ÁLBUM DE IMAGENES DE "MIRANDO HACIA ADENTRO"

Todas las imágenes originales producidas por "Mirando hacia adentro" han sido publicadas en un blog satélite llamado "Mirando hacia adentro. Álbum de imágenes".

DEUDA EXTERNA ARGENTINA ON LINE

La página norteamericana "usdebtclock.org" informa segundo a segundo la evolución de las deudas de los países. Vea online y en directo el REENDEUDAMIENTO ARGENTINO presionando AQUÍ.

Translate

domingo, 14 de diciembre de 2014

ASSANGE: “El espionaje de Google y Facebook es superior al de los Estados”, entrevista de Ignacio Ramonet para "Miradas al Sur" del 05-12-14


Entrevista. Julian Assange. Fundador de Wikileaks




 Desde hace treinta meses, Julian Assange, paladín de la lucha por una información libre, vive en Londres, refugiado en las oficinas de la Embajada de Ecuador. Este país latinoamericano tuvo el coraje de brindarle asilo diplomático cuando el fundador de WikiLeaks se hallaba perseguido y acosado por el gobierno de Estados Unidos y varios de sus aliados. El único crimen de Julian Assange es haber dicho la verdad y haber difundido, vía WikiLeaks, entre otras revelaciones, las siniestras realidades ocultas de las guerras de Irak y de Afganistán y las intrigas de la diplomacia estadounidense. 

En su nuevo libro, Cuando Google encontró a WikiLeaks (Clave Intelectual, Madrid, 2014), cuya versión en español está en librerías desde el 1 de diciembre, Julian Assange va más lejos en sus revelaciones, estupendamente documentadas, como siempre. Todo parte de una larga conversación que Assange sostuvo, en junio de 2011, con Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google. Este vino a entrevistar al creador de WikiLeaks para un ensayo que estaba preparando sobre el futuro de la era digital. Cuando se publicó el libro, titulado The New Digital Era (2013), Assange constató que sus declaraciones habían sido tergiversadas y que las tesis defendidas por Schmidt eran considerablemente delirantes y megalomaníacas. El nuevo libro del fundador de WikiLeaks es su respuesta a esas elucubraciones del presidente de Google. Entre muchas otras cosas, Assange revela cómo Google –y Facebook, y Amazon, etc.– nos espía y nos vigila; y cómo transmite esa información a las agencias de inteligencia de Estados Unidos. Y cómo la empresa líder en tecnologías digitales tiene una estrecha relación, casi estructural, con el Departamento de Estado. Afirma también Assange, que hoy, las grandes empresas de la galaxia digital nos vigilan y nos controlan más que los propios Estados. 

–El corazón de tu nuevo libro (Cuando Google encontró a WikiLeaks) lo constituye un encuentro tuyo, en junio de 2011, con Eric Schmidt, el presidente ejecutivo de Google. En un momento, usted dice: “Google es la compañía más influyente del mundo”. ¿Qué entiende por “más influyente”?

–Lo que intento decir es que el mundo está viviendo un cambio muy profundo, y Google es la entidad que más influencia tiene sobre la esencia de ese cambio y tal vez también sobre la velocidad de ese cambio. Podríamos preguntarnos, incluso, si Google no es la empresa más influyente en términos absolutos. De esto no estoy seguro. Hay varias megaempresas que podrían ocupar esa posición, la de ser la más influyente en términos absolutos. Pero, al menos, de entre las empresas de comunicación, sí es la más influyente en términos absolutos. Otras compañías pueden tener mucha influencia, como General Electric o Raytheon o Booz Allen Hamilton o ExxonMobil o Chevron, pero todas ellas tienen, más o menos, un modelo de negocio estabilizado, y el tipo de influencia que ejercen no es tan evidente. Google está en evolución constante; ha duplicado su valor bursátil entre 2011 y este año, pasando de 200 mil millones de dólares a 400.000 millones. Y su penetración en la sociedad global, en términos de interacción con los individuos, ha aumentado más que la de cualquiera otra empresa de gran tamaño.

–¿Más que las empresas financieras?

