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domingo, 31 de octubre de 2010

AHORA CRISTINA, CON TODO Y CON TODOS, por Adrián Corbella (para "Mirando hacia adentro")


En una nota aparecida en Miradas al Sur, el periodista Jorge Giles utiliza la frase que yo tomé como título . El considera que ese fue el mensaje de los miles y miles de ciudadanos que hicieron el aguante a Néstor y a Cristina el miércoles, jueves y viernes de la semana pasada, en Buenos Aires, en Santa Cruz, y en toda Argentina.
Todos aquellos que tuvimos el honor de votar al kirchnerismo sufrimos un golpe muy fuerte, un golpe que nos hirió el corazón.
Pero tenemos que terminar el luto.
Porque esto sigue.
“Nos es momento de llorar, hay que ser fuerte” le dijo una mujer a otra, ambas grandes luchadoras. Cristina a Hebe.
Aproveché estos duros días para ver y leer, escribir y pensar. Hay luces y hay sombras, hay esperanzas y hay temores, hay confianzas y hay dudas…
Es evidente que el invisible trabajo de Néstor, el trabajo de trastienda, el trabajo “en el barro” como dijo Eduardo Aliverti, se va a extrañar, y no será fácil de reemplazar.
Pero también es evidente, como dice Jorge Giles en “El hombre del Bicentenario”, y como advirtieron otros y otras en tantos lugares, que la muerte de Néstor fue en batalla, porque al morir este loco pingüino patagónico le ganó a la prensa monopólica y a una oposición intratable un último combate : SACÓ AL KIRCHNERISMO A LA CALLE.

Y lo que todos vimos, lo que ni siquiera los muchachos de Clarín pueden ocultar, es que el kirchnerismo es un extraño híbrido de lo mejor del viejo peronismo de Perón y de Eva (con su espíritu democratizador e igualitario pero sin el autoritarismo que a veces lo afeaba), de lo mejor de la generación de los setenta (con su idealismo pero sin la violencia) y de lo mejor de otras tradiciones populares y progresistas de origen no peronista.
Y es un híbrido superador.
Hasta un duro opositor como Felipe Solá lo reconoció a su manera, al decir “murió rodeado por el pueblo, por algo será” y “la única verdad es la realidad”.

Néstor Carlos Kirchner se fue, se fue acompañado por el pueblo y rodeado por las imágenes de los patriotas latinoamericanos, acompañado por los presidentes de toda América, incluso el épico Lugo con su salud tan frágil, incluso Lula que estaba en campaña, incluso Correa que acaba de superar un golpe asesino.
Néstor Carlos Kirchner volvió a su tierra, pero está en todos lados ; seguramente estará acompañado por otras leyendas , como Juan Domingo Perón, como Eva, como Hipólito Yrigoyen… como otras y otros “locos que se animaron” del siglo XIX…

ESTOS TIPOS NUNCA MUEREN DEL TODO…


PORQUE ESTOS TIPOS HACEN HISTORIA…

Néstor Carlos Kirchner murió ; pero el kirchnerismo está más vivo que nunca. Y no es una fuerza política acéfala, ya que cuenta con la Presidenta Coraje, su eterna compañera, luchadora de mil batallas. Una política de una capacidad incomparable; seguramente, a nivel individual, el presidente más capaz de la historia.

Yo escribí en abril un breve artículo que analizaba la etapa kirchnerista en general, pero se centraba en este último período posterior a 2007. Mi título fue “El mejor gobierno de los últimos cincuenta años”. Y la imagen que la acompañaba era la de Cristina Fernández, sola, bajo una lluvia de papelitos.
Y no creo haber elegido mal la imagen .
Hoy la señora Presidenta volvió a la Quinta de Olivos.

La Presidenta Coraje, como la llamaba Néstor, volvió a hacerse cargo del timón del barco. Debe estar, como yo, como tantos, bastante triste. Pero es una persona muy capaz. Es audaz y valiente. Es una Leona formidable. Y no está sola.
Hay mucho para hacer.
Hay que terminar de escribir la historia.
Vamos por más.

Adrián Corbella, 31 de octubre de 2010.

VICTORIA DE DILMA EN BRASIL, por Adrián Corbella


La candidata oficialista brasileña, Dilma Rousseff derrotó en la segunda vuelta al candidato opositor José Serra por 12 puntos (56 a 44 % de los votos).
Esta victoria garantiza la continuidad de las políticas de Luis Inacio Lula Da Silva tanto en el plano interno como en el internacional. Brasil seguirá comprometido como hasta ahora en la integración continental, que inciaron entre otros el desaparecido Néstor Kirchner, Lula, Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales.

Más información en :

http://www.elargentino.com/nota-112396-Dilma-Es-un-avance-democratico-que-una-mujer-presida-el-pais.html

EL HOMBRE DEL BICENTENARIO, por Jorge Giles (para "Miradas al Sur" del 31-10-10)


Néstor Kirchner acaba de ganar su última batalla. La batalla que él sabía era la más difícil, la que construye sentido común, la que hace historia, la que tenía más enemigos: la batalla cultural.
Lo hizo a su manera. Con el sacrificio de su propia vida, con épica militante, con multitudes en la Plaza despidiendo al guerrero, con miles de jóvenes cerrando ese círculo en espiral que fuera abierto por aquella gloriosa juventud de los setenta a la que Néstor Kirchner perteneció.
En estos días de duelo e infinito dolor, algo que nos trasciende se terminó de solidificar en la sociedad: una idea de país en serio, una mirada solidaria y colectiva, un proyecto inclusivo, un modelo soberano.
La misma tarde de su muerte, para nuestra columna de El Argentino, escribimos una nota titulada Néstor Kirchner, un imprescindible que en uno de sus pasajes decía: “Desde la razón y el dolor, con la muerte de Néstor nació el Kirchnerismo, como etapa superior del Peronismo, como punto de unión del campo popular, como síntesis de lo que está llamado a unirse para sostener y profundizar una idea de nación, más justa, inclusiva, democrática y soberana.El Kirchnerismo como homenaje a quien no vino a la Rosada para durar, sino para cambiar la historia. Y la cambió”.
Luego de su publicación, este modesto aporte para un debate más profundo, empezó a hermanarse con otros análisis periodísticos y políticos semejantes y quizás más agudos.
Con pensamiento propio, son muchos los que están madurando algo muy parecido.Pero no hay certezas de esta presunción.
Porque es posible que esta honrosa página que escribe Kirchner con su muerte, sea una nueva versión del mismo peronismo que él abrazó en la plenitud de su vida.
No habrá que apurarse. La construcción de una nueva identidad popular la construyen los pueblos por derecho propio.
No valen de nada las distintas lecturas que podemos hacer de un fenómeno social como el que la Argentina está viviendo, sino valoramos como debemos hacerlo, este criterio de verdad que le pertenece al pueblo.
El tiempo lo dirá.
En cambio sí aparecen con diáfana claridad algunas certezas que emergen en el escenario y que conmueven la piel política y cultural de los argentinos; a saber, la irrupción del pueblo en las calles y en las plazas, con sus consignas y sus canciones, con sus carteles hechos a mano, con sus palabras de aliento a la Presidenta, con su agradecimiento emotivo al líder desaparecido, con su juramento de amor ante el féretro, son la respuesta política masiva, contundente, precisa y más elocuente, a la sarta de miserabilidades que escribió la oposición política y mediática en los últimos días.
La primera certeza a remarcar, entonces, la podríamos resumir diciendo que con la desaparición física de Néstor Kirchner se fortaleció y nutrió, paradójicamente o no, el proyecto nacional y popular que él rescató desde el ejercicio del poder político durante su mandato presidencial y hasta su fallecimiento.
El proyecto de país que gobierna la Argentina sale fortalecido de este trance amargo y va rumbo a su profundización. Ese es el mandato gritado por el pueblo en estos días.
La otra certeza paradojal es que, al igual que lo anterior, este clamor popular provoca una debilidad infinita de cualquier proyecto opositor. Como si al partir físicamente Kirchner, los que se murieran políticamente fueran los opositores y los grandes medios. No solamente porque les desaparece el polo reverso de sus desvelos. Sino porque es significativo y empieza a ser significante, que al llamado a la capitulación que hicieran el Grupo Clarín y sus respectivos suplementos mediáticos y legislativos del Grupo A, la respuesta la brindó el pueblo en esa multitudinaria conferencia de prensa que fue el largo cortejo del adiós a Kirchner.Los opositores edulcoraron esa presión para cambiar el rumbo (¡Y “esos malditos modales kirchneristas”!) con las muestras de pésames de ocasión.
“Lágrimas de cocodrilo”, dijo José Pablo Feinnman.
“Hipocresía protocolar”, la llamó nuestro colega Ragendorfer.
Desde la orilla institucional del oficialismo, nadie refutó el convite de rendición.No hizo falta. El pueblo fue el que respondió: Ahora, más y mejor modelo de país inclusivo, soberano, justo, democrático, progresista, latinoamericanista.
Ahora, más redistribución del ingreso y más voces que expresen el proyecto de país. Ahora, más participación popular y que por sobre todo, se manifestará en un mar inmenso de la nueva generación de jóvenes que, con su militancia, entrarán de lleno al preludio de la etapa de consolidación cultural del proyecto.
Una manera de decir: Ahora Cristina, con todo y con todos.
Con Néstor Kirchner se va el último gran muchacho peronista de una generación diezmada. Pero le pasa la posta a Cristina y con ella, renuevan el protagonismo los trabajadores y los jóvenes.
Seguramente Máximo, su hijo y compañero, deberá trasponer el umbral de cualquier pudor para transparentar hacia fuera la responsabilidad política que venía cumpliendo en vida de su padre.
De todos modos, el héroe colectivo que fue el Eternauta Kirchner, plebiscitó estos días a favor de profundizar el modelo y seguir desnudando al verdadero enemigo de los intereses colectivos, tal como se hiciera desde el 2003.
La democracia es el primer piso consolidado de fines del siglo XX.
El modelo de país que construyó Néstor Kirchner y continúa Cristina, está llamado a ser el segundo piso de nuestra identidad como sociedad.
Para garantizarlo, Cristina debería ser la presidenta de los argentinos por un mandato más. Y en lo inmediato, el Movimiento Nacional y Popular deberá contar con su liderazgo para empezar a llenar la casa vacía que nos deja Néstor con su ausencia.
Es hora de abrir todas las puertas a los que se quieran sumar a la última epopeya nacional vigente.
Sólo entrará el pueblo y sus dirigentes más consecuentes.
Los que ya desertaron, no entenderán jamás las batallas por librar.No importa. No es para cualquiera la Vuelta de Obligado.

