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Panorama Mundial y 3 más
Durante más de una década, Yemen se convirtió en uno de los conflictos más difíciles de resolver de todo Medio Oriente.
Arabia Saudita intervino con una coalición regional. Estados Unidos lanzó campañas aéreas. El Mar Rojo se llenó de buques militares. Irán suministró tecnología y armamento. Y, aun así, el movimiento hutí siguió controlando Saná y gran parte del norte del país.
En este documental analizamos diez razones que ayudan a entender por qué ninguna de las potencias implicadas consiguió doblegarlo por completo.
Las diez razones de este video:
• Cómo el terreno montañoso del noroeste de Yemen dificulta convertir la superioridad aérea en control territorial permanente
• Por qué más de dos décadas de experiencia de combate desde las guerras de Saada dieron al movimiento una ventaja difícil de reproducir desde fuera
• Cómo el colapso del Estado yemení en 2014 dejó depósitos de armamento, vehículos, artillería y misiles disponibles para quien controlara el territorio
• Por qué la enorme diferencia entre el costo de drones baratos y el de los interceptores occidentales convierte cada ataque en una guerra de desgaste económico
• Cómo el apoyo iraní amplificó las capacidades de misiles, drones e inteligencia sin convertir necesariamente al movimiento en un actor completamente controlado desde Teherán
• Por qué las diferencias entre Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, el gobierno reconocido y las fuerzas separatistas del sur debilitaron la coherencia de la coalición
• Cómo Bab el Mandeb convirtió a un actor sin una gran marina en una amenaza capaz de alterar rutas fundamentales del comercio mundial
• Por qué cientos de ataques estadounidenses consiguieron destruir infraestructura y degradar capacidades sin eliminar la estructura militar y política del movimiento
• Cómo la supervivencia militar del grupo coexistió con una devastadora crisis humanitaria que golpeó principalmente a la población civil yemení
• Y por qué, al final, ninguna potencia encontró que el costo de eliminar completamente al movimiento justificara una campaña terrestre prolongada y de consecuencias impredecibles
Esto no significa que Yemen haya “ganado” la guerra.
Tampoco significa que los hutíes sean invulnerables.
Han perdido infraestructura, combatientes, líderes y capacidad militar en distintos momentos. La población yemení, además, ha pagado un precio enorme por años de guerra, bloqueo, bombardeos, fragmentación política y abusos cometidos por distintos actores.
La cuestión es otra.
Para derrotar definitivamente a un movimiento atrincherado durante décadas en un territorio montañoso no basta con lanzar más bombas.
Hace falta ocupar.
Controlar.
Mantener.
Y asumir durante años el costo humano, económico y político de hacerlo.
Hasta ahora, ningún actor externo ha estado dispuesto a pagar ese precio completo.
Por eso Yemen se convirtió en uno de los ejemplos más claros de una realidad incómoda de la guerra moderna:
tener más dinero, mejores aviones y más tecnología no garantiza conseguir el resultado político que buscas.