–Sí, no hay duda.

–Usted escribe que “el avance de la tecnología de la información, encarnada por Google, anuncia la muerte de la privacidad para la mayoría de las personas y reconduce el mundo hacia el autoritarismo”. ¿No es demasiado pesimista? 

–No creo que se pueda mirar el mundo y decidir si uno quiere hechos optimistas o pesimistas. Los hechos son como son. Hay otros fenómenos que se están produciendo y podemos considerarlos como optimistas, pero no lo que Google está haciendo. Se trata de otros procesos que están ocurriendo.

–¿En qué se basa para afirmar que “las tecnologías de Silicon Valley son un instrumento al servicio de la política exterior de Estados Unidos”?

En primer lugar, la larga historia de colaboración entre el complejo militar-industrial de las fuerzas armadas de Estados Unidos y el Silicon Valley. Cualquier persona que haya investigado sobre el Silicon Valley sabe que eso es así. Noam Chomsky ha denunciado con contundencia lo que ocurría en Silicon Valley en las décadas de 1970 y 1980. De hecho, si miramos hacia atrás y pensamos en cuál era la percepción que se tenía en esa época de los ordenadores. Eran unas máquinas enormes que los militares hacían funcionar y las ponían al servicio de las grandes empresas estadounidenses. La idea que la gente se hacía del superpoder de los ordenadores está reflejada en películas como Colossus. En todo caso, los militares en esa época pilotaban el desarrollo del Estado: ayudando a llegar a la Luna, ayudando a construir armas atómicas, ayudando a diseñar misiles ICBM, ayudando a acelerar la velocidad de los submarinos nucleares.
En segundo lugar, estas nuevas compañías, como Google, que describo en mi libro, establecieron una estrecha relación con el aparato de Estado en Washington, en particular con los responsables de la política exterior. Esa relación es una evidencia ahora. La tienen los más altos ejecutivos de Google, Eric Schmidt, Jared Cohen. Ellos tienen ideas políticas semejantes y comparten una idéntica visión del mundo.

–Precisamente, en esa misma línea, usted escribe que cuando Eric Schmidt visitó China, Corea del Norte y Birmania, en 2013, era evidente que estaba llevando a cabo una operación de “diplomacia encubierta” para Washington. ¿Qué pruebas tiene de ello?  

–Hablo basándome en mi experiencia. Pudimos demostrar que cuando había un flujo de información entre Eric Schmidt y yo, inmediatamente esa información llegaba a los niveles más elevados del Departamento de Estado. Y cuando Eric Schmidt utilizaba a Lisa Shields como canal para contactar conmigo se producía con anterioridad un flujo de información en sentido contrario, del Departamento de Estado a Eric Schmidt. Respecto de éste y su diplomacia encubierta con Corea del Norte y con algunos países con los que Washington no quiere ser visto manteniendo comunicaciones de forma directa, no soy yo quien lo afirma, yo simplemente repito y reproduzco las afirmaciones que otras personas han expresado. Pero yo, como le acabo de decir, tuve una experiencia concreta respecto a su función de informador del Departamento de Estado; y otras personas también supieron evaluar lo que Schmidt hizo en Corea del Norte y en otros países.

–Hace unos meses, Eric Schmidt estuvo en Cuba. ¿Cree que también era para llevar a cabo una “diplomacia encubierta”?

–Sí, eso creo.

–¿Piensa que cometió un error cuando recibió en 2011 a Eric Schmidt y a sus amigos cercanos a la Administración estadounidense? 

–Son preguntas interesantes. Yo estoy acostumbrado a reunirme con muchas personas de todo tipo, desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, periodistas con antecedentes cuestionables. Pero no tenía tiempo de evaluar cuáles eran sus motivaciones al venir a verme. Y yo, ahora, claro, sería un poco más cuidadoso si hubiera sabido que ese tipo de información, recogida sobre mí por Eric Schmidt, iba a ir directamente hacia el Departamento de Estado. Pero, dicho esto, esa información también la recogí yo sobre él, y eso me reveló quién era Schmidt, y creo que los lectores también lo perciben. Si se analiza cuidadosamente lo que él y las tres personas que lo acompañaban me preguntaron, de qué se reían, la diferencia entre una risa verdadera y una risa falsa. Se deducen cosas. Por ejemplo, está muy claro que Eric Schmidt ve a China como un enemigo. Porque cuando yo hice bromas sobre cómo, con WikiLeaks, habíamos engañado a la seguridad china, la risa de Schmidt fue más fuerte y espontánea, mientras que en otros momentos su risa era falsa.