Por
Jorge Giles
jgiles@miradasalsur.com

EL ILUMINADOR, por Sandra Russo (para "Página 12" del 29-10-10)


Lo había votado, pero a regañadientes. Se votaba sin esperanza. Ni siquiera uno llamaba traición a las traiciones. Eran más bien tradiciones, parecían como las vueltas de la vida o la humedad. Me acuerdo bien del 2003. Con que se fuera Duhalde estaba bien. Llorábamos a Kosteki y Santillán. Y la lucha cotidiana, desde mi trabajo, era intentar hacer ver a los desocupados como hombres y mujeres que hacían piquetes, no como piqueteros. Era hacer ver en los cartoneros a los desesperados, no a los ladrones potenciales.
Estábamos hechos mierda. Éramos ruinas. No teníamos ni trabajo ni orgullo ni líderes. Es sorprendente cómo consiguió ese poder en las sombras, ese siniestro poder que nadie vota, ese que hoy conocemos, convencernos de que todo era más o menos lo mismo, y que era beige. Es sorprendente el daño que le hizo y le sigue haciendo a este país una generación política que no tiene retorno de la entrega irrestricta de sus convicciones.
Creíamos que era inútil esperar cambios de la política, que la política era ese deporte sin reglas que jugaban y siguen jugando tantos. Y mientras todo era lo mismo, nos iban traicionando uno por uno.
En estos años, Kirchner pasó a ser Néstor, un privilegio del lenguaje y de su cercanía, un premio a esas ideas con las que llegó a la Rosada y que llevó adelante contra toda la adversidad que eligió enfrentar. Néstor fue el primer presidente que gobernó este país defendiendo con los dientes los pilares de lo que él concibió como un proyecto nacional y popular, de génesis peronista pero de alcances más amplios, y fue también el que sabía que había que esculpir lo maravilloso sobre la arcilla mugrienta que éramos.
A Néstor le debemos el regreso triunfante y orgulloso de la política. Y si no lo escribo ahora que se murió, no estoy siendo leal con lo que creo. Néstor fue un regalo de la historia, un sobreviviente de una generación decapitada, un disidente de la lucha armada que guardó en su corazón, no obstante, durante años, los sueños de ellos, que eran los mismos que los suyos, los de su compañera y los de tantos y tantos más.
No por casualidad uno de los pilares de su proyecto era el recambio generacional y la formación de nuevos cuadros. Los que nos sacarán de encima la chatura y la ignorancia que hoy reina en el Congreso serán los nuevos dirigentes, los que hoy aparecen de a racimos en el kirchnerismo, pero es de esperar que surjan también en todas las otras fuerzas, para que alguien recoja el guante de la discusión política a la que Néstor nos invitó, y la pluralidad no sea la excusa, como es usada ahora, para asfixiar una vez más un brote de poder popular.
Desde el día en el que hizo descolgar los cuadros de los asesinos, se hizo evidente que él hacía cosas que nadie antes había hecho, y no porque era imposible, sino porque faltaba estrategia, coraje, confianza, autoridad. Le achacan autoritarismo. A la autoridad de un presidente constitucional le llamaban autoritarismo. Siempre le han llamado como quisieron a todo. Néstor nos ayudó a renombrar nuestro mundo, el del nuevo paradigma, el mundo de nuestros sueños.
Recuerdo ahora una columna que escribí justo antes de aquellas elecciones desesperanzadas del 2003, escrita en el dolor del naufragio y la amargura de comprobar que nuestra sociedad se pliega en nichos de profundo individualismo y mezquindad. Se llamaba “Imagino”, y decía que después de todo lo que uno sueña para su pueblo es una vida que incluya el trabajo, un desayuno con algo calentito y pan con miel, un techo, un cumpleaños, un regalo para el Día del Niño. Decía que ahí, en esa escena privada de cualquier argentino vulnerable, en ese movimiento de regreso a la equidad, estaba el motor de nuestros sueños.
Con Néstor descubrimos que esa escena privada que replica la felicidad de un pueblo depende del líder apropiado, pero también de una correspondencia, un intercambio de lealtad entre ese liderazgo y los sectores que representa. Hoy hay una nueva generación de militantes que se suma a militantes de otras generaciones que nunca habían encontrado una expresión política que hablara por ellos. Su entrega final quizá nos diga la importancia de lo que está en juego.
No tengo más que gratitud hacia el hombre que, como un iluminador en un cine muy oscuro, nos señaló el camino, no para hacer inevitable algún tropiezo, sino para advertirnos que sí, que hay un camino.


Por Sandra Russo para “Página 12” del 29-10-10

¡ AGUANTE DILMA ROUSSEFF !


MIRANDO HACIA ADENTRO apoya oficialmente la candidatura de la compañera DILMA ROUSSEFF a la Presidencia del Brasil y la del compañero Luis Inacio LULA da Silva a la Secretaría General de UNASUR.


NO ES EL PERSONAJE QUE LE CUENTAN POR AHÍ, LECTOR (1) , por Mario Wainfeld (para "Página 12")

Arriba : Néstor Carlos Kirchner, Lupo, el Pingüino. Un León de las Pampas.
[El pie de foto fue agregado por "Mirando hacia adentro"]

Las obras y las despedidas

Por Mario Wainfeld


En 2007, tres periodistas y un fotógrafo de Página/12 fueron a El Calafate a hacerle un reportaje a la senadora Cristina Fernández, ya elegida Presidenta, aún sin asumir. Un rato después, el cronista caminaba con Néstor Kirchner por ahí. El entonces presidente se llevaba poco con los porteños pero se permitía aspirar a su redención. “¿Vendría a vivir acá?” El escriba, exagerando, respondió que podría pasar veinte días, para desenchufarse. Kirchner argumentó: “Acá se piensa mejor. ¿Vio que uno a veces piensa demasiadas cosas al mismo tiempo, se desordena? Acá la cabeza se ordena”. Podrá ser, pero su cabeza era ordenada, sistematizada. Pensaba en vectores, en trazos gruesos pero con mucha más claridad y menos atropello que su verba.
El cronista le hizo cuatro reportajes, uno como candidato, tres como presidente. La conversación empezaba antes de que se encendiera el grabador y seguía después. Podía haber un intermezzo futbolístico pero todo era política. No había gran diferencia entre la entrevista y el tramo de charla.
Como se conoce, a veces se enfadaba por una nota. Al cronista le tocó, en varias ocasiones. Llamaba por teléfono o discutía de cuerpo presente. “¿Puedo criticar?” empezaba, burlón. Había leído en detalle, podía embroncarse mucho o chicanear o las dos cosas. “Usted se equivoca”, dijo muchas veces y se zambullía en largas disquisiciones a menudo salpicadas por cifras de todo pelaje. Jamás le dijo “cállese la boca”. “Usted tiene que entender –cualificaba– porque usted militó, hizo política.” Eventualmente había acuerdo, la mayoría de las veces, no. “Con reshpeto, eh?”, terminaba, si mediaba el celular. Si había cercanía, solía saludar, palmear, mordiéndose el labio inferior como corroborando su afectividad. Era desmañado, torpe, afectivo.
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No es el personaje que le cuentan por ahí, lector. Es el que conoció el escriba. Chimentan que jamás aprendió nada, es raro porque sabía mirar. Reconoció, en su gira de campaña, que jamás había imaginado (no ya visto) la pobreza del norte argentino, tan diferente a la patagónica. Aprendió la relevancia de la política internacional que consideraba un perdedero de tiempo cuando desembarcó en la Rosada.
El miércoles a la noche el presidente Lula da Silva, uno de los más grandes estadistas del mundo, lo describió mejor que muchos académicos o periodistas argentinos. El ecuatoriano Rafael Correa y el boliviano Evo Morales dijeron que no serían presidentes ahora, de no haber mediado el activismo del hombre de trajes cruzados. Hay que oír lo que dicen de él los principales dirigentes de la Concertación chilena, tan distintos en estilos, formación y modales. Un compañero, entendían, aunque abrupto y barullero como suelen ser los argentinos.
Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, le solicitó a su colega Cristina Fernández quedarse en la capilla ardiente hasta que llegara el bolivariano Hugo Chávez. “Quiero darle un abrazo en público, acá, frente al presidente Kirchner.” Habrá razones de política doméstica, lógicamente. Pero también mediaba un reconocimiento.
Raro para ese dirigente que “nos aisló del mundo”.
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Si el cronista entendió bien a Max Weber (no tuvo tiempo ni ganas de repasarlo en estos días), el líder carismático es aquel que consigue legitimidad, obediencia, a través de su obra. Su poder no emana ni de la ley previa ni de la tradición, lo validan sus acciones. Como Hércules, si el lector prefiere la mitología, forzado a cumplir hazaña tras hazaña. O como los profetas, como el mismo Jesucristo, que predicaba bien pero a quien le exigían milagro tras milagro para reconocerlo como Mesías. Son comparaciones desmesuradas, meros ejemplos didácticos, se aclara por las dudas.
Kirchner, sin votos, sin conocimiento público, sin mucho tiempo para revalidarse captó que se legitimaría por las obras. Seguramente no había leído a Weber pero tenía las ideas claras.
Sus obras, sus hechos le fueron agradecidos por una marea humana, como lo debió soñar alguna vez porque lo apasionaban y conmovían las multitudes.
Lo lloraron también minorías organizadas, los movimientos de derechos humanos, la comunidad gay, dirigentes sociales de muy abajo. Amén de trabajadores organizados, que mejoraron mucho su posición relativa.
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Los denuestos que le propinaron otros argentinos tienen, al menos, una virtud: comprueban la libertad de expresión que existe en estas pampas.
No hubo unanimidad, más vale. También se festejó su muerte, en ámbitos privados, en diarios poderosos intramuros y por escrito. No se fue con la aprobación unánime de la “opinión pública”. En una sociedad diversificada y pluralista eso es, afortunadamente, imposible. Como fuera, se palpó una aprobación masiva importante, que contradijo la leyenda del hombre aborrecido, solo en palacio, que sólo lograba eminencia y autoridad a golpes de caja y aprietes.
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Partido en plena actividad, el legado se sigue tramitando. Cien interrogantes quedan abiertos ¿Cerrará “el modelo”? ¿Habrá llegado a su techo o a un cuello de botella? ¿Terminó un ciclo? Dependerá de cientos de factores. Esos debates prosiguen, en una sociedad más politizada que la que encontró y con más recursos económicos, que subsidian las polémicas. Ahora son posibles hipótesis de trabajo que antes eran delirantes.
Nadie se lleva la unanimidad, nadie es dueño de la razón. No era malo su oxímoron “verdad relativa”. Eso sí, algunos dictámenes y profecías quedaron refutados tras su desaparición prematura. Hubo quien vaticinó que terminaría como Nicolae Ceausescu. Pero el hombre tuvo a bien morir entornado de amor y agradecimiento popular, contemporáneo a su acción, como Perón o Evita.


por Mario Wainfeld, para "Página 12".



(1) : La nota original de Página 12 digital se publicó con el título de "Las obras y las despedidas", pero me pareció más significativo el título que le puse, tomado de una frase de Wainfeld en la nota. ¡Perdón Mario!...


Adrián Corbella

CFK : "NO VAMOS A CAMBIAR JUSTO AHORA", por Horacio Verbitsky (para "Página 12" del 30-10-10)


PALABRAS DE CFK AL DESPEDIR A KIRCHNER


La resurrección


Al retirarse del cementerio de Río Gallegos donde despidió a su compañero político y sentimental de toda la vida, la presidente CFK entregó una definición que va mucho más allá del momento y el lugar en que la pronunció. “No vamos a cambiar justo ahora”, dijo con una sonrisa a pesar del dolor.


