ÁLBUM DE IMAGENES DE "MIRANDO HACIA ADENTRO"

Todas las imágenes originales producidas por "Mirando hacia adentro" han sido publicadas en un blog satélite llamado "Mirando hacia adentro. Álbum de imágenes".

DEUDA EXTERNA ARGENTINA ON LINE

La página norteamericana "usdebtclock.org" informa segundo a segundo la evolución de las deudas de los países. Vea online y en directo el REENDEUDAMIENTO ARGENTINO presionando AQUÍ.

Translate

martes, 30 de marzo de 2010

LA HUELGA QUE QUEBRÓ LA SALUD DEL SILENCIO


“El silencio es salud”, era una de las frases típicas de los muchachos del Proceso de Re-Organización Nacional. Y silencio habían logrado, vía represión, desapariciones, miedo, terror visceral, campos de concentración y grandes shows mediáticos como el Mundial ’78. Sólo quebrado por las Madres y por figuras aisladas, casi francotiradores, como Pérez Esquivel.
Yo por ese entonces tenía 17 años y un nivel de conciencia política bastante cercano a cero. Pero para mí siempre fue un recuerdo imborrable aquella huelga del 30 de marzo de 1982.
Miles de personas en la Plaza, un paro monumental, la figura combativa de Saúl Ubaldini, los cantos contra la dictadura. Lo viví en mi casa, pero recuerdo claramente lo que pensé : “Esto se acabó. Es el fin. Estos tipos se van a tener que ir”. Porque por primera vez en más de un lustro miles de personas desafiaban la censura, el miedo, la represión, y le plantaban cara a los militares.
Dos días después vino lo de Malvinas. La gente volvió a la Plaza, ahora para vivar al gobierno. Importa poco si fueron otros o los mismos. Pero lo que me resulta indudable es que una cosa explica la otra.
Malvinas fue necesario para los militares porque la situación social , la situación que los medios tapaban, era muy compleja, terminal, y la huelga del 30 de marzo era una prueba palpable de cuán profundo era el deterioro de la dictadura.
Malvinas fue el manotazo de ahogado de un gobierno agonizante, el último y desesperado intento de jugarse todo a una carta, de revertir una situación que ya no tenía vuelta atrás.
Nunca falta el "despistado" que dice que “tenemos la democracia gracias a Malvinas”. Es todo lo contrario : tuvimos Malvinas porque para los militares ya era inevitable convocar a elecciones, y querían algún golpe de efecto que les diera uno o dos añitos más. Que les permitiera retirarse ordenadamente, en vez de huir en desbandada, con la ciudadanía gritando "¡A degüello!"
Lo más patético fue que Malvinas borró la huelga del recuerdo de muchos. Muchos que luego criticaban a Ubaldini por los 17 paros a Alfonsín. Que se burlaban de él por sus camperas o su hablar a veces un tanto lloriqueante. Y se olvidaban de que había sido el hombre que se había alzado en el silencio, el hombre QUE HABÍA QUEBRADO LA SALUD DEL SILENCIO.
Perdón Saúl…
Nunca supimos valorarte en tu justa medida…


Adrián Corbella, 25 de marzo de 2010.

domingo, 28 de marzo de 2010

FERRER : EL DESARROLLO ES SIEMPRE NACIONAL



Aldo Ferrer es un economista de larguísima trayectoria. Ex ministro, vinculado desde su juventud a la UCR, es autor de “Vivir con la nuestro” e “Historia de la Globalización”, entre otras obras.


- (Clarín) ¿La globalización es reversible?

- (Ferrer) “Como proceso de estrechamiento de las relaciones internacionales en todos los planos, es irreversible porque es resultado de un avance en la ciencia, la tecnología, las comunicaciones. Lo que está en tela de juicio con el proceso actual es el tipo de globalización. La globalización financiera está en situación crítica porque ocurrió en un marco desregulado, en el que el movimiento de la actividad financiera subió 3 a 4 veces el de la actividad real. Esa globalización financiera es reversible en el sentido de que no podrá seguir como fue. Vendrá un ordenamiento financiero y un marco regulatorio.”

-(Clarín) El comercio mundial retrocedió…

-(Ferrer) “El comercio mundial va a sufrir altibajos. Es previsible que los países pongan más atención en el mercado interno : un reacomodamiento de las estrategias nacionales por el cambio de circunstancia internacional. Lo que también se está viendo claro es que la globalización no implica que los desarrollos nacionales hayan quedado subordinados. A los únicos que les va a ir bien es a los países con procesos nacionales fuertes.

-(Clarín) ¿No hay una contradicción entre globalización y ‘procesos nacionales fuertes’?

-(Ferrer) “Los tigres de Asia, Japón, China se vincularon con el mercado mundial pero preservando el comando de sus recursos, conservando las empresas o la parte mayoritaria. No es el caso de la Argentina, donde la apertura incondicional transfirió al dominio de las filiales los recursos fundamentales. De las 500 mayores empresas no financieras, más de 300 son filiales y generan el 80% del valor agregado. El desarrollo sigue siendo un proceso que ocurre en el espacio nacional. Los países que tienen proyectos simétricos con los del mundo entran en la globalización y crecen ; no los que delegan”.


Artículo publicado el 15 de marzo de 2009 en la página 6 de iEco, suplemento del diario Clarín.

jueves, 25 de marzo de 2010

NUNCA NADIE MARCHÓ A LA MUERTE CON TANTA DIGNIDAD


CARTA ABIERTA DE RODOLFO WALSH
A LA JUNTA MILITAR

"1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.
El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.
El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.
Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo.
Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivtas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.
2. Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.
Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.
Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.
De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda un ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.
La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el "submarino", el soplete de las actualizaciones contemporáneas.
Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.
3. La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.
Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.
Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.
Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia,incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de "cuenta-cadáveres" que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.
El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.
Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y Ios partidos de que aún los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento.
Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor.
El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Masson, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.
4. Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas.
Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, "con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles" según su autopsia.
Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron.
Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.
En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces dc atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea , sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre "violencias de distintos signos" ni el árbitro justo entre "dos terrorismos", sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.
La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruíz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Boliva y Uruguay.
La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.
Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de "Prensa Libre" Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.
A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: "La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal".
5. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.
En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.
Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisioncs internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.
Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la "racionalización".
Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subtérráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo , el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.
Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar "el país", han sido ustedes más afortutunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.
Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.
6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.
Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: "Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos".
El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el "festín de los corruptos".
Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideologia que amenaza al ser nacional.
Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán dcsaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.
Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.
Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977."

No hace falta aclarar que Rodolfo Walsh jamás volvió a escribir.

La Vuelta de Keynes y Marx y la crisis del neoliberalismo, por José CASTILLO


por José Castillo (Argenpress)

Mientras la crisis mundial parece entrar en la fase donde veremos todas las consecuencias en materia de recesión, se está produciendo una verdadera revolución en el pensamiento económico. Retrocede en desorden el neoliberalismo y vuelven a "estar de moda" Marx y Keynes.

Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos anterior a Ben Bernanke, era una eminencia en el establishment económico. Todavía hoy, por esos naturales retrasos de la industria editorial, se puede encontrar en las mesas de las principales librerías la traducción al español de "La era de la turbulencia", texto con un fuerte contenido autobiográfico donde Greenspan se proponía revelar los "secretos" de casi veinte años al frente de las finanzas norteamericanas.

Pero el libro llegó en mal momento. Cuando se habla de otra cosa: la crisis, que se come las estadísticas y, más importante que eso, los empleos y las esperanzas de millones en el mundo. Y será el propio Greenspan, ícono de la economía ortodoxa, quien termine declarando a principios de octubre ante el Comité de Control de Acción Gubernamental de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos: "se me reveló una laguna en la ideología capitalista en la que siempre creí. Mi opinión era que los mercados libres y competitivos son de lejos la mejor manera de organizar la economía. A lo mejor cometí un error al confiar en que los mercados podían regularse a sí mismos". A confesión de partes, relevo de pruebas.

El mundo se derrumba

La crisis arrecia. Nombres como Ford, General Motors o Chrysler figuran en primera fila como candidatos a la quiebra. Los economistas neoliberales, que durante tres décadas se autodefinieron como "la única economía", guardan un oportunista silencio. Es, naturalmente, la hora de la "heterodoxia". Pero, como siempre, tenemos que tener cuidado con la nueva oleada de travestismo ideológico que todo cambio trae consigo. No se trata de hacer historia, que se podría, preguntándose donde estaban Joseph Stiglitz, George Soros o el propio Paul Krugman a comienzos de la década del '90. Limitémonos a sus planteos actuales. En todos los casos se limitan a un diagnóstico simple y una recomendación. El diagnóstico: faltó regulación en los mercados financieros y así "emergió" la especulación. La salida: dar recursos a los bancos para salvar una quiebra en masa.

Repasemos. Dijo Soros (reportaje en Ambito Financiero, 22/9/2008): "La culpa de la actual crisis la tiene el fundamentalismo de mercado, que no es otra cosa que el laissez faire (dejar hacer) del siglo XXI; las finanzas se han vuelto tan irracionales que habrá que ponerlas nuevamente bajo control; el monetarismo es una doctrina errónea". Joseph Stiglitz, por su parte, agrega (Página 12, 21/9/2008): "Hemos aprendido que no se puede dejar a los bancos de inversión regularse a sí mismos. No se puede dejar a la Reserva Federal, que está aliada estrechamente a los banqueros, a cargo de toda la regulación del sistema financiero. Se suponía que la Reserva retiraba el ponche cuando la fiesta se volvía escandalosa, pero en su lugar echó más alcohol". Por último, escuchemos a Paul Krugman (New York Times, 14/10/2008): "¿Cuál es la naturaleza de la crisis? Los detalles pueden ser demencialmente complejos, pero los rasgos básicos son bastante sencillos. El estallido de la burbuja inmobiliaria ha producido grandes pérdidas para todos los que compraron activos respaldados por hipotecas; estas pérdidas han dejado a muchas instituciones financieras con demasiada deuda y muy poco capital para proporcionar el crédito que necesita la economía. ¿Qué se puede hacer frente a la crisis? La ayuda a los propietarios, aunque es deseable, no puede impedir las grandes pérdidas ocasionadas por los préstamos fallidos, y en cualquier caso, sus efectos serán demasiado lentos para mitigar el pánico existente. Lo natural sería, entonces, buscar la solución adoptada en muchas crisis anteriores, que es enfrentar el problema del inadecuado capital financiero haciendo que los gobiernos proporcionen a las instituciones financieras más capital a cambio de una parte de las empresas".