–Usted afirma que muchos ciudadanos critican el espionaje y el control ejercidos por el Estado, pero sin embargo nota que son muy pocos los ciudadanos que critican la vigilancia ejercida por las empresas privadas. ¿Es tan peligrosa ésta como la de los Estados?

–¿Esta presuponiendo que hay una diferencia entre el Estado y las grandes empresas privadas? [risas]

–Le hago la pregunta, tengo mi opinión [risas].

Esta división está desapareciendo en la mayor parte de los países de Occidente. Pero la complicidad es más clara en Estados Unidos donde, por ejemplo, el 80% del presupuesto de las agencias de seguridad nacional va a la industria privada. Incluso, la agencia de inteligencia más secreta de Estados Unidos, que forma parte del núcleo más protegido del Estado, destina el 80% de su presupuesto a las industrias del sector privado. Por lo tanto, es interesante preguntarse por qué ha habido más investigaciones sobre el espionaje del gobierno que sobre el espionaje de las empresas privadas. Creo que están ocurriendo dos cosas. En primer lugar, una ley general: cuando aumenta el grado de abstracción de un problema disminuye el número de personas que pueden entender esa abstracción. Por ejemplo, cuando el gobierno estadounidense contrata a la empresa militar privada Blackwater para que sus mercenarios operen en Medio Oriente, ¿cuánta atención se presta al número de mercenarios que intervienen en Irak o en Afganistán, comparado con lo que se publica sobre el número de militares de las fuerzas armadas? ¿Cuánta atención se da a los mercenarios de Blackwater cuando matan a alguien o cuando cometen un delito, en comparación con la cobertura mediática que recibe el crimen o el delito cometido por un militar?
Y, segundo, especialmente en Estados Unidos, está el aspecto ideológico. Por un lado tenemos a la izquierda norteamericana. Casi toda esa izquierda liberal está en el seno del Partido Demócrata, en un sistema clientelista y, por lo tanto, no está ejerciendo un examen adecuado de lo que está sucediendo con los excesos del gobierno, incluida la privatización generalizada. Y, por otro lado, tenemos la parte libertaria del Partido Republicano que dice que sólo el gobierno es el problema, y que el sector privado jamás es el problema. Sin embargo, el sector privado es quien dirige, en gran parte, al gobierno. Y algunas megaempresas, como Google o Goldman Sachs, con su enorme tamaño y  sus monopolios, están dirigiendo los servicios centrales del Estado como si fueran el propio gobierno. Son megaempresas privadas que tienen una cifra de negocios anual superior al PIB de Nueva Zelanda o de muchos otros Estados.

–De Ecuador, por ejemplo.

–En efecto, de Ecuador. Si comparamos la empresa petrolera Chevron, que tiene una facturación de unos 300 mil millones de dólares al año y Ecuador, que tiene un PIB de unos 90 mil millones de dólares al año. La diferencia es abismal. Sabemos que hay un conflicto entre estas dos entidades. Chevron intenta presentar a Ecuador como un “Estado poderoso” que utiliza la fuerza coercitiva para poder reducir e intimidar a una empresa privada. Pero si consideramos los ingresos, no cabe duda de que Chevron es la entidad con más recursos de las dos. Es tan grande que ha podido asociarse, además, al poder de Estados Unidos que también posee la habilidad de usar la fuerza coercitiva, no de manera directa, pero sí indirecta, para tratar de intimidar a Ecuador. Movilizando, si es necesario a la llamada “sociedad civil”.

