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miércoles, 30 de noviembre de 2011

PROGRESISMO, POPULISMO Y MOVIMIENTO NACIONAL, por Germán Ibáñez (para “lonacionalypopular.blogspot” y “Redacción Popular”)



En el debate político argentino actual, aparecen con frecuencia las cuestiones del progresismo, del populismo, y de lo nacional-popular o del movimiento nacional. Por cierto, no siempre se trata de abordajes críticos, y a veces se manifiesta un deliberado afán de confundir aún más los tantos. Es el caso de las alusiones al “populismo” por parte de los operadores de los monopolios de la comunicación y de los intelectuales conservadores o de derecha. Y con frecuencia, con el término “progresismo” (en apariencia más simpático) no se corre mejor suerte. El movimiento nacional o lo nacional-popular es reivindicado mayormente por el kirchnerismo, el peronismo y la izquierda nacional, o incluso por sectores que se identifican como progresistas (vinculados mayormente al kirchnerismo). Y por otra parte existe un progresismo no kirchnerista, o incluso antikirchnerista, que abjura de lo nacional-popular. En las breves reflexiones que siguen, no pretendemos un examen exhaustivo de estas cuestiones, pero sí un aporte que pueda servir al enriquecimiento del debate.

Un progresismo disociado de la centroizquierda

En alguna oportunidad encaramos la cuestión del progresismo (artículo “Las raíces del progresismo”, Señales populares, octubre 2010) indagando en los equívocos que encierra esta denominación para la política argentina. Muchas veces el progresismo es asociado a la centroizquierda, vinculación no caprichosa en otras latitudes y momentos históricos (por ejemplo, la etapa del Estado de Bienestar y la socialdemocracia europea de la segunda posguerra) pero más azarosa en la Argentina , y que en todo caso necesita ser problematizada. Con la expresión centroizquierda se alude los proyectos políticos reformistas de una izquierda en apariencia no radical. Es decir, aquellos proyectos que históricamente han buscado objetivos de democratización de los Estados y regímenes políticos y de una más justa distribución de las riquezas, sin necesariamente plantearse la cuestión del poder o una refundación del Estado, ni alterar dramáticamente las relaciones sociales fundamentales (de clase). De todas maneras, al impulsar esos cambios inevitablemente las centroizquierdas chocan en mayor o menor medida con los poderes económicos predominantes y con lógicas estatales patrimonialistas o instrumentadas por el mismo poder económico. Aquí aparece la dimensión concreta de la radicalidad o profundidad de esas centroizquierdas, pues el desafío concreto de la democratización, la expansión de derechos sociales y la redistribución progresiva de la riqueza, se verifica no “en el aire” sino en la modificación real de correlaciones de fuerzas sociopolíticas, en la voluntad política de una dirigencia, siempre en el marco de condiciones estructurales nacionales y globales relativamente ajenas a la voluntad de los actores en pugna.

En la medida en que un programa “progresista” se identifique concretamente con reformas progresivas en dirección a una mayor democratización y justicia, puede hablarse de asociación entre centroizquierda, reformismo y progresismo. El problema se suscita cuando se disocia centroizquierda de progresismo; es el caso del viraje de las socialdemocracias occidentales hacia el neoliberalismo en las décadas de 1980-90 y del desmantelamiento del Estado de Bienestar. Es también el caso de la crisis y reconversión conservadora de corrientes antiimperialistas, movimientos de liberación nacional y partidos izquierdistas de toda aquella vasta geografía conocida antaño como “Tercer Mundo”, o países dependientes (la periferia del capitalismo) en los mismos años.

Ahora bien, en nuestro país este proceso ha tenido sus rasgos peculiares. Aquello que conocemos como “progresismo” tiene su lejana raíz en la ideología de la civilización y el progreso. La civilización se concebía como el proceso de “europeización” de América, con el menor compromiso posible con las realidades sociales, políticas y étnicas preexistentes. En su formulación extrema: de aculturación y justificación del etnocidio. La figura de Bernardino Rivadavia será construida por la historiografía de Mitre como “precursor” de este proyecto histórico; pero la clave de bóveda la aportará Sarmiento con el dilema “civilización o barbarie”. Este proyecto socio-histórico se traducía concretamente como el despliegue de una transformación capitalista dependiente, que quería tener sus motores en la inversión e inmigración europeas, en la expansión de la frontera agropecuaria y en la incorporación acrítica de la experiencia cultural de las metrópolis. Su cristalización en la construcción del Estado argentino (c. 1862-1880) se dio de la mano de prolongados ciclos de luchas civiles armadas. Una vez que esa construcción estatal comienza a sedimentar, el poder de irradiación de la ideología de la civilización y el progreso, ahora con el auxilio del positivismo, crece de manera sustancial. La conformación del sistema educativo, de la propia presencia del Estado a través de una serie de organismos, y de una superestructura cultural sofisticada (el proyecto de la generación del ’80) permite la primera construcción hegemónica sólida de lo que ya se constituye como bloque de clases dominante a nivel nacional. Es decir, la así llamada “oligarquía” se convierte en bloque dirigente de una sociedad que atraviesa un proceso de expansión capitalista dependiente y de modernización cultural muy a tono con esa dependencia de las grandes metrópolis industriales.

La hegemonía del bloque oligárquico es tal porque “penetra” también en aquellos sectores sociales y fracciones políticas contestatarios frente al status quo de la República liberal. Tanto el radicalismo como el socialismo serán tributarios en muchos aspectos de la cosmovisión dominante. Sin embargo, el primero, en su vertiente yrigoyenista, cuestionará desde un idealismo ético a esa ideología del progreso desentendida de la cuestión democrática, y se pensará como un movimiento de reivindicación nacional, en cuyo seno comenzará a madurar hacia los años 1920 una corriente de nacionalismo popular (la obra de Manuel Ortiz Pereyra, quien será uno de los fundadores de FORJA en la década siguiente). En tanto no se asumiera la crítica profunda de la cosmovisión oligárquica, el “progresismo” tendía a cristalizar como un desdoblamiento por izquierda de esa construcción hegemónica, más que como una postura que apuntara a un horizonte contrahegemónico. Las conquistas y avances del radicalismo estuvieron estrechamente relacionadas al desafío lanzado al republicanismo liberal desde una concepción con su eje central en la soberanía popular (como se la entendía en aquella época). En tanto que sus límites y contradicciones se anudan en gran medida al tributo que el radicalismo rendía a la ideología de la civilización y el progreso en otras cuestiones fundamentales; por ejemplo el mito del crecimiento agropecuario indefinido.

En todo aquello que el yrigoyenismo se alejó de la cosmovisión oligárquica no fue reputado precisamente de “progresista” sino estigmatizado como plebeyo, demagógico, caudillista (personalista) y expresión de las “chusmas”. Es decir: democrático en las condiciones históricas de un régimen liberal republicano patrimonialista, instrumentado hasta entonces excluyentemente por una minoría de notables. Las “desprolijidades” del yrigoyenismo herían la sensibilidad no solo de la derecha liberal oligárquica, sino también del “progresismo” de aquellos años, que coincidió con los conservadores en el ataque a la política y la figura del Yrigoyen (casi una encarnación del “antiprogreso” como caudillo redivivo). El progresismo argentino nace así disociado de los movimientos nacionales, y esta fractura se reproducirá ampliada con la emergencia del peronismo.

En cuanto desafió el fenómeno histórico del neocolonialismo, planteando la democratización del régimen político, la autodeterminación nacional y la justicia social, el peronismo como movimiento nacional jugó el rol objetivo de una centroizquierda en la Argentina de los años 1940-50, sin ser calificado de “progresista” sino todo lo contrario[1]. Nacido en gran medida de la nueva realidad social que suscitaba la expansión de la actividad industrial a partir de la crisis de 1929-30, el nuevo movimiento político se asociaba estrechamente a la movilización de los asalariados y adquiría en su política y en su discursividad rasgos claramente obreristas. La incapacidad del progresismo liberal y socialista para entroncar con esas masas plebeyas del movimiento nacional marcó una vez más su fractura con el rol posible de una centroizquierda, y lo empujó insensiblemente a la convergencia con la derecha liberal conservadora e incluso con el golpismo militar.