Marx y Keynes

Mientras la crisis arrecia, los neoliberales se esconden y los "heterodoxos" ofrecen estas tibias salidas, donde ni siquiera hay un salvavidas para los que pierden sus casas, algunas otras noticias nos llaman la atención. En Alemania se ha transformado en best seller, nada menos que "El Capital" de Carlos Marx. Las revistas de todo el mundo desempolvan, a la vez, y hacen conocido para el mundo, el viejo rostro del economista inglés John Maynard Keynes. Todo esto merece, sin duda, una reflexión.

Ambos, Marx y Keynes, comparten algo que los hace atractivos. Demostraron, cada uno en su momento y con distintas herramientas teóricas, la realidad de la crisis en el capitalismo, frente a los que creían que se la podía exorcizar simplemente haciendo como si no existiera. Los dos, también, se mostraron escépticos frente a lo que siempre se vendió desde la ortodoxia económica: la mano invisible del mercado como mejor asignador de los recursos. La reaparición de estos viejos íconos es un verdadero cross en la mandíbula a tantos economistas del establishment que se autodefinían como "la" economía, remitiendo a todos los que teníamos ideas diferentes al destierro de "las ideologías perimidas".

La propuesta de Keynes

Pero ambos también interpelan a la heterodoxia. Una lectura básica del gran economista inglés llenaría de vergüenza a los hoy de moda Krugman o Stiglitz. Hay un abismo entre sus tibios planteos y las propuestas intervencionistas de Keynes, sus planes de obras públicas, su desparpajo para afirmar "que se hagan pozos de día y se los tape de noche" como afirmación de que lo fundamental era reactivar la demanda efectiva, e incluso su respuesta cínica a quienes dudaban de la consistencia de sus propuestas ("en el largo plazo estamos todos muertos"). Salvar a los bancos, bajar la tasa de interés de referencia, ampliar el crédito sirve para poco, nos dirían Keynes, cuando reina la incertidumbre y caemos en la preferencia por la liquidez, donde nadie se desprende de su propio dinero y así se ahonda la depresión. Keynes no se fijaría en "cómo financiar" la obra pública, o cuán prolijas quedan las cuentas públicas. Propondría un shock, como hizo en su famosa carta a Roosevelt de la década del '30. Lejos, muy lejos, incluso de Krugman, que sí propone un plan de obras públicas, pero inmediatamente advierte de "no excederse". Y mucho más lejos de las políticas concretas de Estados Unidos, donde su Congreso votó 700.000 millones para salvar a sus bancos, pero se negó a poner 30.000 para evitar que tres millones de obreros quedaran sin empleo ante la quiebra de las automotrices.

El fantasma de Marx

Pero Keynes no es "socialista". Su imagen brilla ante la palidez de los nuevos heterodoxos. Pero debemos tener cuidado con el riesgo inverso. El embellecimiento del inglés puede llevarnos a creer que se trata simplemente de imponer un conjunto de medidas más "radicales" que las actuales, pero que finalmente existe un capitalismo "bueno", "productivo", que puede imponerse a otro "especulativo", "de exclusión", "neoliberal". Y aquí es donde emerge, con todo, la sombra barbada del viejo Marx. ¡Enhorabuena la "moda" de volver a leer El Capital! Allí, el alemán afirma, blanco sobre negro, que el capitalismo engendra siempre, inevitablemente, crisis, miseria y opresión. Que es el escándalo de la pobreza y el hambre en medio de la opulencia y el despilfarro. Y que eso no es producto de los "excesos", sino que está en la lógica misma de un sistema que se mueve en base a la mayor ganancia y la acumulación del capital.

Keynes no era socialista. Sus medidas tenían como objetivo salvar a un sistema que el veía, en medio de la crisis del '30, seriamente en peligro. Pero dejemos que sea el propio Keynes quien nos aclare su posición: "(los conservadores) están conducidos por hombres incapaces de distinguir las nuevas medidas para salvaguardar el capitalismo de lo que ellos llaman bolchevismo". (¿Por qué no me afilio al Partido Laborista?) "En primer lugar, es un partido de clase, y de una clase que no es la mía. Si yo he de defender intereses parciales, defenderé los míos. Cuando llegue la lucha de clases como tal, mi patriotismo como tal, mi patriotismo local y mi patriotismo personal estarán con mis afines. Yo puedo estar influido por lo que estimo que es justicia y buen sentido, pero la lucha de clases me encontrará del lado de la burguesía educada". (Ensayos en persuasión, 1925).

Marx y Keynes. Dos miradas distintas, pero claramente más útiles que las actuales para reflexionar sobre los desafíos que nos depara el 2009, el año donde la crisis nos pegará de lleno. Que, como dice el ideograma chino, "crisis" se transforme también en oportunidad de cambio. Felices fiestas.

José Castillo es economista. Profesor de economía política y sociología política en la UBA. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

José Castillo
1/1/09

Publicado en http://visionesalternativas.com

martes, 23 de marzo de 2010

NUNCA MÁS. NINGÚN TIPO DE GOLPE, por Adrián Corbella (para "Mirando hacia adentro")


Arriba a la izquierda : José María Guido jura como "presidente" -bajo control militar- tras el golpe a Frondizi ; derecha : Pintada en favor del presidente Zelaya, depuesto por un golpe parlamentario en Honduras.
Abajo a la izquierda : Manifestante hondureña contraria al golpe parlamentario ; derecha : Portada de La Opinión en 1976.


En 1853 se promulgó nuestra actual Constitución Nacional, reformada parcialmente en diversas oportunidades. Fue un hecho más formal que real, porque la provincia de Buenos Aires no la aceptó, formó un Estado cuasi independiente, y Argentina enfrentó siete años más de luchas civiles.
Finalmente, el gobernador de Buenos Aires, Bartolomé Mitre, triunfó en la Batalla de Pavón , y se transformó en Presidente de todo el país, al menos en teoría, ya que la resistencia del Interior continuó durante veinte largos y sangrientos años, durante su gobierno y el de sus sucesores : Sarmiento y Avellaneda.
Por ese tiempo, nuestro sistema electoral dejaba mucho que desear : el voto era público (“Cantado” decían en la época) lo que dejaba al votante a merced del poderoso de turno, que podía presionarlo físicamente.
Los poderosos habían organizado un elaborado sistema de cooptación política que compraba voluntades erigiendo una clase dirigente monolítica, que aseguraba el mantenimiento del poder en forma totalmente independiente de la voluntad popular.
Recién con la Ley Sáenz Peña de 1912 comienza en nuestro país un sistema electoral más justo, ya que, si bien se negaba el sufragio a las mujeres, y la participación concreta de los sectores obreros fue más bien marginal, se garantizaba el voto secreto, y se le agregaba la obligatoriedad para evitar que los poderosos pudieran presionar a sus subordinados.
Esta nueva arquitectura electoral permitió las victorias radicales de Yrigoyen y Alvear, en 1916 , 1922 y 1928. Pero una participación popular creciente no era aceptable para la clase dominante tradicional, para esos estancieros riquísimos que habían dominado Argentina hasta ese entonces, y se produjo el golpe cívico-militar de 1930.
De 1930 a la fecha la historia argentina ha sido cualquier cosa menos aburrida, ya que enfrentamos un renacimiento del fraude electoral en los años ’30, intentos de instaurar regímenes corporativistas de raigambre fascista con Uriburu y Onganía, proscripciones electorales de los grandes partidos mayoritarios (radicales y peronistas) en los años ’30, ´50, ´60 y ´70, golpes militares contra civiles, golpes militares contra otros militares, golpes cívico-militares, un golpe cívico-militar con apoyo mediático que demolió a Illia, un colosal fraude programático en el ´89, golpes de mercado, puebladas, unos militares luchando contra otros en las calles, en 1963, como si fueran chicos jugando a ladrones y policías ; dictaduras genocidas como la de Videla, y la lista no se agota.
Hoy nos encontramos aquí para decir que nunca más queremos que se repita un 24 de marzo de 1976, que nunca más queremos que un grupo de argentinos decida echar por la fuerza a un gobierno elegido por la mayoría, que nunca más vamos a ponernos en manos de un grupo de aventureros más famosos por sus silencios que por sus ideas.
No debemos olvidar lo terrible que fue el Proceso de Reorganización Nacional, los desaparecidos aún buscados por sus familiares; las empresas fundidas en cuyo predio hoy se erige, con suerte, un Supermercado; los barrios antes industriales hoy llenos de galpones vacíos, transformados en depósitos; la fenomenal deuda externa – pasaron de 6 a 47 mil millones en menos de 7 años- que aún estamos pagando ; la desarticulación social que provocaron, y que hoy se traduce en muchos de los problemas de violencia o de apatía que enfrentamos en la calle o en el aula ; la desocupación que nos legaron, de la que nunca se logró salir del todo (en 1973 el índice de desocupación era del 2,5%, casi un error de la muestra).
Pero tampoco debemos olvidar que durante mucho tiempo nos acostumbraron a que los gobiernos, como los técnicos de los equipos de fútbol, tienen una duración impredecible, que pueden durar más o menos, según como les vaya, cómo se lleven con ciertos sectores de poder, o qué intereses poderosos afecten.
Jamás debemos permitir que intenten reinstalar esa idea.
La experiencia nos indica que los golpes siempre les sirvieron a otros, nunca a nosotros. Que siempre sirvieron a los poderosos, y muchas veces, a intereses externos inconfesables.
Los gobiernos son elegidos por cuatro años. Y deben gobernar cuatro años.
Ninguna otra alternativa es aceptable.

lunes, 22 de marzo de 2010

STIGLITZ : DEL FMI DE KEYNES AL FMI ACTUAL


Joseph E. Stiglitz fue premio Nobel de Economía en 2001. Es Profesor de la Universidad de Columbia, y ha sido asesor económico del gobierno de Bill Clinton y economista jefe y vicepresidente senior del Banco Mundial

