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martes, 3 de julio de 2012

Paraguay: el atardecer y la ignominia, por Ricardo Forster (para “Veintitrés” del 27-06-12)


A mí madre que es hija de la tierra paraguaya y que siempre nos habló con amor de sus atardeceres y de su pueblo.

El poeta Ricardo Molinari escribió que no hay atardeceres como los de la tierra paraguaya. Cuando cae el sol, en las horas del crepúsculo, se incendian sus llanuras multiplicando las infinitas tonalidades de los rojos y de los verdes ofreciéndole al admirado espectador una experiencia inolvidable. La tierra de Roa Bastos sabe de bellezas y de dolores, de historias fabulosas que se hunden en las mitologías guaraníes y de la permanencia, ominosa, de la violencia y el autoritarismo. Su historia, la de su pueblo, ha estado marcada por la cadencia de una lengua musical que ha logrado, con esfuerzo y astucia, proteger cultura y memoria allí donde la barbarie homicida buscó quebrar la bravura de una nación que supo enfrentarse a una guerra infamada por tres ejércitos que tuvieron que matar a casi el grueso de los hombres paraguayos para doblegar su espíritu indómito. Un país sometido por una dictadura brutal que dejó, en su interior y una vez recuperada la democracia, una bomba de tiempo que sigue estallando cada vez que su oligarquía lo necesita para perpetuar su poder. Un país maltratado por los usurpadores de la riqueza que, sin embargo, continúa exhibiendo en esos atardeceres deslumbrantes los mil colores de una naturaleza altiva, refugio de mil historias de resistencia de un pueblo memorioso.


El Paraguay es y ha sido una tierra de sueños y de injusticias. Una y otra vez muchos de sus hijos e hijas han tenido que emprender el camino doloroso del exilio, a veces político y otras, las más, económico. De a cientos de miles han ido a construir un futuro que se les escamotea en su tierra atravesando las fronteras de Argentina y Brasil. Su trabajo, su lengua musical y su cultura han enriquecido la vida de otros pueblos que no siempre han sabido ser generosos con aquellos que derraman su laboriosidad y su honestidad sin olvidar, ni un solo día, su propia tierra quemada por los fuegos de la injusticia.


Un pueblo que ha sabido preservar su lengua como si fuera un tesoro que las generaciones han sostenido como un modo, quizás, de endulzar las inclemencias y los rigores de una historia que se forjó bajo el signo de la ilusión y que recibió las peores descargas de la barbarie desplegada en nombre de la civilización (de esa metamorfosis paradójica supieron mucho Mitre y Sarmiento que no dudaron en acallar a sangre y fuego, con la complicidad del Brasil, la sed de autonomía de un pueblo que, encabezado por el mariscal Solano López, había construido un modelo avanzado en un continente de infinitas desventuras. Apenas la voz solitaria de Juan Bautista Alberdi se levantó para denunciar el “crimen de la guerra” que convirtió a una tierra bella y generosa en un páramo desolado por la barbarie de los hombres de frac y galera que se enfrentaron a combatientes descalzos que sostuvieron, con coraje legendario, una defensa heroica). Pueblo de errancias que nunca olvidó esos atardeceres incendiados por un sol prodigioso y que, sin renunciar a la esperanza y a la libertad, inventó mil y una revoluciones fallidas para abrirle paso a la justicia. Los paraguayos, que han sacado fuerza e ingenio de sus fracasos y derrotas, han esperado demasiado tiempo para que llegara el día en el que la democracia dejara de ser una cáscara vacía, un mero instrumento en manos de unos pocos, y se transformara en la apuesta por un país para todos.


Hace un poco más de tres años surgió una esperanza. En la figura y la palabra de Fernando Lugo, ex obispo formado en la tradición de la teología de la liberación, hombre atento a las necesidades y los padecimientos de los humildes, encarnó lo que parecía una utopía: disputarles el poder a los dueños de la tierra, a los herederos del dictador Stroessner, a los que transformaron al Paraguay en el paraíso de contrabandistas y narcotraficantes. Lugo vino a expresar a los movimientos sociales que, en nombre de los campesinos sin tierra, clamaban por una reforma agraria que pusiera fin a una terrible inequidad apuntalada por un ejército y una policía al servicio de las inconmensurables fortunas de unos pocos. Construyó, sin embargo, una alianza débil que le permitió llegar al gobierno pero que nunca le posibilitó alcanzar el poder suficiente como para desplegar esas reformas imprescindibles sin las cuales todo seguiría igual. No pudo, por carencia de fuerza política propia o por falta de decisión, imponerles a los grandes terratenientes un tributo sobre la fabulosa renta sojera que sigue desforestando la tierra guaraní y expulsando, día a día, a miles de campesinos que terminan ocupando los cinturones de pobreza de las ciudades o buscando el pan allende las fronteras.


Buscó mejorar un poco la vida y los derechos de los más humildes y se puso en consonancia con el despertar sudamericano. Nunca logró, de todos modos, atemperar el odio rabioso que los ricos y sus medios de comunicación expresaron con inusitada violencia retórica que, como en otros tramos de su historia, también se convirtió en violencia sobre los cuerpos y en excusa, infame, para retomar las riendas del poder. Fernando Lugo fue una excepcionalidad que buscó darle forma y contenido a una democracia condicionada y manipulada por los poderosos que, finalmente, decidieron simplemente expulsarlo del gobierno echando mano a las argucias legales y a la nueva modalidad de golpe de Estado que se inició con el laboratorio hondureño: se trata de horadar y deslegitimar a los gobiernos populares utilizando los recursos institucionales (el Parlamento, el poder judicial, los medios de comunicación, las policías –como en Ecuador y ahora en Bolivia–). El argumento, no por repetido es menos perverso: los “virtuosos republicanos” de la derecha anuncian que la democracia está en peligro en manos de gobiernos populistas, demagógicos y autoritarios y reclaman su derecho a “salvar” a la República y a sus instituciones de quienes las corrompen. No otro fue el argumento utilizado para destituir, en una parodia de juicio político que marcó el récord de velocidad, a Fernando Lugo y, con él, a los tibios intentos por modificar un poco la terrible desigualdad e injusticia que atraviesa al Paraguay.