–Usted afirma que “detrás de la fachada de la democracia lo que hay, en realidad, es un poderoso deseo de controlar a los ciudadanos”. ¿En qué se basa para escribir esto? 

-¿Tiene que ver con su pregunta con esta falsa “sociedad civil”?

 –Sí, es la idea. Lo que llamamos “democracia representativa”, en realidad escondería, según tú, un gran deseo de controlar a la gente. 

–Ya veo. Seguramente conoce la famosa afirmación de Noam Chomsky: “Los medios de comunicación son a la democracia lo que la propaganda es a la dictadura”.

–Sí, dos maneras de manipular.

–Es una parte necesaria del sistema de control.

–A ese respecto, hábleme de Total Information Awareness, ¿cree que ese proyecto ha sido abandonado realmente?

–¿Total Information Awareness? No, en absoluto. Disponemos de documentos que WikiLeaks no ha publicado todavía sobre el nacimiento de Total Information Awareness. Y mi conclusión, después de estudiar a fondo su evolución es que, inmediatamente después de los atentados del 11 de septiembre del 2001, el complejo de los servicios de inteligencia estadounidenses quiso obtener más poder. No es que no hubiera vigilancia masiva antes del 11 de septiembre, sí la había. La Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) era ya como “la gran bestia” en Washington, y ya recopilaba una enorme masa de información. Pero, inmediatamente después del 11 de Septiembre, el Ejército pensó que podía agarrar parte de este pastel y quitarle la suya a la NSA. Por lo tanto, hicieron esa propuesta de Total Information Awareness, con algo llamado MOAD [en inglés Mother Of All Databases, “la madre de todas las bases de datos”], que incluía toda la información que se había reunido en Estados Unidos, la de la CIA, la de los satélites y la de las demás agencias de inteligencia. Y este proyecto se aprobó inicialmente. Pero, la NSA vio esta intromisión del Ejército como una amenaza para su propio poder institucional. Por lo tanto, la NSA luchó contra Total Information Awareness. Y no ganó inicialmente. Se estableció una especie de cibercomando supremo que no estaba dirigido por la NSA. Y la oficina de Total Information Awareness tampoco estaba dirigida por la NSA. Entonces, la NSA se unió con los demócratas, con los principales responsables demócratas, y empezaron a atacar ese proyecto. Una vez que lo debilitaron bajo el pretexto de que, de algún modo, constituía una amenaza para las libertades civiles, empezó a digerir los trozos, las piezas de Total Information Awareness, y a integrarlos en el seno de la NSA. Finalmente, la NSA absorbió la mayor parte de los elementos del proyecto Total Information Awareness. O sea, el proyecto como tal ha desaparecido, pero todos sus objetivos siguen vigentes y forman ahora parte de las misiones de la NSA.

–Quisiera ir más allá. Usted dice que, cuando se produjeron las primaveras árabes y las revueltas de jóvenes a través del mundo, desde los “indignados” de España hasta los manifestantes de Occupy Wall Street, “internet se convirtió en un demos, un pueblo, que comparte cultura, valores y aspiraciones, se convirtió en un lugar en el que tiene lugar la Historia”. ¿No es excesivo decir que internet es un “pueblo”?

–Antes de 2005, internet era un lugar muy apático. Pero, luego, en parte gracias a WikiLeaks, se produjo un cambio muy grande.

–Sin embargo, ¿no cree que es excesivo decir que “internet es un demos”? 

–Es excesivo decir que internet, en su totalidad, lo es. Pero hay millones de personas en internet –ignoro su número exacto–, que se consideran a sí mismas como parte de ese demos. En cambio hay otros millones de personas que utilizan internet y no se conciben a sí mismos como parte de ese demos de internet. Pero eso no impide que haya millones de personas, repito, que sí se perciben a sí mismas como parte de ese demos. Incluso conozco a personas a las que les he preguntado: “¿De dónde eres?” Y algunas me han contestado: “Soy de internet”.

–Generación internet.

–Es divertido. Pero lo dicen en serio, no en broma. Sienten genuinamente que internet es el lugar de donde ha emergido su cultura personal. 