“Había cierta coherencia en la concepción que sobre el Fondo y su papel tenía Keynes (el padrino intelectual del FMI). Keynes identificó un fallo del mercado –una razón por la cual los mercados no deben ser dejados en libertad- que podría arreglarse mediante una acción colectiva. Le inquietaba que los mercados pudieran generar un paro persistente. Fue más allá. Demostró porqué era necesaria una acción colectiva GLOBAL, porque las acciones de un país afectan a otros. Las importaciones de un país son las exportaciones de otro. Los recortes en las importaciones de un país, por cualquier razón, dañan las economías de otros países.
Había otro fallo del mercado : Keynes temía que en una severa recesión la política monetaria no fuera efectiva, y que algunos países no pudieran endeudarse para financiar un incremento del gasto o para compensar la reducción de impuestos necesaria para estimular la economía. Incluso un país aparentemente solvente podría ser incapaz de conseguir fondos. Keynes no se limitó a identificar un conjunto de fallos del mercado : explicó porqué una institución como el FMI podría mejorar las cosas, presionando sobre los países para que mantuvieran sus economías en pleno empleo y aportando liquidez para las naciones que afrontaran recesiones y no pudieran financiar un incremento expansivo en el gasto público, [así] la demanda agregada GLOBAL podría ser sostenida.
Hoy, sin embargo, los fundamentalistas del mercado dominan el FMI; ellos creen que en general el mercado funciona bien y que en general el Estado funciona mal. El problema es evidente : una institución pública creada para corregir ciertos fallos del mercado pero actualmente manejada por economistas que tienen mucha confianza en los mercados y poca en las instituciones públicas. Las incoherencias del FMI parecen especialmente problemáticas cuando se enfocan desde la perspectiva de los avances de la teoría económica en las tres últimas décadas.
La economía profesional ha desarrollado un enfoque sistemático de LA TEORÍA DE LA ACCIÓN ESTATAL POR LOS FALLOS DEL MERCADO, que intenta identificar porqué los mercados pueden no funcionar bien y porqué la acción colectiva es necesaria. En el plano internacional, la teoría identifica por qué los Estados individuales pueden no servir al bienestar económico global, y cómo la acción colectiva global, la acción concertada de las administraciones en un trabajo conjunto, a menudo mediante instituciones internacionales, puede mejorar las cosas. El desarrollo de una visión intelectual coherente de política internacional para una agencia internacional como el FMI exige así la identificación de casos relevantes en los que los mercados pueden no funcionar, y el análisis de cómo políticas concretas pueden evitar o minimizar los daños provocados por dichos fallos. Debería ir más allá, demostrar cómo las intervenciones específicas son la MEJOR forma de atacar los fallos del mercado, afrontar los problemas ANTES de que ocurran y remediarlos cuando surjan. Como hemos apuntado, Keynes presentó un análisis que explicaba por qué los países podían no acometer por sí solos políticas suficientemente expansivas –no tomarían en cuenta los beneficios que ellos acarrearía para otros países- . Por eso se intentó que el FMI, en su concepción original, ejerciera una presión internacional a los países para que aplicaran políticas más expansivas que las que escogerían por sí solos. Hoy el Fondo ha invertido su rumbo, y presiona a las naciones, sobre todo a las subdesarrolladas, para que apliquen políticas más contractivas que las que aplicarían por sí solos. Pero aunque el FMI hoy visiblemente rechaza las ideas de Keynes, a mi juicio no ha articulado una teoría coherente de los fallos del mercado que justificarían su propia existencia y proporcionaría una justificación racional de sus intervenciones concretas en los mercados. La consecuencia, como hemos visto, es que el FMI suele fraguar políticas que, además de agravar las mismas dificultades que pretenden arreglar, permiten que esas dificultades se repitan una y otra vez”

Texto tomado de Joseph E. Stiglitz : El malestar en la globalización, Ediciones Taurus, Buenos Aires, 2002, Selección (Pags.274 a 276).

domingo, 21 de marzo de 2010

STIGLITZ : KEYNES SE REVOLVERÍA EN SU TUMBA.


Joseph Stiglitz explica la profunda diferencia de objetivos entre el FMI diseñado por John Maynard Keynes y nuestro actual FMI neoliberal.
Dedicado, nuevamente, a todos aquellos que piden “volver a los mercados”.

Joseph E. Stiglitz fue premio Nobel de Economía en 2001. Es Profesor de la Universidad de Columbia, y ha sido asesor económico del gobierno de Bill Clinton y economista jefe y vicepresidente senior del Banco Mundial.

La foto de la derecha corresponde a John Maynard Keynes, economista británico cuyas ideas fueron vitales para sacar al mundo de las consecuencias de la crisis del '30.

“El FMI y el Banco Mundial se originaron en la II Guerra Mundial como resultado de la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas en Bretton Woods, New Hampshire, en julio de 1944, y fueron parte del esfuerzo concertado para reconstruir Europa tras la devastación de la guerra y para salvar al mundo de depresiones económicas futuras. El nombre verdadero del Banco Mundial –Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo- refleja su misión original; la última parte, ‘Desarrollo’, fue añadido tardío. En ese entonces el grueso de los países del mundo subdesarrollado eran aún colonias y se consideraba que los magros esfuerzos del desarrollo económico podían o habrían de ser responsabilidad de sus amos europeos.
La más ardua tarea de asegurar la estabilidad económica global fue confiada al FMI. Los congregados en Bretton Woods tenían muy presente la depresión mundial de los años treinta. Hace casi tres cuartos de siglo, el capitalismo afrontó la crisis más severa de la historia. La Gran Depresión abarcó casi todo el planeta y registró incrementos inéditos del paro [se refiere a la desocupación]. En su peor momento, la cuarta parte de la población activa estadounidense estaba desempleada. El economista británico John Maynard Keynes, que después sería un participante clave en Bretton Woods, planteó una explicación simple y un conjunto correspondientemente sencillo de prescripciones: la falta de una suficiente demanda agregada daba cuenta de las recesiones económicas; las políticas estatales podían estimular la demanda agregada. En los casos en los que la política monetaria fuera ineficaz, los Gobiernos podían recurrir a políticas fiscales, subiendo el gasto o recortando los impuestos. Aunque los modelos subyacentes al análisis de Keynes fueron posteriormente criticados y refinados, llevando a una comprensión más cabal sobre por qué las fuerzas del mercado no operan rápidamente para ajustar la economía hasta el pleno empleo, las lecciones fundamentales siguen siendo válidas.
Al Fondo Monetario Internacional se le encargó impedir una nueva depresión global. Lo conseguiría descargando presión internacional sobre los países que no cumplían con su responsabilidad para mantener la demanda agregada global y dejaban que sus economías se desplomaran. Si fuera necesario, suministraría liquidez en forma de préstamos a los países que padecieran una coyuntura desfavorable y fueran incapaces de estimular la demanda agregada con sus propios recursos.
En su concepción original, pues, el FMI se basó en el reconocimiento de que los mercados a menudo no funcionaban : podían dar lugar a un paro masivo y fallarían a la hora de aportar los fondos imprescindibles para que los países pudieran recomponer su economía. El FMI surgió de la creencia en la necesidad de una ACCIÓN COLECTIVA A NIVEL GLOBAL para lograr la estabilidad económica, igual que la ONU surgió de la creencia en la necesidad de una acción colectiva a nivel global para lograr la estabilidad política. El FMI es una institución PÚBLICA, establecida con dinero de los contribuyentes de todo el mundo. Es importante recordar esto porque el Fondo no reporta directamente ni a los ciudadanos que lo pagan ni a aquellos cuyas vidas afecta. En vez de ello, reporta a los Ministros de Hacienda y a los Bancos centrales de los Gobiernos del mundo. Ellos ejercen su control a través de un complicado sistema de votación basado en buena medida en el poder económico de los países a finales de la II Guerra Mundial. Desde entonces ha habido algunos ajustes menores, pero los que mandan son los grandes países desarrollados, y uno solo, Estados Unidos, ostenta un veto efectivo (en este sentido es similar a la ONU, donde un anacronismo histórico determina quien ejerce el veto –las potencias victoriosas de la II Guerra- pero al menos allí ese poder de veto es compartido entre cinco países).
El FMI ha cambiado profundamente a lo largo del tiempo. Fundando muchas veces en la creencia de que los mercados funcionan muchas veces mal, ahora proclama la supremacía del mercado con fervor ideológico. Fundado en la creencia de que es necesaria una presión internacional sobre los países para que acometan políticas económicas expansivas –como subir el gasto, bajar los impuestos o reducir los tipos de interés para estimular la economía- hoy el FMI típicamente aporta dinero sólo si los países emprender políticas como recortar los déficits y aumentar los impuestos o los tipos de interés, lo que contrae la economía. Keynes se revolvería en su tumba si supiese lo que ha sucedido a su criatura. [El subrayado es nuestro]
[…] Medio siglo después de su fundación, es claro que el FMI no ha cumplido con su misión. No hizo lo que supuestamente debía hacer : aportar dinero a los países que atravesaran coyunturas desfavorables para permitirles acercarse nuevamente al pleno empleo. A pesar de que nuestra comprensión de los procesos económicos se ha incrementado enormemente durante los últimos cincuenta años, y a pesar de los esfuerzos del FMI durante el último cuarto de siglo, las crisis en el mundo han sido más frecuentes y (con la excepción de la Gran Depresión) más profundas. Según algunos registros, casi un centenar de países han entrado en crisis; y lo que es peor, muchas de las políticas recomendadas por el FMI, en particular las prematuras liberalizaciones de los mercados de capitales, contribuyeron a la inestabilidad global. Y una vez que un país sufría una crisis, los fondos y programas del FMI no sólo no estabilizaban la situación sino que en muchos casos la empeoraban, especialmente para los pobres. El FMI incumplió su misión original de promover la estabilidad global; tampoco acertó en las nueva misiones que emprendió, como la orientación de la transición de los países comunistas hacia la economía de mercado[El subrayado es nuestro]”.


Texto tomado de Joseph E. Stiglitz : El malestar en la globalización, Ediciones Taurus, Buenos Aires, 2002, Selección (Pags.38 a 43).

STIGLITZ : FMI, CRECIMIENTO Y POBREZA


Dedicado a todos aquellos que piden “volver a los mercados”.

Joseph E. Stiglitz fue premio Nobel de Economía en 2001. Es Profesor de la Universidad de Columbia, y ha sido asesor económico del gobierno de Bill Clinton y economista jefe y vicepresidente senior del Banco Mundial.

