banca regional de desarrollo y coordinar el uso de los 550 mil millones de dólares en reservas que atesoran los bancos centrales.“Trabajaremos con el objetivo de preservar el mercado suramericano frente a la crisis y la volatilidad financiera”, dijo el viceministro de Economía, Roberto Feletti, quien ofició de vocero tras el encuentro de cancilleres. En la cartera subrayan que pese al poco tiempo transcurrido desde la cumbre de Lima, en ocasión de la asunción de Ollanta Humala, es mucho lo que se avanzó. Aunque el grado de institucionalidad de la Unasur dista mucho del deseado, todos los actores coinciden en que el foro se ha revelado como la herramienta más idónea para resolver los problemas de la región. Una eficacia que se puso a prueba en el terreno político con las crisis institucionales que registraron Bolivia y Ecuador y que, ahora, tiene un desafío en el terreno económico: revisar toda la arquitectura financiera de la región.


¿Dolar go home?


La idea que flota entre los economista y que comenzó a gestarse con la crisis de las subprime para terminar de consolidarse ante una posible doble recesión, es que el dólar ingresó en un período de declive. De allí que muchos especialistas vean con buenos ojos la posibilidad de consensuar mecanismos de pago en monedas locales. Se trata de un diseño que Argentina y Brasil pusieron en marcha en octubre de 2008 mediante el denominado Sistema de Pagos en Moneda Local (SML); esquema similar al Sistema Único de Compensación Regional (Sucre) recientemente adoptado por Venezuela, Bolivia, Cuba y Nicaragua.Según Pedro Páez Pérez, embajador plenipotenciario del presidente Rafael Correa, tanto el SML como el Sucre son “modelos modulares y portables”; es decir: compatibles, incluso, con el acuerdo tipo swaps de facilidades extendidas que firmaron los bancos centrales de nuestro país y China en marzo de 2009 para facilitar el comercio bilateral sin necesidad de recurrir al dólar. Según el economista –uno de los primeros en pensar nuevas regulaciones heterodoxas para impulsar el desarrollo regional–, el esquema cobraría vigor una vez que los bancos centrales de América latina acuerden pautas de coordinación para el uso de sus reservas. A diferencia del euro, signado por las restricciones del Tratado de Maastrich, el sistema resguardaría las autonomías monetaria y fiscal de cada país.


El Banco del Sur.


“Los países que firmamos el acta constitutiva nos comprometimos para acelerar su concreción y, al mismo tiempo, fortalecer la Corporación Andina de Fomento (CAF)”, señaló Feletti luego de la cumbre de cancilleres. El objetivo responde a la resistencia de los países centrales, en especial del Congreso de Estados Unidos –acorralado como la Casa Blanca por el Tea Party–, a capitalizar el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Pero también a que ambos organismos, ganados por el Consenso de Washington y alejados de la matriz de Bretton Woods, dejaron de lado sus roles de banca de fomento para desempeñarse –condicionalidades mediante– como poleas de transmisión del recetario neoliberal.Con relación al Banco del Sur, su diseño y objetivo no implica romper con organismos internacionales como el BID. Mucho menos con la CAF, que cumplió un rol destacado durante los meses que siguieron a la contracción crediticia simbolizada por la quiebra de Lehman Brothers. El objetivo ni siquiera es antagónico con las instituciones pequeñas, medianas y grandes que ya existen en la región; como el Banco de Desarrollo de Brasil (Bndes), que acumuló en el primer semestre de este año desembolsos por casi 60 mil millones de reales. En los hechos, la carta del Banco del Sur contempla categorías de socios que incluyen la posibilidad de que el BID y la CAF puedan participar.En otras palabras: lo que hacia 2007 fue vendido por el establishment financiero ligado a la banca trasnacional y la burocracia del Fondo Monetario Internacional (FMI) como una punta de lanza contra la tradicional arquitectura financiera se constituiría en un factor de apalancamiento de los recursos existentes. Un proyecto tan retrasado como necesario para abordar obras regionales de infraestructura de gran envergadura. Se trata, en definitiva, “de encontrar y poner en marcha nuevos paradigma que sirvan para restablecer el equilibrio entre Estado y mercado, pero también entre los diferentes países y bloques de poder regional”, tal como destacó la presidenta Cristina Kirchner


Sumar reservas.


Que la banca central puede ser en cierta medida autónoma, pero nunca extraterritorial puede sonar a verdad de Perogrullo en las actuales circunstancias. Sin embargo, la idea aún está lejos de tener el suficiente consenso en América latina. La visión, no obstante, ganó terreno en los últimos tres años y devolvió al primer plano al Fondo Latinoamericano de Reservas (Flar), creado en 1978 y conformado por Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela. Sus objetivos son apoyar la balanza de pagos, mejorar las condiciones de inversión de las reservas internacionales y, además, contribuir a la armonización de las políticas cambiarias, monetarias y financieras de los países miembro.En este caso, lo que está en juego es la posibilidad de establecer un fondo para que los bancos centrales de la región puedan acceder con rapidez y sin condicionalidades a un sotck de intervención en caso de ataques especulativos contra sus monedas. Un riesgo cada vez más probable por la volatilidad que registra el sistema financiero global, aun cuando muchos países de la región –entre ellos la Argentina– mantienen restricciones sobre los flujos especulativos. El beneficio, según los especialistas, sería múltiple ya que, al generar un mercado de títulos públicos que reduciría el nivel de reservas óptimo, liberaría recursos para capitalizar una banca de fomento regional.


La próxima cita.


“Hay espacio para un nuevo marco de pensamiento económico; las actuales teorías fallaron en anticipar la crisis y, cuando ésta se produjo, dijeron que la crisis estaba contenida o que se debía a problemas exógenos. Nada de eso resultó verdad”, afirmó Stiglitz en Lindau. Su percepción, sin duda, coincide con la visión dominante en América latina. El desafío está claro. De ahora en más, se tratará de construir mediante una nueva arquitectura financiera las condiciones para el desarrollo regional. El camino, aseguran quienes trabajan en el tema, se verá más claro luego de la próxima cumbre presidencial de la Unasur que tendrá lugar en Asunción del Paraguay