Una modalidad que entre nosotros asumió el mecanismo del intento destituyente y que se corresponde con una etapa en la que la forma tradicional del golpe de Estado, aquella encabezada por fuerzas militares y apadrinada por las embajadas estadounidenses, ha sido reemplazada por la utilización de diversos instrumentos: golpes económicos (el recuerdo del final apresurado del gobierno de Raúl Alfonsín me ahorra de más comentarios); sistemática proliferación de dispositivos mediáticos tendientes a desacreditar cualquier iniciativa de los gobiernos populares y a transformar el relato de la vida cotidiana en un viaje brutal al peor de los infiernos; acusaciones permanentes de corrupción y de autoritarismo a la par que se reclama el regreso al orden republicano avasallado por el populismo; provocaciones emanadas de las fuerzas policiales que, como se ha señalado, constituyen hoy un instrumento conspirativo de primer orden; activa participación, en ciertos casos, de ONGs que en nombre de la sustentabilidad ambiental, la protección de la naturaleza y el derecho de los pueblos originarios tienden a horadar experiencias gubernamentales que son acusadas de ir contra las propias fuerzas sociales que les dieron nacimiento (los casos de Bolivia y Ecuador están allí para no subestimar esta forma novedosa de acción desestabilizadora que se entrelaza, en muchos casos, con causas justas y que no deben ser descuidadas por los gobiernos).


Distintos rostros para impulsar la conspiración de las derechas continentales contra procesos políticos que han enriquecido la democracia reintroduciendo la participación popular y abriendo, como hacía décadas que no sucedía, la esperanza de transformaciones profundas en el mapa de la injusticia y la desigualdad sudamericana. Es como reacción a esta novedosa irrupción de los incontables de la historia que han sabido apoyar nuevas experiencias democráticas que surgen esos distintos rostros de la conspiración. Rostros, insisto, que se atrincheran en una retórica seudo republicana y en una supuesta gesta en pro de la salvación de las instituciones amenazadas por la llegada aluvional de las multitudes y de sus liderazgos demagógicos y autoritarios. Se trata, en definitiva, de atacar a los procesos democrático populares desde el interior de la misma democracia aprovechando los resquicios legales o, simplemente, apropiándose de algunas instituciones significativas (por ejemplo el Senado en Paraguay, el poder judicial en Honduras o el travestismo de legisladores como lo experimentamos en la Argentina durante la famosa votación en la que el vicepresidente de la Nación acabó desempatando a favor de la corporación agromediática). La perversión de las derechas se disfraza de institucionalismo republicano y en abanderada de la democracia amenazada.


Pero el golpe de Estado contra Lugo y contra la verdadera democracia paraguaya es parte de la estrategia de la derecha continental por impedir la continuidad de un tiempo histórico caracterizado por el avance, en muchos de nuestros países, de proyectos popular democráticos. De ahí que haya sido fundamental la reacción de la Unasur al desconocer la farsa del Senado paraguayo. Por eso resulta inadmisible que, mientras se intenta mutilar el derecho de los pueblos a darse sus propios gobiernos, entre nosotros algunos dirigentes sindicales de envergadura utilicen una retórica que no se diferencia de la que emana de los medios concentrados de comunicación y de las escuálidas cacerolas que siguen alucinando con su “insurrección de Barrio Norte”. Cuando se cruzan ciertas fronteras invisibles, cuando se elige criticar a un gobierno popular desde los estudios televisivos del establishment corporativo, cuando se lanza una medida de fuerza en ausencia de la Presidenta y se lo hace con un nivel de beligerancia incongruente con las conquistas de estos años y cuando, tomando en cuenta las amenazas ciertas del golpismo en países hermanos, se convoca a una movilización antigubernamental en Plaza de Mayo, se termina por confluir con aquellos mismos sectores económico políticos que pusieron en marcha, décadas atrás, el revanchismo social contra los trabajadores. Es cierto que una huelga y una movilización no son equiparables a un golpe de Estado, no lo deben ser, pero la retórica de ciertos dirigentes sindicales ayuda a confundir un poco más las cosas y a distanciarse del sentimiento de ese mismo pueblo trabajador que, pocos meses atrás, respaldó aluvionalmente a Cristina. Por todo esto y por el legado de una historia irredenta, en esa tierra de atardeceres únicos también se juega el destino de la democracia sudamericana.

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http://veintitres.infonews.com/nota-4965-internacionales-Paraguay-el-atardecer--y-la-ignominia.html

lunes, 2 de julio de 2012

Golpear desde la palabra, por Dante Augusto Palma (para “Veintitrés” del 27-06-12)


La destitución del presidente Fernando Lugo en Paraguay, en una suerte de insólito juicio sumario, ha convulsionado a toda Latinoamérica y abre un horizonte de complejidad que resiste cualquier simplificación. En principio, el gran debate se instala acerca de la nominación de este hecho pues ¿se puede hablar de un golpe de Estado? La respuesta a este interrogante supone incluir una serie de matices. En primer lugar, la definición tradicional de “golpe de Estado” tal como los hemos padecido en el sur del continente, por ejemplo, en la década del ’70, no parece capaz de explicar lo que sucedió en Paraguay: no hay fuerzas armadas levantándose contra la democracia, ni enfrentamientos, ni guerrillas, ni, en principio, un plan sistemático de desestabilización continental orquestado por Estados Unidos. Por otra parte, lo ocurrido en Paraguay parece distinto de lo que acaeciera en Honduras cuando el ejército secuestró al presidente Zelaya, o en Ecuador cuando una sublevación policial casi se carga la vida del presidente Correa. Así, lo que pasó en Paraguay, alguien podría decir, pareciera ser nada más que una salida institucional a una crisis y sin embargo plantearlo de ese modo sería de una ingenuidad casi cómplice pues si bien se puede afirmar que la instancia de juicio político es un mecanismo dispuesto por la Constitución paraguaya, que este se haya realizado apenas una semana después del salvaje enfrentamiento de Curuguaty (el hecho que fue el detonante del juicio) y que se le otorgaran a Lugo sólo dos horas para ejercer su legítima defensa, resulta un episodio que no resiste el menor análisis. En este sentido, bien podría alegarse que las formas institucionales no se han respetado y que ese juicio político está viciado. Por otra parte, no se puede pasar por alto el contexto político, esto es, la víspera de elecciones, el modo en que Lugo emerge por fuera de la estructura de los dos partidos tradicionales, el prácticamente nulo apoyo con que este contaba en las Cámaras y el hecho, bastante conocido en la Argentina, de llegar a la presidencia a través de una alianza que, una vez en el poder, se fractura y lleva a una crisis institucional en el que el indiviso poder ejecutivo se parte y el vicepresidente se transforma en el principal opositor al presidente.


Sin embargo, la comparación con el caso argentino no puede pasar mucho más de allí pues tras la crisis de 2008 existió una diáspora en el bloque legislativo del gobierno kirchnerista pero se mantuvo un núcleo no menor de lealtades que pudieron resistir los embates desordenados de una atomizada oposición que creyó que una potencia colectiva se lograba a través de una suma de individualidades.


Pero de lo que quisiera ocuparme específicamente es del rol que están jugando los medios en estos intentos, a veces exitosos, de desestabilización de gobiernos democráticos. Tanto usted como yo sabemos que no hay golpe que pueda justificarse sin el apoyo de los principales diarios, las radios y los canales de cada país y que esto se vio con mucha claridad incluso en aquellos golpes que se sucedieron ya en los años ’70. Sin embargo, también es necesario aclarar que el poder de penetración y ubicuidad que estos tienen, sumado al carácter cuasi monopólico que se manifiesta en todo el continente y por el cual algunos empresarios son capaces de extorsionar y doblegar al poder político de turno, merece un análisis más exhaustivo.