“ Es importante prestar atención no sólo a lo que el FMI incluye en su agenda sino también a lo que excluye. La fiscalidad y sus efectos dañinos está en la agenda ; la reforma agraria, no. Hay dinero para rescatar bancos pero no para mejorar la educación y la salud, y menos aún para rescatar a los trabajadores que pierden sus empleos como resultado de la mala gestión macroeconómica del FMI.[…]
Otro rubro descuidado fue la regulación del sector financiero. Cuando se centró en la crisis latinoamericana a comienzos de los ochenta , el FMI aseveraba que las crisis eran provocadas por las políticas fiscales imprudentes y las políticas monetarias demasiado laxas. Pero en todo el mundo las crisis han revelado una tercera fuente de inestabilidad : una inadecuada regulación del sector financiero. Sin embargo, el FMI insistió en reducir las regulaciones, hasta que la crisis del Este asiático lo obligó a cambiar de rumbo. Si el FMI y el consenso de Washington pusieron poco énfasis en la reforma agraria y la regulación del sector financiero, en muchos lugares el énfasis en la inflación fue exagerado. Por supuesto, en regiones como América Latina, donde la inflación había sido rampante, se trataba de algo que merecía atención. Pero al centrarse el FMI excesivamente en la inflación llevó a altas tasas de interés y tipos de cambio, creando paro [se refiere a la desocupación] y no crecimiento. Los mercados financieros pudieron estar satisfechos con las reducidas tasas de inflación , pero los trabajadores –y los preocupados por el tema de la pobreza- no estaban contentos con el crecimiento débil y el paro elevado.[…]
Algunas políticas promueven el crecimiento pero apenas ejercen efectos sobre la pobreza ; algunas fomentan el crecimiento pero de hecho aumentan la pobreza ; y algunas producen el crecimiento y reducen la pobreza al mismo tiempo. Estas últimas son denominadas estrategias de crecimiento pro pobres.[…]
La liberalización comercial puede a veces fomentar el crecimiento, pero al mismo tiempo, al menos a corto plazo, extenderá la pobreza –especialmente si se hace a gran velocidad- a medida que algunos trabajadores sean despedidos. Y a veces hay políticas de pérdidas para todos, que no propician el crecimiento pero expanden significativamente la desigualdad.[…]
Comprender las opciones requiere comprender las causas y la naturaleza de la pobreza. No es que los pobres sean perezosos : a menudo trabajan más esforzadamente y durante más tiempo que los más pudientes. Muchos son presas de una serie de círculos viciosos : la falta de comida produce enfermedad, lo que limita su capacidad de generar ingresos, lo que empeora aún más su salud. Como bastante hacen con sobrevivir, no pueden enviar a sus hijos al colegio, y sin educación los niños están condenados a una pobreza de por vida. La pobreza es un legado que pasa de una generación a la siguiente.[…]
Mientras que algunos en los países desarrollados se impacientan con las deficiencias de los seguros sanitarios, en los países subdesarrollados se vive sin seguro alguno –ni de paro, ni de salud, ni de pensión- . La única red de seguridad viene proporcionada por la familia y la comunidad, y por eso es tan importante en el proceso de desarrollo procurar preservar estos vínculos.
Para aliviar la inseguridad –debido al capricho de un patrón explotador o al de un mercado cada vez más azotado por las tormentas internacionales- los trabajadores han batallado para lograr más seguridades en el empleo. Pero aunque los trabajadores han luchado por ‘empleos decentes’, el FMI lo ha hecho por lo que eufemísticamente llama ‘flexibilización laboral’, que suena como poco más que hacer funcionar mejor el mercado de trabajo, pero en la práctica ha sido simplemente una expresión en clave que significa salarios más bajos y menor protección laboral.
No todas las facetas dañinas para los pobres de las políticas del consenso de Washington eran previsibles, pero ahora ya aparecen claramente. Hemos visto como la liberalización comercial acompañada de altos tipos de interés es una receta prácticamente infalible para la destrucción de empleo y la creación de paro [desocupación] a expensas de los pobres..
La liberalización del mercado financiero no acompañada en un marco regulatorio adecuado es una receta prácticamente infalible para la inestabilidad económica […]. La privatización, sin políticas de competencia y vigilancia que impidan los abusos de los poderes monopólicos, puede terminar en que los precios al consumo sean más altos y no más bajos. La austeridad fiscal, perseguida ciegamente, en las circunstancias equivocadas, puede producir más paro y la ruptura del contrato social.
Si el FMI subestimó los riesgos que sus estrategias de desarrollo conllevaban para los pobres, también subestimó los costos sociales y políticos a largo plazo de medidas que devastaron las clases medias y sólo enriquecieron a un puñado de opulentos, y sobrestimó los beneficios de sus políticas fundamentalistas del mercado. Las clases medias han sido tradicionalmente el grupo que ha insistido en el imperio de la ley, que ha propugnado la educación pública universal y que ha recomendado la creación de una red social de seguridad . Se trata de elementos esenciales de una economía sana, y la erosión de la clase media ha traído aparejada una erosión concomitante del respaldo a tan importantes reformas.
Existen alternativas [...]. Tales alternativas recurrieron al mercado pero reconocieron que hay un papel relevante para el Estado ; admitieron la importancia de reformar, pero con ritmo y secuencia. Vieron el cambio no sólo como una cuestión económica sino como parte de una evolución más amplia de la sociedad. Reconocieron que el éxito a largo plazo necesita que las reformas cuenten con un amplio respaldo, y para conseguirlo los beneficios tenían que ser ampliamente distribuidos”.

Texto tomado de Joseph E. Stiglitz : El malestar en la globalización, Ediciones Taurus, Buenos Aires, 2002, Selección (Pags.122 a 130).

"¿Por qué hay que votar a la oposición?" , por Orlando BARONE


Orlando Barone es un periodista y escritor argentino de amplia trayectoria, que trabaja en la TV Pública, Radio del Plata y "El Argentino", entre otros medios. En el 2009 medios vinculados a la oposición le hicieron el honor de elegirlo "El peor periodista del año", lo que demuestra su valía, ya que sólo los muy buenos despiertan semejantes pasiones.


"Hay que votar a la oposición para no volver a votar a esta dictadura.
Que reprime en las calles y que impide marchas pastorales pacifistas, donde se pueda decir la verdad: que Kirchner es Nerón.
Sí, hay que votar a la oposición para que los grandes medios vuelvan a tener libertad de prensa. Y no como ahora que tienen que callarse por miedo a la persecución.
Porque si critican al gobierno van a la mazmorra, y si no lo alaban y dicen que es maravilloso, los echan de /Clarín/, de /La Nación/, de /Perfil/, de /Ámbito/, de /El Cronista/, de /Para Ti/, de /Gente/ y de la mayor parte de los canales y emisoras.
Hay que votar a la oposición porque la Expoagro es postergada y tiene que realizarse a escondidas y con recursos modestos.
Y porque las tapas de los grandes diarios y noticieros están censuradas y condenadas a poner títulos chupamedias del gobierno. Y el ciudadano debe resignarse a tener que leer, ver y escuchar únicamente noticias benévolas oficialistas.
Porque los grandes diarios no pueden publicar editoriales que denuncien escándalos y corrupción; y porque los noticieros tienen que ocultar el drama de la inseguridad y no poner en pantalla a víctimas de delitos para que nadie se entere de que las calles son un matadero.
Porque los ricos y famosos de la farándula no se atreven a decir lo que piensan acerca de torturar y fusilar o guillotinar a los delincuentes a simple vista.
Porque los taxistas van calladitos sin decir nada en contra del Gobierno y miran por el espejito desconfiando de los pasajeros porteños, que son todos oficialistas.
Porque no se puede denunciar que Guillermo Moreno manipula el Indec.
Y porque el periodismo político está controlado. Y tiene Que contenerse de revelar que El Calafate es como el principado de Mónaco.
Y porque ningún entrevistador puede entrevistar libremente a los líderes opositores, que por eso nunca aparecen en pantalla y son condenados al silencio.
Nadie sabe quiénes son los políticos opositores porque no tienen espacio en los medios: los censuran.
Y porque también el campo es silenciado. Y aunque sus dirigentes no participan en la política y son neutrales, es sospechado.
Porque los representantes rurales están sin voz, empobrecidos. Porque se les impide bloquear rutas, decomisar camiones y presionar intendentes y legisladores.
Y mientras, el vicepresidente por temor a represalias no se atreve a confesar su adoración por la soja y debe comportarse furtivamente de todo el esfuerzo que hace para que no haya más retenciones.
Hay que votar a la oposición para que cuando el país deje de percibir estos ingresos, los ciudadanos que no tienen campo compensen la falta de dinero de la retenciones pagando más impuestos.
Hay que votar a la oposición para que el país vuelva al FMI como se debe, para que termine sus relaciones con países indígenas que inferiorizan a la Argentina, y para que los sindicatos dejen de expoliar a las patronales.
Hay que votar a la oposición para salvarnos de este desastre que no deja ni siquiera ánimo ni plata para festejar Semana Santa e irse a la costa en masa.
Los ciudadanos son sabios. Por eso, si la dictadura gana es por fraude. O por culpa de la OEA."

por Orlando BARONE

Fuente : El Argentino
Publicado luego por Indalecio González Bergez el 07 de Mayo de 2009 en
http://pabellonchico.wordpress.com

