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lunes, 5 de diciembre de 2011

¿QUIÉN DIJO QUE NO SE VUELVE DE LA MUERTE?, por Adrián Corbella (para “Mirando hacia adentro”)


Los noventa fueron años difíciles. Los años del “fin de la Historia” ; del “fin de las ideologías” . Los años del “Pensamiento Único” neoliberal. Los años en los que la política y muchas prestigiosas fuerzas partidarias (peronismo, socialdemocracia, y otras) se rindieron incondicionalmente a la economía. Los años en los que el Estado procuraba suicidarse, renegar de sus funciones específicas de ordenador de la sociedad, para transformarse en una oficina de difusión ideológica al servicio de las grandes corporaciones. Los años en los que la democracia se diluía en una mercadocracia donde lo único que importaba era la reacción de los mercados, no de los ciudadanos.

Años de acentuación de las diferencias sociales. De crecimiento de la pobreza y la marginalidad. De proletarización de los sectores medios. Los años en los que la búsqueda incesante de hechos de corrupción (había muchos para elegir) reemplazaba al análisis político-ideológico de las medidas concretas de los gobiernos.

La mayoría se dejó arrastrar por la prédica de los Profetas Neoliberales. Consumieron y digirieron toda esa propaganda que durante décadas había martillado con la ineficiencia del Estado y las mieles de la iniciativa privada. Creyeron casi religiosamente en la teoría del “derrame”, en la idea de que llenando hasta rebalsar los bolsillos de los ricos, lo que no entrara en ellos caería sobre los sectores medios y sobre los más pobres … Pensaron que el 1 a 1 era una receta mágica que resolvería “por decreto” todos los problemas de los argentinos … Miraron para otro lado cuando cada vez más gente iba quedando afuera, era despedida y se consumía su indemnización poniendo un kiosco o comprando un auto para trabajarlo como remis …

Sólo les interesaba la inexistencia de inflación, festejaban la deflación y no les importaban los largos años de recesión.

Algunos resistieron. Peronistas que se opusieron a Menem, patéticamente pocos, pero los hubo. Socialistas y radicales que se negaron a la “neoliberalización” de la socialdemocracia. Gente de la izquierda dura que siguió en la de siempre, en la resistencia, en la lucha. Sindicalistas peronistas que mantuvieron su dignidad…

Pero, en el fondo, todos coincidían en algo : se vivía un desastre, una situación de deterioro impensado, que no parecía que fuera a terminar ni a corto ni a mediano plazo. Los sectores que se opusieron al avance neoliberal hicieron una lucha defensiva, una guerra de trincheras defendiendo posiciones indefendibles, y retirándose frecuentemente a una trinchera ubicada más atrás, y luego a otra aún más lejana, a medida que se iban perdiendo posiciones. La victoria parecía imposible en un plazo que coincidiera con el de las vidas de esos luchadores. Se luchaba para no retroceder más, para salvar lo aún salvable.

Una lucha que siempre terminaba mal. Era como tratar de frenar un tsunami con un paraguas, era como ladrarle a la luna …

A veces en la historia de los seres humanos prima lo impensable, lo menos esperado. Porque a la crisis del 2001, esperable como fin de un sistema económico que se basaba en el humo del capitalismo financiero, la sucedió algo que nadie podía prever.

A nivel local, el kirchnerismo no sólo comenzó a revertir con mucha decisión políticas centrales de la etapa neoliberal, sino que transformó en realidades viejos proyectos de los sectores que habían resistido el neoliberalismo. Proyectos que, con el correr de los años, habían pasado de ser objetivos políticos concretos a meras utopías. Y de utopías se habían transformado en piezas de museo …

A nivel regional, comenzaron a proliferar regímenes políticos que no sólo se enfrentaban al neoliberalismo sino que comenzaron a dar pasos en pos de lograr un viejo sueño que se había guardado hacía mucho en los cajones de la historia : la integración latinoamericana.

A nivel global, el sistema neoliberal comenzó a crujir, y hacia 2008 a agrietarse, proceso que aún continúa y cuya salida es todavía de pronóstico reservado.

Al comenzar estos cambios, en los primeros años de este siglo, “renacieron zurdos y progres”, como diría Héctor Valle en un excelente artículo.

Porque muchos defensores de la última trinchera, que seguían resistiendo por inercia, para defender sus principios y su dignidad, pero sin muchas esperanzas, comenzaron a percibir un cambio. La presión había cesado. Frente a ellos no parecía haber un bloque homogéneo.

Entonces se pusieron de pie, con desconfianza, con cautela, salieron de la trinchera, y comenzaron a avanzar, codo a codo, juntos, antiguos radicales alfonsinistas; peronistas que habían transitado por el “Grupo de los 8”, el “Frente Grande”, el Frepaso o el MTA; intransigentes ; socialistas ; gente que había militado en distintas expresiones de la izquierda clasista ; integrantes de grupos piqueteros o de otras organizaciones sociales.

Avanzaron y descubrieron que muchos de sus antiguos enemigos se les sumaban con entusiasmo, y les señalaban el camino.

Comenzaron a recuperar posiciones, algunas que habían perdido hacía mucho tiempo, y que no tenían ni la más mínima esperanza de recobrar. Bajaron viejos proyectos del estante de las utopías, y de las vitrinas de los museos. Los transformaron en realidades. Volvieron a soñar, a plantearse objetivos, a tener esperanzas.

Así surgió el kirchnerismo. Una extraña coalición de muchos de los viejos resistentes con algunos de sus antiguos enemigos, quienes cambiaron sus pasadas posiciones.

Frente a ellos se alzaron los más decididos partidarios del neoliberalismo, aquellos que no aprendieron de sus errores, que siguieron creyendo, acrítica e irracionalmente, en el 1 a 1 y la flexibilización laboral ; en las relaciones carnales y en el ajuste y el endeudamientos permanentes. Muchos de éstos son aquellos que se enriquecieron en los ’90 a costa del empobrecimiento de todos los demás.

Lamentablemente estos sectores neoliberales son acompañados por otros, que siempre se opusieron al neoliberalismo, y ahora le son funcionales. Son también viejos resistentes, que no percibieron los cambios, que piensan que todo sigue igual que en aquella década aciaga, y por eso siguen defendiendo esa última trinchera que ya no está en el frente, sino muchos kilómetros en la retaguardia. Ellos siguen allí, más estoica que heroicamente, ladrándole a la luna, atajando el viento …

Sus ex compañeros, los que volvieron de la muerte, avanzan alborozados, van por nuevos objetivos, y se prometen que nunca aceptarán menos de lo que ya consiguieron.

Adrián Corbella, 5 de diciembre de 2011.

adriancorbella.blogspot.com

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