El problema del populismo

La caracterización como “populista” de experiencias políticas como el peronismo (y ahora el kirchnerismo) tuvo y tiene en ocasiones pretensiones sociológicas e historiográficas, pero también muestra en muchas otras ocasiones una clara intencionalidad denigratoria y estigmatizante. Conviene entonces encarar esta cuestión, aunque sea de forma suscinta. En su origen, la categoría populismo fue puesta en juego desde una matriz estructural-funcionalista, desde la teoría de la modernización, e incluso desde alguna lectura del marxismo. Se la relacionó mayormente con procesos sociopolíticos latinoamericanos fechados a partir de la década de 1930. Un ejemplo es aquella interpretación del populismo que lo ve como expresión de cambios en la estrategia de acumulación del capital pos-crisis de 1929 y de la emergencia del proceso de industrialización por sustitución de importaciones. Como señala Nicolás Casullo[2], esas interpretaciones eran, en mayor o menor medida (y sin excluir derivas hacia posturas conservadoras) parte de una genealogía crítica del populismo, señalando limitaciones y contradicciones o reclamando mayor radicalidad. Pero con el triunfo del paradigma neoliberal y la crisis de las izquierdas (moderadas y radicales), la utilización del término “populismo” gravitó decisivamente hacia la derecha conservadora, asumiendo el progresismo y la “izquierda” esa utilización. Especialmente desde los medios monopólicos de comunicación, se vulgariza el término populismo asociándolo excluyentemente a la demagogia, el autoritarismo y el “estatismo” irresponsable (cuestiones que de todas formas no estaban ausentes en muchas de las críticas académicas al populismo, como la de Gino Germani). En las operaciones mediáticas más vulgares, se elimina directamente cualquier referencia a la orientación general de la política de un liderazgo o gobierno determinado, de su horizonte ideológico y de sus bases sociales de sustentación, mezclando en deliberado desorden figuras como las de Carlos Menem y Hugo Chávez. La construcción de sentido de estas interpretaciones tiende a establecer que el populismo es una cuestión de estilo (que por algún ignoto motivo resulta privativa de los latinoamericanos), en tanto se desdibuja completamente la crisis política del neoliberalismo y la emergencia de procesos políticos pos-neoliberales, de los cuales es expresión una figura como la del mandatario venezolano Hugo Chávez.

Sin embargo, así como registramos estos usos superficiales o maliciosos de la noción de populismo, en la tradición del pensamiento crítico contemporáneo se verifican interpretaciones divergentes, que pueden enlazarse con esa genealogía de la que hablaba Casullo, aunque tengan sus peculiaridades y propuestas novedosas. Es el caso de Ernesto Laclau, cuya obra impacta directamente, horadándolos, sobre los consensos conservadores acerca del populismo. En una conferencia reciente, publicada con el título Populismo, democracia y comunicación[3], Laclau resume algunos de sus puntos de vista. En primer término, registra en Latinoamérica la disociación de la tradición liberal-republicana movilizada por las elites organizadoras del Estado en el siglo XIX, de la tradición nacional-popular que en el siglo XX encarnaron las masas y sus emergentes políticos en la pugna por democratizar esos regímenes republicanos. Los regímenes liberal-republicanos exhibieron enormes carencias a la hora de integrar y dar respuesta a las demandas de los sectores populares. En cuanto una serie de demandas insatisfechas por los canales institucionales reconocidos comienzan a enlazarse entre sí, estableciendo una cierta solidaridad, se forma una cadena de equivalencias. Es el momento “pre-populista”, cuando lo popular comienza a erigirse frente a lo institucional. La cristalización populista es ya el momento de la articulación política, cuando esas demandas giran alrededor de un punto de aglutinación representativo, y cuando un cierto discurso de poder establece también la relación entre las demandas a nivel de base. Si la generalización de las demandas y el establecimiento de la cadena de equivalencias puede graficarse a través de un eje horizontal, la articulación que inscribe políticamente esas demandas en canales eficaces es de tipo vertical. El tránsito entre la explosión de la protesta horizontal en el año 2001 en la Argentina , y la emergencia del liderazgo kirchnerista a partir de 2003, que apoyó desde canales verticales institucionales las demandas populares es para Laclau una clara expresión de la articulación populista. De tal manera, en la propuesta de Laclau, el populismo se desprende de toda connotación peyorativa, y por el contrario, se verificaría en las más recientes experiencias un principio de sutura entre lo institucional-republicano y lo nacional-popular. Ahora bien, estas interpretaciones que emancipan al concepto populismo de la carga negativa y peyorativa que acarreó tradicionalmente, no inhiben la necesidad de seguir problematizando la cuestión, e incluso de enfocarla desde otros marcos conceptuales. Especialmente nos interesa la caracterización de movimiento nacional.

El movimiento nacional y la tradición nacional-popular

Cuando nos referimos al movimiento nacional, estamos hablando no de una particular forma de movilización y organización política (por ejemplo aquello que en la tradición del peronismo distingue a la estructura partidaria de la dimensión “movimientista”) ni tampoco lo circunscribimos a los procesos sociopolíticos que han sido calificados de populistas. Caracterizamos como movimiento nacional a aquellos procesos políticos que impulsan un mayor margen de autodeterminación de las sociedades en las cuales se verifican, y que para hacerlo, movilizan a un conjunto variable de sectores y clases sociales con distintas consignas y demandas sectoriales y democráticas. Es decir, la cuestión de la autodeterminación nacional es el eje fundamental, pero resulta imposible que ésta se manifieste eficazmente sino está vinculada, de una u otra manera, al ascenso sociopolítico de los sectores populares. En términos más clásicos, históricamente se ha presentado en Latinoamérica una compleja relación (que es menester analizar en concreto en cada coyuntura) entre la cuestión nacional y la cuestión social. Ahora bien, esta caracterización sumaria también es susceptible de mayor problematización, y sobre todo historización.

Seguimos al peruano Alberto Flores Galindo cuando afirma que en la revolución andina de 1780, liderada por Túpac Amaru II, están presentes ciertos rasgos de movimiento nacional: “Túpac Amaru II pensaba conformar un nuevo ‘cuerpo político’, en el que convivieran armónicamente criollos, mestizos, negros e indios rompiendo con la distinción de castas y generando solidaridades internas entre todos aquellos que no fueran españoles. El programa tenía evidentes rasgos de lo que podríamos llamar un movimiento nacional” [4]. El “cuerpo político” no es sino la conformación de una comunidad política (nación) asentada en la modernización interna y la descolonización, lo que cuestionaba radicalmente el orden tradicional, estamental y absolutista del imperio español. El colonialismo español no implicaba solamente la sujeción de los territorios americanos a la Corona ibérica, ni el drenaje de riquezas hacia la metrópoli, sino también la conformación de sociedades donde la explotación de clase y la opresión política se conjugaban con un orden estamental, de distinciones cristalizadas en torno a la “pureza de sangre”. El desafío tupamarista de concretar en el Perú una unidad política de nuevo tipo, con el Inca a la cabeza, se conjugaba con la búsqueda de cambios radicales en la estructura económica colonial, como la supresión de la mita y la eliminación de las grandes haciendas. Y trazaba un amplio arco de alianzas que involucraban no solo a los campesinos indios, sino a sus dirigencias (curacas), a los esclavos, a los criollos y mestizos e incluso se apelaba a la Iglesia. Es decir, estamos frente a un programa político indudablemente moderno (aunque también expresión de imaginarios sociales y de una cultura popular de raíz prehispánica, lo que lo convierte en una de las más formidables operaciones transculturadoras hispanoamericanas) que se proponía construir una nación, rompiendo el vínculo con la Corona y estableciendo nuevas relaciones sociales.

La frustración del proceso revolucionario andino tendió a nublar su importancia, pues resultaba de la máxima peligrosidad para los intereses coloniales y señoriales hispanoamericanos. Pero también quedó escindido en cierta medida del movimiento independentista que varias décadas después tendrá en las elites criollas a su principal beneficiario. Elites que congelaron la descolonización hispanoamericana allí donde se amenazaba el compromiso histórico entre los intereses señoriales y las fracciones comerciales proto-burguesas que ya estaban vinculadas con los nuevos centros capitalistas como Inglaterra. Tal proceso se concretó en abierta lucha no solo contra los movimientos populares como el artiguismo, sino con las propias fracciones radicales del bloque revolucionario encarnadas en las figuras de los libertadores José de San Martín y Simón Bolívar, cuyas más audaces proyecciones políticas fueron mediatizadas por los liberales conservadores. Las guerras de independencia fueron primero y ante todo guerras civiles. El detonante fue la revolución política democrática que agitó primero a la metrópoli ibérica en 1808 y luego eclosionó en el movimiento de las Juntas populares en Hispanoamérica a partir sobre todo de 1810. El proceso revolucionario hispanoamericano no fue inicialmente independentista, sino autonomista y democrático, en tanto reclamaba el autogobierno de las “ciudades” americanas sustentándose la demanda en el principio de la soberanía de los pueblos. Sin embargo, constituyó el puntapié del ciclo nacional en la medida en que el reclamo autonomista-democrático y la propia realidad de la guerra civil contra los absolutistas (que se identificaban no solo con la dominación tradicional de la Monarquía sino también con los privilegios incondicionados de la metrópoli sobre las tierras americanas) inició la deriva hacia la guerra independentista abriendo paso a diversos proyectos para constituir en estas tierras nuevas comunidades políticas, es decir: naciones.