Voy a retomar algunos fragmentos de lo sucedido en los últimos tiempos como muestra. Cuando en uno de los últimos cacerolazos en la Argentina, los manifestantes afirmaban “nos falta libertad”; “el gobierno avala a los delincuentes y son todos chorros”; “esto es peor que una dictadura”; “los K no respetan la propiedad privada y dividen al país”, se está frente a un diagnóstico que justificaría cualquier acción contra un gobierno independientemente del amplio apoyo en las urnas que hubiera tenido. De hecho, no es casual que de ese contexto surgiera, desde esos mismos manifestantes con brutal violencia, la agresión a periodistas identificados con programas de sesgo oficialista.


Ahora bien, esa terminología, esa inflación de las palabras, ese abuso, no es el producto de un micromundo marginal de caceroleros destituyentes. De hecho, no es otra cosa que la repetición de los mantras que venimos leyendo en los distintos editoriales de los periodistas del establishment en los últimos años. Insisto con esto: si estos diagnósticos representaran cabalmente la realidad y no se basaran simplemente en una posición ideológica carente de pruebas, no sería descabellado plantearse la legitimidad de un gobierno pues, como todos sabemos, la legitimidad de origen (las urnas) no avala que una vez en el poder el gobernante haga lo que le dé la gana.


Ahora bien, usted preguntará: ¿qué tiene que ver esto con Paraguay? Y mi respuesta es que el vínculo me parece contundente. Para ello me voy a servir de una parte del texto del libelo acusatorio que presentaron los diputados paraguayos para destituir a Lugo. Allí se mencionan, en principio, cinco causales de la destitución: la realización de un mitin político en un cuartel; la presunta complicidad de Lugo con grupos sin tierra que ocupan la propiedad privada de los principales productores de soja; la firma de un tratado (Ushuaia II) por el cual se afectaría la soberanía energética de Paraguay; la ya mencionada reciente matanza de Curuguaty y, aunque usted no lo crea, la ola de inseguridad. Tras la enumeración y una brevísima explicación de cada una de estas causales, el texto afirma: “Fernando Lugo representa lo más nefasto para el pueblo paraguayo que se encuentra llorando la pérdida de vidas inocentes debido a la criminal negligencia y desidia del actual Presidente de la República, quien desde que asumió la conducción del país, gobernó promoviendo el odio entre los paraguayos, la lucha violenta entre pobres y ricos, la justicia por mano propia y la violación del derecho de propiedad, atentando de modo permanente contra la Carta Magna, las instituciones republicanas y el Estado de derecho”.


Como usted nota, se trata de comentarios de un inmenso nivel de abstracción, hijos de controvertidas interpretaciones, pero si lo examina con detenimiento es casi lo mismo que se le adjudica al gobierno de CFK en la Argentina. Se dice que su gobierno promueve el odio entre los argentinos porque utiliza la causa de los derechos humanos como venganza y no promoviendo la reconciliación; que persigue a los ricos por un odio de clase y se acerca a los pobres sólo con fines electorales; que no hay justicia; que como no se pueden comprar dólares para atesorar y se promueven leyes antimonopólicas, se viola la propiedad privada y, por último, que como se trata de un gobierno con rasgos autoritarios no hay división de poderes y se ataca así a los pilares de la República.


Pero lo más interesante es, retomando al libelo acusatorio, el apartado de las pruebas que avalarían semejantes acusaciones. Cito, una vez más, textual: “Todas las causales mencionadas más arriba son de pública notoriedad, motivo por el cual, no necesitan ser probadas”. Leyó bien. Eso es todo. Ya está. No hacen falta pruebas. Una interpretación completamente sesgada aparece como neutral y apoyada en la “pública notoriedad”, es decir, en lo que todo el tiempo las principales usinas mediáticas imponen. El juicio de los periodistas, en boca de los diputados, se transforma ya en razón suficiente y prueba. No hace falta preguntarle a la ciudadanía qué gobierno desea porque el periodista de repente se transforma en médium y/o representante de “la gente”, lo cual no es otra cosa que el eufemismo por el cual se muestra que este es el portavoz de los discursos dominantes, el que impone las categorías a través de las cuales se analizará el desempeño de un gobierno. Así notamos, una vez más, que los golpes comienzan instalándose a partir de una serie de discursos y un conjunto de categorías que acaban naturalizándose para materializarse en formas diversas y con distintos artilugios, algunos, incluso, con apariencia de legalidad. Es por todo esto que decimos que aunque siempre, en parte, fue así, hoy más que nunca la democracia se defiende en la calle, construyendo estructuras políticas capaces de, al menos, generar un equilibrio de fuerzas y, sobre todo, poniendo en tela de juicio las palabras a través de las cuales los discursos dominantes presentan lo que consideran real y lo que resulta, supuestamente, evidente.

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http://veintitres.infonews.com/nota-4953-sociedad-Golpear-desde-la-palabra.html

El agro, nuestro petróleo: la gran disyuntiva nacional del Bicentenario, por Federico Bernal (para “Tiempo Argentino” del 01-07-12)


La Argentina ha avanzado en la estatización de la renta agraria en 2008 con el aumento de las retenciones. Pero el grueso de la renta sigue en poder de las multinacionales y los sectores reaccionarios y elitistas del universo rural.

Por:

Federico Bernal

En junio de 2009 entrevisté a Paulo Skaf, presidente de la Federación de Industrias del Estado de San Pablo. Le pregunté: ¿cómo hizo Brasil para volcarse definitivamente por un modelo de desarrollo industrial a partir de 1930? Skaf respondió: “La industrialización brasileña solamente fue posible gracias a la acumulación de divisas provenientes del campo. Las primeras industrias desarrolladas estaban vinculadas a las actividades agrícolas. En Brasil, desde el momento a partir del cual gracias al café se transfirió la renta a las ciudades e industrias, la agricultura desapareció como eslabón aislado de la economía, cediendo espacio a la cadena del agro-negocio.” Skaf se refería al despegue de las fuerzas productivas brasileñas luego de suprimidas las causas estructurales crónicas del subdesarrollo brasilero: la oligarquía cafetera. ¿A partir de qué fecha sucedió esto y durante qué espacio de tiempo? Entre 1930 y 1961. Como en Brasil, y al igual que en el resto de las economías hoy desarrolladas del mundo entre los siglos XVIII y XIX, la Argentina precisa aún de décadas de gobierno nacional y popular para transformar definitiva e irreversiblemente al país. Transitamos desde el año 2003 similar camino que el Brasil de Getulio Vargas, aunque mucho más aceleradamente y en función de nuestras propias particularidades a cuesta. Sin embargo y tal como sucedió entre 1945-1955, el modelo de acumulación y desarrollo nacional, democrático y popular en la Argentina en esta etapa sigue atado a la renta agraria (fundamentalmente la sojera), de igual forma que el despegue industrial y “justicialista” brasilero precisó del café. De aquí pues, el doble carácter estratégico de la progresiva estatización y redistribución socio-productiva de la renta agraria nacional: no sólo se trata de la llave para modernizar a la Argentina (hasta que el modelo de acumulación se independice del sector primario y/o agro-industrial) sino también la llave para debilitar primero y eliminar después las bases económicas y políticas de la republiqueta “granero del mundo”.

FRENTE OLIGARQUÍA/CORPORACIONES DE LOS AGRONEGOCIOS. La renacionalización de YPF ha terminado con la estrategia de desestabilización ejecutada por Repsol y la reacción española (europea occidental) sobre el gobierno nacional. Sin embargo y como prueban los actos terroristas en el yacimiento Cerro Dragón, el bloque de camioneros a las refinerías de YPF o las amenazas de cortes en el suministro eléctrico (Yacyretá) del Franco paraguayo, la energía y los hidrocarburos han sido, siguen y seguirán siendo un elemento fundamental de presión contra los gobiernos nacionales y populares de la región. Renacionalizarlos ya es una cuestión que hace a la seguridad nacional interna y externa. No obstante y en función de los últimos acontecimientos desestabilizadores en la Argentina, importa analizar lo que está sucediendo en Paraguay, donde un 7% de los productores (en su mayoría grandes terratenientes sojeros) controlan prácticamente la totalidad del comercio exterior, principal fuente de recursos a nivel nacional. Acá los promotores del golpe, junto a la multinacional Monsanto, entre otras. En 2008, la intentona golpista de la SRA y las corporaciones, elevando a héroe y máximo candidato al vicepresidente Cobos, en Paraguay pudo triunfar (hasta ahora). Y esto es clave mencionar, porque las acciones desestabilizadoras antedichas no tienen punto de comparación con el daño que podría infligir al modelo los sectores reaccionarios de la Pampa Húmeda y las multinacionales de los agronegocios. Porque no es la oligarquía petrolera como en Venezuela la que más traba el despegue de un capitalismo nacional con justicia social, ni la dueña de los mayores y mejores vínculos con las naciones opresoras. En la República Argentina, el enemigo de las clases populares es y ha sido siempre la oligarquía/corporaciones agrarias. Visto en perspectiva, el agro es nuestro petróleo. ¿Cómo avanzar? Igual que con las AFJP, Aerolíneas e YPF, por supuesto. ¿Hay ejemplos foráneos?

EL AGRO, NUESTRO PETRÓLEO.
En su histórico discurso del 16 de abril y con motivo de la renacionalización de YPF, la presidenta de la Nación se refirió al control estatal que las potencias petroleras del mundo (América Latina, Medio Oriente, Asia y Europa) ejercen justamente sobre sus hidrocarburos y la industria que de ellos deviene. Según el último informe estadístico de la OPEP (2010/11), Ecuador exportó 9650 millones de dólares en petróleo (un 48% de sus exportaciones totales), Venezuela 62.320 (95%) y Angola, para citar algunos ejemplos, 47.240 (96%). La dependencia venezolana y angoleña a las exportaciones de crudo, muestran la nula diversificación de sus economías y explican las consecuencias del accionar (pretérito) de sus respectivas oligarquías petroleras. La Argentina no fue ninguna excepción. Entre 1811 y finales del siglo XIX, la riqueza apropiada por una minoría elitista provenía de la renta aduanera; después del boom triguero de 1880, la renta agraria fue capturada por esa misma minoría, retenida y puesta al servicio de la desindustrialización y la atrofia social y económica del país. En la actualidad, el modelo vigente de acumulación y desarrollo ha logrado una importante diversificación económica, alejándonos de la Argentina “granero del mundo”. Sin embargo y en términos cuantitativos, nuestras exportaciones agrarias que superan los 30 mil millones de dólares siguen siendo una parte sustancial de nuestra fuente de riqueza total. En efecto, los complejos oleaginosas, cerealeros, algodoneros y frutihortícolas explican el 41% de las exportaciones totales. Si a las mismas les sumamos los complejos bovino y ovino (carnes, leches, cueros, etcétera), el porcentaje asciende al 46,1 por ciento. ¿Quién se queda con el grueso de esta ingente masa de recursos, fundamental al desarrollo con justicia social?

EL EJEMPLO REVOLUCIONARIO DE LAS POTENCIAS PETROLERAS. Antes de la oleada nacionalizadora del petróleo en los países citados por la presidenta, las exportaciones de crudo y derivados quedaban en manos de las multinacionales. Pero desde finales del siglo pasado y comienzos del nuevo milenio, las exportaciones, la producción y comercialización interna y externa de estas potencias petroleras pasaron a manos de sus respectivos estados (sea en forma total como mixta). En 2011 y en la Argentina, ADM + Toepfer fue la primera exportadora de granos con el 21% del total, seguida por Cargill con el 16%, Dreyfus con el 13% y Bunge con el 12 por ciento. La primera “empresa” nacional que aparece en este rubro es la Asociación de Cooperativas Argentinas (Coninagro), con el 8% del total. Algo similar sucede con los subproductos del agro, aunque en este caso el segmento pasa a ser liderado por Cargill. En fin, los países productores y exportadores de petróleo han nacionalizado su renta y su complejo industrial-exportador estratégicos. La Argentina por su parte ha avanzado en la estatización de la renta agraria en 2008, con el aumento de las retenciones a las exportaciones. Pero el grueso de la renta sigue en poder de las multinacionales y los sectores reaccionarios y elitistas del universo rural argentino. Y mientras lo sigan haciendo, la debilidad de una Argentina para los 40 millones seguirá siendo muy elevada. En paralelo y casi con total seguridad, próximamente tocará el turno de una nueva maquinación desestabilizadora –luego de Cerro Dragón y el bloqueo a YPF– a la patronal agraria. Entonces, la Plaza de Mayo deberá llenarse de verdad (realmente llena y en función del interés de las clases populares), apoyando a la presidenta y a la democracia real, con consignas revolucionarias que defiendan y consoliden todo lo avanzado. Si las potencias petroleras tienen sus empresas nacionales de hidrocarburos; si nosotros hemos recuperado la propia, una empresa nacional de granos constituye la llave maestra para que una Patria para todos se torne invencible y eterna.

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http://www.infonews.com/2012/07/01/economia-27785-el-agro-nuestro-petroleo-la-gran-disyuntiva-nacional-del-bicentenario.php

Mirar más lejos, por Eduardo Aliverti (para “Marca de Radio” y “Página 12” del 30-6 y 02-07-12)


Tras Moyano en la Plaza, y luego de un paro que no se notó en absoluto, con excepción del reparto de diarios, cabe decir en primer término que sucedió lo que tenía suceder, que no hubo sorpresa alguna y que todo sigue exactamente como antes del miércoles pasado. Sin embargo, queda mucho lugar, no tanto en volumen como en calidad temática, para extender conceptos sobre la caracterización de esta etapa. Y sobre todo, de la que puede o debe venir.

Una mirada rápida y válida, pero corta, sugiere que el único logro del todavía jefe formal de la CGT fue la demostración de fuerza hacia la interna sindical. Su interna. Hay una relación inversamente proporcional entre eso y la trascendencia nula que tuvieron el paro y el acto, esto último por fuera de la adhesión de los camioneros y algunos agrupamientos de izquierda. Moyano no tiene potencia política más allá de su gremio. Pero a la vez es cierto que ninguno de sus adversarios cuenta con la capacidad de convocatoria mostrada por él. Si eso significa que logrará mantenerse al frente cegetista es una incógnita, porque esos porotos se contabilizan mediante roscas en las que no interviene, de manera excluyente, quién gana la calle con mejor o mayor barullo. Valgámonos de este dato para intentar una primera observación más profunda. ¿Cuál es la importancia de si Moyano conservará el mando burocrático de la central obrera? Si la respuesta es “mucha”, por carácter transitivo implica que lo es porque de lo contrario se partiría la CGT. Lo cual es un disparate, porque no sólo la CGT sino el conjunto de la dirigencia sindical están despedazados hace rato. Moyanistas, gordos, independientes; tránsfugas de todos los costados que se moyanizan o antimoyanizan según sean las urgencias que les convengan, invariablemente circunstanciales, al solo efecto del reparto de poder burocrático. También está partida la CTA aunque, por lo menos, su división responde a identificaciones políticas diferentes y no a la repartija de ganancias entre gremios que, antes que representantes, tienen propietarios. Además, hay experiencias de base como la de los metrodelegados y agrupaciones que ya meten baza entre los conductores de negocios (bancarios, alimenticias, ferroviarios). Son sectores con influencia sostenida que no responden ni a los unos ni a los otros. En consecuencia, no de qué sino de cuál probable segmentación hablan, quienes mentan al rompimiento de la CGT como hito que trazaría un antes y un después. ¿Dónde viven los que pronostican eso? Hasta ahí, lo que al firmante le parece la mirada corta. La larga, en esta sección, tendría tres aspectos esencialmente complementarios. Uno, a quién le conviene semejante fragmentación en la representatividad de los trabajadores. Dos, ¿el Gobierno apuesta a eso y se conforma con hacer pelota la torta de Moyano, más dejar que se disparen a los pies los amiguitos impresentables del camionero y más creer que ese espanto es decisivo para seguir construyendo relato? (No está dicho en sentido de denuesto: construir relato es clave para hacer política y es uno de los pilares que permitió la edificación del kirchnerismo; el interrogante apunta a si acaso no se descansa excesivamente en esa estratagema valiosa.) Tres, ¿destruir o diluir a Moyano debe conllevar el apoyo a personajes que emblematizan lo peor de lo peor de la corrupción sindical? ¿Hay que mirar con cariño a Barrionuevo y Cavalieri? Y en todo caso, ¿cuál sería la estrategia de esa táctica? Carlos Raimundi, diputado nacional por el Frente Nuevo Encuentro, decía hace poco que –sin perjuicio del valor de las consideraciones psicológicas o de enconos personales– se hace necesario revolver más hondo en cuanto al enfrentamiento del Gobierno con Moyano. Su hipótesis, bien atendible, es que si Cristina se acentúa hacia (digamos) izquierda, en términos de una construcción político-social capaz de prescindir de las estructuras tradicionales del peronismo, el choque con éstas es inevitable y dramático gracias a la afectación de prebendas que le son constitutivas. Nadie puede creer, ni con seriedad ni con largas líneas de fiebre, que el camionero lanzó su patriada porque le preocupa la escala del mínimo no imponible. Es decir: si la apuesta es a la conformación de base expresada en Vélez, no hay forma de evitar la colisión más temprano o más tarde. Y no ya con Moyano, sino con el grueso de los aparatos. Más luego, ¿es así o se va tanteando a medida que las coyunturas lo imponen?

Ya que se trata de intentar observaciones de largo alcance, vayan también estas líneas que Enrique Martínez, ex titular del INTI, hizo circular por la web en las últimas horas: “La combinación de (...) factores dibuja un escenario distante del óptimo, con productividad mediocre, salarios reales con techo y problemas de inversión y de balanza de pagos. El Gobierno ha buscado compensar a los periféricos o excluidos de este sistema. Lo hizo con medidas fuertes, como la Asignación Universal por Hijo; la recuperación de los fondos de las AFJP; la generalización de las jubilaciones y su movilidad por ley; la actualización del salario mínimo; la recuperación de las paritarias privadas (...); los subsidios al transporte y los servicios. Además de eso, se ha puesto al hombro la obligación de toda la inversión en infraestructura vial, de comunicaciones, de energía, educativa y de vivienda social. Todo en dimensiones y con alcances que ningún gobierno anterior ni se comprometió ni intentó. El punto es que, en tal esquema, los fondos públicos en algún momento pasan a no alcanzar. Porque su fuente son impuestos aplicados a una economía cuya capacidad de generación de riqueza se centra más y más en la utilización de sus recursos naturales, con límites evidentes, mientras aquello que la actividad humana le pone encima tiene un horizonte restringido (...) Este no es un problema argentino sino de todo el mundo periférico, donde las transnacionales hegemonizan el sistema productivo. El punto es que el Gobierno parece negar la existencia del conflicto, al menos con la importancia que aquí se ha señalado. Si no fuera así, hubiera instalado hace mucho tiempo la discusión sobre cómo se construyen actores nacionales, en sociedad con el Estado, con capacidad tecnológica de creciente autonomía, que bajen el nivel de dependencia de nuestro país”. Se puede coincidir o no con la opinión de Martínez, que en verdad es bastante más extensa que este extracto de su artículo. Pero está fuera de toda duda que su desafío analítico es de cuantía sólida. Aunque sea, para plantearse si hay quienes, en el oficialismo, piensan en cambios reales de matriz productiva.

En ligera síntesis: si es por la herramienta política que se necesita para continuar avanzando en la reparación de las mayorías, está claro que es el kirchnerismo el que mejor la encarna. Hay una experiencia de casi diez años que lo avala. No solamente es así por la positiva. En lo que no, es aun más límpido que los adversarios del Gobierno son, por un lado, el adefesio de siempre. Y por otra parte –no deja de ser la misma– enuncia a lo más horrible de una derecha que ni siquiera se traza la perspectiva de ser una burguesía lúcida. Todos sus miembros (patronales agropecuarias, medios de comunicación, sectores financieros, dirigencia partidaria atomizada y sin referentes) son apenas una expresión tribal de rapiña. Se “suman” a ellos unos grupejos autoproclamados de izquierda desde una subjetividad que, objetivamente, en acuerdo con costumbres históricas e histéricas, no hacen más que poner su vocación cariocinética al servicio de los intereses reaccionarios. Podría decirse que ni siquiera tienen la perspicacia de advertir que aportan números de alboroto a los burócratas sindicales que denunciaron toda la vida, pero sería cínico. Parece increíble estar leyendo que Moyano se codeó sin roces con la izquierda. ¿La izquierda de qué? Pues de la derecha a cuyos objetivos sirve. De lo contrario, los periodistas del establishment no hablarían como si nada de la armonía “natural” entre banderas rojas y la quintaesencia de aquello a lo que esos estandartes se opusieron desde que el mundo es mundo.

En lo que sí, resta continuar braceando por la profundización de los cambios. Y uno de los riesgos es interpretar que eso consiste, únicamente, en acabar con Moyano o cascotearle el rancho a Scioli.

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domingo, 1 de julio de 2012

Vargas, Arbenz y Perón, por Eduardo Anguita (para “Miradas al Sur” del 01-07-12)



Miradas al Sur. Año 5. Edición número 215. Domingo 1 de julio de 2012

Por

Eduardo Anguita

eanguita@miradasalsur.com

: “…No me acusan, me insultan; no me combaten, difaman de mí; y no me dan el derecho a defenderme. Necesitan apagar mi voz e impedir mi acción, para que no continúe defendiendo, como siempre defendí, al pueblo y principalmente a los humildes. Sigo lo que el destino me ha impuesto. Después de décadas de dominio y privación de los grupos económicos y financieros internacionales, me hicieron jefe de una revolución que gané. Comencé el trabajo de liberación e instauré el régimen de libertad social (…) Luché contra la privaciones en el Brasil. Luché con el pecho abierto. El odio, las infamias, la calumnia no abatirán mi ánimo. Les daré mi vida. Ahora les ofrezco mi muerte. Nada de temor. Serenamente doy el primer paso al camino de la eternidad y salir de la vida para entrar en la historia”.

Getulio Vargas, 24 de agosto de 1954

Carta escrita antes de suicidarse.

Tras haber gobernado durante 15 años seguidos, entre 1930 y 1945, Getulio Vargas fue reelecto para la presidencia de Brasil en 1951. Si algo no le faltaba era experiencia en la gestión y confianza en el pueblo; sin embargo, Vargas, el 24 de agosto de 1954, en su oficina, se pegó un tiro en el corazón. Los grupos golpistas habían empezado la campaña desestabilizadora unas semanas antes. El testamento del Padre de los Pobres no deja lugar a dudas. Empieza y termina de un modo que tiene vigencia en estas horas de América latina: “…No me acusan, me insultan; no me combaten, difaman de mí; y no me dan el derecho a defenderme. Necesitan apagar mi voz e impedir mi acción, para que no continúe defendiendo, como siempre defendí, al pueblo y principalmente a los humildes. Sigo lo que el destino me ha impuesto. Después de décadas de dominio y privación de los grupos económicos y financieros internacionales, me hicieron jefe de una revolución que gané. Comencé el trabajo de liberación e instauré el régimen de libertad social (…) Luché contra la privaciones en el Brasil. Luché con el pecho abierto. El odio, las infamias, la calumnia no abatirán mi ánimo. Les daré mi vida. Ahora les ofrezco mi muerte. Nada de temor. Serenamente doy el primer paso al camino de la eternidad y salir de la vida para entrar en la historia”.
Dos meses antes, la CIA y un grupo de militares locales desalojaban a Jacobo Arbenz de la presidencia de Guatemala. Había asumido democráticamente tres años antes. Su discurso inaugural era un desafío a la United Fruit y a otras multinacionales La operación de la CIA se basó en que la Casa Blanca consideró inadmisible que Arbenz ordenara revisar la contabilidad de la United Fruit para la evaluación de las tierras que le expropiaría en función de la reforma agraria en marcha en ese país. Cuando lo rodearon las tropas, Arbenz salió del Palacio de Gobierno con las manos en alto y en un trámite exprés lo mandaron al aeropuerto para fletarlo a México, no sin antes hacerlo desnudar ante las cámaras de la televisión norteamericana. Las imágenes fueron cuidadosamente editadas para no perturbar a los corazones protestantes de los millones de seguidores de la doctrina Monroe.
Juan Domingo Perón, desde el principio de su presidencia en 1946, vislumbraba la necesidad de un sur americano unido. Tomó el llamado Plan ABC (Argentina, Brasil, Chile), que originalmente fue diseñado por José María da Silva Paranhos Junior, el Barón de Río Branco, fundador de la política exterior del Brasil y creador del moderno Itamaraty. El plan era de principios del siglo XX, cuando no faltaban rumores de guerra entre Brasil y Argentina, siempre alimentados por los intereses de las oligarquías locales y de Estados Unidos y Gran Bretaña.
La idea de acercar Brasil a la Argentina pesaba mucho en la estrategia de Perón porque Vargas, pese a ser un líder popular, cuidaba celosamente la relación con Estados Unidos: era parte de la política del Estado de la aristocracia paulista. El 21 de septiembre de 1951, durante un agasajo ofrecido al embajador del Brasil, Perón quiso que le llegaran los elogios a Vargas: “Nosotros, los argentinos, compartimos el profundo pensar de este ilustre brasileño, al decir que la Argentina y Brasil, en esta hora incierta de la humanidad, unidos nos salvaremos; nos salvaremos de cualquier acechanza del destino o de cualquier mala situación que pueda venir en los tiempos venideros”. Una semana después, Perón conjuraba el primer levantamiento golpista, liderado por el general Benjamín Menéndez. No estaba claro si los conspiradores contaban con apoyo explícito de intereses transnacionales, pero estaba claro que eran una herramienta de la oligarquía que veía con desesperación que el comercio exterior estuviera nacionalizado y que el precio del trigo y la carne fuera fijado para terminar las rentas extraordinarias de ese sector privilegiado, acostumbrado a ejercer el poder en la Argentina.
Perón insistió con su idea del ABC. Sus palabras más directas al respecto las pronunció el 11 de noviembre de 1953, en la Escuela Nacional de Guerra, cuando la situación económica empezaba a mostrar el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones sin alianzas externas y el clima político ponía en evidencia que los sectores medios eran la base de cualquier aventura antidemocrática. Esas palabras de Perón se dieron a conocer muchos años después, en 1967, cuando el General estaba en el exilio en Madrid. Tienen una vigencia extraordinaria y algunos párrafos son reveladores de cómo los líderes populares siempre supieron la importancia estratégica de esta región del planeta. Perón se refiere a los dilemas que enfrentaría el planeta: “Resulta también indiscutible que la lucha fundamental en un mundo superpoblado es por una cosa siempre primordial para la humanidad: la comida. Ese es el peor y el más difícil problema a resolver (…) De la fortaleza de Sudamérica en términos de sus recursos naturales y su capacidad de producción de alimentos nacen también sus riesgos mayores: los países superpoblados y superindustrializados que no disponen de alimentos ni de materia prima (…) podrían emplearlo para despojarnos de los elementos de que nosotros disponemos en demasía con relación a nuestra población y a nuestras necesidades”. Perón consideró que Argentina debía tomar la iniciativa para sumar a sus vecinos al proyecto de integración económica: junto a Brasil y Chile “conforman quizás en el momento actual la unidad económica más extraordinaria del mundo entero, sobre todo para el futuro, porque toda esa inmensa disponibilidad constituye su reserva”. Perón había logrado consensuar con el presidente chileno Carlos Ibáñez, pero la poderosa diplomacia de Brasil se oponía. “Itamaraty –sede de la Cancillería– ha soñado, desde la época de su Emperador hasta nuestro días, con una política que se ha prolongado a través de todos los hombres que han ocupado ese difícil cargo en el Brasil. Ella los había llevado a establecer un arco entre Chile y el Brasil: esa política debe ser vencida con el tiempo y por un buen proceder de parte nuestra”. Según varios historiadores revisionistas, entre ellos el uruguayo Alberto Methol Ferré, en la desestabilización de Vargas y su suicidio, la alianza con la Argentina era un factor decisivo. La oligarquía brasileña no estaba dispuesta a semejante paso. Lo sucedido en la Argentina es conocido: menos de un año después de que estallara el corazón de Vargas, las bombas de los marinos argentinos hacían estragos en la Plaza de Mayo en una húmeda y neblinosa mañana porteña. El asesinato masivo de personas al boleo era el prólogo del golpe de septiembre de 1955. Fue la manera de avisar que estaban dispuestos a matar no a un par de centenares de ciudadanos que deambulaban por las calles sino a los que fueran necesarios. Digamos, por poner una cifra, a 30.000.
Estas páginas de la historia parecen estar presentes en el eco de la reciente resolución de Mendoza: Brasil y la Argentina se acercan de la mano de sus estadistas, Cristina Fernández de Kirchner, Dilma Rousseff, con la participación del gran oriental José Mujica. Los conspiradores que empezaron por Paraguay saben que Dilma y Pepe conocieron las torturas y las cárceles diseñadas en la Escuela de las Américas. Saben que Cristina es implacable en la lucha contra la impunidad de los genocidas. La jugada más contundente que tomaron este viernes en Mendoza es un reto a que nunca más se repitan las historias de pisotear la hermandad latinoamericana: la invitación a Venezuela para ser parte de una alianza poderosa del Sur que mire al Sur.

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Contragolpe regional: el 31 de julio Venezuela entra en el MERCOSUR, por Emiliano Guido (para “Miradas al Sur” del 01-07-12


Miradas al Sur.Año 5. Edición número 215. Domingo 1 de julio de 2012

Por

Emiliano Guido

eguido@miradasalsur.com

El bloque regional pasó a la ofensiva en la Cumbre de Mendoza. En respuesta al golpe parlamentario paraguayo y a la asonada policial boliviana, que tuvo los condimentos de un putsch político, los países de la Cuenca del Plata abrieron sus puertas a Venezuela, el país con mayores reservas energéticas de Suramérica.

No hay proceso de integración regional si no nos complementamos. Necesitamos más unidad política para enfrentar la crisis global”, advirtió la presidenta argentina, Cristina Fernández, al momento de epilogar, en lo formal, la Cumbre de Mendoza. A su vez, esas palabras prologaron un nuevo Mercosur, ahora con Venezuela como espada energética del bloque y sin Paraguay por unos meses, por lo menos hasta que desande su putsch parlamentario.
Ese momento, previó a la lectura del documento final del cónclave por parte del Canciller Héctor Timerman, era la contracara de lo vivido en la región apenas una semana atrás. Es decir, en apenas siete días, el proceso de integración dio un giro copernicano. Primero fue el grave retroceso del proceso democrático paraguayo y, luego, la oficialización de Caracas como nuevo socio comercial. En algunas oportunidades, las citas institucionales de los países de la Cuenca del Plata suelen empantanarse en pulseadas técnicas y aduaneras. Esta vez, en cambio, Mendoza fue sede de un doble movimiento político de carácter histórico. Paralelamente, el Mercosur decidió cerrar fronteras contra un gobierno gestado por un golpe de nuevo tipo y, además, le abrió sus puertas al Estado bolivariano; a quien, paradojalmente, la derecha continental acusa de ser “una dictadura castrista”.
En principio, la resolución de la anomalía institucional paraguaya tuvo algunos disensos entre los jefes de Estado, Cristina Fernández, Dilma Rousseff y José Pepe Mujica. Montevideo, por ejemplo, no era partidario de expulsar a Paraguay de todos los organismos del bloque, como el ParlaSur. Igualmente, la decisión de no castigar comercialmente a Paraguay tiene varias explicaciones. Si bien, el documento oficial esgrimió que “las sanciones económicas siempre la pagan los pueblos y nunca los gobiernos. Ninguno de nuestros pueblos puede sufrir por las decisiones de un sector de su dirigencia política”, las razones de una condena soft contra el gobierno del liberal Federico Franco no terminan ahí. Es decir, el Mercosur procuró evitar darle argumentos a la derecha paraguaya para acelerar la firma de un Tratado de Libre Comercio con Washington. Un hecho que no sólo fragmentaría la complementariedad regional, sino que terminaría fortaleciendo al otro gran bloque de poder continental: la Alianza del Pacífico, una especie de miniAlca (Área de Libre Comercio para las Américas, el extinto proyecto estratégico de la Casa Blanca para su frontera sur) donde convergen las administraciones de matriz más conservadora como el Chile de Sebastián Piñera y la Colombia de Juan Manuel Santos. Por lo tanto, más allá de evitar el rebrote del nacionalismo paraguayo, ya que Liberales y Colorados podrían culpar de cierto desabastecimiento a los países vecinos “imperialistas”, y que un cierre de fronteras comerciales con Paraguay es difícil de concretar dado la alta informalidad de su economía, el Mercosur concretó un paso estratégico al no ceder espacios geográficos y, fundamentalmente, políticos a los Estados Unidos.

