Con una campaña chata, sin entusiasmo y con apatía en las calles, el gran golpe lo dio Rodrigo Paz que con el 32% de los votos quedó primero y se perfila como favorito para la segunda vuelta del 19 de octubre. Derrota de la izquierda e histórico voto nulo.
18/08/2025
Por Mariano Vázquez |
Rodrigo Paz, exintendente de Tarija e hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, nació en 1967 en Santiago de Compostela, durante el exilio de su padre. Su rival será Jorge Quiroga (27%), referente de la derecha más dura y con antiguos lazos con Washington.
Aunque había venido creciendo en las encuestas en las últimas semanas, nadie esperaba que alcanzara el primer lugar. Su campaña austera, la necesidad de renovación y la orfandad del bloque popular partido en tres explican el batacazo de Paz.
El resultado del candidato del PDC también se entiende porque gran parte del electorado del Movimiento Al Socialismo (MAS), especialmente en las zonas andinas, lo eligió para evitar un seguro balotaje entre dos representantes alejados de las necesidades de los sectores populares. Así lo reflejan, por ejemplo, sus números en el departamento de La Paz (47%, cifra que hasta ahora solo había logrado el MAS en sus mejores tiempos). Un impulso decisivo provino de su compañero de fórmula, el exoficial de policía Edman Lara, conocido por sus denuncias de corrupción en redes sociales contra la propia institución.
El mapa electoral volvió a mostrar la fractura histórica entre la región andina e indígena del altiplano y la oriental Santa Cruz, bastión camba, donde Quiroga marcó la diferencia que le permitió entrar al balotaje.
Los grandes derrotados fueron tres.
Primero, el bloque popular, que tras dos décadas de hegemonía perderá su mayoría parlamentaria. El sector de Luis Arce fue castigado por su pésimo gobierno y por la usurpación de la sigla partidaria, quedando en un magro 3,2%. Andrónico Rodríguez, considerado un traidor por el evismo, apenas llegó al 8%. Morales, proscripto, llamó a votar nulo denunciando la ilegitimidad de la elección. Así, 20 años de hegemonía del bloque campesino-indígena-originario llegan a su fin, perdiendo no solo la presidencia sino también su abultada mayoría parlamentaria.
En este contexto, Evo volvió a mostrar su peso: el voto nulo sumó 1.252.449 votos y, junto con el blanco, alcanzó casi un 22%. Para dimensionar: superó holgadamente a Doria Medina sin estar en la boleta y quedó a poco más de 100 mil votos de Quiroga. Una izquierda unificada podría haber estado hoy en el balotaje.
El tres veces presidente sostuvo que “en menos de dos semanas de campaña por el voto nulo” se alcanzó “un resultado histórico”, y valoró que “nuestra protesta se hizo sentir: votamos, pero no elegimos”. Y aseveró: “El pueblo dio un mensaje inequívoco a quienes se corrompieron en el ejercicio político y traicionaron a los más humildes. Bolivia no quiere privatización ni persecución con una Justicia prebendalizada; Bolivia exige recuperación económica, estabilidad, crecimiento y más democracia”.
El voto nulo fue la opción ganadora entre los bolivianos en el exterior. La diferencia más amplia se dio en Argentina, distrito que concentra la mayor cantidad de electores, donde alcanzó el 42%.
El MAS, que pasa de fuerza dominante a jugar a la defensiva, se prepara para un rol menor en la próxima Asamblea Legislativa Plurinacional, sin representantes del sector de Evo, donde las formaciones de derecha tendrán el control total: ¿Qué pasará con el Estado Plurinacional de Bolivia, la gestión nacionalista de los recursos naturales, los planes sociales, la obra pública y las mayorías populares?
Aunque haya llegado a la segunda vuelta, Quiroga también aparece debilitado. Quien en 1997 acompañó como vicepresidente a su mentor, el exdictador Hugo Banzer, queda en una posición incómoda: esperaba enfrentarse al eterno candidato perdedor Samuel Doria Medina, que volvió a quedarse con las manos vacías en su cuarto intento por llegar al Palacio Quemado. Ahora deberá enfrentarse a una incógnita, un dirigente sin los flancos de confrontación habituales, en contraste con su estilo de declaraciones altisonantes y sus antecedentes de sumisión a Estados Unidos y represión a organizaciones sindicales y sociales.
Quiroga propone tratados de libre comercio con Estados Unidos y emula a Javier Milei al prometer para Bolivia “motosierra, machete y tijera”.
La tercera gran derrotada fue la encuesta. Ninguna consultora logró prever el escenario real. Como ya ocurre en varios países, las mediciones quedaron descolocadas frente a un electorado más fragmentado y volátil. El famoso voto oculto.
Con este panorama, el desafío de Rodrigo Paz será tejer alianzas para asegurar la presidencia. ¿Se acercará a la derecha neoliberal de Doria Medina (19%)? ¿Buscará puntos en común con la corriente autoritaria de Manfred Reyes Villa (7%)? ¿O intentará un armado más moderado para evitar repetir las “megacoaliciones” de partidos tradicionales que pactaron entre 1985 y 2005 la alternancia de poder entre el MNR, la ADN y el MIR?
Quedan dos meses largos hasta la segunda vuelta, con un país enojado por la situación económica: inflación, brecha del 100% entre el dólar oficial y el paralelo, falta de combustible (con larguísimas filas en las estaciones de servicio) y un futuro incierto.
La pregunta que queda flotando es cómo gestionará Rodrigo Paz este complejo panorama político para convertirse en presidente de Bolivia.
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