En el choque entre esos distintos proyectos de puso de relieve la divergencia de visiones acerca de hasta donde llegaban los fundamentos democráticos de los regímenes políticos que emergían de la crisis del imperio español, y también las modalidades y el horizonte general de la transformación capitalista hispanoamericana. ¿Se orientaría a consolidar los vínculos asimétricos de las elites comerciales con los centros industrialistas del Norte o implicaría una modernización interna que liberase a los productores directos y protegiese el trabajo local? La fuerza motriz del segundo camino solo podía asegurarla la movilización de las masas populares: el fin de la tributación, la abolición de la esclavitud y los trabajos forzados, el reparto agrario. Es decir, una modernización interna conjugada con avances en la descolonización social. En tanto los intereses societarios de las burguesías comerciales y las clases señoriales que podían articularse a las necesidades de los centros industriales como Gran Bretaña exigían el congelamiento de la revolución, allí donde amenazase los privilegios y la disciplina social que eran también requisito indispensable para la expansión de un capitalismo dependiente[5].

Se jugaron entonces tensiones históricamente determinadas entre la cuestión nacional y la cuestión social en lo que constituyó un movimiento nacional hispanoamericano, en tanto no solo se puso en juego la formación de la nación, sino también la confederación de las nuevas comunidades políticas en un horizonte de Patria Grande. El proyecto bolivariano del Congreso Anfictiónico fue la más grandiosa proyección de tal horizonte, y su frustración el mejor índice de las dificultades para concretarlo en aquellas coordenadas históricas, así como de la fuerza (bases internas y externas) de los proyectos societarios que apuntalaban el camino del capitalismo dependiente. Importa entonces, a los fines de estas reflexiones, consignar que los movimientos nacionales son con mucho anteriores en América Latina a la emergencia de los denominados “populismos” del siglo XX. Y además, que la genealogía del movimiento nacional y de la tradición nacional-popular es compleja y diversa, pues no podríamos escindir al proceso revolucionario andino de esa genealogía nacional-popular. Con lo cual deberemos admitir que uno de los más complejos proyectos de constitución de una comunidad política moderna aparece en íntima conexión con la herencia de las revueltas campesinas e indígenas, antecediendo en décadas a las guerras de independencia.

La desintegración del régimen colonial en América Latina abrirá paso a la revolución y a la constitución de comunidades políticas independientes; pero al disociarse la transformación capitalista de la descolonización, las nuevas repúblicas cargaran con gravosas consecuencias: la constitución de regímenes políticos patrimonialistas y autoritarios (Estados oligárquicos); la asimetría en las relaciones económicas, políticas y culturales con los centros capitalistas metropolitanos (neocolonialismo); la marginalidad político-cultural así como la pervivencia de formas de explotación del trabajo no libre de los descendientes de pueblos originarios (colonialismo interno). Los movimientos nacionales se reconstituirán como respuesta de los pueblos a las tareas inconclusas legadas por la etapa de la emancipación (se hablará en algunos países de la necesidad de una segunda independencia), así como frente a los nuevos desafíos históricos. Las tradiciones nacional-populares (utilizamos el plural) se recrearán construyendo genealogías, rescatando memorias e historias soterradas, y actualizando el ideario liberador. Será en el área del Caribe, con el movimiento independentista cubano y el pensamiento y la praxis de José Martí, donde se producirá la eclosión del ciclo de movimientos nacionales contemporáneos, en el cruce histórico de los resabios de la vieja dominación colonial española y el ascendente imperialismo estadounidense[6]. El período histórico comprendido entre los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del XX marcará el tránsito hacia el paradigma de la liberación nacional, que surge como respuesta tendencialmente antiimperialista a las nuevas condiciones de la dependencia y puja por democratizar los Estados, instrumentando nuevas ideologías democráticas. Las manifestaciones externas de los nuevos movimientos nacionales serán muy diversas, así como su grado de radicalidad. Desde el independentismo cubano con el profundo antiimperialismo martiano hasta la agrarismo insurgente de la Revolución mexicana de 1910, pasando por los reformismos urbanos de Argentina y Uruguay (yrigoyenismo y batllismo respectivamente). La tradición nacional-popular abrevará en el rescate indigenista (que no es, todavía, el indianismo contemporáneo), en el liberalismo democrático, en el antiimperialismo, en el socialismo reformista y en el marxismo, combinando a veces varias de estas vertientes como en la obra formidable del peruano José Carlos Mariátegui.

En nuestro país, la tradición nacional-popular está indisociablemente vinculada a la emergencia de los movimientos nacionales del siglo XX. Ya aludimos a la figura de Manuel Ortiz Pereyra y al forjismo. Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz serán las figuras paradigmáticas, que elaborarán a su vez una perspectiva crítica del despliegue de los movimientos nacionales, a caballo de la crisis del radicalismo y de la emergencia del peronismo primero, y luego en la explicación de la caída de Juan Perón en 1955. Pero también en nuestro país las genealogías de la tradición nacional-popular son diversas. Así debemos consignar la vertiente de un socialismo latinoamericanista que supo encarnar Manuel Ugarte, con su prédica pos de la unidad latinoamericana. Y por cierto, las corrientes provenientes de un marxismo que se deslindaba polémicamente de las izquierdas tradicionales e iba al encuentro de lo nacional-popular en clave antiimperialista. Rodolfo Puiggrós desde una matriz comunista y Jorge Abelardo Ramos desde el trotskismo fueron figuras paradigmáticas, entre varios otros, de un marxismo nacional. Con ellos, la búsqueda ideológica de una correlación entre cuestión nacional y cuestión social se hará más densa y sofisticada, aunque sin duda su planteo político perentorio vendrá de la mano de una izquierda peronista hacia los años 1960-70, auténtico desdoblamiento interno del movimiento nacional de ese momento. John William Cooke y Juan José Hernández Arregui encarnarán la vertiente intelectual de un peronismo de izquierda que fue, de todas formas, sumamente heterogéneo: corrientes sindicales combativas, militancia territorial, agrupaciones estudiantiles, organizaciones guerrilleras. Es en esos años cuando se establece el relato historicista de lo nacional-popular, y el libro La formación de la conciencia nacional de Hernández Arregui es una de las obras emblemáticas en las cuales se traza una genealogía de lo nacional-popular.

Podemos decir que, contemporáneamente al desarrollo de los planteos sociológicos acerca del populismo, se despliegan las claves interpretativas de la propia tradición nacional-popular. De diversa manera, ambas visiones serán víctimas de la imposición del neoliberalismo y el pensamiento único. La demonización del Estado y de los movimientos populares, responsabilizados por el diagnóstico conservador de ser los causantes de los desmadres autoritario-populistas y de configurar un “obstáculo” al crecimiento económico será obra de la dictadura militar de 1976, que se prolongará en el período de la restauración democrática, en la medida en que el neoliberalismo continuará siendo la ideología dominante. La hegemonía liberal “correrá a la derecha” los planteos acerca del populismo, como señalaba el artículo citado de Casullo. Y también socavará durante largo tiempo las bases de la tradición nacional-popular, en la medida en que el proceso de trasnacionalización del capital conocido como “globalización” pondrá en entredicho las posibilidades de la autodeterminación nacional de los países. Si tanto el populismo como el movimiento nacional del siglo XX nacían en el marco del proceso de industrialización por sustitución de importaciones, parecía lógica su desaparición con el agotamiento del modelo industrialista y la hegemonía del capital financiero trasnacional. Parecía quedar entonces la lectura conservadora del populismo por un lado, y la nostalgia nacional-popular por el otro. Fue más cierto lo primero que lo segundo, sin desmedro de trabajos renovadores como el de Ernesto Laclau. Lo nacional-popular pudo pervivir asociado a la crítica del neoliberalismo, a las prácticas resistentes de los trabajadores y diversos colectivos sociales en los años 1980-90, y en la reelaboración de sus propias genealogías que debían integrar ahora el balance de las derrotas de los movimientos de liberación nacional así como de las nuevas perspectivas emancipatorias que asomaban trabajosamente.