"EL ODIO", por Eduardo ALIVERTI


Nota publicada en Página 12, el Lunes 22 de Febrero de 2010


Sí, el tema de estas líneas es el odio. Planteado así, de manera tan seca y contundente, quizás y ante todo deba reconocerse que es más propio de cientistas sociales que de un simple periodista u opinólogo. Pero, precisamente porque uno es esto último, registra que su razonamiento respecto del clima político y social de la Argentina desemboca en algo que ya excede a la mera observación periodística.
Hay –es probable– una única cosa con la que muy difícilmente no nos pongamos todos de acuerdo, si se parte de una básica honestidad intelectual. Con cuantos méritos y deficiencias quieran reconocérsele e imputarle, desde 2003 el kirchnerismo reintrodujo el valor de la política, como ámbito en el que decidir la economía y como herramienta para poner en discusión los dogmas impuestos por el neoliberalismo. Ambos dispositivos habían desaparecido casi desde el mismo comienzo del menemismo, continuaron evaporados durante la gestión de la Alianza y, obviamente, el interregno del Padrino no estaba en actitud ni aptitud para alterarlos. Fueron trece años o más (si se toman los últimos del gobierno de Alfonsín, cuando quedó al arbitrio de las “fuerzas del mercado”) de un vaciamiento político portentoso. El país fue rematado bajo las leyes del Consenso de Washington y la rata, con una audacia que es menester admitirle, se limitó a aplicar el ordenamiento que, por cierto, estaba en línea con la corriente mundial. También de la mano con algunos aires de cambio en ese estándar, y así se concediera que no quedaba otra chance tras la devastación, la etapa arrancada hace siete años volvió a familiarizarnos con algunos de los significados que se creían prehistóricos: intervención del Estado en la economía a efectos de ciertas reparaciones sociales; apuesta al mercado interno como motor o batería de los negocios; reactivación industrial; firmeza en las relaciones con varios de los núcleos duros del establishment. Y a esa suma hay que agregar algo a lo cual, como adelanto de alguna hipótesis, parecería que debe dársele una relevancia enorme. Son las acciones y gestos en el escenario definido como estrictamente político, desde un lugar de recategorización simbólica: impulso de los juicios a los genocidas; transformación de la Corte Suprema; enfriamiento subrayado con la cúpula de la Iglesia Católica; Madres y Abuelas resaltadas como orgullo nacional y entrando a la Casa Rosada antes que los CEO de las multinacionales; militancia de los ’70 en posiciones de poder. En definitiva, y –para ampliar– aun cuando se otorgara que este bagaje provino de circunstancias de época, sobreactuaciones, conciencia culposa o cuanto quisiera argüirse para restarles cualidades a sus ejecutores, nadie, con sinceridad, puede refutar que se trató de un “reingreso” de la política. Las grandes patronales de la economía ya no eran lo único habilitado para decir y mandar. Hasta acá llegamos. Adelante de esta coincidencia que a derecha e izquierda podría presumirse generalizada, no hay ninguna otra. Se pudre todo. Pero se pudre de dos formas diferentes. Una que podría considerarse “natural”. Y otra que es el motivo de nuestros desvelos. O bien, de una ratificación que no quisiéramos encontrar.
La primera nace en el entendimiento de la política como un espacio de disputa de intereses y necesidades de clase y sector. Por lo tanto, es un terreno de conflicto permanente, que ondula entre la crispación y la tranquilidad relativa según sean el volumen y la calidad de los actores que forcejean. Este Gobierno, está claro, afectó algunos intereses muy importantes. Seguramente menos que los aspirables desde una perspectiva de izquierda clásica, pero eso no invalida lo anterior. Tres de esos enfrentamientos en particular, debido al tamaño de los bandos conmovidos, representan un quiebre fatal en el modo con que la clase dominante visualiza al oficialismo. Las retenciones agropecuarias, la reestatización del sistema jubilatorio y la ley de medios audiovisuales. Ese combo aunó la furia. Una mano en el bolsillo del “campo”; otra en uno de los negociados públicos más espeluznantes que sobrevivían de los ’90, y otra en el del grupo comunicacional más grande del país, con el bonus track de haberle quitado la televisación del fútbol. De vuelta: no vienen al caso las motivaciones que el kirchnerismo tenga o haya tenido y no por no ser apasionante y hasta necesario discutirlas, sino porque no son aquí el objeto de estudio. Es irrebatible que ese trío de medidas –y algunas acompañantes– desató sobre el Gobierno el ataque más fanático de que se tenga memoria. Hay que retroceder hasta el segundo mandato de Perón, o al de Illia, para encontrar –tal vez– algo semejante. Potenciados por el papel aplastante que adquirieron, los medios de comunicación son un vehículo primordial de esa ira. El firmante confiesa que sólo la obligación profesional lo mueve a continuar prestando atención puntillosa a la mayoría de los diarios, programas radiofónicos, noticieros televisivos. No es ya una cuestión de intolerancia ideológica sino de repugnancia, literalmente, por la impudicia con que se tergiversa la información, con que se inventa, con que se apela a cualquier recurso, con que se bastardea a la actividad periodística hasta el punto de sentir vergüenza ajena. Todo abonado, claro está, por el hecho de que uno pertenece a este ambiente hace ya muchos años, y entonces conoce los bueyes y no puede creer, no quiere creer, que caigan tan bajo colegas que hasta ayer nomás abrevaban en el ideario de la rigurosidad profesional. Ni siquiera hablamos de que eran progresistas. La semana pasada se pudo leer que los K son susceptibles de ser comparados con Galtieri. Se pudo escuchar que hay olor a 2001. Hay un límite, carajo, para seguir afirmando lo que el interés del medio requiere. Gente de renombre, además, que no se va a quedar sin trabajo. Gente –no toda, desde ya– de la que uno sabe que no piensa políticamente lo que está diciendo, a menos que haya mentido toda su vida.
Sin embargo, más allá de estas disquisiciones, todavía estamos en el campo de batalla “natural” de la lucha política; es decir, aquel en el que la profundidad o percepción de unas medidas gubernamentales, y del tono oficialista en general, dividieron las aguas con virulencia. Son colisiones con saña entre factores de poder, los grandes medios forman parte implícita de la oposición (como alternativamente ocurre en casi todo el mundo) y no habría de qué asombrarse ni temer. Pero las cosas se complican cuando nos salimos de la esfera de esos tanques chocadores, y pasamos a lo que el convencionalismo denomina “la gente” común. Y específicamente la clase media, no sólo de Buenos Aires, cuyas vastas porciones –junto con muchas populares del conurbano bonaerense– fueron las que el 28-J produjeron la derrota electoral del kirchnerismo. ¿Hay sincronía entre la situación económica de los sectores medios y su bronca ya pareciera que crónica? Por fuera de la escalada inflacionaria de las últimas semanas, tanto en el repaso del total de la gestión como de la coyuntura, los números dan a favor. En cotejo con lo que ocurría en 2003, cuando calculado en ingresos de bolsillo pasó a ser pobre el 50 por ciento del país, o con las marquesinas de esta temporada veraniega, en la que se batieron todos los records de movimiento turístico y consumo, suena inconcebible que el grueso de la clase media pueda decir que está peor o que le va decididamente mal. Pero eso sería lo que en buena medida expresaron las urnas, y lo que en forma monotemática señalan los medios.
Veamos las graduaciones con que se manifiesta ese disconformismo. Porque podría conferirse la licencia de que, justamente por ir mejor las cosas en lo económico, la “gente” se permite atender otros aspectos en los que el oficialismo queda muy mal parado, o apto para las acusaciones. Ya se sabe: autoritarismo, sospechas de corrupción, desprecio por el consenso, ausencia de vocación federalista, capitalismo de amigotes y tanto más por el estilo. Nada distinto, sin ir más lejos, a lo que recién sobre su final se le endilgó a Menem y su harén de mafiosos. ¿Qué habrá sucedido para que, de aquel tiempo a hoy, y a escalas tan similares de bonanza económica real o presunta, éstos sean el Gobierno montonero, la puta guerrillera, la grasa que se enchastra de maquillaje, los blogs rebosantes de felicidad por la carótida de Kirchner, los ladrones de Santa Cruz, la degenerada que usa carteras de 5 mil dólares, la instalación mediática de que no llegan al 2011, el olor al 2001, el uso del avión presidencial para viajes particulares? ¿Cómo es que la avispa de uno sirvió para que se cagaran todos de la risa y las cirugías de la otra son el símbolo de a qué se dedica esta yegua mientras el campo se nos muere? ¿Cómo es que cuando perpetraron el desfalco de la jubilación privada nos habíamos alineado con la modernidad, y cuando se volvió al Estado es para que estos chorros sigan comprándose El Calafate? Pero sobre todo, ¿cómo es que todo eso lo dice tanta gente a la que en plata le va mejor?
Uno sospecharía principalmente de los medios. De sus maniobras. De que es un escenario que montan. Pues no. Por mucho que haya de eso, de lo que en verdad sospecha es de que el odio generado en las clases altas, por la afectación de algunos de sus símbolos intocables, ha reinstalado entre la media el temor de que todo se vaya al diablo y pueda perder algunas de las parcelas pequebú que se le terminaron yendo irremediablemente ahí, al diablo, cada vez que gobernaron los tipos a los que les hace el coro.
Debería ser increíble, pero más de 50 años después parece que volvió el “Viva el Cáncer” con que los antepasados de estos miserables festejaron la muerte de Eva.

por Eduardo ALIVERTI

viernes, 19 de marzo de 2010

ASÍ SE CREAN LOS MONSTRUOS, por Adrián Corbella (para "Mirando hacia adentro")


¿Cómo votamos los argentinos?... Y , lo que es más escalofriante aún … ¿Cómo votamos los porteños?... Estas son preguntas difíciles, escabrosas, pero que resulta ineludible hacer en éstos momentos tan agitados. En momentos en que todas las reglas de las disputas parlamentarias parecen haber caído en desuso.

El voto porteño es realmente hermético. La ciudad votó dos veces seguidas a Aníbal Ibarra, luego apoyó a un candidato tan disímil como Macri, y más adelante sostuvo legislativamente la propuesta de Carrió, para al final volcarse con decisión a las filas de Pino Solanas . Si bien debemos destacar que, en el caso del voto a Elisa Carrió, en un rasgo de sensatez este votante cortó boleta para quitar a la candidata a diputada Patricia Bullrich ( una chica querendona con difícil pasado en tiempos de De La Rúa- fue parte del descuento del 13% a los jubilados-, y una tendencia compulsiva a pasar por cuanto partido se pone a su alcance ) estos cambios continuos confunden bastante.
Por eso resulta válido preguntarse qué quiere el votante porteño , si la propuesta progresista de centro-izquierda del ibarrismo, el liberalismo eficientista e ineficaz del xeneixe, la verborragia irracionalista de la chaqueña, o las propuestas ultra-izquierdistas moderadas del septuagenario cineasta.

El votante bonaerense, en la elección del 28 de junio de 2009, mostró similares características : un 35 % votó al empresario Francisco de Narváez, un hombre virtualmente desconocido dos años antes, salvo por regalar mazos de cartas en la costa, que hizo costosa propaganda en torno a la elaboración del “mapa del delito” -sólo Dios sabe para qué sirve-, hizo vagas promesas acerca de la seguridad, presentó un clon en el programa de Tinelli que cosechó tantos votos como él, y anunció : “Tengo un Plan” (aunque por modestia no quiso decirlo y aún hoy, como legislador, lo mantiene oculto).