–¿Sigue pensando que compartir información es una manera de liberar al mundo?

–No hay otra esperanza. Nunca ha habido ninguna otra esperanza. Esta ha sido siempre la lucha. Que las personas reciban información. Si retrocedemos al tiempo de los griegos, o a los debates durante la Ilustración, o a los enfrentamientos en China, o las guerras de independencia en Latinoamérica, o las luchas poscoloniales, el primer paso siempre ha sido: comprender la situación, comprender qué es posible y qué no es posible. Incluso, si nos apartamos de las cuestiones que tienen que ver con la distribución de recursos y el desequilibrio de los poderes. Si miramos simplemente de qué es capaz el ser humano cuando está en sus mejores condiciones, y qué es capaz de hacer la civilización cuando está también en su mejor momento, cualquier cultura, cualquier civilización.

–Hablabas antes de transparencia. Un ex ministro socialista francés de Relaciones Exteriores, Hubert Védrine, criticando a WikiLeaks, dijo: “La transparencia absoluta es el totalitarismo”. También se ha acusado a WikiLeaks de “violar la vida privada de los Estados”. ¿Piensa que debe haber límites a la difusión de informaciones ocultas sobre los Estados?  

–Cuando los responsables políticos, en los gobiernos, se quejan de la transparencia, me da risa. Detrás de esas acusaciones, hay algo que es como decir: yo creo que las personas no deberían robarse unas a otras. Uno puede creer esto o no creerlo. Pero en realidad no importa, porque no somos dioses y los Estados tampoco lo son. En la práctica, sabemos que los Estados no pueden regularse a sí mismos para evitar volverse “malos”. En consecuencia, los Estados deben ser regulados por otras instancias, por personas que están dentro de ese Estado y por personas de fuera del aparato de ese Estado. Esto es una evidencia, lo han propuesto muchos humanistas. Una institución que se regula a sí misma, que no tiene regulación externa, se condena a cometer excesos o a la corrupción. Por eso, en términos prácticos, algunas instituciones del Estado, como la policía que investiga a las mafias, por ejemplo, deben actuar de forma profesional para asegurarse de que sus investigaciones no sean cuestionadas. Sin duda, WikiLeaks actúa de forma profesional y verifica que la identidad de nuestras fuentes no se vea comprometida, o la identidad de nuestro equipo, de nuestro personal, nunca sea revelada.

–Dice que WikiLeaks le ha dado al mundo “una lección de periodismo”, y que respecto de los medios de comunicación “habría que destruirlos todos”, y sustituirlos. ¿No eres, aquí también, un poco excesivo?

–Yo he trabajado con los medios de comunicación como periodista, como editor, en competencia con otras publicaciones y, al igual que todo el mundo, como consumidor o lector. Pero también he tenido la experiencia de algo que poca gente ha experimentado, incluidos muy pocos periodistas, que es padecer a los medios de comunicación como sujeto, cuando los medios hablan de mí. Y por lo tanto he desarrollado una percepción muy aguda respecto a su falta de profesionalidad, he comprobado que tienen muchos prejuicios y que están al servicio del poder dominante al que rinden cuentas. Aunque, entre los periodistas que trabajan para los medios dominantes, los hay muy buenos, las limitaciones institucionales son muy severas y casi inevitables. Esencialmente, el poder los corrompe. Y cuando una organización mediática se convierte en influyente, incluso simplemente porque está haciendo bien su trabajo, se convierte en poderosa y, como consecuencia, invita a otras personas a que trabajen para ella, y a su vez estas personas son invitadas por otros grupos sociales poderosos para que se sienten con ellos a un mismo nivel social, a un mismo nivel de negocios, y para intercambiar información.

–Quisiera preguntarle: ¿qué relación tiene con Edward Snowden actualmente? 