La crisis política del neoliberalismo y el ascenso de gobiernos de izquierda y de centroizquierda en varios países latinoamericanos con el nuevo siglo, abrió paso a un nuevo ciclo de movimientos nacionales que incluye por cierto a nuestra Argentina. No es concebible este nuevo ciclo sin lo acumulado por los movimientos de resistencia social y política al neoliberalismo de los años precedentes. Los resultados contradictorios del modelo en retirada (extraordinaria concentración del poder económico-político en la cúspide de la pirámide social, así como extendidísima fragmentación de los sectores populares, lo que erosionó las bases del “consenso” neoliberal al detonarse la crisis económica) abrieron la grieta por la cual se lanzaron al ruedo las nuevas fuerzas político-sociales. En el caso argentino el kirchnerismo asumió renovándola la tradición nacional-popular del peronismo a través de la centralidad de los conceptos de nación, pueblo y Estado, a los cuales se sumaba democracia y memoria. El desafío de la autodeterminación nacional, compartido a escala regional (con los matices y las diferencias del caso) es comprendido en clave de integración económica regional y de unión entre los Estados sudamericanos. También en la necesidad de una progresiva emancipación de los organismos financieros internacionales y del grado y modalidades agresivas de influencia de los EEUU en la región. Desde el antiimperialismo bolivariano de la Venezuela de Chávez a la más discreta diplomacia del Brasil, las diferencias no son pocas, pero establecen un horizonte de convergencias. En nuestro país, ese camino estuvo jalonado por la cancelación de la deuda con el FMI y con el “enterramiento” del ALCA.

Ahora bien, la potencialidad política del kirchnerismo como movimiento nacional se expandió en la medida en que las nuevas modalidades de la lucha por la autodeterminación nacional fueron enlazadas sólidamente (y hasta teatralmente para sus detractores) a la inclusión social, la democratización, y la memoria. Sin esas fuerzas motrices, que le dan el “gran impulso”, no lograría la fuerza política suficiente. La convocatoria kirchnerista a la memoria, la reparación y la justicia asumió una lucha de décadas (para perplejidad de algunos “progresistas” que tal hubiesen deseado que los Derechos Humanos permanecieran en la marginalidad) y enlazó el dinamismo de un esfuerzo llevado adelante por una parte de la “sociedad civil” a la solidez de una política de Estado. En este punto tal vez puede corroborarse con provecho el esquema interpretativo del artículo que citamos de Laclau, en torno a la articulación populista de la demanda social horizontal con la voluntad política vertical. Sin duda otra cuestión similar en cuanto entronque de lo horizontal elaborado por colectivos sociales y lo vertical asegurado por una voluntad política y una determinada gestión gubernamental es la democratización de la comunicación audiovisual. De las elaboraciones de la Coalición por una Radiodifusión Democrática a la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audivisual hubo un intenso camino[7] que alcanzó niveles de democracia participativa cuando se discutió el entonces Anteproyecto de Ley en decenas de foros participativos realizados en las Universidades.

Estas cuestiones difícilmente pudieran aparecer sin que se removiesen también las aguas de la tradición nacional-popular. Sin que las genealogías se renovasen y (¿por qué no) compitiesen y entrasen en polémica. A esa búsqueda de la historia popular, de las gestas emancipatorias y de liberación, de las vertientes ideológicas olvidadas o “malditas”, de las nuevas lecturas (no exentas de sus ambigüedades, y las hubo también en el pasado), como se manifestó en las jornadas del Bicentenario de la Revolución de Mayo, la derecha conservadora y los monopolios de la comunicación responden con la versión simplista y maliciosa de un “relato kirchnerista”, nuevo catecismo de los males argentinos. Esta es una de las operaciones que tienden a demonizar el actual proceso político argentino como “populismo”. Y en ese marco, no solo se esbozan posiciones explícitamente neoliberales o conservadoras, sino también aquellas de un progresismo escindido de lo nacional-popular y del rol objetivo de una centroizquierda. Vuelven aquí a encontrarse (y desencontrarse) esas cuestiones del progresismo, el populismo y el movimiento nacional que motivaran estas reflexiones. ¿Podrán leerse estos nuevos tiempos, este cambio de época, desde las claves de una teoría del populismo liberada de los prejuicios liberales y de la carga peyorativa y negativa? Sería apresurado negarlo, y en todo caso exigiría un abordaje crítico más extenso y sobre obras más fundamentales, como el libro La razón populista de Laclau, que el que en este artículo someramente esbozamos[8]. Pero nos inclinamos por las claves interpretativas que encierra el concepto de movimiento nacional y la riqueza histórica de la tradición nacional-popular.

Germán Ibañez

www.lonacionalypopular.blogspot.com

[1] John William Cooke dirá que en aquellas circunstancias históricas faltaba una “izquierda nacional”, y el peronismo ocupó ese lugar sin definirse como tal.

[2] Nicolás Casullo: “Populismo, el regreso del fantasma”, en Peronismo. Militancia y crítica (1973-2008); Buenos Aires; Colihue; 2008; p. 276

[3] Ernesto Laclau: “Populismo, democracia y comunicación”, en Nuestra Cultura, publicación de la Secretaría de Cultura de la Nación ; julio /agosto de 2011, año 3, nro. 12; pp. 4-5

[4] Alberto Flores Galindo: “La revolución tupamarista”, en Buscando un Inca. Identidad y Utopía en los Andes; Lima; Editorial Horizonte; 1994; p. 398

[5] Florestan Fernandez: “Reflexiones sobre las revoluciones interrumpidas”, en Dominación y desigualdad: el dilema social latinoamericano; Buenos Aires; CLACSO /Prometeo Libros; 2008; p. 126

[6] Ver Ricaurte Soler: Idea y cuestión nacional latinoamericanas; México; Siglo XXI editores; 1987; pp. 233-265

[7] Ver Néstor Busso y Diego Jaimes (comp.): La cocina de la ley. El proceso de incidencia en la elaboración de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en la Argentina; Buenos Aires; FARCO; 2011

[8] De todas formas, hay no pocos avances en tal dirección; véase por ejemplo la reseña crítica de Guillermo Almeyra: “Un concepto ‘cajón de sastre’. A propósito de La razón populista de Ernesto Laclau”, en Crítica y Emancipación. Revista latinoamericana de ciencias sociales; Año I, N° 2, primer semestre 2009

Publicado en :

http://www.redaccionpopular.com/articulo/progresismo-populismo-y-movimiento-nacional

ENTREVISTA DE LA REVISTA VIVA A JORGE LANATA, por TVR (Canal 9) y "grandesalamedas.blogspot"





Entrevista completa de la revista Viva a Jorge Lanata :

En :

http://www.taringa.net/posts/noticias/13320564/Entrevista-completa-de-la-revista-Viva-a-Jorge-Lanata.html

LEER ENTREVISTA COMPLETA

EN:

http://grandes-alamedas.blogspot.com/2011/11/la-entrevista-de-la-revista-viva-jorge.html



La entrevista completa publicada el 27 de noviembre de 2011 en la revista dominical del diario Clarín cuestiona fuertemente a Jorge Lanata por su rol opositor, se lo acusa de pasar camaleónicamente de Página 12 a Libre...

LANATA Y CLARÍN : LA METÁFORA DE LA RANA Y EL ESCORPIÓN

La metáfora dice mas o menos así: Un escorpión le pidió a una rana que lo cruce hasta la otra orilla del río. Prometiéndole no hacerle ningún daño, el anfibio accede subiéndolo a sus espaldas pero cuando están a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana. Ésta le pregunta incrédula “¿cómo has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos” ante lo que el escorpión se disculpa "no he tenido elección, es mi naturaleza".



Aquí las partes mas picantes de la entrevista a la que Jorge Lanata se sometió para la revista Viva. El hombre que supo ponerse del lado del multimedio mas poderoso de la argentina en la causa por Papel Prensa ahora es bastardeado en una extensa entrevista. La moraleja de la metáfora es: No trates de engañarte con los demás al creer que pueden ser otros.



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¿Qué Lanata está de turno? (...) ¿Será aquel bocón querible de inicios de los `90 o atenderá su Mr. Hyde, un empresario abandónico con problemas de memoria a la hora de pagar indemnizaciones? ¿El hombre sensible de los cuentos de Polaroid o ese gemelo perdido de Lilita Carrió que tira bombas de estruendo y solo halla la paz en la arena de José Ignacio?

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“Hagamos las fotos primero” se le propone. El chasirete le pide una morisqueta y se niega. Aún mas increíble. –Usa la memoria Jorge, recordá tus días en el Maipo....

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¿Y no sentís que hacés muchas notas de taquito?

¡Obvio!

¿Y nunca te dijiste: “Puta, debería laburar un poquito más”?

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En la época de Página pensé un diario que saliera sólo cuando fuera necesario; hasta registré la marca Cada tanto. Un diario que saliera cuando tuviera algo que decir. Funcionaria, pero es imposible bancarlo...

Ahí precisás financistas, y a vos se te complica elegir bien ¿Cuántas veces saliste a buscar guita?