Por Horacio Verbitsky


Desde Río Gallegos


No era necesario ser creyente para sentir emoción durante la sobria y cálida ceremonia con que tres sacerdotes amigos de la familia Kirchner despidieron a Néstor, el viernes en el cementerio municipal de esta ciudad que él condujo, como intendente y gobernador. Todo transcurrió con una intensidad, un decoro y una ternura que ninguno de los privilegiados que pudimos asistir olvidará. Cristina quiso que la acompañara un centenar de personas, entre representantes de organismos defensores de los derechos humanos que llegaron desde Buenos Aires, familiares de Kirchner, unos pocos legisladores a los que siente próximos, como Agustín Rossi o Eduardo Fellner; amigos de toda la vida y compañeros de militancia, de ella, de Néstor y de Máximo Kirchner. En cambio, dispuso que los ministros y funcionarios no abandonaran el trabajo en Buenos Aires, con escasas excepciones como el jefe de gabinete Aníbal Fernández y su vice Juan Manuelito Abal Medina, y aquellos que acompañaron a los Kirchner desde Santa Cruz, como Julio De Vido, Carlos Zannini, Héctor Icazuriaga o Nicolás Fernández, o en la militancia setentista, como Carlos Kunkel y El Pampa Alvaro. Algunos que ignoraban la consigna, o que decidieron ignorarla porque necesitaban una foto, debieron volverse del Aeroparque sin asiento en los aviones, como el Procurador del Tesoro, Joaquín Da Rocha, el resistente.


Murió sereno


Mientras aguardaba dentro de la capilla la llegada de la comitiva, el padre de Plaza de Mayo Julio Morresi se acercó a María Ostoic y le dijo que con su hijo se había ido el mejor. “Ya va a venir otro”, respondió la madre del ex presidente, que al filo de sus 90 años mostró una serenidad asombrosa. Contó que en el rostro de su hijo muerto vio una expresión relajada. “Murió sereno.” Como quien reflexiona en voz alta dijo que el acto en el Boxing Club con los gobernadores le sonó como una despedida y que no entendió qué intentaba transmitir Kirchner cuando dijo que volvía a Río Gallegos. “Tal vez así impidió una tragedia mayor”, reflexionó, enigmática. No parecía que estuviera hablando de política. Suspiró y dijo: “Vuelve a la ciudad en la que nació. Los hijos deberían enterrar a los padres y no al revés”. Amigos de Río Gallegos contaron que Kirchner acababa de comprar una parcela en el cementerio local y que la noche anterior a su muerte había hablado de ello con Cristina. Los dos dijeron que no les gustaban los velorios en el Congreso, a cajón abierto, en los que los restos de lo que fue una persona quedan expuestos a las miradas morbosas de cualquiera. En la segunda fila de la nave escuchaba estos comentarios la hija menor de María Ostoic, María Cristina Kirchner, Macris o la verdadera Cristina Kirchner, como bromean los íntimos, a quien acompañaban sus hijos, un morocho fornido de 12 años y una señoritunga pizpireta de 11. Farmacéutica del hospital local, Macris rara vez viaja a Buenos Aires. Todos los Kirchner han heredado la nariz de María Ostoic, pero Macris comparte el rostro romboidal de su sobrino Máximo, a quien se parece más que a sus hermanos Néstor y Alicia. Máximo, que durante más de veinte horas no se separó de su madre en la capilla ardiente, se estremeció con un recuerdo al abrazar a un compañero en Río Gallegos. “Al matar a ese pibe en Constitución también mataron a mi viejo. Estaba indignado. Todos esos tipos tienen que ir en cana”, musitó. Junto con Cristina y sus hijos llegó su hermana, la médica Giselle Fernández. En la capilla también se abrazaron Alessandra Minnicelli, la esposa del encanecido Julio De Vido, quien hace apenas un mes perdió a su hijo Facundo, de 21 años, en un estúpido accidente cuando su auto mordió un cordón y embistió un poste, y la actriz Andrea del Boca. Hace cuarenta años ambas actuaron en Andrea, una película infantil filmada en esa misma ciudad. No habían vuelto a verse desde entonces. Se tenían de la mano, con los ojos empañados por el llanto.
La muy austera ceremonia ocurrió en la capilla del único cementerio de Río Gallegos, que no es privado por si hace falta decirlo, y estuvo a cargo de tres sacerdotes de estrecha relación con la familia Kirchner. Junto al espacio reservado para el féretro instalaron una corona muy sencilla, de pocas pero frescas flores, con una cinta argentina de plástico que sólo decía Cristina, Máximo y Florencia. No fue una misa, sino la lectura de un breve texto bíblico y una conversación entre amigos. Por eso el obispo Juan Carlos Romanín, quien desde el conflicto docente encabezó la oposición provincial, aceptó un consejo de conocidos cautos y se abstuvo de comparecer. Todos tenían presente el sonoro improperio, “Hipócrita”, con que un feligrés católico respondió a las melifluas palabras del cardenal Jorge Bergoglio, y el fastidio que causó la fugaz aparición para las cámaras en la Casa Rosada de Alcides Jorge Pedro Casaretto, luego de siete años en que ambos políticos episcopales trataron de hacerle las cosas difíciles a Kirchner y a su esposa en todo lo que estuviera a su alcance. Esa jerarquía tiene escasa relación con el gobierno pero preferiría que se notara menos. Lo siente como una capitis diminutio porque sólo se concibe como parte de una Iglesia del poder, aunque declame lo contrario. En cambio se comentaba con tolerancia, por su edad y porque nunca hostilizó a Kirchner, el rezo del jubilado obispo de San Isidro y Morón, Oscar J. Laguna, y con respeto la discretísima visita del arzobispo de Luján, Agustín Radrizzani, a quien CFK debió consolar cuando le tomó las manos en un pasillo lateral, lejos de la vista del público, y la de su predecesor, el jubilado Rubén Di Monte.


La última zambullida


Imposible imaginar mayor contraste entre el boato y la artificiosidad del rito celebrado en la Catedral porteña y el encuentro afectuoso entre viejos conocidos en la capilla patagónica. Sus paredes están pintadas de un vivo color salmón, y vidrios amarillos y ocre, sin iconos, filtraban la luz de un día nublado. Con su techo de madera clara y apenas una cruz como símbolo religioso, es tan despojada como un templo protestante. Allí se celebró la vida y no la muerte. La comitiva logró vadear con mucha dificultad y lentitud el río humano que se desbordó a los lados de la ruta desde el aeropuerto. Algunos presuntos buenos cuberos estimaron que se había volcado a la calle la mitad de los 117.000 habitantes de la capital provincial. Como hacía en vida, Kirchner se zambulló por última vez en la multitud. Al pasar por algunos barrios se veían más lágrimas que dientes. Unas pocas vallas cayeron por la presión humana y no faltaron empellones, entre petroleros y albañiles, a ver quién cuidaba mejor a Cristina. Los invitados por la presidente vieron por televisión en Río Gallegos cuando Cristina hizo detener el auto, bajó y les recriminó a los policías por empujar a quienes sólo querían despedirse de Kirchner. Fue un gesto como para que nadie tuviera dudas sobre el carácter de la persona al mando, a la que tantos se proponen ayudar, con las mejores o las peores intenciones. Los amigos de Santa Cruz acotaron que no era un gesto para los medios, que lo mismo hizo durante la campaña electoral con un custodio que empujó a un militante que intentó acercarse al helicóptero. “Las elecciones se ganan con votos y no con seguridad. Y los votos se ganan de a uno”, le dijo.


Resucitar en el pueblo


Dentro de la capilla, que terminó de construirse durante la intendencia de Kirchner, el cura Lito Alvarez recibió a la presidente y su familia. Cristina se sentó en la primera fila a la izquierda del féretro, junto con sus hijos, el gobernador Daniel Peralta y el presidente de Venezuela. A la misma altura, sobre la derecha, seguían su suegra, sus cuñadas y sus sobrinos.
–Este es mi cura preferido le explicó Cristina a Hugo Chávez Frías, señalando a Lito Alvarez.
–¿Y yo, qué soy?, protestó el sacerdote Juan Carlos Molina, el rubio alto de barba rala que durante las interminables horas del velatorio porteño permaneció de pie consolando a su amiga Alicia Kirchner.
–Bueno, los dos son mis preferidos. Pero no se hagan los locos, concedió Cristina
De pantalón y campera los dos, azul tejida Alvarez y de paño gris Molina, el único ornamento que cada uno lucía era una estola blanca, con cruces de color. Alvarez dijo que estaban allí para despedir al amigo y acompañar a su familia y que serían breves y cuidadosos, no fuera cosa que Néstor se levantara y les apoyara una de sus manazas en la cara y los hiciera callar con un “ya estásh diciendo macanas”. Leyó el bello párrafo del Evangelio según Mateo sobre el juicio final (25: 35/40) en el que Jesús dice a sus discípulos que el Reino de los Cielos se abrirá para ellos porque “tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”. Los justos le preguntarán sorprendidos cuándo le dieron de comer y beber, lo alojaron y vistieron y lo fueron a visitar, y “el Rey les responderá: cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. Luego, el cura Lito dijo que hablaría de la resurrección. Explicó que todos nos morimos, pero pocos dan la vida, como Kirchner la dio. Y que quienes dan la vida resucitan en el pueblo. “El pueblo argentino resucitó, porque estaba humillado y sin esperanzas y Néstor con sus actos se las devolvió.”
Alvarez, quien ese día cumplió sus 49 años, es el sacerdote de El Calafate a quien dos horas después de la muerte de Kirchner la presidente le contó cómo fueron sus últimos momentos de vida, desde que se desplomó en sus brazos luego de intentar incorporarse al sentir un dolor en el pecho y dificultad para respirar. La vio entonces, tal como horas después la vería todo el país, destrozada de dolor pero entera, afectuosa y preocupada por sus hijos. Lito le dijo que recién entendía por qué Kirchner la llamaba “Presidente Coraje”.


Caprichoso, caprichoso


Lo siguió en la predicación Juan Carlos Molina, quien atiende hogares para jóvenes con problemas de adicción en Caleta Olivia, en la provincia del Chaco y en Haití. Contó que durante el velatorio en Buenos Aires, Cristina pasaba la mano por el lustroso ataúd y como si acariciara a Kirchner le decía en voz muy baja “caprichoso, caprichoso”, que quería decir empecinado, cabeza dura. “Caprichoso, sí. Néstor era caprichoso y por eso el pueblo argentino está hoy como está y le responde como le responde”, dijo el cura. Dijo que Kirchner entró al salón de los patriotas latinoamericanos preparado con los atributos de presidente, pero que Cristina y Alicia fueron colocando sobre el féretro y a sus pies los regalos que la gente le fue alcanzando, “hasta que salió de allí como el hombre del pueblo, como un líder”. Cinco cajas grandes llenaron esos tributos populares. Como Sergio Soto es el primer nativo de Gallegos que llegó a cura, dijo unas palabras sobre su emoción al despedir al primer presidente nacido en Santa Cruz, así como Fernando de la Rúa opinó por televisión que la gran lección de estos días es que hay que respetar a los ex presidentes. Un parroquiano que lo escuchó después de asistir al velatorio, increpó al televisor en una parrilla de Buenos Aires: “Kirchner murió, vos mataste”.
Cuando terminó Sergio Soto, Juan Carlos Molina recordó que al asumir la presidencia Kirchner dijo que no dejaría sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada. “Tampoco quedarán enterradas ahora en el cementerio de Río Gallegos”. Luego convocó a madre, hermanas, esposa, hijos y sobrinos de Kirchner a rodear el féretro y despedirse con alegría por la vida. Después de ese último abrazo, la presidente acompañó hasta el aeropuerto a Chávez, quien apenas pidió un viva por el ex presidente y otro por la Argentina. También ordenó que los miles de personas que esperaban en la calle pudieran entrar para despedirse de Lupo, como todos siguen llamándolo aquí, aunque para eso hubiera que postergar el traslado a la cripta familiar. Antes de irse, Cristina avanzó hacia las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo y se abrazó con ellas. “Viste, somos peronistas. Siempre andamos en medio del pueblo y el tumulto. No vamos a cambiar justo ahora”, me dijo con una tenue sonrisa y con una entonación endulzada por el dolor y el cansancio. ¿Quién que la conozca y no la subestime puede esperar otra cosa?