Rumbo a Río. Finalmente, Río de Janeiro será el escenario donde se concrete la retrasada incorporación de Venezuela al bloque regional. Un mes será el tiempo necesario para homologar la letra chica del acuerdo comercial en los ministerios de cada país y, además, un lapso razonable para que la comitiva presidencial venezolana pueda organizar el viaje de un jefe de Estado que, por razones de salud conocidas, no puede improvisar un viaje al exterior de esa magnitud. Una cumbre especial y ad hoc que, domésticamente, le permitirá al oficialismo bolivariano capitalizarlo como un hecho positivo de su política exterior a sólo meses de la elección presidencial nacional.
Por otro lado, en las semanas que restan hasta esa cumbre, los debates nacionales sobre la naturaleza del evento transitarán, seguramente, por carriles previsibles. Las derechas argumentarán algo parecido a lo que el diputado del PRO, Federico Pinedo, advirtió apenas conocida la noticia de la incorporación venezolana al bloque: “Rechazo el ingreso de Venezuela. El presidente Hugo Chávez tampoco cumple con la cláusula democrática por sus ataques a la prensa libre”. Habría que recordar algo: Chávez no se suma al Mercosur, sino que lo hace Venezuela. Más allá de las connotaciones ideológicas que puede disparar el presente venezolano, el país caribeño es la mayor plaza petrolera del subcontinente. ¿Con qué variables se puede, entonces, despreciar su membrecía en un contexto global de crisis de la matriz energética dominante?

Golpe a Golpe. El derrocamiento del presidente paraguayo Fernando Lugo no fue el único movimiento destituyente que se registró en Suramérica durante los últimos días. Una sospechosa huelga policial boliviana fue caracterizada por el gobierno de ese país como “el embrión de un intento de golpe de Estado”. La mirada de Evo Morales puede ser acusada de conspirativa o falsa para deslegitimar un reclamo gremial. Pero varias fuentes, tanto periodísticas como políticas, coinciden en ratificar la gravedad de la acusación. “El ambiente estaba crispado. Anoche se escuchaba la detonación de bombas de estruendo y los gobernadores de la Media Luna estuvieron bravuconeando en la televisión”, le dijo a Miradas al Sur un periodista argentino que testimonió las angustiantes horas vividas esta semana en La Paz por la asonada de los uniformados.
“La caída de Lugo, como toda crisis política, desnuda los cambios que se están produciendo en la región desde que Barack Obama definiera la Nueva Estrategia de Defensa. La decadencia de Estados Unidos hace que la única estrategia viable sea la dominación sin hegemonía, que sólo necesita la fuerza militar. Por eso, la nueva estrategia instala la violencia golpista en el centro del escenario político. La gira regional del secretario del Pentágono, Leon Panetta, en abril pasado, parece haber sido una señal que activó a las derechas”, contextualiza el analista latinoamericano Raúl Zibechi en un artículo titulado “El espejo paraguayo”. Zibechi enfatiza que “el golpe de Estado que apartó a Lugo se inscribe dentro de la nueva modalidad inaugurada con el derrocamiento de Manuel Zelaya en Honduras por la Suprema Corte de Justicia. Es un nuevo tipo de golpe que comenzó a implementarse luego del estrepitoso fracaso del golpe al viejo estilo contra Hugo Chávez el 12 de abril de 2002. Cuando los sectores populares aprendieron a desbaratar el golpe clásico, aparece esta nueva modalidad de golpe institucional”.
Cuando finalizaba la Cumbre del Mercosur, la jefa de Estado argentina improvisó una humorada que buscó descomprimir una cita con alto voltaje político. Cristina Fernández miró al canciller argentino y preguntó en qué momento, según el protocolo, debía oficializar el cierre del cónclave mientras sostenía un pequeño martillo de madera. “Bueno, lo hago ahora. Es el único golpe que pienso dar”, advirtió. Y dejó que la pieza rebotará contra la mesa. Algunos de los presentes aprobaron el gesto con una sonrisa. Una semana atrás, nadie lo hubiera hecho.

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Chávez: "El ingreso al Mercosur es una derrota para el imperio", por Infonews del 29-06-12


El presidente de Venezuela evaluó que la incorporación de su país al bloque económico regional tendrá un impacto "político, geopolítico y social". "Venezuela estará ocupando un lugar que sabrá dignificar para fortalecer la unidad de Sudamérica", expresó.

Por:
INFOnews

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, celebró hoy el ingreso pleno del país al Mercosur, tras la suspensión temporal de Paraguay, y afirmó que significa "una derrota para el imperialismo y para las burguesías lacayas".

El mandatario dijo al canal multinacional Telesur que el ingreso pleno de Venezuela, que era bloqueado por el Congreso de Paraguay, tendrá un impacto "político, geopolítico, social" y que ahora Mercosur "llegó al Caribe".

"Este es un día histórico, hay que celebrarlo. Esto tendrá una resonancia geopolítica, tendrá en primer lugar un gran impacto.

No tengo dudas que detrás de aquel grupo de senadores de Paraguay (que rechazaban aprobar el ingreso de Venezuela) está la mano del imperio, tratando de impedir la conformación en Sudamérica de una verdadera potencia", afirmó.

Chávez interrumpió una reunión con sus mandos militares para hablar sobre la decisión tomada en la Cumbre del Mercosur que se realiza en Argentina, donde también se examina la situación de Paraguay después de la destitución del presidente Fernando Lugo y la instauración de Federico Franco en el mando.

Según Chávez, la decisión del Mercosur de aceptar a Venezuela, uno de los principales productores de petróleo del mundo, significa una "derrota para el imperio" y para las "burguesías lacayas, incluyendo a la venezolana, que conectada a la paraguaya hizo lo posible para impedir el ingreso" venezolano.

El senado paraguayo se había negado a aceptar el ingreso pleno de Venezuela, cuyo protocolo de adhesión fue firmando en 2006, alegando requerimientos en aspectos democráticos.

Chávez destacó que el Mercosur es un gran espacio geográfico, con 12 millones de kilómetros cuadrados y ahora "con la incorporación de Venezuela llega al Caribe".

"Esto significa ganar para todos. El primero en ganar es la integración y el Mercosur, que había entrado en un debilitamiento
peligroso", dijo, recordando que la propuesta estadounidense del ALCA.

"Venezuela estará ocupando un lugar que sabrá dignificar para fortalecer la unidad de Sudamérica. Venezuela es la mayor reserva
mundial de petróleo y eso es un escudo, un escudo para protegernos del imperio y sus planes desestabilizadores", recalcó.

Previamente, la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner anunció que la XLIII Cumbre del Mercosur aceptó a Venezuela
como miembro pleno a partir del próximo 31 de julio.

Los jefes de Estado y de gobierno del bloque decidieron "convocar a una reunión especial a los fines de la admisión de Venezuela para el 31 de julio de 2012 en Río de Janeiro", según indicó la declaración final de la cumbre.

A la par, los mandatarios del Mercosur decidieron suspender a Paraguay del "derecho a participar en los órganos del Mercosur y de las deliberaciones" hasta que "se verifique el restablecimiento del orden democrático en la parte afectada".

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http://www.infonews.com/2012/06/29/mundo-27672-chavez-el-ingreso-al-mercosur-es-una-derrota-para-el-imperio.php