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¿Y qué haces entonces? ¿Bajás tus trabajos ideológicos por un billete?

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Igualmente, yo creo que tu público mutó. Perdiste a los más críticos y hoy llegás a la gente que escucha solo lo que quiere oír.

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Todos – periodistas, actores, vedettes – siempre dicen estar “en el mejor momento” ... ¿Y que tal si tu mejor momento ya pasó?

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¿Y como es eso de vivir coleccionando enemigos?

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Me refería a tus peleas con periodistas con los que tenías afinidad y hoy por hoy no te pueden ver...O cib kis qye se quedaron en el aire y sin indemnización cuando cerraste un medio y dicen: "Lanata me cagó"

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¿Quién habrá cambiado mas? ¿Vos que te fuiste de Página 12 a Libre, tus seguidores o el mundo

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Es que es fácil correrte por izquierda. Dicen "Lanata empezó laburando con Eduardo Aliverti en radio pero hoy comparte programa con Alvaro Vargas Llosas"

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http://www.diarioregistrado.com/sociedad/55525-lanata-y-clarin-la-metafora-de-la-rana-y-el-escorpion-.html

ROSSI : “Hoy nadie puede disputarle poder a Cristina”, entrevista de Nicolás Lantos (para “Página 12” del 30-11-11)


AGUSTIN ROSSI DESTACO LA FORTALEZA POLITICA DE CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER

El jefe del bloque de diputados oficialistas habló del tema del reparto de las ganancias y del estado de la relación entre Hugo Moyano y la Presidenta. También analizó la etapa parlamentaria a punto de concluir y la que viene.

Por Nicolás Lantos

La definición de Agustín Rossi es categórica: “Hoy nadie puede disputarle ni medio centímetro de poder político ni de conducción a Cristina Fernández de Kirchner”. Como cabeza del bloque de diputados del Frente para la Victoria desde hace seis años, el rosarino es una de las principales espadas del kirchnerismo en el Congreso de la Nación. Si bien su mensaje a primera vista parece dirigido hacia Hugo Moyano y los sectores de la CGT que han manifestado distancia con la Presidenta, él hace otra lectura del diferendo alrededor de la posibilidad de que las empresas repartan sus ganancias extraordinarias entre los trabajadores y la eventual suba del mínimo no imponible por ganancias, además de la posibilidad de acotar las negociaciones salariales para 2012. “Quiero poner paños fríos, no tensionar”, explica Rossi, que comprende que “el movimiento obrero tiene reivindicaciones sectoriales y juega ese rol”, pero que “nadie cuestiona el rol que cumple hoy Cristina hacia el interior del peronismo”.

–¿Qué lectura hace de la distancia que tomó un sector del sindicalismo con respecto a la Casa Rosada?

–El movimiento obrero, además de participar en este proyecto político de país, a veces tiene reivindicaciones sectoriales y juega también ese rol. Pero no tengo ninguna duda de que el mejor modelo de país para un sindicalismo como el que encabeza Hugo Moyano es el que propone Cristina Fernández de Kirchner y que, además, se viene aplicando con éxito desde 2003.

–Algunos dicen que se aprecia un giro ideológico por parte del Gobierno...

–A mí me parece que la Presidenta ha dicho claramente, por ejemplo, sobre el tema de la participación, que está de acuerdo con que los trabajadores participen de las ganancias extraordinarias de las empresas, pero que la herramienta para esto son las paritarias, no una ley, porque las leyes generalizan, y darles un tratamiento por igual a todas las empresas no es lo mejor: lo viví yo cuando estudiamos en la Cámara de Diputados el proyecto de Héctor Recalde. No contempla, por ejemplo, el caso de las pymes. Sobre la inflación, que algunos dijeron que ahora habló del tema y que antes no, en todo el discurso la mencionó tres veces y siempre sosteniendo su postura: que éste es un modelo de control de crecimiento y no de control de inflación, y que el manejo cambiario es un elemento de la política económica para evitar que suban más los precios.

–La semana que viene se cierra no sólo el año parlamentario sino también la etapa que se abrió tras las elecciones de 2009, en la que el kirchnerismo estuvo en minoría en el Congreso. ¿Qué balance hace de estos dos años?

–Para nosotros, desde el punto de vista parlamentario, han sido años difíciles porque nunca tuvimos la oportunidad de que la oposición nos acompañe en ninguna de las propuestas del Ejecutivo, y ellos, que tenían o decían tener la mayoría, tampoco pudieron hacer funcionar el Congreso. Esperamos en los próximos dos años recuperar la iniciativa, plantear una agenda parlamentaria y hacer que el Parlamento cumpla la función que le corresponde.

–¿Podría adelantar alguno de los temas de esa agenda?

–Seguramente después del 10 de diciembre tendremos que ver el tema Presupuesto, la renovación del impuesto al Cheque, Ganancias, cigarrillos, de la Ley de Emergencia Económica. También la Ley de Tierras. La modificación del Estatuto del Peón Rural. Son temas que, si la Presidenta lo decide, pueden incorporarse a sesiones extraordinarias.

–¿Va a continuar al frente de la bancada de diputados del FpV después del recambio?

–Como todos los que formamos parte del kirchnerismo, yo estaré en el lugar que me toque y donde se me necesite. Ahora estoy en un espacio que me gusta y que conozco, pero soy un dirigente de este espacio y estaré donde la Presidenta lo disponga.

–¿Cómo ve la interna del PJ en Santa Fe, donde María Eugenia Bielsa y Luis Rubeo disputan la presidencia de la Legislatura provincial?

–Esa es una decisión de los diputados provinciales, yo no tengo nada que ver en eso. Las autoridades parlamentarias las deciden los diputados de cada Parlamento.

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http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-182381-2011-11-30.html

Trabajo argentino hasta en el último clavo, por Raúl Dellatorre (para “Página 12” del 30-11-11)

LA DEFENSA DEL EMPLEO Y LA PRODUCCION NACIONAL EN EL CENTRO DE SU NUEVO MANDATO, ANTICIPO CFK

Ante la convención del sector de la construcción, la Presidenta abogó por una fuerte sustitución de insumos importados. Mantendrá las políticas proactivas durante su próximo mandato y el objetivo de defender el empleo y la producción nacional.

Por Raúl Dellatorre

La defensa del empleo seguirá siendo la bandera principal de la política económica en el nuevo período presidencial que Cristina Kirchner encabezará a partir del 10 de diciembre. Así lo reflejó la propia Presidenta ayer, en su discurso frente a la convención anual de la Cámara de la Construcción, donde acentuó el concepto de la defensa de la producción nacional y la sustitución de lo que actualmente se importa. “Ni un clavo importado, si fuera posible”, enfatizó, para subrayar la necesidad de fortalecer el ciclo de sustituir importación para bajar costos de insumos, mejorar el resultado de la balanza comercial y, fundamentalmente, crear más empleo en el país. “Seguir creciendo, pero de forma armoniosa, pensando en los más vulnerables”, reclamó Cristina a los empresarios y se comprometió a sí misma a perseguir el mismo objetivo en su nuevo mandato. También reclamó un acuerdo entre sectores para reducir la incidencia de los juicios por accidente en la construcción.

La Presidenta enfocó su discurso, desde el inicio, a destacar la integración regional como una de las claves principales para continuar en este proceso de crecimiento. La otra clave será continuar con las políticas anticíclicas y proempleo. Aludió a su próximo encuentro con Dilma Rousseff, su par brasileña, prevista para el viernes en Caracas, en el marco de la cumbre de presidentes de América latina y el Caribe. “Dilma está jugada a la integración, y en este proceso es fundamental lo que decidan hacer Argentina y Brasil”, enfatizó. Mencionó como un factor altamente favorable las inversiones privadas que se están dando en ambos países de firmas del país vecino. Recordó que ayer había sido visitada por el titular de Techint, Paolo Rocca, quien le informó la compra de una participación importante en Usiminas, la principal siderúrgica brasileña.

“Es interesante, porque quien recibirá lo que pague Ternium (Techint) es Camargo Correa, grupo que así podrá reinvertir esos fondos en su planta para producir cemento en San Juan. Así seguimos sustituyendo importación por producción nacional en un insumo tan importante para la construcción. Si fuera posible, tendríamos que lograr que ni un solo clavo sea importado, para crear más empleo”, señaló Cristina.

En el plano de la relación con Brasil, también anticipó que incluirá en su agenda lo que puede resultar “una pequeña peleíta”, porque le reclamará a la presidenta de Brasil la revisión de las normas para las compras gubernamentales. “Queremos que las constructoras argentinas puedan participar en las obras de infraestructura de Brasil, como las brasileñas participan acá”, apuntó, recibiendo una previsible ovación de la concurrencia. Frente a las obras que deberán hacerse para el Mundial de Fútbol de Brasil 2014, Cristina pedirá que se considere la incorporación de las empresas regionales con una posibilidad de acceso que hoy se le niega, con igual tratamiento al que reciben las extrarregionales.

Cristina reclamó, y anticipó, la formación de mesas por sector, en las que participen todos los integrantes de la actividad, para articular esfuerzos y mejorar la competitividad de cada uno. Y volvió a subrayar que en un mundo convulsionado por la especulación financiera, la inversión en bienes reales, “en ladrillos”, sigue siendo la opción más segura.

En el mismo encuentro empresario, más temprano, el ministro de Planificación se había referido a la reducción de subsidios a algunos sectores de la actividad y a personas de alto poder adquisitivo. Negó que el objetivo de esta política sea generar ahorro fiscal, y en cambio indicó que lo que se busca es “redireccionarlos para los sectores que lo necesiten”.

“La quita paulatina de subsidios no es para generar un ahorro fiscal, sino para lograr una mejor redistribución del ingreso”, sostuvo Julio De Vido ante la nutrida audiencia empresaria. Dentro de ese esquema prometió que se mantendrá la subvención estatal “a todos los sectores que lo necesiten”, entre los que incluyó a la construcción, bajo el objetivo de que “todos los insumos del sector se produzcan en el país”.

Ejemplificó con el caso de los subtes, en el que destacó que con su traspaso a la jurisdicción de la ciudad de Buenos Aires se busca “ahondar en la autonomía” de esta última. “El dato estimado es que el 11 por ciento de los 13 millones de usuarios que viajan en subte necesitan subsidios”, destacó, señalando un dato que ya había sido adelantado por Página/12 el 5 de noviembre pasado. “Son 300 millones de pesos que se deben invertir en otros sectores”, agregó el ministro.

Publicado en :

http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-182361-2011-11-30.html

martes, 29 de noviembre de 2011

Programa en homenaje a Néstor Kirchner, por “Señal Oeste” de Moreno (conducción : Raúl Isman, 27-10-11)


El 27 de octubre de 2011, primer aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, el Canal Televisivo Señal Oeste de la localidad de Moreno, provincia de Buenos Aires, puso en el aire un programa ideado y conducido por el director de Redacción Popular, Raúl Isman.

En dicho programa participaron Fernando del Corro, Jorge Baletto, Jorge Arcolía, Ramón Juárez y Adrián Corbella.


La primera parte puede verse desde
http://www.youtube.com/watch?v=ZbintPHwNX4


Segunda fracción desde
http://www.youtube.com/watch?v=84WomgGMc0M&feature=related


Tercera fracción desde
http://www.youtube.com/watch?v=q49nDtSIWo0


Cuarto segmento desde
http://www.youtube.com/watch?v=FbMRccrFPpA


Quinto segmento desde
http://www.youtube.com/watch?v=ODzgP0LkH_M


Sexta fracción desde
http://www.youtube.com/watch?v=0A5unQ6EHV0


Parte final desde
http://www.youtube.com/watch?v=SKkhhiZpRXM

Video original de “Señal Oeste” de Moreno en :

(Conviene entrar con Google Chrome)

http://www.morenosotv.com/programas/8/1093.html


También en :

http://redaccionpopular.com./category/secciones/cine-video-y-video-clip

VENCEN LOS BÁRBAROS, LOS BANCOS VENCEN, por Juan Chaneton (para “Nos Comunicamos”, noviembre de 2011)


Los “mercados” opinaron inmediatamente que un congreso con mayoría absoluta de modo tal que Rajoy pueda gobernar sin necesidad de alianzas, es la “receta ideal recomendada por los médicos”. Lo que la derecha política y los bancos tienen muy claro en Europa, se convierte en un mar de tonterías y banalidades cuando cruzamos el Atlántico y aterrizamos en el Río de la Plata, más precisamente, en Argentina.

Aquí, la oposición al gobierno e, incluso, la progresía que lo apoya, consideran que no es bueno que el gobierno (cualquier gobierno) tenga vía libre en el Parlamento para desarrollar sus políticas. El “pluralismo” es indispensable para la democracia, graznan como estúpidos, sin reparar, ni por un instante, en que la política es poder y en que el poder se autorrealiza tanto más como poder cuanto más libre de cortapisas actúa, y que esta libertad del poder nacional y popular para ir de acá para allá es conditio sine qua non para que los menos no le sigan sacando a los más y para que, algún día, en este país no haya más villas miseria, la innovación tecnológica aplicada a la producción y al mejoramiento de la calidad de vida despierte la admiración de los demás y para que la Argentina se parezca, poco a poco, a un país con peso específico propio y estatura estratégica mundial.

En suma, es mejor gobernar con un Parlamento adicto que con uno fragmentado en pedazos, porque el capital financiero no está fragmentado en pedazos, está concentrado.

Si bien se mira, la derecha europea, y española en particular, dice ahora que es bueno que Rajoy no tenga oposición y antes decía que era una vergüenza que en una democracia no hubiera una pluralidad de representación parlamentaria aceptable. La derecha europea, española en particular, sabe lo mismo que la derecha argentina. Mugen cual vaca en celo cuando no son gobierno y claman, mugidos mediante, por la democracia y la representación. Pero en cuanto las urnas les dan el espaldarazo se apresuran a dejar sentado el punto central de su programa: la democracia y la competencia -en el terreno que fuere- es una anomalía que no debe existir, que es bueno que no exista, y que, para gobernar bien nada mejor que hacerlo aplicando el programa “doloroso pero necesario” y sin discutirlo con nadie en un Poder Legislativo que, en realidad, nadie sabe muy bien ya para qué sirve y si seguirá existiendo en el futuro.

Lo cierto es que hay giles que se toman en serio el discurso del pluralismo, la democracia y la representación pero la derecha -de cualquier país- no lo hace, es decir, no se lo toma en serio. Lo usa según las circunstancias. Y -descarnadamente y a Maquiavelo limpio- así es en la práctica y así deberían saberlo todos aquellos que aspiran a gobernar o a organizar la sociedad de modo tal que el “uno por ciento” no siga mandando, en el mundo, al 99 restante. Y robándole, además, sus pertenencias.

Los mercados no le dieron tregua a Rajoy. Les pidió media hora y le ofrecieron un minuto de silencio, al cabo del cual arremetieron ávidos de ganancias. Las calificadoras dijeron que las posibilidades de España de honrar sus deudas son casi nulas de modo que los bonos que Rajoy colocará deberán ser oblados, en su momento, con un interés altísimo. Esto significa que España se endeudará más todavía y que las políticas derechistas no irán en dirección de la creación de empleo y de la reactivación productiva sino que tendrán en mira una economía de metas de pago de deuda… y nada más.

¿Y por qué hacer negocios sólo con los pobres? ¿Qué se puede seguir extrayendo ya de Grecia, Portugal, Irlanda y España? Lo que fuere, pero de los ricos también se puede. Quienes así piensan son los “mercados” que, como se sabe, carecen de patria, de moral y hasta de madre. Por eso mismo le acaban de advertir a Merkel que los miserables 3000 millones de euros (esa suma es la caja chica de Goldman Sachs, es decir, de la familia Rotschild) que Alemania intentó obtener emitiendo un “deutsche bonen”, no por ser una suma miserable se la iban a dar así no más.
Y Fitch, una de las tres “calificadoras” que mandan hoy en el mundo, le hizo saber a Sarkozy que la nota top para la deuda de un país, esto es, la “AAA”, sólo es para los que la merecen sin lugar a la menor duda y que Francia estaba entrando en zona de duda.

La cruda verdad es que la única manera en que el pueblo español puede ganar esta partida es que Rajoy pierda. Éste no puede ganar si no junta, año a año, el dinero necesario para pagarle a los bancos. Y ese dinero se junta echando gente a la calle, ahorrando en salud y en educación, expulsando inmigrantes y nada de regulaciones a las “operaciones” financieras, es decir, a la timba.

Por ahora, están ganando en toda la línea. Película ya vista por nosotros. Era la época en que los tecnócratas convencían al pueblo argentino de que había que hacer un esfuerzo más porque la luz al final del túnel ya se divisaba. Y ellos, lo único que divisaban, eran las divisas que ganaban en cada escolaso que organizaban.