Por Horacio Verbitsky para “Página 12”.


COMENTARIO DE "MIRANDO HACIA ADENTRO" :
Una nota impresionante de Verbitsky, que nos muestra la grandeza de dos seres humanos :
Néstor Carlos Kirchner, el Eternéstor, un hombre desaparecido en su cénit y que, como Carlos Gardel, será leyenda y cada día cantará mejor ; y la Presidente Coraje, Cristina Fernández.

sábado, 30 de octubre de 2010

ELLA Y ÉL, por Sandra Russo (para "Página 12" , contratapa del 30-10-10).


Apenas unos minutos después de haber inaugurado la capilla ardiente, Cristina acariciaba el féretro como se acaricia una camisa. Ya la separaban de su esposo las infinitas distancias que imponen los féretros cerrados. Al mismo tiempo, esa distancia indicaba que ellos, la esposa y los hijos, ya habían elegido una despedida anterior, íntima y secreta, preservada de lo público, a lo que ellos dedicaron sus vidas.
Los dedos de uñas largas y pintadas con laca blanca de ella recorrían la madera como si fuera el cuello de una camisa, como una forma quizá de resistencia a esa brutal distancia que era y será tan abismal durante el duelo. En el duelo acaso descubra, sobre todo tratándose de una pareja como ésa, que la distancia es negociable. Que la distancia entre el que se fue y el que se queda se sigue discutiendo entre los dos durante mucho tiempo. Que hay una energía psíquica que vence a la materia. Que hay compañía mutua. Que no está sola y tampoco de él.
El lustre no parecía suficiente. Había una arruga en la bandera. Ella tenía los ojos tapados por los anteojos negros, pero su media cara dejaba ver la oscilación entre la fortaleza y el escalofrío. Las flores estaban desordenadas. Un rosario estaba a punto de caerse. Una carta muy especial fue guardada debajo de la bandera. Ella se ocupó de todo eso, anfitriona de la despedida.
Acariciaba la mano de su hijo Máximo, pasaba las manos por el pelo de su hija Florencia. Cada tanto. Pero estaba inaugurando esa escena primera y final de su vida. Estaba presidiendo la capilla ardiente por la que durante horas y horas y horas vería pasar en llanto a los que la sostendrán y ella y él sostuvieron. Replicó miles de veces en el día y la noche interminables el gesto de tocarse el corazón y enviárselo a la gente.
Ese gesto contenía otro mucho más profundo. El había entregado su corazón casi literalmente. O por qué estaba ella ahí, despidiéndolo tan joven. En la despedida a Néstor hubo eso, sobró eso, corazón. La infinita fila de ciudadanos que pasaron por allí iban expresando, cada cual a su modo, su temple, su pericia para explotar de pena, qué le agradecen. En casi todos los casos, algo que les fue devuelto, lo hubieran o no tenido antes.
Esto no se inventa ni se falsifica. El amor de un pueblo por su líder no se fabrica ni se prostituye. Su degradación lo vuelve instantáneamente otra cosa. Mientras es amor, mientras se mantiene en su fase de amor, con conciencia y memoria, es en realidad el máximo lugar al que puede llegar alguien con vocación política, y adonde llegan tan pocos: al corazón de su pueblo. A Néstor esa victoria ya le pertenece.
La gente pasaba y lloraba y gritaba. Ella parecía reconocer a los que iban pasando, esas caras destratadas de viejos y viejas de barrios populares, esos chicos y chicas, militantes de ojos hinchados, los trabajadores que ofrecían sus cascos o sus camisetas. Ella los reconocía como él lo hubiera hecho porque ése es su paisaje, el de la política de Estado que nunca abandonó su trabajo territorial. En muchos casos, de esa fila salían testimonios que ayudaban a entender que mucha de esa gente es la nueva ciudadanía. En estos años hubo condiciones propicias para darla a luz. Ese es uno de los mayores logros del proyecto de los dos: más y cada vez más ciudadanos.
Ella a veces los calmaba a ellos. De pronto, una chica muy joven rompía en llanto y ella, la Presidenta y la viuda, la que iba siendo nombrada candidata y conductora, se paraba, se acercaba, la consolaba. La consoló a Hebe. Pudieron leerse sus labios: “No hay que llorar”, le dijo. Hizo lo mismo con Lula: lo desacongojó sacándole una pelusa del saco. Ella ya era la madre. Era la Presidenta y la viuda, pero se volvía madre a medida que pasaban las horas.
Cristina hacía esa noche, casi sin moverse y hablando muy poco, un viraje profundo de su propio rol. Necesitará tiempo para acomodar las partes, pero parece preparada para aceptar el reto, la responsabilidad. Hasta ahora su femineidad fue otra, la de la esposa con agallas propias pero también la depositaria de la admiración y la seguridad que él le irradiaba. Han sido una pareja de extraña y curiosa completud.
Un video los mostraba estos días muy jóvenes, en La Plata, él haciéndole cuernitos y ella simulando no darse cuenta para retarlo. El flaco, con anteojos setentistas, y ella con el pelo largo hasta la cintura. Han compartido en más de tres décadas sus vidas mucho más de lo que habitualmente las comparten los esposos. La mirada nublada y protectora de su hijo Máximo dio larga cuenta de los lazos fuertes que, como hasta ahora, siguen siendo de amor y políticos.
Ella mantuvo todo el tiempo la oscilación entre la entereza y el escalofrío, pero quién duda que estará bien dispuesta a continuar con el trabajo, que es mucho. No lo hará sola de Néstor, porque inevitablemente seguirán haciendo juntos muchas cosas a la vez.


por Sandra Russo para "Página 12".

Publicado en :
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/index.html

IDENTIDADES, por Luis Bruschtein (para "Página 12" del 30-10-10)

Arriba : La imagen no aparece en la nota original de "Página 12".


Un año atrás, uno se peleaba hasta en el quirófano con el cirujano que lo estaba por operar. En la Capital nadie podía decir que era kirchnerista o que este Gobierno no era tan nefasto. Hasta el encargado del garaje se mimetizaba con los patrones y discutía como si fuera dueño de varias hectáreas en la Pampa Húmeda. Parecía que el que no odiaba o no despreciaba al Gobierno y a sus seguidores y simpatizantes también se merecía la misma miradita despectiva. “Son peores que la dictadura”, decían algunos y parecía lo más normal del mundo. En el gimnasio, kirchnerismo era mala palabra; en el country, pecado mortal, y en la reunión de consorcio mejor ni hablar. Pero ayer y anteayer, la Plaza y el trayecto de la caravana fúnebre que llevaba el ataúd del ex presidente Néstor Kirchner estaba a reventar de clase media. Había de todo, también obreros y villeros y muchísimos jóvenes, pero también mucha clase media, que es la que vive más cerca del centro de la ciudad, y la mayoría de los que estaban habían llegado por sus propios medios.
Esas personas salieron de abajo de las baldosas, cambiaron el escenario. Seguramente no son las mismas que expresaban y expresan tanto odio y superioridad, amparadas en el discurso hegemónico de los grandes medios. Los que estuvieron despidiendo al ex presidente tuvieron que aguantar todo este tiempo ese discurso tan agraviante y descalificador. Se lo aguantaron sin abrir la boca porque seguramente creían que eran ellos solos los que pensaban así. Ellos contra una inmensa mayoría, era una sensación permanentemente confirmada por la voz uniforme y corporativa de casi todos los opinadores políticos, los zocaleros y los informativos de los grandes medios. Entre todos forman una sola voz que supuestamente habla en nombre de todos pero que deja, por lo menos, a medio país afuera. Una sola voz hegemónica que excluye a grandes sectores de la sociedad.
Hubo políticas económicas de exclusión, que enviaron a grandes sectores de la clase trabajadora y de las capas medias a las villas miseria. Y también hay discursos periodísticos excluyentes que mandaron a la clandestinidad a una cultura política que no tuvo expresión en los grandes medios y que, en contraste, nunca fue menos que primera minoría. Es decir, eran porciones gigantescas de la sociedad enviadas a las catacumbas.
Un golpe tan tremendo como la muerte de Kirchner puso eso en evidencia. A mucha de esa gente ya no le importó que la identifique el vecino del consorcio, o que la cacatúa que pasea el perro a la mañana la mire de reojo. Fueron a la Plaza y de golpe se dieron cuenta de que eran muchos los que pensaban como ellos. Los periodistas de los grandes medios saben ahora que no les hablan a esos millones de personas, que las dejan afuera. Ya no se pueden hacer los democráticos inocentes, como tanto les gusta.
No es tan raro que, cuando se les preguntaba, algunas de las personas que lloraban a moco tendido dijeran que no habían votado a Kirchner o que no eran kirchneristas. Una aclaración típica de la vergüenza de medio pelo que se actúa para los medios. Suena ridículo, pero es muy probable que esas personas sí hayan votado al kirchnerismo y tuvieran vergüenza de reconocerlo ante el gran inquisidor antikirchnerista: los canales de televisión. O en todo caso estaban reconociendo que no lo habían votado, presionados por esa fuerza mediática. Nadie llora así o se aguanta a pie firme ocho horas de cola por cualquiera. El impacto de la pérdida de Kirchner despierta al que estaba dormido, no al que estaba despierto y en contra.
Fueron miles y miles en la Plaza de Mayo, cientos de miles que se renovaron constantemente durante el día y medio que la capilla ardiente estuvo en la Casa de Gobierno. Pero más allá de la cantidad, lo más sorprendente fue la composición en cuanto a edades y pertenencias culturales.
Nunca antes fue tan notable la presencia masiva de los jóvenes y adolescentes. Ellos fueron la gran mayoría en ese acto de homenaje al ex presidente fallecido. De alguna manera ese político de mocasines, corbata y traje cruzado gris, que no era un gran orador, los sensibilizó con la política. Es algo que todavía nadie incorporó a la lista de méritos de Kirchner. Y es posible que haya sido uno de los más importantes. Fue increíble: los pibes gritaron todo, lloraron todo, expresaron una admiración desafiante por Kirchner. Reclamaron protagonismo, pidieron cancha. Algunos estaban encuadrados, pero la mayoría no, y expresaban con claridad el impulso de involucrarse y comprometerse, como si estuvieran marcando el punto de inflexión del fenómeno inverso. Los adultos y los siempre criticados setentistas nos corrimos.
Los setentistas son presentados siempre como los eternos políticamente incorrectos (en el mejor de los casos). Ya no son tantos en las marchas pero había una conexión entre ellos, el ex presidente fallecido y los pibes: la pasión. La conexión está en la pasión por una política con sentido social y transformador. Y no sólo como una actividad técnica o profesional como ha sido planteada desde lo políticamente correcto. En todo caso, los jóvenes se ven atraídos por Evita y el Che y ellos son su marca generacional. Los llevan en las remeras, en sus banderas o en sus tatuajes. Estaban allí para rendir homenaje a Kirchner, pero convocados quizá por intereses diferentes. Algunos venían interesados por los derechos humanos, otros encolumnados con la juventud sindical, otros sueltos y algunos con distintos grupos peronistas y de izquierda. Pero las marcas generacionales son más o menos las mismas, incluyendo a la juventud sindical.
También había grandes grupos de los sindicatos, desde UPCN hasta el Smata, la UOM y camioneros. En este caso eran grupos de adultos con el folklore más tradicional del acto peronista, con Perón en el centro del santoral, descamisados, sudorosos y gritones, el verdadero icono demonizado por los medios y el gorilismo y endiosado por el peronismo tradicional. Sobre todo en la Plaza, y no tanto en la fila para entrar, había numerosos grupos de sindicatos.
Y después había banderas de algunos de los grupos de izquierda, como el Partido Socialista y el Partido Comunista, y de los movimientos sociales que surgieron en los ’90, el Evita, la Tupac, la FTV, el MUP, el Frente Transversal y otros.
Pese a la heterogeneidad, no había notas discordantes en ese conglomerado. Y lo heterogéneo no era tan llamativo como la naturalidad de sus coincidencias y la convivencia bastante pacífica y bastante armónica. En otros momentos, esa heterogeneidad hubiera explotado, pero Evita, el Che y los derechos humanos generan una identidad superior que no tapa las identidades más particulares. Incluso Perón resuena en ese colectivo. Hay una base cultural plebeya y peronista en términos muy genéricos, galvanizada por la fuerte marca de las nuevas generaciones. Los rasgos más distintivos provienen de ellas y las referencias históricas tienen un peso simbólico diferente al de épocas anteriores. Sobre esa base se va generando una nueva identidad política que no tapa a las anteriores, pero que es más representativa de una época.
Sería ilógico pensar que todas esas personas que asistieron a los funerales de Kirchner después no se sientan contenidos por esa identidad, el kirchnerismo, a la que ellos también aportaron. Esa identidad empieza a surgir, asentada en culturas políticas previas, pero como un fenómeno actual, escrito muy sobre la marcha, que se visualiza como las antiguas escrituras de limón, cuando algo las lleva a la superficie. En este caso, el catalizador fue la muerte de Néstor Kirchner. Esa heterogeneidad se vio en otros actos del kirchnerismo, pero sin cristalizar. La marginación que le aplicó el sistema mediático la terminó de coagular, aunque todavía le falte para terminar de cohesionarse.


por Luis Bruschtein

SU VIDA FUE EL COMBUSTIBLE QUE REVIVIÓ A UN PAÍS MORIBUNDO, por Adrián Corbella (para "Mirando hacia adentro")

Arriba : Simplemente Néstor

Alto, flaco y desgarbado ; bizco y narigón ; desaliñado, desprolijo y un poco torpe…


En este envase, ideal para un actor cómico, nos llegó a los argentinos el que estoy convencido que será con el correr de los años una de nuestras máximas figuras. Un hombre construido con la materia prima de los héroes.


Un hombre que llegó al poder casi por casualidad, siendo para muchos una incógnita, pero que tuvo la capacidad y la valentía de dar el golpe de timón necesario para poner a la Argentina en una nueva senda, en un nuevo camino. Con tozudez y un arrojo a veces suicida él y su socia política, Cristina Fernández, su eterna compañera, enfrentaron factores de poder que parecían invulnerables, dentro y fuera del país. Y lo hicieron manteniendo la democracia, fortaleciendo la libertad de prensa, garantizando la independencia del poder judicial y negándose fanáticamente a reprimir cualquier tipo de protesta. En absoluta paz y libertad.


Uno puede hacer una larga lista de logros políticos, económicos y sociales. Pero quizás más importante es el cambio de mentalidades, el cambio de paradigma.


Néstor fue un hombre que nos devolvió la esperanza; que nos devolvió los sueños ; que nos demostró que algunas “utopías” son bien reales, están a la vuelta de la esquina tapadas por unos “molinos de viento” que son en realidad bestias monstruosas ; que nos devolvió la fe en la política, en la democracia y en la militancia. Un hombre que puso a un país moribundo de pie.
Un hombre que, a diferencia de otros grandes líderes, que mueren sin herederos directos, nos dejó a su socia y compañera con el bastón de mando en las manos. Y esa compañera es una auténtica Leona. Una fiera indomable.


Un hombre que consumió su vida al servicio de sus ideales. Que murió en la suya, con las botas puestas. Haciendo aquello en lo que creía. Inmolándose.


La llama cegadora del León que encendió un país, que lo puso en marcha, brilla ahora en otros cielos. Y nos ilumina.
Pero queda en pie la Leona.


Un poco triste y dolida como todos nosotros.


Pero es una Leona formidable.

Adrián Corbella, 30 de octubre de 2010.

“Un héroe colectivo como los que imaginaba Oesterheld”, por Adrián Murano (para "Tiempo Argentino" 29-10-10)


Esa noche Néstor Kirchner fue el Eternauta. Habían pasado apenas 72 horas de su angioplastia. Se lo percibía convaleciente, agotado, humano. Pero le tocaba corporizar al superhéroe. Y, se sabe, los superhéroes siempre afrontan su misión. Cueste lo que cueste.Esa noche, en el Luna Park, Néstor Kirchner encabezó el acto político con mayor proyección simbólica de la era K. Acompañado por su esposa presidenta, el hombre que había llegado del frío para calentar la política argentina a fuerza de transformaciones se dejó mimar por una multitud de pibes comprometidos y entusiastas. Eran −son− los militantes de una causa que parecía perdida: la de la memoria con justicia efectiva, la equidad y la inclusión social. Eran −son− la reserva moral de un país que ya no podrá desentenderse de su destino. Eran −son− los soldados de una batalla que está lejos de terminar. Porque los Ellos todavía no fueron derrotados. Están ahí, agazapados, manejando a sus políticos-robot, a sus cucarachas mediáticas, a sus manos de obra desocupada y servil. Están ahí.


Pero también estamos nosotros.


Esa noche, en el Luna y frente a una multitud, Néstor Kirchner representó al héroe que imaginó Oesterheld: un héroe colectivo, plural, inclusivo. Vistió un traje que nos pertenece a todos.


Los Ellos ya lo saben.


El Eternauta sigue entre nosotros.


Sigue con nosotros.


Ya nada les será tan fácil.

LA CARTA DE LEO SBARAGLIA EN EL DIARIO "EL PAÍS" DE ESPAÑA


Hay muchas tristezas argentinas, que me ha tocado vivir en España. En 2001, cuando el país se desplomó, estaba en Madrid, trabajando ya por aquí. Intentando alejarme de una Argentina que poco me gustaba hace años. Y seguía por aquí cuando Kirchner asumió el poder como presidente.
Se ha dicho mucho del peronismo, que siempre he intentado entender en su gran complejidad y variedad, con esos extremos tan rotundos. Y extrañamente, Kirchner en ese cóctel, tenía algo muy parecido a un presidente humano.

El primer presidente que recuerdo bien, después de la pesadilla videla, viola, galtieri (no merecen las mayúsculas), fue Alfonsín, radical. Empecé a aprender lo que era la democracia y también viví de cerca, mientras trabajaba en La Noche de los Lápices, lo difícil que le fue negociar con el poder de los militares y los grupos económicos que los seguían manejando.

Por eso, los extraordinarios logros del juicio a las Juntas, se vieron ensombrecidos por la ley de punto final, como parte de esa negociación.

menem, o Méndez (como también se le llama), terminó de asentar esa absurda "reconciliación nacional" con balza al frente y los supuestos militares "buenísimos". Los torturadores y todo el engranaje feroz, los perros de caza de la dictadura, estaban caminando entre nosotros, con una ley que, otra vez, los amparaba.
Menem siguió. Continuó negociando con lo peor de un sistema que deja afuera a casi todos. Lo veíamos aparecer exitoso, canchero y triunfador (como lo que más me desagrada de nuestra argentina identidad). Se vendió casi todo el país a bajo precio y con altas propinas para los mercaderes. Primer mundo, sostenido con veneno y mentiras millonarias.
Con la continuación de De la Rua, el país colapsó a finales de 2001, cuando a Argentina le bajaron las acciones para seguir vendiéndola barata. Y en el 2003, después de varios presidentes en pocos años, Kirchner compitió con menem y fue declarado presidente de los argentinos.
Era el peronismo neoliberal de Méndez, contra algo que no conocíamos bien. Pero Kirchner, se parecía a algo más cercano. En su primer discurso como presidente, en Argentina lloraban de emoción y yo en España, también lloraba de alegría, por esas palabras tan humanas, que se hicieron carne política en los años que siguieron.
Todavía estaba el cuadro con la foto de videla en la puta ESMA (uno de los principales centros de tortura durante la dictadura). Kirchner lo quitó de ahí; museo de la memoria fue rebautizado. Sonriente. Cuando alguien ríe en esas circunstancias, parece que no tiene miedo. Ya no había miedo. El pingüino le hacia frente al león.
Aquel no solo fue un símbolo necesario, un gesto histórico. También fue para nosotros, los que nos habíamos maleducado en la dictadura, una concreción para empezar a saber más, porque su política de derechos humanos fue perfecta. Seguíamos aprendiendo de los 30.000 muertos con los que no pudimos hablar.
Después de eso, rajó a la policía, que todavía era la cómplice de la tortura; derogó las leyes de punto final y obediencia de vida. Y ahí se ganó el respeto de millones, como dice Mempo. Consiguió la recuperación económica, con un crecimiento del 8% anual. El campo, las exportaciones, el turismo, se recuperaron. Los científicos emigrados empezaron a volver porque se empezó a invertir en investigación, en educación, en cultura, repartiendo, por primera vez en años, las riquezas desde arriba, hacia los de abajo. Y así, la inclusión de otros millones; y así, el mejor momento económico argentino en décadas, reflejado esto también en el pago histórico de parte importante de la deuda externa.
Y eso es más humano. Quien diga lo contrario es porque, simplemente, tiene otros negocios. Negocios que les parecen más importantes que un mundo más humano y que se reflejan en lo que está ocurriendo con el sistema económico internacional en la actualidad, lleno de desigualdades.
Anteayer, la noticia me encontró en España, otra vez. Murió Nestor Kirchner, me dijeron. Y volví a llorar, pero ahora, con una tristeza nueva. Tristeza que va más allá de lo que tenemos justo al lado, por razones históricas que nos son familiares. Era una tristeza que uno comparte con otros. Una tristeza con ganas de luchar. Por seguir apostando a un país posible y a cosas positivas, que uno va a seguir apoyando, porque son buenas para TODOS.
Esta mañana acabo de llegar a Buenos Aires, amaneciendo con los millones de personas despidiendo sus restos. ¡La mayoría son jóvenes!

¡Fuerza Cristina! ¡Fuerza a los millones!

Leonardo Sbaraglia es actor argentino.
Publicado en :
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Fuerza/Cristina/Fuerza/millones/elpepuint/20101029elpepuint_10/Tes
y en

jueves, 28 de octubre de 2010

LOS MUERTOS QUE VOS MATAIS, por Eduardo Aliverti (para "Página 12" del 28-10-10)

Arriba : Tapa de Página 12 del jueves 28 de octubre de 2010.

No quiero escribir desde el resentimiento, aunque siento que, en realidad, el verdadero rencor es el de aquellos a cuyo cinismo apuntará. Algunas cosas hay que sacarlas bien de adentro bajo pena de traicionarse a sí mismo si acaso, por razones de ¿elegancia? periodística, de ser modesto con los conceptos en horas de dolor y de respeto, se las guarda. Supongo, además, que varios de los conceptos a verter serán parecidos y hasta idénticos a muchos de los que acompañan las opiniones de esta edición. Mejor. Uno se sentirá reforzado con la gente, los colegas de este diario, y otros, que piensan igual o muy parecido y habrán escrito en consecuencia. En momentos como éstos, lo que justamente hace falta es juntarse más que nunca con la gente que piensa y dice y pregona como uno. Ayer, a muy poco de conocerse la noticia, me tocó encabezar la transmisión especial de AM 750. Muchos testimonios, mucho oyente, mucho correo, muchas sensaciones. Uno tiene en esto demasiados años de entrenamiento auditivo, de saber reconocer las entrelíneas de las declaraciones, de descubrir qué hay detrás de los tonos de voz y hasta de cada inflexión. Y entonces percibe, registra enseguida, no se le escapan ni las respiraciones. Percató en consecuencia la angustia auténtica de la gente común que llamaba a la radio; la que conforma lo definible desde hace un tiempo como la “minoría intensa” de la sociedad, contra la presunta mayoría invertebrada que está festejando la muerte de Kirchner. Sin embargo, a la par llamó la atención de quien firma la cantidad de llamados del tipo “no soy peronista, no soy kirchnerista, no quiero a este gobierno, pero...”. Ese pero. Ay, ese pero. Cuánto que hay en ese pero de “me parece que me di cuenta ahora, con la muerte, de que no hay nada real mejor que esto, por más que no me guste”.

Sea así o más o menos así, esa gente, esos peros, se sintieron legítimos, audaces, compungidos. Atención con esa tomada de nota de que ahora se corre peligro de retroceder, tanto que lo putearon. No tengo cómo justificar la elevación de los llamados a una radio a la categoría de sondeo representativo... salvo por eso del oído entrenado, de la medición automática de percepciones. Y también como quiera que sea, en cualquier caso es mucha gente con una honestidad intelectual, o sentimental, infinitamente mayores que las disfrazadas por los temporarios acomodaticios de las condolencias. Cobos, traidor, capaz de decir que se nos fue un gran líder. Andate Cobos, por favor. Andate. Pero no del Gobierno del que formás parte a la vez de denostarlo. Andate a tu casa, directamente. Por un instante de tu vida tené mínima conciencia del ridículo. Sólo eso, Cobos. Sólo eso. Vos y todos los demás que ahora descubrieron en Kirchner al tipo que llevaba la política en la sangre, al militante tiempo completo, al apasionado que deja un vacío enorme, al hombre de convicciones. Vos y todos los demás que hasta las 10 de la mañana de ayer definían esos flamantes méritos del muerto como la expresión del crispado que violentó a este país, del autoritario que nos volvió a las catacumbas de los ’70, del enajenado que nos lleva al caos institucional. Y vos, Van der Kooy, que a los veinte minutos de la muerte ya tenías subida tu columna gozosamente mal disimulada. Y vos, Fraga, Rosendo Fraga, asesor de Viola, del general Viola, del asesino Viola, que te permitiste elevar, con el muerto fresco, las condiciones a las que debe sumirse Cristina ahora que puede ejercer el Poder. Vos, Fraga, venís a cerrar el circuito que inauguró José Claudio Escribano, el mandamás de La Nación, cuando apenas asumido Kirchner en 2003 le puso en tapa el pliego de bajezas a que debía rendirse si quería completar el primer año de mandato: reacomodar las relaciones con el FMI, amnistiar a los milicos, romper con Cuba. Con Kirchner inaugurado, primer pliego. Con Kirchner muerto, también enseguida, el segundo: que Cristina se saque de encima a Moyano, a Moreno y a quien haga falta para demostrar que no es igual que el marido. Hasta un tipo de derechas como Federico Pinedo, pero con sensibilidad perceptiva –digamos que un caballero– le dijo al aire al suscripto “y, sí, es un poco apresurado el análisis”.

Pero no, no es apresurado. Son sus instintos más bajos, más pornográficos, de intereses de clase. Cabe reconocerles su impudicia explícita. E incluso prodigarles el reconocimiento de que además de ser así son inhábiles para solaparlo. Dejan todo más claro. Ese es, quizás y no importa si por convencimiento o por lectura especulativa de la realidad al cabo de dos mil uno / dos mil dos , el legado más interesante y efectivo que deja Kirchner. Por las razones íntimas que fueran, partió aguas. Obligó a ponerse de un lado o de otro, cuando ya parecía imposible que la pasión política se reinstalara en la Argentina devastada de la rata. Más aun, por estas horas también se desnudan como de cocodrilo feroz las lágrimas y lamentos de quienes se allanaron a hacerle el juego a la derecha con chamuyo de izquierda cinematográfico-nacionalista. ¿Y por qué eso también es símbolo? Porque esa partida de aguas que significó y significa esta rara pero apasionante experiencia también compelió a que cada quien mostrara su vocación de poder. Algunos de la derecha explícita sacaron los tanques mediáticos, pero otros de la izquierda piripipí copiaron a Carrió, compararon a Kirchner con Menem y hace unas horas se manifiestan condolidos ¿de qué? ¿No es que eran iguales?

Por unas semanas como muchísimo, si es que se aguantan, el establishment más concentrado, el gorilaje recalcitrante y sus funcionales nac&pop se llamarán a silencio de expectación. Concluido el duelo de las buenas formas, medirán cuánto tiempo se requiere para que seguir atacando no se les vuelva boomerang. Tensarán que Cristina puede usufructuar, o que le serviría, la imagen de mujer enhiesta en medio de un drama de todo tipo, sola contra todos. Y encima, en medio de ese karma que los sigue regenteando: sus candidatos son horribles, no se les cae una idea alternativa convincente y están a años luz de potenciar a algún referente que demuestre capacidad de mando.

Si lo piensa bien, la derecha atraviesa un problema con la muerte de Kirchner: él venía a ser una suerte de reaseguro para continuar insistiendo contra el “aplastamiento de las instituciones”, el “clima de confrontación”, la “división de la sociedad” y todo el resto de pelotudeces tras cuyo parche se oculta, pésimamente, que no aguantan la afectación de emblemas con que sintieron tocados su alma y su culo. Y la de ciertos privilegios que manotearon sus bolsillos.

Ayer a la noche, el clima de congoja cedía lugar a una efervescencia, tan contenida como callejera, que detrás del dolor avisaba lo siguiente: si hay lugar de retrocesos en lo recuperado para los intereses populares, no les va a resultar fácil. La potencia política de Kirchner ya no estará, Cristina es candidata única y habrá que comprobar si su estoicismo aguanta la presión. Pero es irrebatible que queda una fuerza muy considerable que, cualesquiera sean los avatares electorales, no permitirá así nomás que se vuelva para atrás en ciertas conquistas que a la vuelta de la esquina eran extravíos utópicos.

En síntesis, eleven neo-pliegos de condiciones, festejen, gorileen, viven a las coronarias de Kirchner como antes a sus carótidas y al cáncer de Eva, supongan que se acabaron la ley de medios y que la yegua no debería soportar semejante tensión. Pero, por las dudas, uno les aconsejaría que adviertan la ya masa de gente joven politizada y movilizada y el número de los que se plantean lo que hay enfrente de lo que putean.

por Eduardo Aliverti.

Publicado en :
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-155838-2010-10-28.html

EL ODIO DE LOS QUE ODIAN, por Luis Bruschtein (para "Página 12" del 28-10-10)

Arriba : Año 2003. Kirchner asume el mando como Presidente de la Nación Argentina.

Despido al hombre que dijo cuando asumió la Presidencia que “todos somos hijos de las Madres de Plaza de Mayo”. Porque soy hijo de una Madre de Plaza de Mayo y me sentí su hermano. Y porque esa frase le hizo ganar el odio de todos los amigos y cómplices de los genocidas, empezando por el director de La Nación José Claudio Escribano. Despido al hombre que obligó al bloque parlamentario de su partido a votar el proyecto de la izquierda para anular las leyes de la impunidad, lo que le ganó el odio del ex presidente Eduardo Duhalde, que trataba de impedirlo presionando a los legisladores sobre los que todavía tenía influencia. Lo que también le ganó el odio de la cúpula de la Iglesia Católica.

Despido al hombre que algunos pícaros acusaron de “robar con los derechos humanos” y es al revés: los derechos humanos están en deuda con Néstor Kirchner. En cambio, los que lo acusaron usaron los derechos humanos para hacerse famosos. Y cuando fueron famosos cambiaron de bando para defender a los monopolios mediáticos y criticar a los defensores de los derechos humanos. Despido al hombre que habló de la vergüenza de la Corte menemista y arremetió democráticamente hasta conseguir la conformación de una Corte independiente –la primera en decenas de años–, que incluso le falló varias veces en su contra.

Despido al hombre que en Mar del Plata le dijo a George Bush “no nos van a patotear”, cuando querían imponer el ALCA a través de los gobiernos que en ese momento eran mayoría en América latina. Se habían ido Tabaré y Lula y sólo quedaban Kirchner y Chávez y entre los dos impidieron la concreción del tratado de libre comercio continental que impulsaba el presidente norteamericano. Y ese “no nos van a patotear” le ganó el odio de los adoradores locales del “american way of life”, que lo acusaron de populista y autoritario. Despido al hombre que con la presencia en la Argentina del presidente norteamericano organizó un acto donde el principal orador fue el presidente Hugo Chávez, el latinoamericano más odiado por Bush y a quien había tratado de voltear con un golpe de Estado.

Despido al hombre que apenas asumió la presidencia reivindicó la entrega desinteresada y la lucha de una generación masacrada, lo que le ganó el odio de la mediocridad ochentista de los dos demonios y de los acomodaticios. Despido al hombre que el mismo día que asumió realizó un gesto de soberanía inédito y permitió que Fidel hablara en un acto masivo en la Facultad de Derecho que fue transmitido por la televisión. Era el momento de mayor aislamiento de la Revolución Cubana, cuando muy pocos gobiernos tenían la valentía de recibir a Fidel en sus países. Despido al hombre que le dio una mano a Cuba, cuando Cuba estaba aislada.

Despido al hombre que vio la importancia de la alianza con Lula y Chávez, que impulsó como pudo el triunfo de Tabaré en Uruguay y después de Mujica, el hombre convencido de la necesidad de la unidad latinoamericana y el que la impulsó como ningún otro político argentino, primero como presidente de la República y después como secretario de la Unasur. El primero en organizar la solidaridad con Ecuador cuando fue el intento de golpe contra Rafael Correa, el que se ofreció como mediador de paz en Colombia, el que impulsó la defensa de Evo Morales contra los intentos separatistas de la derecha boliviana en Santa Cruz de la Sierra.

Despido al insólito presidente que no quiso nunca reprimir la protesta social, que ordenó a las policías hacer la seguridad de las marchas sin llevar armas de fuego. Y lo hizo cuando las protestas piqueteras se repetían en Buenos Aires y sectores de la clase media pedían frenéticamente mano dura. El hombre que convocó a los piqueteros a su gobierno y los designó en funciones estratégicas en la gestión de políticas sociales, internacionales y de derechos humanos. Los piqueteros eran los dirigentes sociales más demonizados por los medios y por ese sector de las capas medias urbanas.

Despido con el alma al hombre que alivió la espalda del país de la carga más pesada de su historia: la deuda externa y el Fondo Monetario Internacional. El que se peleó con su ministro de Economía, Roberto Lavagna, que quería aflojar en la negociación. El hombre que negoció con fiereza en defensa de los intereses de su país y logró la quita más grande en la historia de la deuda externa mundial. Con el que disentí pensando que era mejor declarar la deuda inmoral e ilegítima, pero que el desarrollo de los hechos demostró que el mejor camino era el que había elegido Néstor Kirchner. Despido al hombre gracias al cual no hay más monitoreos del FMI sobre la economía argentina exigiendo ajustes, enfriamientos y flexibilización laboral.

Y despido al hombre que decía con ironía “¿Qué te pasha Clarín? ¿Estás nerviosho?”. El gran polemista, el que entendió que la verdadera paz está en la polémica y en poner las contradicciones sobre la mesa. El que entendió que los falsos consensos entre los poderosos solamente provocan más violencia reprimida que en algún momento explota.

En un país donde cada gobierno había acrecentado la cantidad de pobres, desocupados y excluidos que dejaba el anterior, su gobierno fue el único que hizo disminuir esas cifras, el único que aumentó a los jubilados y decretó el retorno de las paritarias.

Hasta el día anterior, cada una de estas cosas parecía imposible. En mi caso, creí que nunca vería el juicio a los represores o la salida del país de la pesada carga de la deuda y el cepo del FMI. No lo esperaba y en lo personal traté siempre de mantener una mirada profesional y periodística, lejos de la obsecuencia, de la adulación o de la alabanza fácil. Pero ahora lo despido como a un hermano, con todo el dolor del alma.

por Luis Bruschtein

Publicado en :
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-155825-2010-10-28.html

LA DESPEDIDA [DE NÉSTOR] , por "Página 12" (28-10-10)



Arriba : Fotos publicadas en Página 12, tomadas por Adrián Perez.

13:54 KIRCHNER ES VELADO EN LA CASA ROSADA

Los restos del ex presidente Néstor Kirchner comenzaron a ser velados esta mañana en el Salón de los Patriotas de la Casa de Gobierno. La presidenta Cristina Fernandez de Kirchner arribó pasadas las 11, acompañada por sus hijos Máximo y Florencia. Centenares de personas pasaron la noche en la Plaza de Mayo a la espera de que se abrieran las puertas. La entrada del público es por Balcarce 50. Una multitud forma más de 20 cuadras de fila para ingresar a despedir al ex mandatario.

Vestida de negro y con grandes gafas oscuras, la jefa de Estado se acercó sin pronunciar palabras al féretro cerrado y desde allí agradeció con gestos y llevándose la mano al corazón las innumerables muestras de afecto de la gente desfiló por la capilla ardiente en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos de la sede gubernamental. Su hija, quien llegó pocas horas antes de Estados Unidos, se quedó a su lado y la abrazó emocionada cuando un hombre gritó: "Viva Cristina, viva Néstor".


El féretro de Kirchner fue situado en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos, en medio de los retratos del tres veces presidente Juan Domingo Perón y del ex mandatario chileno Salvador Allende.

El salón de la Casa Rosada elegido para oficiar de escenario de la despedida se pobló de ministros, gobernadores y dirigentes políticos, que comenzaron a ingresar desde las 10. Además de la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner -hermana del ex mandatario fallecido- y el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, permanecen en el lugar el gobernador bonaerense, Daniel Scioli; el canciller Héctor Timerman, y los ministros Florencio Randazzo, Lino Barañao, Débora Giorgi, y Nilda Garre. Al ingresar a la Casa de Gobierno, Scioli recordó Kirchner como "un gran argentino, un gran presidente, un gran peronista".

También se encuentran presentes los gobernadores de Córdoba Juan Schiaretti, de Formosa Gildo Insfran, de Misiones Maurice Closs, y de Mendoza Celso Jaque; el secretario de la Gestión Pública y asesor de Kirchner en la Unasur, Juan Manuel Abal Medina; el titular de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde; y el diputado Edgardo de Petri. Poco después de las 11.30 arribó al Salón de los Patriotas Latinoamericanos a darle el pésame a la jefa de Estado el líder de la CGT, Hugo Moyano, acompañado de la cúpula de la central obrera. Más tarde, pasadas las 13, Diego Maradona llegó al Salón para expresar sus condolencias.


Además de la presencia de miembros del Gabinete nacional, gobernadores, dirigentes políticos y de organizaciones de derechos humanos, entre otros, se espera en la Casa Rosada la presencia de varios presidentes de la región, quienes irán llegando en el transcurso de la jornada para participar de las exequias. El primero en acercarse a la capilla ardiente fue el mandatario boliviano, Evo Morales. Luego se sumaron los mandatarios de Ecuador, Rafael Correa; de Chile, Sebastián Piñera, y de Uruguay, José Mujica.

La entrada del público es por Balcarce 50 y no se admite el ingreso con banderas, cámaras, pancartas ni estandartes. Para la espera, está contemplada la provisión de agua y hay disponibilidad de baños químicos.

La fila de gente comienza sobre la calle Hipólito Irigoyen, a la altura del edificio de la AFIP, rodea la Plaza de Mayo, y sigue por avenida de Mayo. Luego dobla en 9 de Julio y vuelve a doblar en Rivadavia.

Publicado en :

http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-155855-2010-10-28.html

EL PRESIDENTE QUE CAMBIÓ EL PARADIGMA , por Mario Wainfeld (para "Página 12" del 28-10-10)


EL LEGADO QUE DEJA NESTOR KIRCHNER

Intendente, gobernador, presidente, su proyecto siempre fue reelecto. En el gobierno puso en discusión temas que los demás esquivaban.