Indudablemente el Hermetismo, el Misterio, el silencio permanente, la ausencia de ideas y propuestas, aquello de decir “Ví algo que no me gustó”, trae réditos en la política argentina.
Los bonaerenses, votaron a un empresario semidesconocido que carece de un plan explicitado, y que no tiene demasiada experiencia política.
Un auténtico salto al vacío… Sin paracaídas ni red de ningún tipo…

Y aquí es donde podemos hacer algunas reflexiones válidas. La nuestra es una sociedad despolitizada y desinformada, con medios monopólicos que no reflejan sino que producen, fabrican la realidad, con periodistas dóciles a las políticas de los multimedios informativos. Entonces la gente vota por cuestiones puntuales, por problemas que le interesan en el momento, por temas que ponen de moda en los medios, pero sin hacerse una imagen de conjunto, sin lograr adoptar una postura coherente y consecuente consigo misma.
La mayoría de la población vota por la inseguridad, porque no le cree al Indec, por la inflación, porque Moyano, o Moreno o Kirchner, no les caen simpáticos, porque Cristina les recuerda a Eva, porque algún funcionario le parece más soberbio o más simpático, o porque sube la carne. A veces las motivaciones del voto son más bien insólitas ; siempre será una experiencia imborrable aquella viejita que dijo a un movilero que votaba a De Narváez “porque bailaba bien”. O los que votaron a Macri porque es hincha de Boca, como ellos.

Los votantes no logran fijarse un objetivo político, de la orientación ideológica que sea, y seguirlo con regularidad, con consecuencia, con tozudez, buscando aquellos candidatos que coincidan o se acerquen a él.
Yo puedo entender a aquel votante porteño que pasó de la UCD a Angeloz, de éste a Menem, del menemismo a Recrear, y de las huestes de López Murphy a las de Macri. Como puedo entender a quien siempre ha votado a los radicales, o a los peronistas, o a los socialistas o a la izquierda. Porque es coherente, porque va siempre para el mismo lado, porque sigue una línea ideológica, que yo puedo o no compartir pero que puedo analizar y criticar. Coincidir o discrepar.
Pero no puedo entender a quien, alternativamente y a lo largo de muy pocos años, vota a Ibarra, Macri, Carrió y Solanas. Y mañana quizás vote a Cobos, Duhalde o Reutemann. O tal vez, la boca se me haga a un lado, a un Tinelli, a una Susana Giménez…
El votante argentino medio no está fijando sus objetivos en lo principal sino en lo secundario, permite que el árbol le tape el bosque, debe elegir un colectivo para ir a un lugar y en lugar de averiguar adónde se dirige cada línea, elige por el color con el que está pintado o por la cara del conductor. Y después de un tiempo descubre que el colectivo estaba muy bien pintadito, el chofer era simpático, tenía aire y lucecitas de colores, pero el destino al que lo llevó no le agrada. No le agrada nada. Y toma cualquier otro colectivo, eligiendo nuevamente por el color, y sin saber adónde se dirige. Y por supuesto le pasa lo mismo… Y la tercera vez vuelve a mirar el color de la pintura en lugar de preguntar por el destino… … … Y no es necesario contar el final…

El votante argentino del siglo XXI es muy raro… e ingenuo.

Sin embargo, parece muy claro qué es lo que hay que hacer. Debemos fijarnos un objetivo, buscar un modelo de país, marcar un rumbo (cada uno según sus ideas y convicciones) y votar aquellas opciones que lo compartan o que se acerquen más a él.

Votar por resquemores del momento, por simpatías o antipatías personales, por reacciones epidérmicas, por intereses puntuales, a un candidato que no nos dice claramente qué modelo de país defiende y cómo piensa administrarlo si gana, es poco inteligente y profundamente irracional…
Irracional y peligroso… Muy, pero muy peligroso…

Los seres humanos hace milenios que no cambiamos, y por eso la Historia nos enseña tantas cosas.
Hay muchos ejemplos de lo que pasa cuando se vota sin privilegiar lo importante, y uno no quiere recurrir al remanido ejemplo de los alemanes que votaron en 1933…
Votar sin tener claro nuestro objetivo es muy peligroso…
Así se crean los Monstruos…

Adrián Corbella, 19 de marzo de 2010

domingo, 14 de marzo de 2010

ALIVERTI, LOS KIRCHNER Y LA IZQUIERDA


Extracto del reportaje aparecido en el periódico "Miradas al Sur" del domingo 14 de marzo de 2010 (Página 6 y 7 del Suplemento "Ni a palos"):
- (Miradas) Alguna vez dijiste que ellos [los Kirchner] no son de izquierda, pero que al mismo tiempo no hay nada a su izquierda. ¿Cómo es eso?.

- (Aliverti) "[...] dije eso tomando la definición clásica de la izquierda, pero también dije y sostengo que no hay nada a la izquierda de esto en términos de opciones reales de poder. Está claro que en el plano cultural, social, político, etc tenés movimientos, personalidades, intelectuales, que se podría decir que ideológicamente están a la izquierda de los Kirchner, pero en términos de poder real hasta se podría decir que están a la izquierda de la sociedad".

- (Miradas) ¿Cómo sería el gobierno de tus sueños?

- (Aliverti) "Yo soy un tipo de izquierda, aspiraría a otro tipo de distribución de la riqueza, me parece que acá hay demasiada gente que se la levanta en pala y a la que no la tocan.[...] Ahora, en términos de lo que hicieron [los Kirchner] hay cosas que se acercan mucho a lo más avanzado que uno puede aspirar de un gobierno burgués y por eso insisto en que ese plano están a la izquierda de la sociedad. A mí no me interesa, y esto es muy polémico, cuáles son las motivaciones que el matrimonio haya tenido para proceder de esta manera. Las condiciones objetivas de la época les han dado esto. Y esto en el terreno de los derechos humanos, en el terreno del gobierno capitalista como equiparador de algunas diferencias sociales, no lo habíamos conocido".

- (Miradas) Además se discuten poco las políticas concretas y mucho los gestos y las formas.

- (Aliverti) "[...] yo creo que no provocaron este odio con la retórica sino con las medidas. Para mí es el trío que yo mencioné en la famosa columna de 'El Odio' : la reestatización de las AFJP, la Ley de Medios y las retenciones agropecuarias. Eso no se puede bancar y eso no fue retórica, fueron medidas concretas"

sábado, 13 de marzo de 2010

La Izquierda Interplanetaria


La revolución industrial que comenzó en Inglaterra a fines del siglo XVIII provocó una aguda crisis social . Los pequeños propietarios ingleses perdieron sus tierras, y fueron reemplazados por medianos o grandes propietarios que se dedicaban a la agricultura o a la ganadería ovina. Los campesinos desposeídos tenían una clara alternativa : emigrar o morir. El destino de estos pobladores fue, o irse a las ciudades inglesas, o viajar a ultramar, a las colonias de América del Norte, Oceanía o Sudáfrica.
Los artesanos no la pasaron mejor. Estos trabajadores altamente especializados y que tenían un nivel de vida bastante digno, fueron arrasados, y siguieron los pasos de los campesinos. Aquellos que optaron por la lucha y formaron el movimiento luddista, el movimiento de “Destructores de Máquinas”, fueron exterminados sin piedad por las autoridades.
En su reemplazo surgió un proletariado altamente explotado, absolutamente subcalificado, viviendo en condiciones de pobreza extrema. Las ciudades industriales inglesas tuvieron un crecimiento meteórico, y se desarrollaron como grandes “villas miseria” donde la gente vivía en condiciones inhumanas. Podemos consultar una fuente de la época, como la clásica obra de Friedrich Engels, "La situación de la clase obrera en Inglaterra", o, para los menos afectos a la lectura, simplemente mirar la película “Sherlock Holmes” (la de Robert Downey Jr.), cuyo trasfondo continuo es una Londres en su época de oro, cuando era capital del Imperio hegemónico, y sin embargo tenía una población que vivía en un nivel de sordidez casi increíble.
Como reacción a estas condiciones nació una ideología contestataria a la que en el siglo XX se bautizó como “comunismo”. Dos intelectuales alemanes radicados en Londres, Karl Marx y Friedrich Engels, desarrollaron en sus escritos una crítica profunda a la sociedad de su época, describieron los mecanismos de explotación de los trabajadores por parte de los propietarios de los bienes de producción, y propusieron un proceso revolucionario que permitiera a los proletarios tomar el poder y crear una sociedad en la que existiera un plena igualdad política, social y económica. A este sistema del futuro lo llamaron “comunismo”.
Marx planteaba la necesidad del “internacionalismo”. El sostenía que el enemigo de un obrero no era el obrero de otro país, sino su propio explotador “nacional”, su compatriota capitalista que lo explotaba. Por eso, los obreros de los diversos países debían unirse contra los explotadores, dejando de lado nacionalismos y banderas.
En el siglo XX, en diversas partes del mundo, líderes políticos inspirados en las ideas de Marx, Engels, y otros intelectuales de esa corriente ideológica, hicieron revoluciones exitosas que les permitieron tomar el poder en algunos países : Lenin en Rusia, Tito en Yugoslavia, Mao en China, Ho Chi Minh en Vietnam, Castro en Cuba.
Y si uno analiza en profundidad estas cinco revoluciones exitosas encuentra un fuerte rasgo en común : todos se inspiraron en las ideas marxistas, pero las adaptaron a sus necesidades, a su propia realidad social y cultural. Por el contrario, todos los que intentaron copiar, paso a paso, las revoluciones de estos líderes (sea Lenin, Mao, Castro, o cualquier otro) fracasaron estrepitosamente. Aunque parezca una contradicción conceptual, estas revoluciones internacionalistas, tuvieron un carácter marcadamente “nacional” : Lenin hizo una Revolución claramente “rusa”, la de Castro tuvo un carácter fuertemente cubano, y Mao encabezó una revolución indudablemente “china”.
Y no podía ser de otra manera.
La inserción de estas ideologías en Argentina fue bastante compleja, debido principalmente a la forma en que se organizó el Estado argentino.
Argentina como Estado-Nación surge a partir de las concepciones de las “Generaciones” de 1837 y 1880. Estos intelectuales tienen una serie de bases muy concretas para elaborar su modelo de Nación. Pero estas bases de apoyan sobre una serie de negaciones :
* no somos un país latinoamericano,
*no debemos valorar la cultura española
*no hay una herencia cultural indígena digna de mención
*no tenemos africanos
*la llanura pampeana y la Patagonia no tienen pobladores (son el “Desierto”),
*los caudillos no hicieron aportes trascendentes a la formación de la nacionalidad,
*no debemos recordar a ciertos personajes que no comparten nuestros objetivos
Subidos sobre la gran ola de la inmigración europea, buscaron erigir un Estado Europeo en Sudamérica, teniendo por objetivo, por modelo a imitar , las culturas de Inglaterra y Francia. Y lograron un éxito parcial, pues construyeron una gran fachada, una escenografía monumental en peligroso equilibrio sobre unos cimientos “criollos” a los que ignoraban y con los que no querían conectarse.
Con la inmigración europea llegaron a la Argentina las ideas socialistas y comunistas, y se insertaron sobre todo en las grandes ciudades más europeizadas, como Buenos Aires y Rosario, en esa “Pampa Gringa” que por entonces parecía una sucursal de Europa. Estos primeros socialistas, europeos o de formación europeísta, se vieron “contaminados” por estos preconceptos culturales, se sumaron a esta cosmovisión que veía a la Argentina como una extensión de Europa, y que consideraba deleznable o despreciable, y evidentemente “feudal”, a esa base criolla. Los partidos de izquierda surgen dentro de esa fachada, de esa escenografía europea, inevitable e ineludiblemente ligados a ella. Por eso logran cierto peso en las ciudades más grandes (como el caso del Partido Socialista en los años ’30) pero les cuesta mucho ingresar a la Argentina profunda, más criolla, más “americana” (más “latinoamericana”).
Con la emergencia del peronismo se devuelve en la Argentina protagonismo y poder político a estos sectores más criollos, hasta entonces ignorados. Esto disloca a la izquierda, la descoloca, porque esa gente viene de fuera de su universo intelectual, porque esa gente “que no existía” ahora cuenta y tiene poder. Eso no es el pueblo ni son obreros, como afirmaba un comunicado oficial del PC ante el 17 de octubre.
Los más exaltados califican simplemente de “fascistas” a estos extraños “peronistas” , y se unen a empresarios, militares, estancieros y a la Iglesia en contra de un partido al que apoyaban masivamente los obreros.
Los más moderados recurren al mote más tibio, pero igualmente despectivo, de “populistas”.
De allí en más hemos presenciado el espectáculo patético de ver como grandes sectores de la izquierda, cuando se discuten los grandes objetivos, cuando se definen los grandes modelos, cuando se fija el rumbo a seguir, cuando están en juego las grandes cuestiones que dividen aguas, se aferran con obstinación a la letra chica de los pequeños objetivos, totalmente secundarios, y se encolumnan en el lado equivocado.
Ven como “enemigos” a quienes deberían ser sus “compañeros de ruta”, al menos hasta que se llegue a la discusión de esa letra chica en la que puede haber (o mejor va a haber ) discrepancias.
Vemos entonces a partidos “obreros” y “socialistas” marchar con alegría junto al capital más concentrado, a la derecha más prehistórica y a la Iglesia (en el ’46, en el ’55, en el 2008), cuyos objetivos son exactamente opuestos a los de ellos.
Y no es de extrañar. Pues ellos tienen grandes objetivos, y piensan que no los traicionan. Y piensan eso porque sus objetivos no están aquí ; están allí en lo alto, más allá de las nubes, en un oscuro rincón del Universo…

Esa izquierda argentina no es internacional… Es Interplanetaria…

Y aquí quiero recurrir a las palabras de un intelectual de fuste, de un hombre cuyo accionar político me parece deleznable, pero cuyo nivel literario es innegable : Domingo Faustino Sarmiento.
Sarmiento definió a los unitarios, los padres y abuelos biológicos e intelectuales de los grandes pensadores liberales y positivistas que construyeron Argentina, de una forma realmente dura, demoledora :

“Me parece que entre cien argentinos reunidos yo diría : éste es unitario. El unitario tipo marcha derecho, la cabeza alta ; no da vuelta, aunque sienta desplomarse el edificio ; habla con arrogancia ; completa la frase con gestos desdeñosos y ademanes concluyentes ; tiene ideas fijas, invariables ; y en la víspera de una batalla se ocupará todavía de discutir en toda forma un reglamento o de establecer una nueva formalidad legal ; porque las fórmulas legales son el culto exterior que rinde a sus ídolos, la Constitución, las garantías individuales . Su religión es el porvenir de la República, cuya imagen colosal, indefinible , pero grandiosa y sublime, se le aparece a todas horas, y no le deja ocuparse de los hechos que presencia… Es imposible imaginar una generación más razonadora, más deductiva, más emprendedora, y que haya carecido en más alto grado de sentido práctico” (1)

Si cambiamos conceptos como “Constitución”, “República”, “fórmulas legales” y “garantías individuales” por otros como “Revolución”, “Pueblo”, “Proletariado” , “principios revolucionarios” y “lucha de clases”, esta frase, escrita hace tanto tiempo, es una excelente definición de una parte muy numerosa de la izquierda argentina.


Adrián Corbella, 11 de marzo de 2010

(1) Texto tomado de Domingo F. Sarmiento, Obras Completas, Buenos Aires, 1949, tomo VII.

jueves, 11 de marzo de 2010

Deuda Externa, Reservas y Autonomía, por Adrián Corbella (para "Mirando hacia adentro")


Muchísima gente se endeuda con su tarjeta de crédito. Y llega al punto en que no puede saldar la deuda completamente. Debe recurrir entonces a cubrir sólo el “pago mínimo”, y refinanciar el resto. Ahí descubren con horror que los intereses que cobran las tarjetas son altísimos. Pueden protestar contra las tarjetas, proclamar al mundo que ellos son unos malditos usureros –lo son, y ya todo el mundo lo sabe- , pero lo que más les conviene es saldar esa deuda lo antes posible. Y no volverse a endeudar.
Porque si no pagan terminarán con un juicio, y con su nombre en el VERAZ.
Con las deudas externas de los países pasa algo parecido.
Hace décadas que el FMI es una herramienta de la política imperial de las potencias más fuertes. El Fondo presta casi con el único objetivo de poder luego condicionar las políticas internas del deudor. Imponer en él un modelo ideológico, una estructura económica, política y social : privatizaciones, ajustes, relaciones carnales, aperturas comerciales unilaterales… Creo que ya vimos esa película. Y no es buena.
El FMI busca delinear una periferia con características convenientes al centro, y a la cual se puedan trasladar con rapidez las crisis del sistema, descomprimiendo el corazón del mismo.
No es casualidad que la durísima crisis de 2008-09 haya golpeado con particular fuerza a economías “estrella”, “modelo”, como Irlanda o España, y que, como contrapartida, resbalara casi sin afectar a economías que, según el Fondo, “hacían todo mal”, como la de Argentina (la del 2008 es la primera crisis mundial de la historia que los argentinos vemos por televisión en lugar de sufrirla en carne propia).
La deuda externa argentina tiene, como muchas otras, un origen espurio. Arranca con el proceso militar, que en menos de 7 años casi la octuplicó ( de 6 mil a 47 mil millones). Con Alfonsín aumentó a un ritmo importante : un 50% en cinco años y medio.
Durante la Segunda Década Infame se duplicó con Menem –agravado por el hecho de que entró mucho dinero por la privatizaciones- , y la tendencia siguió con De La Rúa, que en apenas dos años nos agregó unos 30 mil millones.
Luego llegaron el default de Rodríguez Saá, la pesificación asimétrica de Duhalde, y el festival de bonos y cuasi monedas (Patacón, Lecop, y otros).
La mayor parte de esta deuda, cercana a los 150.000 millones en 2003, estaba integrada por cargas financieras, intereses de deudas más viejas o refinanciaciones alocadas , como el Plan Brady, el Megacanje o el Blindaje (que significaron cambiar una deuda a punto de vencer por otra deuda muchísimo mayor a mediano o largo plazo).

Desde 2003 vivimos un proceso sin precedentes en la historia argentina ; la deuda, en lugar de aumentar, disminuye.

Esto se produce, en parte por una inteligente renegociación en tiempos de Néstor Kirchner, y en parte por la política de pagar una y otra vez con reservas (cuyo nivel pese a eso no para de aumentar). El objetivo es claro : se busca saldar la deuda y así recuperar el pleno control de nuestra economía. Por eso el gobierno decidió, hace algunos años, pagar “cash” toda la deuda con el FMI, para evitar la continua, molesta y destructiva intromisión del organismo en nuestra economía – sus consejos nos llevaron a la crisis del 2001, como reconocen prestigiosos economistas extranjeros, como el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz-.
Si vamos a pagar la deuda ( y en esto coinciden el 99 % de las fuerzas con representación parlamentaria), hay solo tres maneras :
La primera es “volver a los mercados” (como dicen los liberales, del PRO y otras fuerzas políticas), es decir, refinanciarla, pateando su pago para adelante pero CON UN MONTO MUCHÍSIMO MAYOR. Haciendo esto, en tiempos de Menem y De La Rúa, llegamos al 2001. Obvian los comentarios.
La Segunda es “revisar el presupuesto”(como propone Ernesto Sanz, de la UCR, o Patricia Bullrich, de la Coalición Cívica), es decir, redistribuir los recursos quitándolos de otras áreas (como por ejemplo salud, educación, seguridad, justicia u obras públicas entre otras) para destinarlos al pago de la deuda. Esto se hizo con el dúo Fernando De La Rúa-Patricia Bullrich, cuando se rebajaron en un 13% las jubilaciones y los salarios de los empleados públicos. No creo que nadie quiera volver a eso.
La tercera opción es “pagar con reservas”, es decir, la posición del gobierno. Es indudablemente la mejor opción, ya que no tiene aspectos negativos de consideración. La cifra que debe pagarse compromete apenas la octava parte de las reservas, monto que puede recuperarse a lo largo del año cuando los exportadores liquiden las divisas de sus exportaciones. Además tenemos un nivel excesivo, innecesario de reservas (48 mil millones). Dinero acumulado en Basilea que apenas da intereses, y que está inmovilizado sin cumplir ninguna función financiera o productiva.
Por eso, hoy nos enfrentamos a una situación grotesca : la misma oposición (liberales, menemistas, duhaldistas, adolfistas y radicales) que hace unos años cuando eran gobierno, generó la deuda por decreto ; la misma oposición que en su momento no sabía cómo pagar la deuda y recurría a refinanciarla onerosamente o a hacer ajuste tras ajuste, no quiere que este gobierno, que tiene la plata para pagar, pague. Y son justamente ellos los que quieren dar cátedra de cómo debe hacerse para pagar, son los paladines de hacerlo todo sin decretos y por el Congreso.
Lo absurdo no termina allí : muchos ciudadanos que van a ser los primeras víctimas del ajuste si se paga como quiere la oposición, la apoyan. Sin entender que están pidiendo que los ajusten, que les bajen salarios, que les den menos cosas a cambio de sus impuestos.
Así es la política argentina. Y así es nuestra clase media, especialista en votar en contra de sus intereses, simplemente porque no les gusta la cara de alguien. Simplemente porque una vieja pelambre dormida, se eriza.
Cada pueblo tiene el gobierno que se merece, dice el viejo dicho… No siempre… Nos merecemos un gobierno mucho pero mucho peor que el que tenemos, uno como los que tuvimos en la Segunda Década Infame…
Y ese es el problema… Porque si seguimos así, quizás logremos lo que nos merecemos…