Hoy, en Europa, se vienen Mario Monti, Papademos, Passos Coelho, Mario Draghi, y Rodrigo Rato y no falta nadie más para el tren fantasma, mientras que, de reojo, junan el tablero los filántropos Christine Lagarde y Robert Zoellick, del FMI y Banco Mundial, respectivamente.
Las finanzas han derrotado a la política y las ratas salen de sus escondrijos. Dirigirán, ahora, al aire libre y a la vista de todos. Sólo cabe preguntarse cuánto tiempo les queda a Sarkozy y Merkel al frente de sus gobiernos y si será necesario “operarlos” como se hizo con los gobernantes griego, italiano, portugués y español.
En Francia no está claro si el año que viene ganará la derecha o Francois Hollande, sustituto de Strauss Kahn en el Partido Socialista. Aunque, desde luego, nada augura que este “PS” enfrente a las corporaciones. Más bien, seguiría la senda de Zapatero. La patética senda de Zapatero quien, antes de irse por la puerta chica ya se había arrodillado ante las exigencias de los banqueros.

En cuanto a Alemania, faltan dos años para las próximas elecciones generales y si bien Merkel viene perdiendo posiciones en las competencias locales a manos de los verdes (efecto Fukushima), todavía es demasiado pronto para saber cómo le podría ir si busca un tercer mandato dentro de 24 meses. Angela Merkel pertenece al arco político de la derecha parlamentaria alemana (Unión Cristiano Demócrata) y lo único que pinta en el horizonte para rivalizar con la derecha es la alianza de los verdes con los socialdemócratas, algo que al muy conservador electorado teutón ha de parecerle, a buen seguro, poco serio.
De todos modos, el futuro político de Alemania, dentro de dos años, lo dictará el curso de la crisis económica. Si ésta también le pega a Alemania, entonces los europeos sentirán cómo es aquello de que todo lo sólido se desvanece en el aire; y ahí sí, se trata de un pueblo que puede agarrar para cualquier lado. Los últimos hechos de nazis asesinos infiltrados en el Estado y protegidos por las propias fuerzas de seguridad constituyen, en este sentido, el presente alemán. El “tercer reich” su pasado. Su futuro es más incognoscible que el ser-en-sí de la ontología kantiana.

Lo que sí es seguro es que el capital financiero mundial estará detrás de cualquier gobierno europeo en los próximos años. Una posibilidad cierta es la reformulación de los tratados que dieron origen a la UE y, si ello resulta demasiado complicado, que dicha reforma alcance sólo a la “zona euro”, es decir, a los países que, dentro de la UE, tienen al euro como moneda común. La reforma perseguiría como meta específica hacer más sólida la unión de los miembros, para lo cual una política impositiva común aparece como una de las medidas a adoptar.

La actual situación económica y política en Europa contiene un dato que la distingue y un origen indiscutible. El primero es la ofensiva del capital financiero y su triunfo completo, como corporación, sobre la política como dimensión procesadora de conflictos y suministradora de soluciones. El segundo es el fracaso de las socialdemocracias. Éstas se hicieron pasar, durante algún tiempo, como izquierda, cuando en realidad no lo son. Para los bancos ello fue, durante el pasado reciente, una cosa buena: le conferían legitimidad política y racionalidad económica al robo y a la timba y, básicamente, al desmantelamiento de toda opción “bienestarista”. Ahora, en España, el triunfo de la derecha ha venido adosado a una ínfima pepita de esperanza: la Izquierda Unida pasó de dos diputados a once. Y el jefe de esa izquierda española, Julio Anguita, supo decir, alguna vez, que “… la izquierda se define y se manifiesta ante la sociedad como tal cuando afirma sus señas de identidad en la superación del conflicto que sigue siendo central y primordial: el del trabajo y el capital”.

En el Poema Conjetural Borges pone en boca de Laprida estas palabras últimas: “Vencen los bárbaros… los gauchos vencen…”.
Hemos titulado esta nota del modo en que lo hicimos porque creemos que, por ahora, en Europa, vencen los gerentes, los bárbaros vencen.


Juan Chaneton

Publicado en :

http://nos-comunicamos.com.ar/content/vencen-barbaros-bancos-vencen

lunes, 28 de noviembre de 2011

DEMOCRACIA : QUIEREN MATARLA DONDE NACIÓ, por Adrián Corbella (para “Mirando hacia adentro”)

Hace más de dos milenios los griegos desarrollaron la democracia. En las polis, pequeñas ciudades estado habitadas por unos pocos miles de habitantes, la gente se reunía en el Ágora –una especie de plaza- para discutir los problemas “políticos”, es decir los problemas de la comunidad, y decidía como solucionarlos mediante el voto.

Los griegos no elegían representantes como hacemos nosotros : ellos decidían si se hacía o no, esto o aquello. Eran democracias directas, lo que era posible por la pequeña magnitud de esas comunidades.

La actividad “política” en estas ciudades-estado era continua, por lo que surgió la costumbre de pagarle el día de trabajo a aquellos ciudadanos que descuidaban su actividad laboral para ocuparse de los asuntos de la comunidad. La gente rica, argumentaban los griegos, podía ocuparse todo el tiempo del gobierno de la ciudad dejando sus asuntos en manos de empleados o esclavos. Los pobres , en cambio, no podían hacerlo ; por eso debía compensársele el día a aquellos que lo dedicaban a la polis. Como herencia de ese sistema le pagamos un sueldo a nuestros legisladores, y los hacemos por los mismos motivos que los griegos

Por supuesto que estas “democracias” griegas no eran perfectas : la griega era una sociedad esclavista. Incluso en Atenas, la cuna de la democracia, se calcula que la mitad de la población eran esclavos. Pero, pese a sus imperfecciones, la democracia ateniense nos sirvió de modelo cuando, a partir de la Revolución Francesa, los seres humanos comenzamos a pensar de nuevo en una democracia.

La democracia fue un sueño que creció y maduró lentamente, ya que en los regímenes liberales del siglo XIX se les negaba el derecho al voto a muchas personas debido a su posición económica, a su nivel cultural, a su sexo o al color de su piel. La democracia también debió enfrentar, a lo largo del siglo XX, la amenaza de sistemas totalitarios que la negaban, que la combatían, que vulneraban sus fundamentos.

Pero mientras defendíamos a la democracia de los poderes políticos, nos descuidamos de otro tipo de poderes. Nos olvidamos que, en una sociedad capitalista, el poder político es uno sólo de los poderes entre tantos otros poderes, los poderes económico-financieros concentrados, que cien años atrás no tenían ni una fracción del poder que alcanzaron en nuestro siglo XXI.

Los argentinos del 2011 ya nos hemos olvidado del “riesgo país”, del “nerviosismo de los mercados”, de los “planes de ajuste” que llegaban en los portafolios de los Virreyes enviados por el FMI …

Nosotros lo hemos casi olvidado, pero lo vemos todo el tiempo en los países europeos : en Grecia, la cuna de la democracia, el premier Papandreu, después de aplicar un ajuste salvaje, quiso someter el segundo ajuste que le exigía el FMI y la Unión Europea al voto popular. Nunca se llegó a celebrar dicho plebiscito pues fue persuadido por el poder económico de no realizarlo y a renunciar, para ser reemplazado por un tecnócrata vinculado al poder financiero … Miles de griegos protestan en las calles desde hace meses, pero eso a nadie le importa. La democracia se transformó en Grecia en una tecnocracia…

Lo vemos en Italia , donde el detestable Berlusconi dejó el poder en manos de otro tecnócrata, vinculado al mismo grupo financiero que el nuevo premier heleno …

Lo vemos en Estados Unidos, donde el gobierno ha gastado millones para salvar … a los bancos… El mismo gobierno que no logra gastar una pequeña fracción de ese dinero en reconstruir las fuentes de trabajo que esos bancos “rescatados” destruyeron con sus manejos. Y luego reprime a los indignados que pretenden terminar con el poder financiero de Wall Street, que pretenden que la democracia vuelva a ser del “pueblo”…

Los políticos “democráticos” del Primer Mundo responden a un único soberano : el poder financiero concentrado. Y utilizan a los poderes mediáticos oligopólicos como espadas intelectuales para lograr apoyo a sus políticas de ajuste. Cuando esas políticas se tornan insostenibles, incluso con el apoyo mediático, los políticos se hacen a un lado y le dejan el trabajo sucio a los tecnócratas, que no dependen del voto popular. Los tanques han sido reemplazados por elegantes profesionales de saco y corbata.

En aquellos países, la democracia se ha tornado una farsa ; hoy es en realidad una plutocracia desembozada donde “los mercados” son los únicos ciudadanos cuya opinión valoran los políticos.