–No es un secreto el hecho de que WikiLeaks, de que yo y otras personas de WikiLeaks hemos conseguido exfiltrar a Edward Snowden de Hongkong para colocarlo en lugar seguro. Tiene asilo en Rusia y ahora ha montado una organización para defender las fuentes de los periodistas, que se llama Courage Foundation. En cuanto a cómo nos comunicamos, ahí no puedo entrar. Pero es interesante el motivo por el que no puedo entrar en ello: es porque hay un Gran Jurado en Estados Unidos investigando el caso de Snowden, y los agentes del FBI vinculados a ese Gran Jurado han estado haciendo preguntas respecto al papel que Sarah Harrison y yo, y otros miembros de WikiLeaks hemos tenido en el caso de Edward Snowden. Pero estamos orgullosos y muy contentos de que Snowden tenga asilo seguro. Su familia ahora se ha reunido con él en Rusia. Y tiene libertad de movimientos en el país más grande del planeta. Posee documentación para viajar. Todavía tiene que tener mucho cuidado a la hora de salir fuera de Rusia, por los intentos de Estados Unidos de capturarlo. Pero siempre y cuando sea muy cuidadoso en lo que hace, se encuentra en una buena situación ahora. Y esto es un incentivo muy importante para que lanzadores de alerta como él den un paso al frente y hagan lo mismo que hizo él.

–Comparte con Snowden el ser, a la vez, uno de los hombres más perseguidos por Estados Unidos, y también el ser considerado como un “héroe de nuestro tiempo” por mucha gente. 

–Sí, ninguna buena acción queda impune [risas].

–¿Está dispuesto a negociar con Estados Unidos para poner fin a tu situación? 

–Respecto de Estados Unidos hemos intentado negociar y mis abogados, en Washington, han negociado. El Departamento de Justicia estadounidense se niega a hablar con mis representantes. Y la última actualización, por parte del Departamento de Justicia, es que la investigación sobre mí sigue su curso pero se niegan a decírmelo, se lo comunican al Tribunal, pero no quieren hablar con nuestros abogados ni conmigo. Y el gobierno de Ecuador, a nivel estatal, ha intentado hablar con el gobierno estadounidense respecto de esta cuestión, y ahí también, el gobierno de Estados Unidos se niega a entablar conversaciones.

–En junio pasado, anunció públicamente que pronto saldría de aquí. 

–No lo anuncié yo, fueron los medios de comunicación quienes lo anunciaron.

–¡Ah! Otra prueba de las “mentiras de los medios” [risas]. ¿Cuándo piensa salir de aquí? 

–Tengo mucha confianza. La situación legal es absolutamente clara. Tenemos varias demandas, hemos depositado una docena de demandas diferentes en distintas jurisdicciones, que están avanzando. En el Reino Unido, además, están las elecciones del año que viene. Y en Suecia hay un nuevo Gobierno.

–Socialdemócrata...

–Sí, pero no hay que olvidar que fue un gobierno socialdemócrata quien tomó la decisión de colaborar con la CIA en el 2001. En Suecia, no hay mucha diferencia entre el centro-derecha y el centro-izquierda. La realidad es que, en Estocolmo, están ahora en un período de transición. Y durante un período de transición la presión sobre el sistema judicial no es tan elevada porque el nuevo Gobierno se está formando. En el Reino Unido, tenemos varias facciones que están de mi parte y esto ha tenido como resultado un cambio en la ley.

–¿Han hecho un caso especial con su causa?

–No. Aunque hay un problema: esa nueva ley no es retrospectiva. Esa cláusula de no retrospectividad se introdujo en la nueva ley después de que un artículo en el London Independent dijese que si se aprobaba la nueva ley tal y como estaba redactada, Assange quedaría libre. Probablemente no es legal, porque esa cláusula se ha introducido únicamente para causar perjuicio a una persona en concreto.

–Pero no se puede hacer una ley para una única persona.

–Bueno, han hecho trampa, no han puesto mi nombre, pero describen mis circunstancias exactas [risas].

–La llamarán la “enmienda Assange”, me imagino.

–Mis abogados bromean. Dicen que es “la excepción Julian a la ley Assange”. [risas] Pero tengo confianza. Soy optimista.

Publicado en:
http://sur.infonews.com/nota/10084/el-espionaje-de-google-y-facebook-es-superior-al-de-los-estados

No hay comentarios: