La lucha es entre los neotecnócratas y los especuladores financieros internacionales (resumidos bajo el pseudónimo "mercado"). El imperialismo del siglo XXI es la supremacía económica.
El instrumento para viabilizar esta lucha es la democracia, y la herramienta principal utilizada es la desinformación (nada más vulnerable que un pueblo con incertidumbre constante). Las víctimas somos las mayorías planetarias. Hombres y mujeres del mundo que todos los días vivimos la realidad que construyen otros.
Puede sonar ridículo a estás alturas, pero lo único que podrá transformar este presente es la política.
La política fue a lo largo de la historia la única herramienta que permitió, y permite, empoderar a las masas. Por ello, y no es casual, las corrientes neofascistas actuales, que representan a quienes disputan el poder, parten de una premisa común: desacreditar la política, y a quienes la ponen en práctica, para dar paso a los diversos lúmpenes que manejan cual marionetas. Argentina, Chile, Colombia, Paraguay, Ecuador, Venezuela, Bolivia, ya están bajo el dominio del principal representante de los dos bandos en disputa, los EE.UU. Anoche, en Brasil, lamentablemente la primera pulseada la ganó el hijo de un golpista, racista y xenófobo.
Nada es casual, todo es un causal. Ojalá en el ballotage la tendencia cambie.
Mientras tanto es hora que nuestra dirigencia tome nota. Si Brasil cae en manos de los Bolsonaro se transformará en la mayor trinchera del fascismo en sudamérica. Por ello, el próximo, o próxima, presidente debe representar a un movimiento antifascista en la Argentina y, de esta manera, despertar el espíritu antifascista en nuestra región.
Las democracias manipuladas no son democracias, sino cazabobos que utilizan los poderosos. Recuperar la democracia debe ser la primera contradicción resuelta por quienes deseen vivir en una verdadera libertad.
La justicia social sólo puede ser conseguida a través de la consolidación del Estado y, además, debe ir de la mano de la Constitución Nacional.
La soberanía y la independencia económica puede ser conseguida mediante la consolidación de una Nación y su representación republicana.
Los resultados de Brasil prenden alarmas de alerta en la región. Es evidente que gobernar bien pareciera que no alcanza. Hay que mostrar, y demostrar (en carne y hueso), los logros de bienestar que la justicia social brinda.
La batalla "es" cultural y, cada uno de nosotres, debemos ser militantes de ella día tras día. Ese es el desafío, esa es nuestra responsabilidad, ese es el compromiso.
Marcelo Obregón