Nosotros, en Latinoamericana en general, y en Argentina en particular, vivimos otra realidad. Vivimos en una democracia “a la antigua”, donde el gobierno pretende ejercer el poder que los ciudadanos le dieron al votarlo. Donde el gobierno pretende someter a los poderes económicos al “Imperio de la Ley”, porque aún cree en ese principio básico de la igualdad de todos ante la ley…

En estas situaciones tan “atípicas” de Latinoamérica y Argentina , donde los gobiernos siguen pensando que sus representados son los ciudadanos, donde siguen creyendo que ese puñado de empresarios y financistas que controlan “los mercados” son ciudadanos comunes y corrientes como son los otros (como somos nosotros, las personas comunes), esos poderes no han desaparecido. Por el contrario, esos poderes siguen ejerciendo un rol muy preocupante.

Los poderes económicos concentrados conspiran, generan rumores y corridas. Sus socios de los poderes mediáticos concentrados expanden los rumores, utilizan sus redes informativas que abarcan toda la gama de posibilidades comunicacionales para instalar los temas en la población común, para generar miedo y desconfianza.

Lo vimos claramente en la Argentina del 2008-09, cuando se produjeron el conflicto por el control de la renta diferencial agraria y el voto no positivo del pequeño señor Cobos …

Lo vemos claramente en Argentina en estas últimas semanas del 2011, donde un gobierno reelegido por el 54% de la población es hostigado todo el tiempo por problemáticas distorsionadas, más inventadas que reales. Vemos como cada medida que se toma o se deja de tomar se transforma en el preanuncio del Armaggedon, del fin del mundo, que ya no profetiza la Pitonisa, Elisa Carrió, debido a su demasiado evidente desprestigio.

No sólo no importa el 54% alcanzado por el gobierno. Tampoco importa que el candidato que salió segundo fuera el opositor menos “crispado”. Que el tercero fuera un candidato que alternó posturas hipercríticas con otras conciliadoras. Que el cuarto fuera alguien que hizo una campaña “positiva”, destacando lo que pensaba hacer en caso de ganar pero sin tirar bombas al gobierno. Y menos aún importa que los opositores más furibundos hayan salido quinto, sexto y séptimo, con modestísimas cantidades de votos.

“Con el 54% no alcanza”, dijo hace poco el periodista Enrique Masllorens. Tampoco hubiera alcanzado con un 60, un 70, un 80 o un 90% de los votos. Porque a los “mercados” no les interesan los votos. Porque a los grupos mediáticos concentrados tampoco les interesan. Ellos son los dueños de la verdad. Ellos ejercieron el poder durante décadas, y lo siguen ejerciendo en los países más poderosos. Y esos poderes ilimitados, no sometidos a ninguna regla constitucional, no van a resignarse a perder ese poder que consideran “suyo”…

La democracia está en riesgo. Pero quienes la ponen en riesgo no son poderes políticos : son poderes corporativos concentrados …, que no la tienen en su agenda…

Nuestros gobernantes son lo que deben ser : representantes del pueblo, de sus votantes, frente a poderes nada democráticos que nos amenazan.

La democracia está en riesgo.

Defendamos la democracia.


Adrián Corbella, 28 de noviembre de 2011.

adriancorbella.blogspot.com

El mandato de ajustar, por Alfredo Grieco y Bavio (para “Revista Veintitrés” del 24-11-11).

Arriba : Mariano Rajoy. El líder del Partido Popular llega con los votos, pero no con libertad para marcar la agenda económica.

España: poder absoluto para el Partido Popular

Mariano Rajoy gobernará con mayoría absoluta. Pero desde afuera le llega la orden de implementar un ajuste severo, en una España con cinco millones de desocupados.

En Grecia, en Italia, las elites políticas hicieron a un lado la voluntad popular, e instalaron gobiernos técnicos. El socialista Georgos Papandreu fue reemplazado en Atenas por el economista Lucas Papademos, y en Roma el también economista Mario Monti sustituyó en la jefatura de gobierno al centroderechista Silvio Berlusconi. En Madrid, como antes había ocurrido en Portugal, fue diferente. Para producir el cambio de gobierno funcionaron las instituciones de la democracia representativa. Aunque en cita anticipada, fue el voto popular el que eligió el domingo quién sucederá al presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

La España negra.

Al socialismo le tocó la mayor crisis económica de la historia de la España democrática, con cinco millones de desocupados: uno de cada cinco españoles no tiene trabajo (el número de desocupados se eleva a uno de cada dos, si la estadística se restringe a los jóvenes). El 45 por ciento de los españoles votó por Mariano Rajoy, candidato del Partido Popular (PP), contra apenas un 29 por ciento que prefirió al oficialista Alfredo Pérez Rubalcaba. El voto castigaba al Partido Socialista Obrero (PSOE) en el poder, responsabilizándolo por la gestión de la crisis –en Francia, en las presidenciales del año que viene, los socialistas derrotarán a Nicolas Sarkozy por el mismo motivo–. Pero derechas e izquierdas parecen dispuestas a votar un mismo programa de austeridad, con distinto ejecutor. Recortes a los gastos sociales y flexibilización, o precarización, del mercado laboral, para que a las empresas resulte más fácil, y barato, contratar y sobre todo despedir empleados.

“El nieto de Franco”.

Las elecciones generales españolas fueron el 20 de noviembre. La fecha coincidió con el aniversario de la muerte de Francisco Franco. Por primera vez desde 1975 los partidarios del dictador que acaudilló España desde el fin de la Guerra Civil en 1939 no pudieron conmemorar en las calles, por la veda política. Acusaron al gobierno socialista de la coincidencia, que juzgaron poco casual, y dirigida a compensar que los sondeos anunciaban de antemano que otro derechista, gallego como el Generalísimo, nacido en 1955 en Santiago de Compostela, iba a triunfar en las elecciones a las que se presentaba como candidato por tercera vez en su vida. “El nieto de Franco”, llamaron algunos a Mariano Rajoy.

Un democristiano en Madrid.

El sobrio líder del PP será el primero con barba, el primero con lentes, en gobernar España desde 1975. En la vida real, no en la propaganda, Rajoy es nieto de un republicano desfavorecido por el régimen franquista. Ideológicamente, sus posiciones son las de un demócrata cristiano europeo. Si el italiano Mario Monti habló con Barack Obama después de asumir, Rajoy al día siguiente de la elección habló durante veinte minutos en línea directa con la democristiana Angela Merkel. La canciller alemana tiene el mayor interés en que Rajoy apure los ajustes. Si los bancos franceses compraron deuda griega y alemana, los alemanes compraron deuda española. Y, en el Parlamento Europeo, derrotado Berlusconi, los populares españoles son los mayores aliados de los democristianos alemanes. De hecho, Rajoy y Merkel, que el lunes conversaron por teléfono, se verán el próximo 8 de diciembre en Marsella en el congreso del Partido Popular Europeo. Y la prima de riesgo de España, que alcanza valores históricos estos días de hasta 500 puntos, es el diferencial entre el bono español a diez años y el alemán del mismo plazo.


La tiranía de las agencias.

La agencia de calificación Fitch pidió al futuro gobierno de Rajoy “medidas adicionales” a las que ya tomó el Ejecutivo socialista. La victoria electoral, señaló Fitch, “ofrece una ventana de oportunidad”. La agencia de calificación quiere un “ambicioso y radical programa de reformas estructurales y fiscales” que “sorprenda” a los inversores. Standard & Poor’s ya apuntó el lunes poselectoral que “la clara mayoría” del PP en las urnas “podría facilitar la implementación anticipada de medidas de reforma”. Ella y Fitch mantuvieron la nota de solvencia que dan a España (AA-), pero dejan la puerta abierta a futuras bajadas en función del déficit público.

Cómo subir y bajar los impuestos.

A las empresas, Rajoy prometió bajarles los impuestos para así favorecer el crecimiento económico. Pero también tendrá que recortar 16.000 millones de euros en gastos en los presupuestos generales del Estado para 2012 para cumplir con el 4,4 por ciento de déficit público al que se ha comprometido España. Esa cantidad podría ser mayor si el déficit público de este 2011 supera el objetivo fijado del 6 por ciento. Y además, deberá recaudar más –lo que le obligará a aumentar los impuestos–.

La suma del poder público.

Cuando asuma su cargo en diciembre, Rajoy se convertirá en el político que más poder atesora desde el regreso de la democracia a España. Desde las elecciones autonómicas y municipales de mayo, su partido gobierna ya en la mayoría de las regiones españolas. En su tercer asalto a La Moncloa, los populares consiguieron el domingo el mejor resultado electoral de su historia, y de la historia de los partidos políticos en la España democrática. Ganaron 186 de los 350 escaños que tiene el Congreso de los Diputados; bastan 175 para la mayoría absoluta. Fue felicitado por el ex presidente de derecha que también fue el jefe del Partido Popular, José María Aznar. Que nunca tuvo tanto poder en sus manos. Pero, en sus ocho años de gobierno y bonanza económica, su esposa, y también política, Ana Botella, estrenaba un vestido nuevo cada día.

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