Adrián Corbella, 10 de marzo de 2010

martes, 9 de marzo de 2010

Identidades y modelos en el Bicentenario : ¿Argentina o Argentinas?, por Adrián Corbella (para "Mirando hacia adentro")


Cuando hablamos del Bicentenario, resulta inevitable pensar en 1810 y 1910, fechas que marcan dos hitos (el comienzo y el centenario) de este proceso.
En 1810 , con la destitución del Virrey Cisneros, comienza un período largo y turbulento que va a llevar seis años después a proclamar la independencia, cuarenta y tres años después a promulgar una Constitución, setenta años después a lograr un gobierno estable que no utilice la violencia como principal recurso para lograr la obediencia, ciento dos años después a establecer un sistema electoral sin fraudes, ciento cuarenta y un años después a lograr el voto femenino,y ciento setenta y tres años después a lograr una sucesión ordenada y sin interrupciones armadas de gobiernos elegidos por el pueblo.

Sin embargo este proceso, largo y en algunas cuestiones inconcluso, tiene un hito en 1910 cuando la Argentina de principios del siglo XX celebró , con bombos y platillos, el Centenario. Y nosotros, Argentinos de principios del siglo XXI, no podemos evitar hacer comparaciones entre un proceso y el otro, ya que la Argentina de 1910 era un país muy distinto, casi podemos decir que era "otro país", y aquí es donde resulta interesante la comparación para ver que cambios se han producido, en uno u otro sentido.

La Argentina de 1910 era un país que , en opinión de su clase dirigente, había alcanzado el triunfo. Las bases intelectuales de este país se remitían a pensadores de las generaciones de 1837 y 1880, y a algunas obras fundacionales como el "Dogma Socialista" de Echeverría, las "Bases" de Alberdi o el "Facundo" de Sarmiento.
Y las bases eran muy concretas.

En lo cultural, Argentina se asumía como una extensión sudamericana de Europa. Los intelectuales del siglo XIX despreciaban profundamente los elementos culturales españoles e indígenas, y simplemente ignoraban las raíces africanas de mucha de la población. Su Norte cultural eran Inglaterra y Francia, de las que tomaban cultura e ideologías. La argamasa que usaron para construir este edificio era italiana y española, y los ladrillos eran criollos, pero para ellos el producto final debía ser anglofrancés. Este extraño edificio se construyó, y existió algunas décadas. Pero no era realmente un edificio ; sólo lograron una fachada, una escenografía frágil y artificial que sería barrida por las tormentas políticas y económicas del siglo XX.

En lo político el modelo también era claro, ya que una serie de mecanismos de fraude y cooptación garantizaban que el control del sistema político quedara en manos de una pequeña elite de una creciente prosperidad, manteniendo alejados a los sectores populares, tanto a los criollos como a aquellos de origen inmigratorio.

En lo económico, el modelo también era consistente : Argentina debía integrarse económicamente al Imperio Británico, exportando materias primas agrícolas e importando capital , tecnología, mano de obra y productos industriales.

Así se delineó un modelo, la Argentina del Centenario : un Estado liberal oligárquico integrado al Imperio Británico en un rol de proveedor de materias primas. Y éste modelo tenía el consenso muy amplio en la clase dominante y en los intelectuales.

Por eso, la Argentina de 1910 era una Argentina que se asumía como triunfante. Que pensaba que había logrado sus objetivos. Y la fantástica prosperidad de su clase dominante agropecuaria, que superaba en poder económico a muchos sectores dominantes de países europeos, parecía la mejor muestra de la validez de esta idea.
Pero esta Argentina "exitosa" (pese a la pobreza de sus sectores populares) y "triunfante", se hallaba al borde del abismo, por una serie de causas internas y externas.

En lo político, el primitivo sistema de fraude electoral de fines del siglo XIX, inaceptable para la sociedad del siglo XX, fue cuestionado, militarmente por la UCR, e ideológicamente por intelectuales de la época. Finalmente, en 1912, dos años después del Centenario, se llegó a la Ley Sáenz Peña, acuerdo político entre conservadores y radicales que creaba un sistema electoral más justo y participativo. Y permitió la victoria de Yrigoyen en 1916. Y si bien la UCR no cuestionaba frontalmente todas las bases de la Argentina de 1910, se alejaba de ella en algunos puntos (incorporación de sectores medios, política petrolera) que alcanzaron para provocar grandes conflictos, el golpe de 1930, la proscripción de la UCR y el renacimiento del fraude en la Década Infame. El golpe final al sistema político de esta Argentina de 1910 lo da el peronismo, al incorporar masivamente al mismo a sectores que, por una u otra razón , habían quedado afuera (trabajadores, mujeres).

El abismo económico se abrió rápidamente con la Primera Guerra Mundial (1914-18). Los efectos directos de la misma fueron de corta duración y el modelo agroexporador se recuperó rápidamente, pero las consecuencias a mediano y largo plazo (emergencia creciente de EE.UU. como potencia hegemónica, crisis del '30, proteccionismo) jaquearon las bases del sistema al producirse el ascenso de una metrópoli que no precisaba de nuestros productos y se manejaba con otras prioridades. Mientras que para Inglaterra éramos un aliado importante en el fin del mundo, para Estados Unidos siempre fuimos una presencia molesta y zumbante, en el más alejado y misterioso rincón del Patio Trasero.
Una vez más fue el peronismo quien desbarató lo que quedaba del viejo sistema, al romper el agonizante vínculo con Inglaterra, dejar de poner eje en la agroexportación y utilizar (vía IAPI) los recursos agrarios para fines y prioridades muy ajenos a los intereses del campo (favoreciendo más a los sectores obreros de las ciudades).

En el ámbito cultural el modelo no la pasó mejor. Si la Argentina de 1910 se veía como Europea y procuraba incrementar esa condición europea vía inmigración, a la vez que tapaba el carácter “criollo” –entendiendo por criollo esa mezcolanza hispano-indígena-africana que produjo el Imperio Español- la Argentina de mediados del siglo XX recuperaba su condición “latinoamericana” a una velocidad “inquietante” (para los sectores dominantes). Esto se producía, por un lado por la propia emergencia del peronismo, que movilizaba a sectores de raigambre criolla (de allí apelativos tales como “cabecitas negras” o “aluvión zoológico”) y por el otro por los cambios en las pautas migratorias mundiales y regionales : los inmigrantes ya no serán españoles, italianos, franceses, alemanes, judíos, irlandeses o polacos ; la nueva inmigración estará integrada por paraguayos, bolivianos, uruguayos y chilenos.

En este proceso, el peronismo representó una bisagra. Cuando Perón llegó al poder la Argentina del consenso liberal atravesaba una crisis de identidad. Perón hirió de muerte ese modelo (aunque no lo remató), y bosquejó un nuevo modelo industrialista y más democrático (aunque no logró definirlo con claridad).
Quizás por el golpe de Aramburu y Lonardi, o quizás por las propias contradicciones del peronismo , la Argentina se encontró en 1955 entre un modelo liberal agonizante (pero vivo) y un modelo alternativo embrionario (que no terminaba de nacer).

Y de allí en más, en estos 55 años, hemos vivido una puja continua entre aquellos sectores político-sociales que pretenden remendar y restablecer el viejo modelo decimonónico de la Argentina del Centenario, y los que quieren ser parteros de un nuevo modelo que no termina de cuajar.

Esta lucha ha dividido longitudinalmente a la Argentina, partiendo por igual a partidos políticos, fuerzas sociales , organizaciones empresariales, y, en algunos momentos, a las propias fuerzas armadas. Por eso no debe extrañar encontrar a socialistas y comunistas apoyando a la revolución libertadora, a la Corriente Clasista y Combativa junto a la Sociedad Rural en el conflicto por las retenciones, o , por el otro lado, la frecuente aparición de personajes ubicados bastante a la derecha apoyando medidas socialmente avanzadas del peronismo (y coexistiendo con figuras como Eva Perón o John William Cooke, de otra raigambre ideológica).
Cuando se afirma, con razón, que en Argentina no hay políticas de Estado, esto tiene un motivo evidente en lo que explicábamos más arriba. Algunos gobiernos han trabajado por uno de los modelos, y otros por el opuesto. Y por eso necesitan, unos y otros, generar una “tabla rasa” para construir en un terreno lo más despejado posible. Lo que hizo el gobierno anterior, realmente no les sirve. Y debe ser destruido.
Hoy más que nunca, en el Bicentenario, estamos en una fuerte puja entre dos modelos. Se avanzara hacia un lado o hacia el otro, ya que no pueden hacerse ambas cosas.
No hay lugar para quedarse en medio. Se está aquí o se está allá, con éstos o con aquellos.
Y por eso cada uno de nosotros debemos, siguiendo nuestras ideas y nuestra conciencia, ver de qué lado de esta disputa nos ubicamos.

Adrián Corbella
9 de marzo de 2010