Por Mario Wainfeld


El ex presidente Néstor Kirchner murió ayer, en El Calafate que tanto amaba y tanto lo sedaba, en pleno protagonismo, cuando tenía apenas sesenta años. Es difícil encontrar un parangón histórico con la desaparición de un líder de su porte, en tales circunstancias. Raúl Alfonsín falleció hace poco; el impacto y la emoción fueron grandes, tanto como el reconocimiento. Pero al líder radical todo le llegó cuando estaba en el ocaso de su carrera, cuando ya no era un protagonista de primer nivel. Tal vez el parangón más cercano sea la desaparición de Juan Domingo Perón durante su tercer mandato: una figura central, en torno del cual constelaba la política, que ordenaba (por así decir) amores, odios y alineamientos. Pero hay una diferencia sideral con esos días, que alude al legado que deja Kirchner. Sin Perón, era evidente que la Argentina se encaminaba, irremisiblemente, a una situación peor y su fuerza a una crisis fenomenal. Kirchner deja el centro de la escena en un país gobernado y gobernable. Con una economía y una situación social sustentables, con previsibilidad política. En el ’74 la política era colonizada por la violencia; en 2010 se cumplen varios años de paz social muy grande (para los parámetros argentinos) y con un rumbo mejorable (como todo) pero racional. Kirchner llegó a la Casa Rosada en un país devastado, se fue en otro, aún cargado de deudas sociales y contradicciones pero indeciblemente mejor.
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Gobernante ante todo: Fue un político hasta su última hora. La noche del martes se pasó mirando números, encuestas, datos económicos, fatigando su celular. Antes que nada, fue un hombre de gobierno: recorrió todo el escalafón de cargos ejecutivos, su lugar en el mundo. Intendente de Río Gallegos, ganando su primera vez por un pelito. Después, gobernador de Santa Cruz. Siempre fue reelecto, dato digno de mención. Llegó a la presidencia cuatro años antes de lo que indicaban su ambición y su férrea voluntad, por uno de esos raros azares felices de nuestra historia. Accedió con votos prestados, con mínima legitimidad, en una nación devastada y acomplejada que apenas empezaba a levantar cabeza. Figura dominante de este siglo, captó como nadie el significado de la catástrofe de 2001, su génesis, el arduo y escarpado modo de irla repechando. El “que se vayan todos” expresaba el descrédito de la política pero no le ofrecía salida. Sin gobierno, sin Estado, sin conducción, sin dinero en caja, con casi tantas monedas como provincias, sin poder político, nada sería posible. Una población abatida, con millones de desempleados, hogares destrozados por la falta de trabajo, falta de fe individual y colectiva lo recibían. Casi nadie lo conocía, lo que incluía a muchos que lo habían votado, por descarte.
“Que se vayan todos” era un síntoma de la imperiosidad del cambio, un rechazo al pasado cercano pero no un programa de salida. Kirchner captó ese doble mensaje: supo (o mejor, decidió) que era acuciante reparar los daños causados por la dictadura, por el entreguismo desaprensivo de los ’90, la anomia del gobierno aliancista, la sumisión a los organismos internacionales de crédito. Reconstruyó el Estado, compensó los poderes fácticos acrecentando el del gobierno popular, designó a los culpables de la caída. Los fustigó con su palabra, atropellada pero clara al designar adversarios y enemigos. Polarizó y politizó, son virtudes, quedando para la polémica las dosis o las proporciones.
Pero, además, edificó un paradigma distinto. A su modo, con vectores claros y simples, eventualmente esquemáticos. Como un maestro mayor de obras, que erige una casa sencilla, eventualmente con paredes algo chingadas, pero habitable.
Había que reparar, había que compensar a las víctimas del terrorismo de Estado y de la desolación económica. No era ése el menú de moda en la Argentina, fue el que eligió, al que apostó con pocas barajas en la mano y no tantas fichas. Lo marcó asimismo la sangre derramada en los finales de los gobiernos del radical Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde también: debía cesar la violencia represiva, que minimizó a niveles únicos en la historia y mantuvo permitiendo un grado de movilización altísimo, que a menudo le jugó en contra.
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Giro: Se le reprocha haber cambiado su postura respecto del terrorismo de Estado, de las políticas económicas precedentes. La supuesta incoherencia fue uno de sus mayores méritos, pues (como Alfonsín en sus primeros tramos) recorrió la parábola inversa a lo que predicaba la cartilla de los gobernantes, la que observaron el menemismo, la Alianza, el propio Frepaso. La que indujo a Carlos Reutemann a aterrarse ante la perspectiva de ganar lo que, parecía, equivaldría a reprimir, bajar salarios, endeudar al fisco. Kirchner viró a izquierda, hacia un creciente protagonismo estatal, porque comprendió que se atravesaba una nueva etapa.
Combinó lo concreto con lo simbólico, seguro que con trazos gruesos. La remoción de la Corte Suprema menemista por una de mayor calidad, la derogación de las leyes de la impunidad, la bajada del cuadro de Videla, la reapertura de la ESMA, la relación más estrecha que jamás tuvo gobierno alguno con los organismos de derechos humanos vienen en combo.
También, en otro carril, el desendeudamiento (acordado en simultáneo con el presidente brasileño Lula da Silva), la virtual ruptura con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la decisión de poner el acelerador a fondo en la economía, la creación de puestos de trabajo, la ampliación de la masa de jubilados. Todas esas acciones enfrentaron críticas lapidarias, anuncios de catástrofes, aplazos desde academias del saber o desde grupos de interés.
Los grandes humillados del cuarto de siglo que precedió su desembarco en la Rosada fueron su centro de atención: los trabajadores, las víctimas del terrorismo de Estado, los argentinos en su conjunto privados de autoestima y de conchabo.
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Economía política: Su concepción económica, que signó la etapa, es acendradamente política y uno de sus más claros lazos de parentesco con el primer peronismo. El crecimiento a todo trapo, el acelerador siempre a fondo, la promoción del consumo y del empleo conllevan un objetivo político y democrático. Estaba compelido a conseguir consenso, en parte para su proyecto político pero, especialmente, para recuperar gobernabilidad y estabilidad. La satisfacción de necesidades primarias, la posibilidad de acceder a bienes necesarios o algo suntuarios y al trabajo fueron su camino hacia la popularidad. Seguro que faltó equilibrio con otras variables, sobre todo en los últimos años, pero mete miedo pensar qué hubiera pasado sin un gobierno valorado, sin un Estado sólido, sin reservas financieras. Se cortó la continuidad decadente que destruyó la trama social entre (por lo menos) 1987 y 2002.
Pasar del desempleo al trabajo, tener unos pesos en el bolsillo y menos miedo sobre el porvenir acrecienta la autoestima, desbaratada en décadas de desvaríos.
Contaba que siendo joven, cuando salía de noche, su padre le preguntaba si tenía dinero y le daba unos pesos más, no para gastarlos sino para estar seguro. Cifraba así su propia economía política. En pocos años la Argentina disminuyó su deuda externa a niveles manejables (que aliviará a gobiernos futuros), solidificó a la AFIP y la Anses.
La puja distributiva volvió a estar en agenda, con avances institucionales que desde otras banderías se subestiman, se niegan o se detestan. Las convenciones colectivas anuales, siempre en alza, las reformas laborales progresivas sí que insuficientes, la consolidación del sistema jubilatorio forman un haz de aportes innegables. Ahora, en el purgatorio, se debate en detalle cómo cualificar esos logros, cómo redistribuir mejor, cómo elevar el piso. Cuando se estaba en el sótano, unos cuantos discutían el rumbo.
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Las cifras, el consenso, la derecha: Las cifras que enunciaba a granel (PBI, reservas, índices de crecimiento y de empleo en especial) fueron su obsesión y su fuerza. Gobernante de una crisis a la que apodó, sin mayor exageración, “el infierno” centró en ellas su atención, su gestión y una fracción relevante de su deseo. Timonel vigoroso, derivó hacia “el Purgatorio”, en un tránsito que no fue pacífico. Una derecha sin referencias políticas lo acechó siempre. Se olvida a menudo, pero la emergencia de Juan Carlos Blumberg sucedió pocos días después del inolvidable 24 de marzo de 2004. El crecimiento general, el renacimiento de las economías regionales, los costados virtuosos del “modelo” con paridad cambiaria competitiva, creación de puestos de trabajo, obra pública y acumulación de reservas le fueron ganando, si no apoyos militantes, consensos muy extendidos. En la emergencia, casi todos se aferraron al capitán de tormentas, incluyendo a las patronales, que mayormente se la llevaron con pala. Rabiaban por el ascenso de los trabajadores, por tener que pulsear en las paritarias pero acompañaban.
De un presidente ignoto, sin caudal propio, pasó, en dos elecciones seguidas, a una mayoría holgada, propia. En ese devenir, descuidó el armado político y desnudó limitaciones para ciertas destrezas políticas: contener a los propios, acariciar a los dudosos, formar nuevos cuadros, movilizar. Así, llegó en auto a las victorias de 2005 y 2007, tras redondear la mejor presidencia habida desde la primera de Perón.
En pos de la gobernabilidad se fue arrimando al peronismo y al movimiento obrero, dejando de lado su proyecto de transversalidad, que incluía una etapa superadora del bipartidismo. En parte fue porque el ensayo encontró límites fuertes, algunos derivados de impericia, otros de falta de peso de los nuevos aliados. En cualquier caso, afrontó un dilema complejo, con soluciones imperfectas en ambos casos. Hombre de gobierno, se inclinó por la que remachaba la continuidad y la estabilidad. Siempre será polémico el saldo, nunca será redondo. En la galaxia peronista, su aliado más fiel y rendidor fue la CGT conducida por Hugo Moyano, en una relación que mejoró a ambos socios, dejando heridos y asignaturas injustamente pendientes, como el reconocimiento de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).
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De la desconfianza a Unasur: Patagónico, desconfiado, formateado en una provincia donde todo se hace con esfuerzo propio, la política internacional le resultaba distante y hasta la sospechaba de distractiva. Supo cambiar de parecer al internalizar la necesidad de una política regional, que diera carnadura a su relato antiimperialista, irrealizable desde un solo país. También, acierto fundante, se percató de que Brasil y Lula (el mejor colega que podía tener allí) eran aliados estratégicos de la Argentina. En la Cumbre de las Américas de Mar del Plata le tomó el gustito al juego político. La vulgata dominante narra que Argentina se “aisló del mundo”, un disparate de aquellos. Jamás comerció con tantos países, jamás se ligó a tantos mercados. Y, además, jamás jugó un rol de equilibrio y pacificación en América del Sur. Argentina y Brasil primaron con activismo y compromiso para que Evo Morales fuera presidente, para que la rosca de derecha no lo derrocara, para evitar la guerra entre Colombia y Ecuador, para intentar frenar el golpismo en Honduras y para frenarlo en Ecuador.
La mejor relación que haya existido jamás con Brasil, con Chile, con Bolivia, con Venezuela, con Paraguay. El conflicto con Uruguay fue un retroceso en ese avance global, felizmente remendado bajo la gestión de Cristina Kirchner y el presidente uruguayo José Mujica.
También hubo trato privilegiado con España y una relación sensata, sí que gratamente autónoma, con Estados Unidos.
La presidencia de Unasur es otro vacío difícil de llenar. Lograda con unanimidad expresa una verdad negada por la conjura de los necios: la valoración de Kirchner trasciende las fronteras. Para Lula, para Hugo Chávez, para Michelle Bachelet, para Evo Morales, para Correa, fue un aliado de fierro y un compañero. Los demás presidentes, de otras pertenencias, reconocieron a una figura de primer nivel, a despecho de las diferencias.
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Cambio de roles: Desde el vamos, desde cuando su revalidación parecía una quimera, predicó que no iría por la reelección. Recelaba del desgaste, de la fatiga ciudadana, hablaba de una necesidad de mayor institucionalidad y menos combate. Cristina Fernández, de cualquier forma, llegó en tono de reelección que los escasos cambios de su gabinete convalidaron. El color peronista del apoyo electoral signó esa decisión.
El mandato de la Presidenta fue mucho más tormentoso que el de su predecesor. Es en parte lógico: superada la malaria y recobradas las fuerzas, muchos actores incrementaron sus demandas. En parte hubo descuidos del Gobierno. En parte, muy sustancial, la agenda institucional fue mucho más ambiciosa y fundante que la de Kirchner.
Cristina y Néstor Kirchner siempre actuaron en tándem desde 2003. Pensaban muy parecido, acordaban en casi todo. Pero el cambio de roles le costó al ex presidente, que perdió muñeca política y capacidad de negociación. Fue más intransigente y menos dúctil frente “al campo” que contra Blumberg o que negociando con los vecinalistas entrerrianos o que en las tratativas con el FMI.
Las retenciones móviles y la derrota electoral de 2009 dieron la impresión de final de ciclo. Los vaivenes del electorado son siempre dignos de atención, máxime para una fuerza populista. La reacción de la Presidenta combinó un temple enorme con la sagacidad de ampliar la agenda propia. Siempre politizando y polarizando pero buscando apoyos externos, consagró cambios institucionales notables, ajenos a su imaginario años atrás. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual hasta la demasiado demorada Asignación Universal por Hijo, pasando por la reestatización del sistema previsional fueron jugadas tremendas, arriesgadas, progresistas que importan (en los hechos más que en el discurso) autocríticas y correcciones de gran nivel.
En su sube y baja, el kirchnerismo quedó con menos apoyos difusos y más consistencia ideológica. También congregó militantes, en especial jóvenes, promovió organización y se consagró más a disputar el debate mediático.
En trance de mayor debilidad, jugó doble contra sencillo. En eso está ahora, siendo por lejos la primera minoría política, la que saldría puntera en la primera vuelta electoral, la que tiene mayor capacidad de movilización y de “calle”, la que imanta más adhesiones de artistas, trabajadores de la cultura y bloggers.
Con ese patrimonio, importante y aún no suficiente para lograr la proeza de tres mandatos consecutivos, llega la muerte de Néstor Kirchner.
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Desafíos: El inventario se hace interminable, acaso por impericia del cronista pero también porque hablar de Kirchner es sumirse en todas las controversias de ayer, de los próximos meses o años. Sin agotar la enumeración, cabe consignar entre los aciertos el aumento del presupuesto educativo y el matrimonio igualitario. Y entre los errores, la erosión del Indec, tan contradictoria con la tendencia general de defensa del Estado y lo público.
Un líder como Kirchner es irreemplazable y, al unísono, no tiene reposo. No sólo porque el hombre era poco afecto a parar sino porque los grandes referentes siguen batallando después de muertos.
Su lugar vacante potencia la ambición de sus adversarios, la barbarie gorila que ya empezó aflorar, el odio de una derecha recalcitrante que esta nota prefiere apenas mentar. En ese aspecto el adiós de Kirchner parece, por ahora, más semejante al de Evita, por el odio de “los otros”, que al de Perón.
La Presidenta, en un momento cruel de su vida, afronta el enorme desafío de proseguir sin su compañero de vida y de luchas. También pierde a un político fundamental, a quien todos respetaban o temían o valoraban. A un alquimista que sabía contener, motivar y conducir a dirigentes, militantes y personas de a pie.
El tándem funcionó con dificultades pero era un bastión, que en los últimos tiempos había logrado el ascenso muy parejo de ambos (con leve supremacía de la Presidenta) en imagen positiva e intención de voto.
Sobreponerse al dolor personal y a la pérdida política, mantener la gobernabilidad, contener a la fuerza propia y sumar parecen retos gigantescos. En más de tres años la Presidenta ha combinado, más vale, aciertos y falencias, aunque siempre demostró aptitud para remontar las cuestas más adversas.
Cuando Kirchner advino al poder, lo informó Horacio Verbitsky en este diario, José Claudio Escribano le dio un ultimátum y un programa, que el entonces presidente rechazó de volea. Ayer, en La Nación comenzaron a pasarle letra a la presidenta Cristina para que desista de su proyecto. La primera vez creían lo que hacían, ahora es pura parada. Todos saben que ella sostendrá sus principios y su norte.
Cuando las corporaciones, sus adversarios políticos y algunas personas vulgares festejan, el cronista recuerda a uno de ellos, el ex presidente Eduardo Duhalde. En 2003, dos periodistas de Página/12 le preguntamos si Kirchner sería su Chirolita. Duhalde respondió “los que dicen eso no lo conocen. Y menos la conocen a Cristina”. Ahora, hay menos motivos para dudar de su templanza y su vocación de militante y dirigente.
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Dolor: Es una sandez hablar de un potencial veredicto de “la historia”. La historia es política: en la Argentina no se han saldado debates sobre Rosas o Perón, menos se llegará a la unanimidad sobre Kirchner.
Confrontativo, por vocación, por estilo y porque gobernar es definir conflictos y aún atizarlos, Kirchner fue llorado ayer y seguirá siendo llorado por muchos pero no por todos. Ayer una muchedumbre colmó la Plaza de Mayo, espontánea y sufriente, en esa Capital de la que desconfiaba y que jamás lo apoyó.
Entre los que lo lloran la mayoría son humildes, muchos son jóvenes que recuperaron la sed por militar. Lo lloran las Madres de Plaza de Mayo, las Abuelas, los integrantes de la comunidad gay, cantidad de artistas y trovadores populares.
Su nombre será bandera y todos ellos tratarán de llevarla a la victoria, a la continuidad, a la coherencia.
Se lo llora y ya se lo añora en la redacción de este diario, que clamó desde su primer día por banderas que en su gobierno se plasmaron en conquistas, leyes, procesos y condenas a genocidas.
Ya lo extraña este cronista, que lo conoció en su labor profesional, lo respetó y quiso más de lo que marca la regla de la ortodoxia del “periodismo independiente”. Lo que nunca impidió discusiones, críticas o señalamientos que forman parte de la lógica del trabajo y de la política.
A la Presidenta, a su familia, a sus compañeros y a los que lo lloran van el abrazo y el saludo en un cierre tan heterodoxo como sentido.